Desaforados: Una bala en el tambor
Una infinidad de veces hablamos de los pibes azules, nuestros pibes, Ciudad Azul. Lo hicimos desde la preocupación por su salud, por su educación, por su cultura, por su vida. Te dijimos que los chicos dicen “boló” a cada rato, un “boló” que termina cada frase que hilvanan con mucha dificultad y contando con un puñado de palabras para poder comunicarse, y entre ese puñado de palabras están las puteadas y ese “boló” que denota sin dudas su falta de vuelo. Y también sospechamos de la complicidad del Estado en contribuir a esta situación porque hay gimnasios municipales por todos lados pero todavía no hay ni un Centro Cultural, ni uno solo. Aquello de la mens sana in corpore sano no corre para nuestra Ciudad Azul, que prefiere organizar eventos deportivos a los culturales, que prefiere hablar de la contención social antes que de la inclusión, y de barrios periféricos como si no se trataran de su propio ejido. La contribución del Estado a esta situación también es notoria desde el Gobierno Provincial que en lugar de mejorar la educación de los chicos de El Turbio, les llevó colchones, camperas, una computadora, un equipo de música, un termotanque entre otras cosas, pero no llevó libros, ni útiles, y lo que hacía allí era inaugurar el ciclo lectivo de la escuela de El Turbio. Y el gobernador habla de seguridad y el intendente dice “píngulis la ordenanza” y el secretario de cultura dice que todos tenemos flechas y boleadoras que encontramos o nos robamos y que le pertenecen al estado. Reconocer esto es decir que los azules ciudadanos somos delincuentes.
Y seguimos pensando en la vida de los chicos cuando se habla y se escribe sobre la Seguridad, seguridad con mayúsculas y que no tiene que ver con una superpoblación de policías en esta parrilla azul, sino con poner en valor el concepto de la vida, lo que representa la vida para uno y para el que está al lado. No se procura que cuidemos la vida, que nuestros chicos sepan todo lo que tienen tan solo por estar vivos, sus derechos y obligaciones también, pero que todos sepamos lo que representa nuestra propia vida y la del que esta en frente. Sus sueños, mi familia, sus deseos, mis frustraciones, sus alegrías, mis esperanzas, sus historias y la historia, todo eso es sus vidas y la mía. Hoy van a encontrar en los diarios que un pibe de 13 años disparó un arma contra otro de 18, y que éste se debate entre la vida y la muerte. ¿Qué carajo tiene que hacer un nene de 13 años con un arma? ¿Cómo es que no tienen noción del peligro y ponen en juego sus vidas con un revolver en la mano? El nene se presentó en la seccional segunda y dijo que no sabía que el arma estaba cargada y que había una bala en el tambor, que fue un accidente, pero el arma no aparece. No sería raro que el padre sea parte de las fuerzas de seguridad y que por eso no aparece. Una bala en el tambor. Parece el nombre de una canción para una murga. Murga en la que bailan los funcionarios que no funcionan, que son funcionales a otros intereses lejos de los de los ciudadanos azules. Murga en la que parece que hicieran, en la que siguen trabajando pero que nunca hay soluciones de fondo. Dicen que hacen, hacen como para que creas que hacen, mientras suena el tambor y un silbato muy fuerte de color azul. Así vivimos en la parrilla, en este cuadriculado de asfalto y cemento, mientras pasa la murga de las promesas que se renuevan en la campaña que viene. Un sacerdote disfrazado de diputado nacional, ¿o es al revés?. Un colaboracionista de la dictadura disfrazado de diputado nacional ¿o es al revés? Un médico disfrazado de intendente, un intendente enmascarado que seduce a los hipermercados. Un centro de control de tránsito disfrazado de centro policial ¿o es al revés? Funcionarios que no funcionan, policías que roban, secuestran y desaparecen personas, alcaidía sin seguridad en donde en menos de un mes hubo un motín, un asesinato y un incendio, ¿Será que nuestra sociedad, nuestra ciudad azul es una ciudad travestida? ¿Será que para esta murga todo el año es carnaval tras el aumento de las dietas? Hay una bala en el tambor.
Y seguimos pensando en la vida de los chicos cuando se habla y se escribe sobre la Seguridad, seguridad con mayúsculas y que no tiene que ver con una superpoblación de policías en esta parrilla azul, sino con poner en valor el concepto de la vida, lo que representa la vida para uno y para el que está al lado. No se procura que cuidemos la vida, que nuestros chicos sepan todo lo que tienen tan solo por estar vivos, sus derechos y obligaciones también, pero que todos sepamos lo que representa nuestra propia vida y la del que esta en frente. Sus sueños, mi familia, sus deseos, mis frustraciones, sus alegrías, mis esperanzas, sus historias y la historia, todo eso es sus vidas y la mía. Hoy van a encontrar en los diarios que un pibe de 13 años disparó un arma contra otro de 18, y que éste se debate entre la vida y la muerte. ¿Qué carajo tiene que hacer un nene de 13 años con un arma? ¿Cómo es que no tienen noción del peligro y ponen en juego sus vidas con un revolver en la mano? El nene se presentó en la seccional segunda y dijo que no sabía que el arma estaba cargada y que había una bala en el tambor, que fue un accidente, pero el arma no aparece. No sería raro que el padre sea parte de las fuerzas de seguridad y que por eso no aparece. Una bala en el tambor. Parece el nombre de una canción para una murga. Murga en la que bailan los funcionarios que no funcionan, que son funcionales a otros intereses lejos de los de los ciudadanos azules. Murga en la que parece que hicieran, en la que siguen trabajando pero que nunca hay soluciones de fondo. Dicen que hacen, hacen como para que creas que hacen, mientras suena el tambor y un silbato muy fuerte de color azul. Así vivimos en la parrilla, en este cuadriculado de asfalto y cemento, mientras pasa la murga de las promesas que se renuevan en la campaña que viene. Un sacerdote disfrazado de diputado nacional, ¿o es al revés?. Un colaboracionista de la dictadura disfrazado de diputado nacional ¿o es al revés? Un médico disfrazado de intendente, un intendente enmascarado que seduce a los hipermercados. Un centro de control de tránsito disfrazado de centro policial ¿o es al revés? Funcionarios que no funcionan, policías que roban, secuestran y desaparecen personas, alcaidía sin seguridad en donde en menos de un mes hubo un motín, un asesinato y un incendio, ¿Será que nuestra sociedad, nuestra ciudad azul es una ciudad travestida? ¿Será que para esta murga todo el año es carnaval tras el aumento de las dietas? Hay una bala en el tambor.





