Más de lo mismo...
Hace rato que no me acontece algo extravagante; y tengo muchas ganas de descarriarme de la lógica por un momento, y escaparme de la tranquilidad que me rodea.
He comprobado que cuando vivimos a full nos agotamos y pedimos paz, pero cuando la conseguimos necesitamos algo que nos descontrole y nos cambie la vida tan rápido como fue capaz de aplacarla.
Tal vez sea que somos adictos a la adrenalina del maltrato o al masoquismo de la vida desquiciada que intenta mantenernos al margen de la cotidianidad y someternos a la locura diaria de no estar conformes con una felicidad que nosotros mismo forjamos.
Quizás sea que el costumbrismo nos gana por cansancio y la experiencia nos pesa lo suficiente como para volver a intentar lo inevitable. Entonces nos amoldamos al miedo del cambio, a la fragilidad de pensar que no seremos capaces de sentir nuevamente aquellas cosas a las que alguna vez nos animamos a arriesgarnos casi descabelladamente.
Y creemos fehacientemente que hemos cambiado, que hemos perdido la capacidad de amar, de sentir, de volar con la imaginación, de ilusionarnos, de esperanzarnos con lo nuevo que podamos tener.
Es entonces cuando nada alcanza, cuando nada nos toca, cuando nos volvemos templados, sin necesidades mayores que vivir un poquito bien todo los días, y pelear cada vez menos por las cosas; y caemos en cuenta de que se nos están acabando las fuerzas, y recordamos que la esperanza la perdimos varias batallas antes.
Entonces solo nos queda recordar… volver atrás para palpar nuevamente todo aquello que nos hizo sentir vivos alguna vez, todo eso que creemos que nunca volverá a pasarnos, pero que aún así seguimos esperando.
Algunos dicen que en la caja todavía existen buenas cosas… si es que aún conservamos algo que nos una, que nos mantenga vivos… supongo que seguiremos esperando, buscando, amando aunque nos resistamos a arriesgarnos nuevamente.
Si es como realmente dicen, y si Pandora solo soltó todas las malas…si es como realmente alguna vez soñamos… Entonces supongo que alguna vez cumpliremos nuestras propias metas de sentirnos realizados en cuerpo y alma. Y compartir eso con alguien que hable tu mismo lenguaje.
Hasta tanto, solo nos queda sortear mas de lo mismo… y más de lo mismo.
Saludos, Romina.
He comprobado que cuando vivimos a full nos agotamos y pedimos paz, pero cuando la conseguimos necesitamos algo que nos descontrole y nos cambie la vida tan rápido como fue capaz de aplacarla.
Tal vez sea que somos adictos a la adrenalina del maltrato o al masoquismo de la vida desquiciada que intenta mantenernos al margen de la cotidianidad y someternos a la locura diaria de no estar conformes con una felicidad que nosotros mismo forjamos.
Quizás sea que el costumbrismo nos gana por cansancio y la experiencia nos pesa lo suficiente como para volver a intentar lo inevitable. Entonces nos amoldamos al miedo del cambio, a la fragilidad de pensar que no seremos capaces de sentir nuevamente aquellas cosas a las que alguna vez nos animamos a arriesgarnos casi descabelladamente.
Y creemos fehacientemente que hemos cambiado, que hemos perdido la capacidad de amar, de sentir, de volar con la imaginación, de ilusionarnos, de esperanzarnos con lo nuevo que podamos tener.
Es entonces cuando nada alcanza, cuando nada nos toca, cuando nos volvemos templados, sin necesidades mayores que vivir un poquito bien todo los días, y pelear cada vez menos por las cosas; y caemos en cuenta de que se nos están acabando las fuerzas, y recordamos que la esperanza la perdimos varias batallas antes.
Entonces solo nos queda recordar… volver atrás para palpar nuevamente todo aquello que nos hizo sentir vivos alguna vez, todo eso que creemos que nunca volverá a pasarnos, pero que aún así seguimos esperando.
Algunos dicen que en la caja todavía existen buenas cosas… si es que aún conservamos algo que nos una, que nos mantenga vivos… supongo que seguiremos esperando, buscando, amando aunque nos resistamos a arriesgarnos nuevamente.
Si es como realmente dicen, y si Pandora solo soltó todas las malas…si es como realmente alguna vez soñamos… Entonces supongo que alguna vez cumpliremos nuestras propias metas de sentirnos realizados en cuerpo y alma. Y compartir eso con alguien que hable tu mismo lenguaje.
Hasta tanto, solo nos queda sortear mas de lo mismo… y más de lo mismo.
Saludos, Romina.





