La Ciudad Perdida - El Murciélago
Mucho hemos hablado, sobre todo en el Desaforados Bajas Calorías en el verano y todas las mañanas con Guillermo, en torno a la actuación en todas las acepciones posibles de la palabra, de nuestro intendente. Simoncini se encuentra en el medio de una crisis institucional de dimensiones tales que la incertidumbre sobre la gobernabilidad de la ciudad se pone en duda. Pese al extraordinario momento económico que la ciudad atraviesa, la gestión del intendente está plagada de anuncios grandilocuentes y exacerbadas declaraciones mediante las cuales pretendió y pretende mostrar una fortaleza que no posee. La idea de Simoncini parece ser la de parecerse a Kirchner o a Das Neves que tienen caracteres similares, pero que sostienen en los hechos. De nada sirve una retórica prolija cuando lo que hacen falta son acciones concretas y obras palpables. Lo que si es notoria es esta ausencia de políticas que permitan justificar una Secretaría como la creada recientemente y que tiene el nombre de Secretaría de Gestión del Plan de Desarrollo Estratégico, nombre por demás grandilocuente y exagerada la categoría de Secretaría para sus escasas funciones a la luz de lo hecho. No hay políticas claras de desarrollo y mucho menos con vistas a la tan mentada diversificación económica. Todos parecen darse cuenta de los endebles hilos que sostienen a Simoncini, aunque pareciera que él mismo no parece observarlos.
Para graficar esta actitud del intendente, quiero compartir con ustedes un Cuento popular de Oaxaca, México, que se llama:
EL MURCIELAGO
Las hermosas mariposas que hoy vemos, llenas de vistosos colores, no son más que una débil imagen de lo que una vez fue el murciélago: el ave más bella de la creación.
Pero no siempre fue así, en un principio era como lo conocemos, se llamaba biguidibela (biguidi=mariposa y bela=carne, es decir: mariposa desnuda). Era la más fea y desventurada de todas las criaturas.
Un día, acosado por el frío, subió al cielo y le pidió plumas al creador. Y como el creador no vuelve a tareas ya cumplidas, no tenía ninguna pluma. Le dijo que bajara a la tierra y suplicara en su nombre una pluma a todas las aves. Así lo hizo el murciélago, recurriendo a las aves de más vistoso plumaje. Obtuvo hermosas plumas y orgulloso, volaba sobre las sienes de la mañana. Las otras aves frenaban el vuelo para admirarlo. Sentado en las ramas, aleteaba alegremente.
Una vez, como un eco de su vuelo, creó el arco iris. Era la encarnación de la belleza. El murciélago olvidó su origen y ahora hacía aspavientos de su belleza. Demasiados. Y lo que un día fue admiración entre sus compañeros, se tornó en franca molestia. Una parvada de pájaros, con el colibrí por delante, subió al cielo para comunicarle al creador como el murciélago se burlaba de ellos; además, con una pluma menos, padecían frío. Una vez subió también el murciélago, el creador le hizo repetir los ademanes que de aquel modo habían ofendido a sus compañeros. Agitando las alas se quedó otra vez desnudo; se dice que todo un día llovieron plumas del cielo. Desde entonces sólo vuela en los atardeceres en rápidos giros, cazando plumas imaginarias y no se detiene para que nadie advierta su fealdad.
En este cuento, el murciélago pierde sus plumas por su soberbia, por su falta de humildad y gratitud. Hizo alarde de sus atributos una vez que consiguió las plumas del resto de las aves y se olvidó de donde venían los mismos.
Simoncini se parece a ese murciélago: hace aspavientos de los votos logrados, contesta con soberbia, agita sus plumas que bien podríamos relacionarlas con aquellos votos, esos colores son prestados.
Algunos piensan que hay peleas intestinas dentro del gabinete porque hay dinero, porque hay presupuesto. Si no hubiera un peso, no habría discusiones, ya que no habría que repartir. El tema es que en Comodoro se reparte mal y cuando se sostiene el gobierno de unos pocos para unos pocos deja de ser democracia para convertirse en una vil Aristocracia, en la que las dietas de esa nueva nobleza que es la clase política se suben de un día para el otro y los salarios de los empleados tardan meses o años en ser readecuados.
Un poco de todo esto es lo que le pasa al intendente.
Chesterton decía que “Democracia significa el gobierno de todos, aún aquellos que no han tenido educación. Aristocracia significa el gobierno de los maleducados”, y con relación a esta frase, no me quedan dudas de que Simoncini, pese a ser médico, es un maleducado.
Para graficar esta actitud del intendente, quiero compartir con ustedes un Cuento popular de Oaxaca, México, que se llama:
EL MURCIELAGO
Las hermosas mariposas que hoy vemos, llenas de vistosos colores, no son más que una débil imagen de lo que una vez fue el murciélago: el ave más bella de la creación.
Pero no siempre fue así, en un principio era como lo conocemos, se llamaba biguidibela (biguidi=mariposa y bela=carne, es decir: mariposa desnuda). Era la más fea y desventurada de todas las criaturas.
Un día, acosado por el frío, subió al cielo y le pidió plumas al creador. Y como el creador no vuelve a tareas ya cumplidas, no tenía ninguna pluma. Le dijo que bajara a la tierra y suplicara en su nombre una pluma a todas las aves. Así lo hizo el murciélago, recurriendo a las aves de más vistoso plumaje. Obtuvo hermosas plumas y orgulloso, volaba sobre las sienes de la mañana. Las otras aves frenaban el vuelo para admirarlo. Sentado en las ramas, aleteaba alegremente.
Una vez, como un eco de su vuelo, creó el arco iris. Era la encarnación de la belleza. El murciélago olvidó su origen y ahora hacía aspavientos de su belleza. Demasiados. Y lo que un día fue admiración entre sus compañeros, se tornó en franca molestia. Una parvada de pájaros, con el colibrí por delante, subió al cielo para comunicarle al creador como el murciélago se burlaba de ellos; además, con una pluma menos, padecían frío. Una vez subió también el murciélago, el creador le hizo repetir los ademanes que de aquel modo habían ofendido a sus compañeros. Agitando las alas se quedó otra vez desnudo; se dice que todo un día llovieron plumas del cielo. Desde entonces sólo vuela en los atardeceres en rápidos giros, cazando plumas imaginarias y no se detiene para que nadie advierta su fealdad.
En este cuento, el murciélago pierde sus plumas por su soberbia, por su falta de humildad y gratitud. Hizo alarde de sus atributos una vez que consiguió las plumas del resto de las aves y se olvidó de donde venían los mismos.
Simoncini se parece a ese murciélago: hace aspavientos de los votos logrados, contesta con soberbia, agita sus plumas que bien podríamos relacionarlas con aquellos votos, esos colores son prestados.
Algunos piensan que hay peleas intestinas dentro del gabinete porque hay dinero, porque hay presupuesto. Si no hubiera un peso, no habría discusiones, ya que no habría que repartir. El tema es que en Comodoro se reparte mal y cuando se sostiene el gobierno de unos pocos para unos pocos deja de ser democracia para convertirse en una vil Aristocracia, en la que las dietas de esa nueva nobleza que es la clase política se suben de un día para el otro y los salarios de los empleados tardan meses o años en ser readecuados.
Un poco de todo esto es lo que le pasa al intendente.
Chesterton decía que “Democracia significa el gobierno de todos, aún aquellos que no han tenido educación. Aristocracia significa el gobierno de los maleducados”, y con relación a esta frase, no me quedan dudas de que Simoncini, pese a ser médico, es un maleducado.





