Deporte, arma blanca
El proyecto del PP valenciano de construir el nuevo estadio del Valencia CF en la avenida de las Cortes Valencianas ya ha sido aprobado. El terreno donde iba a ser construido era público, pero ya no lo es. En España se come bien, se hace la siesta, se trabaja poco y se recalifica mucho. Tanto que poco queda para que los terrenos públicos empiecen a parecernos terrenos míticos o extraordinarios –también los hay que son míticos y no son públicos, pero ese es otro tema, o tal vez sea el mismo-.
Como todo en la vida, la recalificación es un deporte que gusta más a unos que a otros –así como comer, hacer la siesta o trabajar-, y parece que en Valencia los más “recalificacionistas” son los populares; los menos, los socialistas. Estos últimos votaron en contra del proyecto durante el pleno. No sé si fue estrategia u osadía, pero hemos de recordar que estamos a siete meses de las elecciones municipales.
Es curioso que aunque se haya aprobado el proyecto, aunque se vaya a hacer lo que más conviene a una entidad privada como es el Valencia CF, los valencianistas estén muy enfadados. Sí entiendo que lo estén los vecinos de los siete barrios más cercanos al terreno elegido, ya que sus castillos de arena sobre futuros parques o jardines que amenizasen las vistas desde sus balcones, se han visto truncados.
Los vecinos protestan, como siempre lo hace el pueblo, con sus voces. Los directivos del club deportivo, en cambio, han tirado de los hilos de sus marionetas, es decir, han instado a su afición a que castigue a los socialistas mediante un comunicado. Poco han tardado las peñas en dar un mensaje del todo deportivo: “quien no está con el Valencia CF no es valenciano”. Y así, sin más, se ha demonizado a un partido político utilizando el arma del deporte. Una arma del mismo color que la camiseta del club.
Tal vez sea absurdo sorprenderse, esto viene pasando desde que existe el poder y existen las masas. Ya lo expuso Hobson en su Estudio del Imperialismo, cuando apuntó al espíritu aventurero, materializado en el deporte, como una de las armas usadas por el poder imperialistas para convencer a sus ciudadanos de que el monstruoso imperio era beneficioso para todos. Dice Hobson: “especialmente entre los anglosajones, la versión moderna de este espíritu de aventura es el deporte que, en sus variantes más enérgicas o más aventureras, contiene un llamamiento directo al deseo de matanza, y a la elemental lucha por la vida que se ve en la persecución.”.¿Sólo yo puedo ver un claro deseo de matanza –no física, claro- en las acciones realizadas por parte de los populares valencianos y los directivos valencianistas? Seré poco inteligente, pero sigo sorprendiéndome.
Pincha aquí para leer la noticia.
Como todo en la vida, la recalificación es un deporte que gusta más a unos que a otros –así como comer, hacer la siesta o trabajar-, y parece que en Valencia los más “recalificacionistas” son los populares; los menos, los socialistas. Estos últimos votaron en contra del proyecto durante el pleno. No sé si fue estrategia u osadía, pero hemos de recordar que estamos a siete meses de las elecciones municipales.
Es curioso que aunque se haya aprobado el proyecto, aunque se vaya a hacer lo que más conviene a una entidad privada como es el Valencia CF, los valencianistas estén muy enfadados. Sí entiendo que lo estén los vecinos de los siete barrios más cercanos al terreno elegido, ya que sus castillos de arena sobre futuros parques o jardines que amenizasen las vistas desde sus balcones, se han visto truncados.
Los vecinos protestan, como siempre lo hace el pueblo, con sus voces. Los directivos del club deportivo, en cambio, han tirado de los hilos de sus marionetas, es decir, han instado a su afición a que castigue a los socialistas mediante un comunicado. Poco han tardado las peñas en dar un mensaje del todo deportivo: “quien no está con el Valencia CF no es valenciano”. Y así, sin más, se ha demonizado a un partido político utilizando el arma del deporte. Una arma del mismo color que la camiseta del club.
Tal vez sea absurdo sorprenderse, esto viene pasando desde que existe el poder y existen las masas. Ya lo expuso Hobson en su Estudio del Imperialismo, cuando apuntó al espíritu aventurero, materializado en el deporte, como una de las armas usadas por el poder imperialistas para convencer a sus ciudadanos de que el monstruoso imperio era beneficioso para todos. Dice Hobson: “especialmente entre los anglosajones, la versión moderna de este espíritu de aventura es el deporte que, en sus variantes más enérgicas o más aventureras, contiene un llamamiento directo al deseo de matanza, y a la elemental lucha por la vida que se ve en la persecución.”.¿Sólo yo puedo ver un claro deseo de matanza –no física, claro- en las acciones realizadas por parte de los populares valencianos y los directivos valencianistas? Seré poco inteligente, pero sigo sorprendiéndome. Quién le iba a decir
Esta mañana, cuando los estilistas de David Bisbal le han aconsejado qué ropa ponerse y cómo peinarse, seguramente lo hayan hecho con un gusanillo en el estómago. Con la inquietud e incertidumbre de quien hace algo por primera vez. Lo nuevo para ellos no era vestir a Bisbal –es su trabajo, sino hacerlo de la forma más adecuada para su visita al Parlamento Europeo.
Probablemente uno de ellos haya pensado, “si le ponemos las botas de cowboy y el chaleco de flecos tal vez dé la nota”. Al final han convenido que debía vestir vaqueros, americana negra y camisa blanca. Sin corbata, claro, algo así como arreglado pero informal. El pelo, también por supuesto, recogido como marca su contrato de imagen con su productora .
No puedo valorar si la de los estilistas ha sido una buena o una mala decisión, pero si creo que ha sido inútil. Daba lo mismo que fuese camuflado entre los políticos o con su ropa habitual, porque antes de la actuación había una reunión pública con Borrell y otros parlamentarios. Es decir: Bisbal tenía que abrir la boca.
No era discutible, tenía que presentarles SU petición de que se amplíen los derechos de autor de 50 a 95 años. No hemos oído al político y al cantante –gran pena-, pero sí hemos podido ver como interactuaban. Son esos videos que solemos ver en las noticias con una voz en off que explica qué está pasando, pero no dice qué están diciendo. Una no puede evitar preguntárselo e imaginarlo.
Mi referente de cómo se desenvuelve oralmente Borrell es una gran amalgama de todas las intervenciones públicas que ha realizado y yo he podido escuchar; el de Bisbal, las clases de dicción que recibía en la academia donde lo forjaron –por no decir crearon-, un chaval que se intentaba expresar con un vocabulario formado por unos cien vocablos mal combinados y pronunciados de forma ininteligible. Extraña conversación la que he formado en mi cabeza. Ah, y… pobre Ramoncín.
Probablemente uno de ellos haya pensado, “si le ponemos las botas de cowboy y el chaleco de flecos tal vez dé la nota”. Al final han convenido que debía vestir vaqueros, americana negra y camisa blanca. Sin corbata, claro, algo así como arreglado pero informal. El pelo, también por supuesto, recogido como marca su contrato de imagen con su productora .
No puedo valorar si la de los estilistas ha sido una buena o una mala decisión, pero si creo que ha sido inútil. Daba lo mismo que fuese camuflado entre los políticos o con su ropa habitual, porque antes de la actuación había una reunión pública con Borrell y otros parlamentarios. Es decir: Bisbal tenía que abrir la boca.
No era discutible, tenía que presentarles SU petición de que se amplíen los derechos de autor de 50 a 95 años. No hemos oído al político y al cantante –gran pena-, pero sí hemos podido ver como interactuaban. Son esos videos que solemos ver en las noticias con una voz en off que explica qué está pasando, pero no dice qué están diciendo. Una no puede evitar preguntárselo e imaginarlo.
Mi referente de cómo se desenvuelve oralmente Borrell es una gran amalgama de todas las intervenciones públicas que ha realizado y yo he podido escuchar; el de Bisbal, las clases de dicción que recibía en la academia donde lo forjaron –por no decir crearon-, un chaval que se intentaba expresar con un vocabulario formado por unos cien vocablos mal combinados y pronunciados de forma ininteligible. Extraña conversación la que he formado en mi cabeza. Ah, y… pobre Ramoncín.Barras y reclamaciones
Hasta ahora jamás había pensado que podría haber divergencia de opiniones sobre la definición de la palabra sinónimo. Siempre me han dicho, y yo he creído como verdad taxativa, que un sinónimo era un vocablo o expresión que tiene una misma o muy parecida significación que otro –eso dice también la RAE-. Tradicionalmente lo son las voces, coche y vehículo; o las expresiones irse al otro barrio y palmarla.
Pues bien, justo en Sevilla, existe un detractor de esta consagrada definición. No sabría decir si es consecuencia de algún tipo de disfunción intelectual, fruto de una nefasta base académica, o se trata de un desafío a la convención, pero este señor entiende que los sinónimos son otra cosa.
Son solo especulaciones -jamás malintencionadas-. Especulo para obtener respuesta, para explicar hechos. La que he expuesto ahora es la única explicación que soy capaz de dar al hecho de que cuando a este señor en su bar unos clientes le piden una hoja de reclamaciones les saque una barra de hierro.
Lo que David y Fran pedían el pasado viernes, era una hoja donde poder identificarse a ellos mismos y al señor disfuncional, y en el espacio reservado para los hechos a reclamar redactar algo así: “denuncio el trato discriminatorio y denigrante ejercido por parte del dueño de este local, ya que al mostrar gestos de cariño con mi pareja –del mimo sexo que yo-, dicho individuo nos ha pedido que abandonemos el local acogiéndose al derecho de admisión.”
Doy por hecho que se trata de personas perfectamente cabales, sin ningún tipo disfunción cerebral que les impida discernir entre qué es una reclamación, y qué es una barra de hierro. Es probable que esa fuese una de las razones por las que acudieron a la policía.
Alguien debería intentar paliar esta extraña enfermedad que le impide a dicho individuo aprender el significado de palabras como sinónimo o respeto. Suponiendo que el hombre manifiesta la voluntad de sanarse, me atrevo a proponer la aplicación de descargas eléctricas como método curativo. No por que lo crea el más eficaz, sino porque es el que valoro más adecuado para nuestro enfermo. Si seguramente lo apoyó como tratamiento contra la homosexualidad, ¿porque no iba a considerarlo eficaz para su propia enfermedad?
Pincha aquí para leer la noticia.
El programa Pásalo de etb2 contó con las declaraciones de uno de los agredidos:
Pues bien, justo en Sevilla, existe un detractor de esta consagrada definición. No sabría decir si es consecuencia de algún tipo de disfunción intelectual, fruto de una nefasta base académica, o se trata de un desafío a la convención, pero este señor entiende que los sinónimos son otra cosa.
Son solo especulaciones -jamás malintencionadas-. Especulo para obtener respuesta, para explicar hechos. La que he expuesto ahora es la única explicación que soy capaz de dar al hecho de que cuando a este señor en su bar unos clientes le piden una hoja de reclamaciones les saque una barra de hierro.
Lo que David y Fran pedían el pasado viernes, era una hoja donde poder identificarse a ellos mismos y al señor disfuncional, y en el espacio reservado para los hechos a reclamar redactar algo así: “denuncio el trato discriminatorio y denigrante ejercido por parte del dueño de este local, ya que al mostrar gestos de cariño con mi pareja –del mimo sexo que yo-, dicho individuo nos ha pedido que abandonemos el local acogiéndose al derecho de admisión.”
Doy por hecho que se trata de personas perfectamente cabales, sin ningún tipo disfunción cerebral que les impida discernir entre qué es una reclamación, y qué es una barra de hierro. Es probable que esa fuese una de las razones por las que acudieron a la policía.
Alguien debería intentar paliar esta extraña enfermedad que le impide a dicho individuo aprender el significado de palabras como sinónimo o respeto. Suponiendo que el hombre manifiesta la voluntad de sanarse, me atrevo a proponer la aplicación de descargas eléctricas como método curativo. No por que lo crea el más eficaz, sino porque es el que valoro más adecuado para nuestro enfermo. Si seguramente lo apoyó como tratamiento contra la homosexualidad, ¿porque no iba a considerarlo eficaz para su propia enfermedad?




