Predisposición
No se si se tiene predisposición al amor o la predisposición se tiene a un ser en particular, o a unos cuantos en concreto, o quizá son posibles esos cuantos, o sólo ese ser exacto a ti después de dicha predisposición, no se quien llega primero, cual es el detonante de hoy querer lo que mañana desdeñas, de hoy echar en falta lo que mañana te sobra
Es un estado de ánimo, supongo, la sensación de estar apunto de alcanzar algo, adelantar la mano y casi rozarlo con los dedos. Como el nacimiento de las palabras, una tras otra a veces con la fortuna de llegarte al alma, otras se quedan en el camino con ese sabor a mala suerte por llegar en mal momento o ni tan siquiera llegar, por no haberse sabido ordenar, ni adornar y llegar guapas a su cita contigo. Tienen que darse muchas combinaciones fortuitas y casi mágicas diría, para que nazcan sabiéndose entremezclar unas con otras hasta llegar a
hacer detonar algún sentido.
Y siento girar el motor que envuelve la fibra de la caja de músculo y hueso que nos sujeta, los hilos mágicos que nos convierten en ser, los latidos que nos recuerdan lo vulnerable que somos...Se nos olvida lo frágiles que somos a la vida.
Hago un descanso, respiro hondo bocanada de aire viva, pienso en cada ser que da fuerza a este motor y no se como transmitir gracias de nuevo, que sin esos trozos de vida la mía se descompone, se vuelve añicos y vuelvo a caer, se vuelven montañas de agradecimiento las letras encadenandose las unas sobre las otras, empiezo hablando de un tema y concluyo en el mismo de nuevo. Cada hálito de vida me lo dan estos seres, algunos que ya no estan. Cuando se me para la vida y veo que no están, el sentimiento, al menos, no acaba por ahogar, todas esas personas especiales, cada nombre y apellido me siguen nutriendo el alma y así la espera, llege o no, es más llevadera.
habrán las puertas
Es un estado de ánimo, supongo, la sensación de estar apunto de alcanzar algo, adelantar la mano y casi rozarlo con los dedos. Como el nacimiento de las palabras, una tras otra a veces con la fortuna de llegarte al alma, otras se quedan en el camino con ese sabor a mala suerte por llegar en mal momento o ni tan siquiera llegar, por no haberse sabido ordenar, ni adornar y llegar guapas a su cita contigo. Tienen que darse muchas combinaciones fortuitas y casi mágicas diría, para que nazcan sabiéndose entremezclar unas con otras hasta llegar a
hacer detonar algún sentido.

Y siento girar el motor que envuelve la fibra de la caja de músculo y hueso que nos sujeta, los hilos mágicos que nos convierten en ser, los latidos que nos recuerdan lo vulnerable que somos...Se nos olvida lo frágiles que somos a la vida.
Hago un descanso, respiro hondo bocanada de aire viva, pienso en cada ser que da fuerza a este motor y no se como transmitir gracias de nuevo, que sin esos trozos de vida la mía se descompone, se vuelve añicos y vuelvo a caer, se vuelven montañas de agradecimiento las letras encadenandose las unas sobre las otras, empiezo hablando de un tema y concluyo en el mismo de nuevo. Cada hálito de vida me lo dan estos seres, algunos que ya no estan. Cuando se me para la vida y veo que no están, el sentimiento, al menos, no acaba por ahogar, todas esas personas especiales, cada nombre y apellido me siguen nutriendo el alma y así la espera, llege o no, es más llevadera.
"Cuando se
habrán las puertas de la percepción,
las cosas se
verán como son
realmente "
de la percepción,
lascosas se
veráncomo son
realmente "
Soñé viviendo que porfín fue real
El Orgullo de haber hecho estas fotos


Necesito un mundo de Miradas Transparentes

La vida que nos dan (A.Gala)
El ser humano aspira a disponer de un amor en exclusiva. (También a dedicarse en exclusiva a él, pero esta segunda aspiración la contraría con facilidad.)
Hay etapas de la vida -las más solitarias-en que el ser humano es pura esperanza, o pura desesperación.
La importancia de alguien se mide por el grado de dependencia que otro tenga de el.
Si en tales etapas no se encuentra a mano una persona, el hombre se resigna a cualquier otra vida: una planta, un canario, una colección de caracolas, un perro, por ejemplo.
Los grandes solitarios, reducen sus ansias a un mundo menor, a su cuarto de estar, a esa otra vida que atienden y miman, y que les demuestra su necesariedad.
Supongase el dolor que sienten cuando tal vida -que es, en definitiva, la prueba de la suya- se extingue.
Se secó la planta, las caracolas se quebraron, murieron el canario o el perro.
La soledad entonces se vuelve abrumadora, porque ya ni ella es compartida...
La Soledad Sonora - Antonio Gala
Algunos días Rotos
Buscando un refugio que hoy caminar se me hace difícil.
El miedo se vuelve asiduo en mi compañía, enemigo y pasajero no invitado. Me convierto en ínfima gota de nada, vacía, hueca, atemorizada.
Hace un instante mientras escribía estas líneas aparecían sobre mis hombros las manos de Llaeza recogiéndome la espalda, sus manos acarician la ansiedad que desaparece por momentos. Tengo detrás un murmullo de esperanza y de amor, de insólita y envidiable compañía.
Necesito por ejemplo sus ojos, los tuyos si me miras con limpieza, los ojos de la gente que me ha querido y me quiere sin saber yo aún porqué.
Dulces miradas de los que están, los que no están, los que me devuelven, me regalan y me dan la vida.
Un mundo de miradas transparentes, que no traigan los miedos que me atemorizan el cuerpo, que me recuerdan quien soy aveces, un ser estúpido, inútil y acomplejado que no sabe vivir sin los demás, que se queda sin vida, ni fuerza, ni ganas.
Podría escapar, cambiar de vida, de trabajo, de ese tipo de gentes de las que me intento alejar, pero es inutil, volverián otras personas, identidades idénticas que me marcarían sin saberlo el camino, que derruirían lo construido unos instantes, que harán que me olvide por momentos de todo de lo que aseguro me nutre, me despertarían con sus zarpas del sueño que es estar viviendo.
Quiero volver al cordón umbilical, ser feto recogido en el vientre de mi madre, ser niña que no oye voces, ni ruido de cristales rotos, ni peleas, ni gritos mientras duermo. No esconderme en las esquinas de la casa viendo hombres rotos por el alcohol y mujeres luchando por sus vidas.
Este instante pasará, recogeré fuerzas de los que me las dan, saldré del ensimismamiento, de la soledad, de la obstinación del miedo.
No soy autosufiente, de la misma manera que necesito de los demás para estar viva, ojala pudiera despreciarlos cuando me la quitan, pero no puedo, no se hacerlo, les concedo más valor del que debiera. Reacciones violentas y desagradables que cada día me traigo del trabajo, ocho horas diarias con oscuras y opacas miradas que parece me están quitando la vida.
Quiero un mundo de miradas transparentes, poder huir o saber como evitar el daño que me causan las que no lo son.
El miedo se vuelve asiduo en mi compañía, enemigo y pasajero no invitado. Me convierto en ínfima gota de nada, vacía, hueca, atemorizada.
Hace un instante mientras escribía estas líneas aparecían sobre mis hombros las manos de Llaeza recogiéndome la espalda, sus manos acarician la ansiedad que desaparece por momentos. Tengo detrás un murmullo de esperanza y de amor, de insólita y envidiable compañía.
Necesito por ejemplo sus ojos, los tuyos si me miras con limpieza, los ojos de la gente que me ha querido y me quiere sin saber yo aún porqué.
Dulces miradas de los que están, los que no están, los que me devuelven, me regalan y me dan la vida.
Un mundo de miradas transparentes, que no traigan los miedos que me atemorizan el cuerpo, que me recuerdan quien soy aveces, un ser estúpido, inútil y acomplejado que no sabe vivir sin los demás, que se queda sin vida, ni fuerza, ni ganas.
Podría escapar, cambiar de vida, de trabajo, de ese tipo de gentes de las que me intento alejar, pero es inutil, volverián otras personas, identidades idénticas que me marcarían sin saberlo el camino, que derruirían lo construido unos instantes, que harán que me olvide por momentos de todo de lo que aseguro me nutre, me despertarían con sus zarpas del sueño que es estar viviendo.
Quiero volver al cordón umbilical, ser feto recogido en el vientre de mi madre, ser niña que no oye voces, ni ruido de cristales rotos, ni peleas, ni gritos mientras duermo. No esconderme en las esquinas de la casa viendo hombres rotos por el alcohol y mujeres luchando por sus vidas.
Este instante pasará, recogeré fuerzas de los que me las dan, saldré del ensimismamiento, de la soledad, de la obstinación del miedo.
No soy autosufiente, de la misma manera que necesito de los demás para estar viva, ojala pudiera despreciarlos cuando me la quitan, pero no puedo, no se hacerlo, les concedo más valor del que debiera. Reacciones violentas y desagradables que cada día me traigo del trabajo, ocho horas diarias con oscuras y opacas miradas que parece me están quitando la vida.
Quiero un mundo de miradas transparentes, poder huir o saber como evitar el daño que me causan las que no lo son.