Un día me dijo "Ya no te quiero" pero yo no quise oir en ese justo momento, depues volvió, pero ya era tarde.
Réquiem por una ciudad difunta
De Leonel Pérez Belette
LA HABANA, Cuba - Septiembre www.cubanet.org - La farola sobre el castillo de Los Tres Reyes Magos del Morro es, junto a La Giraldilla, el emblema más típico de esta urbe. La historia de ambos está rodeada de leyendas, pero es curioso cómo han marcado el destino de la nación.
La Giraldilla fue fundida en bronce y colocada en lo alto de la cúpula del Castillo de la Fuerza. De frente al mar, y tan mulata como la Virgen Patrona, se confeccionó en honor a una mujer que cual Penélope se quedó esperando el regreso de su amado. ¡Aún lo espera! A pesar de que un ciclón la derribó y se le rompió el asta, manos caritativas la devolvieron a su lugar. Sigue allí, en medio de una ciudad en ruina material y moral.
Paradójicamente, Cuba lleva siglos esperando por su libertad. Lo malo es que desde hace 46 años ha asumido una actitud estática. Lo bueno es que, como su símbolo, no ha perdido la esperanza. Como la Giraldilla, sigue mirando al mar.
En cuanto al faro del Morro, pocos conocen que se construyó con posterioridad al Castillo, por la necesidad de brindar una luz para la entrada segura de los navíos durante la noche o las frecuentes tormentas. Los fondos para erigirla y mantenerla iluminada partieron de un impuesto sobre los licores vendidos en los bares y otros sitios de placer de su época.
Es asombros que todavía la Isla se mantenga iluminada gracias a las prostitutas, los injustos gravámenes a los pobladores y la última modalidad gubernamental de ofrecer el trabajo esclavo de médicos por petróleo. Esto último no sería criticable si no fuera porque más que solidaridad, lo que se intercambia es politiquería. Pura propaganda para ganar adeptos.
De nada le serviría a millones de latinoamericanos recuperar la vista si con eso se condenan al compromiso de una oscuridad mayor. Ni Fidel Castro ni Augusto Pinochet son símbolos a seguir. No son la solución a los problemas de América, en específico a los de esta ciudad.
Si queremos un mañana mejor, habrá que dejar de ver nuestro entorno de manera estática y llena de falsas luces que sólo esconden perdición. José Martí decía que cuando los pueblos emigran, los gobiernos sobran. Es duro para la Giraldilla ver cómo sus hermanos se marchan para no regresar.
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Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente.
LA HABANA, Cuba - Septiembre www.cubanet.org - La farola sobre el castillo de Los Tres Reyes Magos del Morro es, junto a La Giraldilla, el emblema más típico de esta urbe. La historia de ambos está rodeada de leyendas, pero es curioso cómo han marcado el destino de la nación.
La Giraldilla fue fundida en bronce y colocada en lo alto de la cúpula del Castillo de la Fuerza. De frente al mar, y tan mulata como la Virgen Patrona, se confeccionó en honor a una mujer que cual Penélope se quedó esperando el regreso de su amado. ¡Aún lo espera! A pesar de que un ciclón la derribó y se le rompió el asta, manos caritativas la devolvieron a su lugar. Sigue allí, en medio de una ciudad en ruina material y moral.Paradójicamente, Cuba lleva siglos esperando por su libertad. Lo malo es que desde hace 46 años ha asumido una actitud estática. Lo bueno es que, como su símbolo, no ha perdido la esperanza. Como la Giraldilla, sigue mirando al mar.
En cuanto al faro del Morro, pocos conocen que se construyó con posterioridad al Castillo, por la necesidad de brindar una luz para la entrada segura de los navíos durante la noche o las frecuentes tormentas. Los fondos para erigirla y mantenerla iluminada partieron de un impuesto sobre los licores vendidos en los bares y otros sitios de placer de su época.
Es asombros que todavía la Isla se mantenga iluminada gracias a las prostitutas, los injustos gravámenes a los pobladores y la última modalidad gubernamental de ofrecer el trabajo esclavo de médicos por petróleo. Esto último no sería criticable si no fuera porque más que solidaridad, lo que se intercambia es politiquería. Pura propaganda para ganar adeptos.
De nada le serviría a millones de latinoamericanos recuperar la vista si con eso se condenan al compromiso de una oscuridad mayor. Ni Fidel Castro ni Augusto Pinochet son símbolos a seguir. No son la solución a los problemas de América, en específico a los de esta ciudad.
Si queremos un mañana mejor, habrá que dejar de ver nuestro entorno de manera estática y llena de falsas luces que sólo esconden perdición. José Martí decía que cuando los pueblos emigran, los gobiernos sobran. Es duro para la Giraldilla ver cómo sus hermanos se marchan para no regresar.
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