UNA PIZZA CON MUCHOS CONDIMENTOS
No sé qué me sucede últimamente. Igual es que a mi metabolismo se le ha adelantado la primavera y tengo la sangre alterada. O igual es que va a ser verdad que los hombres, como el buen vino, con el tiempo ganamos y yo este año ya he ganado, pues ya ha pasado mi cumpleaños.
Ayer fui a comer con mi primillo. Tan sólo le contemplan 20 primaveras, pero me lo paso genial con él. Fuímos a una pizzería que conocemos, baratita pero que hacen las pizzas como Dios manda.Al sentarnos miré a la mesa de al lado y vi que había una chica, más o menos de mi edad, quizás algo mayor, con un niño de unos 7 u 8 años. La tenía en diagonal, a menos de dos metros, así que nos veíamos la cara. Mi primo tenía en diagonal al niño, supongo que hijo de ella ¿Hermanos quizás? Demasiada diferencia de edad, no, debía ser su hijo. ¿Dónde estaba el padre? Ni idea. La verdad, soy muy poco cotilla y no paré en ningún momento atención a su conversación, estaba más bien por otras cosas: la pizza, la conversación de mi primo y… el físico de ella.
Voluntaria o involuntariamente, le miraba a la cara y ella también me miraba. Obviamente, si coincidíamos en la mirada, yo sonreía… y ella también.A mitad del primer plato, el niño dijo que se ponía la chaqueta porque tenía frío. No suelo quejarme nunca por frío pero, siendo objetivos, hacía más frío que calor en aquel rincón. Sin embargo, ella hizo todo lo contrario, se quitó la camisa que llevaba sin abrochar, a modo de chaqueta, quedándose con un top. No hace falta que diga que así estaba mucho más atractiva.
Volví a sonreir socarronamente y… mi primo se percató de mi jueguecito. “Ya te vale” me dijo.
Me gusta estudiar los gestos de la gente. Hace mucho leí un libro que interpretaba las posturas cuando hablamos o simplemente nos sentamos ante alguien. Es algo muy curioso porque, cuando lo lees piensas “que tontería, eso no quiere decir nada” pero luego, cuando estás con alguien y te fijas en tu posición te das cuenta que tiene mucha razón.
Ellos habían llegado antes, así que iban un plato por delante nuestro. Y al acabar, ella se puso de medio lado, justo hacia mí. De nuevo mi sonrisa pícara. Cruzó las piernas y su pie apuntaba, casualmente, hacia mí. Se arreglaba el pelo con frecuencia y me pareció ver que se mordió el labio, pero esto puede ser fruto de mi imaginación o hasta de una fantasía sexual.
En ese momento, mi primo ya estaba muerto de la risa. Intentaba hacer ver que su carcajada era producto de nuestra conversación, pero creo que no coló.
Ya me estaba pidiendo mi sorbete de limón con vodka (para animar a mi mente, más que nada) cuando el niño, jodido niño, quiso marcharse. Se levantaron, ella mi miró y me dijo “adiós”. Estuve tentado de decir “no, hasta luego” pero contesté también “adiós”
A esas alturas, mi primo estaba ya por los suelos de la risa.
Sonríe aunque sólo sea una sonrisa triste, porque más triste que la sonrisa triste, es la tristeza de no saber sonreír. (Anónimo)
Comentario:
Esos pequeños momentos que vivimos, es lo que nos hace sonreir en ocasiones, y los que nos hace pensar.
Me gusta... (aunque ojalá hubiera sido yo :P )
Besos de una maia.
Me gusta... (aunque ojalá hubiera sido yo :P )
Besos de una maia.
Comentario:
¿qué hubiese pasado si en lugar de dejarla marchar así como así la hubieses invitado a tomar un café? Bueno habría que ser muy valiente para hacer eso, y podrías haber quedado de psicopata ¿no? pero.¿no te queda la duda?
Grítame algo: