Desaforados: La perinola municipal
Nuestra ciudad azul despierta cada mañana de este enero procurando mantener el ritmo del gato en los campos de petróleo. Ese gato que no maúlla y que se parece a un corazón latiendo litros de oro negro que sostiene no solamente a la ciudad, cada vez más azul pese a ese negro, sino a toda la provincia del Chubú. Todas las mañanas el despertador nos dice que es tiempo de procurarnos el sostén, darle de comer a nuestros hijos, asegurar su bienestar y cumplir con nuestras obligaciones, y todas estas son primordiales, fundamentales y a veces también urgentes. Cuando a gatas caemos en la cuenta de que las cumplimos con ellas en este veranito económico, veranito que nada tiene que ver precisamente con el clima, escuchamos en la tele o en la radio el aviso de la municipalidad invitándonos a realizar el pago anual de nuestros impuestos. Ahora es dable pensar en la política tributaria de la comuna, pensar el lugar que nos otorga la municipalidad tras esta transacción entre la una y los otros. Hay que pensar que los impuestos inmobiliario, tasa de higiene urbana, automotor, son impuestos por la municipalidad que nos impone, es decir que nos obliga a su pago. Pese a dicha obligación impuesta aquellos que pagan en forma consuetudinaria sus impuestos se los llama contribuyentes. Seguramente porque contribuimos al mantenimiento de ese elefante con más de 1.000 empleados en la planta permanente y con alrededor de 500 empleados políticos o contratados y ni hablar de los contratados con locación de obra o los planes de empleo. Ese elefante que no tiene en cuenta tu historia tributaria sino que lo que le importa es tu pago. Ese que nos pone trompa si no los pagamos y nos bautiza como infractores, somos deudores y nos corren intereses sobre la deuda generada. Pero en ese aviso televisivo o radial vas a escuchar como slogan de campaña la frase “Pagás, ahorrás, ganás”. En ese aviso la Municipalidad reitera, como en años anteriores, el establecimiento de la timba para premiar a quienes paguen sus impuestos en forma anticipada. El ahorro del que se habla es el de aproximadamente una cuota, y lo que ganarías en caso de resultar agraciado por la fortuna son viajes a distintos puntos del país. Pero también tenemos que pensar que nos gobierna una oligarquía, un grupo de personas a los que les dimos la potestad de representarnos y cumplir con las normas, la obligación de utilizar nuestro dinero para brindarnos una mejor calidad de vida, con seguridad, educación, salud, vivienda y trabajos dignos. Y que esa potestad tiene vencimiento. Hay que pensar que mientras un contribuyente común y silvestre gasta sus suelas para poder pagar sus impuestos, esa oligarquía en poco más de un año de ostentar nuestro mandato se aumentó un 45 por ciento sus dietas. ¿Por qué las llamarán dietas si con lo que ganan difícilmente se priven de algún alimento? ¿Hay alguna justificación razonable por la que un contribuyente común y silvestre no pida una reducción en sus impuestos del mismo orden? ¿Hay alguna justificación razonable para aceptar a pies juntillas esta arbitraria forma de distribuir nuestro dinero? ¿Por qué no pedimos que nos bajen los impuestos un 45% el inmobiliario, la tasa de higiene o el automotor? “Pagás, ahorrás, ganás” dice el slogan, mientras el intendente piensa en hacer cambios en el gabinete generando dos secretarías más y esto, más allá de que le permita hacer de su grupo de trabajo uno más funcional, a nosotros nos reportará tener que pagar al menos dos sueldos más con rango de secretario. La creación de la Secretaría de Coordinación de Gabinete que se separa de la Secretaría de Gobierno y la Secretaría de Gestión del Plan Estratégico que viene a reemplazar a la controvertida Adeloc. Acá queda expuesto que cuando pagás jamás ahorrás y nunca ganás nada, salvo algunos el disgusto, la bronca contenida, la indignación ante la injusticia y la triste verificación de que en campaña todos los políticos nos ofrecen los espejitos de colores de siempre que cambiamos por nuestro voto. Encarnando el cambio el Intendente Simoncini prometía en noviembre de 2003 revisar los contratos de concesión del transporte público de pasajeros, hacer desaparecer a la UTE por su precariedad y para evitar el monopolio y sin embargo en diciembre de 2004 tuvo que negociar entre gallos y medianoche la continuidad no solo del monopolio sino de los vehículos de más de 10 años de dar vueltas por la ciudad. Embanderado en el slogan que rezaba “una ciudad en serio” hablaba de la generación de puestos genuinos de trabajo, y no solamente no generó ni uno solo (salvo se trate de puestos políticos) sino que además tomó mas planes Jefas y Jefes, más planes Trabajar y creó un programa de forestación para los desocupados del Polo Obrero que caprichosamente bajó el 31 de diciembre, arguyendo razones presupuestarias. “Pagás, ahorrás, ganás” dice el slogan de campaña por el pago anual de los impuestos para los contribuyentes azules, esos que son vigilados por municipales y policías mediante un circuito cerrado de televisión violando el Pacto de San José de Costa Rica, esos que fueron heridos en el Cine Coliseo en la década del 70, que sufrieron el incendio en Casa Tía en los 90, que asistieron estupefactos a la explosión de una escuela en la Loma, esos que se bancan silenciosamente que un ex diputado nacional como Alberto Parada, cuya mano se alzó para autorizar la privatización de YPF durante el menemato, esté ocupándose de su seguridad y se permita decir que no hay escaleras de incendio porque no son estéticas. Mientras la oligarquía te invita, “pagás, ahorrás, ganás”, lanza una licitación para adquirir computadoras nuevas por más de un millón de pesos y tarda 3 años en empezar la obra para permitirte tener un centro cultural. Hasta parece tendencioso que sea así, que se postergue la formación cultural y se sostengan planes de seguridad participativa y que sean coordinados por un comisario en patios. 15 pibes de tres barrios demuestran el éxito del plan y el Concejo Deliberante cambia sus bancas y adquiere una fotocopiadora de última generación de más de diez mil pesos. Mientras la bolilla da vueltas en la timba municipal, y quieren que creas que al pagar ahorrás y hasta podes ganar. El intendente se regocija con la próxima construcción de un crematorio y un cementerio privado, cuando se gastan cientos de miles de pesos en trasladar residuos patogénicos porque no tenemos un horno pirolítico y el cementerio oeste no tiene capacidad para recibir a nuestros muertos. La Cooperativa puede hacer la inversión para ese cementerio privado y el crematorio pero no puede pagar las acciones de quienes aportaron toda la vida para que funcione y que fallecieron o dejaron de tener el medidor a su nombre. “Pagás, ahorrás y ganás” dice el slogan del corte comercial que debiera ser denunciado por constituir en si mismo, una bofetada a la dignidad y buena fe de los azules contribuyentes. En esta perinola donde siempre sale el “todos ponen”, ¿cuando saldrá un tiro para la justicia? ¿Cuándo podremos al menos hacerla girar?





