La Ciudad Perdida: Como cayeron las estatuas de Rapa Nui
Ayer el Gallego en sus habituales efemérides recordaba que un 5 de abril pero de 1772, el almirante holandés Jacob Roggeveen descubría Rapa Nui, la Isla de Pascua. Ya sé que hoy es 6 de abril, pero la columna va los miércoles por lo que esta vendría a ser una suerte de efemérides tardía o una ampliación de los datos de aquella del Gallego, si es que esto fuera posible.
La isla se hizo famosa por sus moais, las esculturas talladas en enormes piedras que representan caras, rostros de hombres en apariencia nativos.
Pero Roggeveen y los suyos no encontraron a las estatuas como hoy puede observárselas, sino que las mismas estaban caídas en la tierra, y el misterio de su construcción y su caída sigue sin resolverse.
Nadie sabe exactamente cómo una cultura primitiva y tan aislada como la de los polinesios que habitaban y habitan la isla que hoy pertenece a Chile, consiguió en su momento levantar las estatuas o bien las enormes piedras en las que fueron esculpidas. El secreto se perdió con las sucesivas generaciones, y ya no se esculpieron otras.
Aunque sí existe entre las leyendas del mundo, una que refiere a la construcción y caída de los moais, y si les parece la compartimos.
+++++++++++++++
Cómo cayeron las estatuas de Rapa Nui
“Las enormes estatuas de la Isla de Pascua, con la intervención del hombre blanco, han vuelto a mirar hoy hacia el mar. Pero durante tantos siglos estuvieron abatidas en tierra que su caída forma parte de la leyenda, tanto como su construcción.
Se cuenta que los primeros intentos de esculpir los moai, las grandes estatuas de piedra, habían fracasado. Solo un anciano escultor guardaba el secreto de la buena escultura. Los jóvenes que intentaban trabajar en los moai fueron a verlo.
Kave Heke, el anciano poseedor del secreto, les dijo que para poder esculpir hermosas estatuas en la piedra debían controlar su deseo sexual durante todo el tiempo que tuvieran que dedicar al trabajo.
Así lograron por fin tener éxito y esculpieron muchas enormes y bellas estatuas de piedra.
La comida para los escultores de los moai estaba a cargo de una vieja a la que nadie prestaba mucha atención, a pesar de la importancia de su tarea. Preparaba el típico curanto de la isla, que se cocina en un pozo cavado en la tierra, protegiendo la comida en un envoltorio de hojas y cubriéndola con brasas. Los trabajadores eran muchos y día a día la vieja cocinera trabajaba para alimentarlos.
Un día la buena anciana no llegó a tiempo con su gente para servir la comida. Los hombres abrieron el curanto, que esta vez era de langostas y se lo comieron todo, sin dejarle nada.
Cuando ella se acercó al pozo, vio que había sido abierto y que no sobraba ni un pedacito de langosta. Los hombres habían comido todo sin pensar en su hambre, sin que les importara su esfuerzo de todos los días.
Entonces, la furia le dio fuerzas mágicas. Lloró y gritó hacia los moais. “Muchachos, con todo su peso, caigan al suelo”.
Y así cayeron las estatuas. Y así permanecieron en tierra por los siglos de los siglos”.
+++++++++++++++++
En diversas culturas se indica al egoísmo como un rasgo humano que le es propio, aunque no es castigado en forma expresa, sino que generalmente se muestran los daños que hace al otro y los que puede generar las actitudes egoístas.
Se aprende y aprehenden costumbres que tienen que ver con el compartir, la generosidad del que poco tiene y aún así parte y reparte, la elevación del espíritu por gestos relacionados con la solidaridad y la entrega en desmedro del egoísmo y sus consecuencias.
Lo que sin dudas preocupa es ver que no hemos evolucionado en ese sentido. Se suele ver a las empresas exitosas, a los empresarios o ejecutivos exitosos por sus logros, las carreras políticas y la de los funcionarios, las leyes y ordenanzas que pretenden impartir las reglas de juego justas e igualitarias, los jueces que debieran ser ecuánimes al impartir justicia, y sin embargo, si las analizamos a todas y cada una observamos una infinidad de rasgos egoístas.
Y el cambio en la calidad de vida que reclamamos casi continuamente al quejarnos y protestar debiera pasar con volvernos un poco más generosos, más allá de que agudicemos o no la vista para realmente ver la forma en que vivimos, en la que nos relacionamos con el que está mas cerca.
En síntesis, evitar el “sálvese quien pueda”, e ir creando el “salvémonos todos juntos”.
Alguien me dijo una vez: “Un egoísta es una persona que piensa más en sí misma, que en mí”, y creo que tiene razón.
La isla se hizo famosa por sus moais, las esculturas talladas en enormes piedras que representan caras, rostros de hombres en apariencia nativos.
Pero Roggeveen y los suyos no encontraron a las estatuas como hoy puede observárselas, sino que las mismas estaban caídas en la tierra, y el misterio de su construcción y su caída sigue sin resolverse.
Nadie sabe exactamente cómo una cultura primitiva y tan aislada como la de los polinesios que habitaban y habitan la isla que hoy pertenece a Chile, consiguió en su momento levantar las estatuas o bien las enormes piedras en las que fueron esculpidas. El secreto se perdió con las sucesivas generaciones, y ya no se esculpieron otras.
Aunque sí existe entre las leyendas del mundo, una que refiere a la construcción y caída de los moais, y si les parece la compartimos.
+++++++++++++++
Cómo cayeron las estatuas de Rapa Nui
“Las enormes estatuas de la Isla de Pascua, con la intervención del hombre blanco, han vuelto a mirar hoy hacia el mar. Pero durante tantos siglos estuvieron abatidas en tierra que su caída forma parte de la leyenda, tanto como su construcción.
Se cuenta que los primeros intentos de esculpir los moai, las grandes estatuas de piedra, habían fracasado. Solo un anciano escultor guardaba el secreto de la buena escultura. Los jóvenes que intentaban trabajar en los moai fueron a verlo.
Kave Heke, el anciano poseedor del secreto, les dijo que para poder esculpir hermosas estatuas en la piedra debían controlar su deseo sexual durante todo el tiempo que tuvieran que dedicar al trabajo.
Así lograron por fin tener éxito y esculpieron muchas enormes y bellas estatuas de piedra.
La comida para los escultores de los moai estaba a cargo de una vieja a la que nadie prestaba mucha atención, a pesar de la importancia de su tarea. Preparaba el típico curanto de la isla, que se cocina en un pozo cavado en la tierra, protegiendo la comida en un envoltorio de hojas y cubriéndola con brasas. Los trabajadores eran muchos y día a día la vieja cocinera trabajaba para alimentarlos.
Un día la buena anciana no llegó a tiempo con su gente para servir la comida. Los hombres abrieron el curanto, que esta vez era de langostas y se lo comieron todo, sin dejarle nada.
Cuando ella se acercó al pozo, vio que había sido abierto y que no sobraba ni un pedacito de langosta. Los hombres habían comido todo sin pensar en su hambre, sin que les importara su esfuerzo de todos los días.
Entonces, la furia le dio fuerzas mágicas. Lloró y gritó hacia los moais. “Muchachos, con todo su peso, caigan al suelo”.
Y así cayeron las estatuas. Y así permanecieron en tierra por los siglos de los siglos”.
+++++++++++++++++
En diversas culturas se indica al egoísmo como un rasgo humano que le es propio, aunque no es castigado en forma expresa, sino que generalmente se muestran los daños que hace al otro y los que puede generar las actitudes egoístas.
Se aprende y aprehenden costumbres que tienen que ver con el compartir, la generosidad del que poco tiene y aún así parte y reparte, la elevación del espíritu por gestos relacionados con la solidaridad y la entrega en desmedro del egoísmo y sus consecuencias.
Lo que sin dudas preocupa es ver que no hemos evolucionado en ese sentido. Se suele ver a las empresas exitosas, a los empresarios o ejecutivos exitosos por sus logros, las carreras políticas y la de los funcionarios, las leyes y ordenanzas que pretenden impartir las reglas de juego justas e igualitarias, los jueces que debieran ser ecuánimes al impartir justicia, y sin embargo, si las analizamos a todas y cada una observamos una infinidad de rasgos egoístas.
Y el cambio en la calidad de vida que reclamamos casi continuamente al quejarnos y protestar debiera pasar con volvernos un poco más generosos, más allá de que agudicemos o no la vista para realmente ver la forma en que vivimos, en la que nos relacionamos con el que está mas cerca.
En síntesis, evitar el “sálvese quien pueda”, e ir creando el “salvémonos todos juntos”.
Alguien me dijo una vez: “Un egoísta es una persona que piensa más en sí misma, que en mí”, y creo que tiene razón.





