LAS ÚNICAS FLORES RESPETABLES
“Las grandes distancias y la vastedad de territorio marcan en Chubut una soledad cultural paradójica: su producción no se vincula a las industrias culturales pero lo que se pierde en difusión se gana en libertad expresiva. La voluntad creativa reemplaza la ausencia de laureles. Por eso la pintura, la música, la poesía crecen en la aridez, respaldadas por la rara mezcla que entregan el sustrato indígena y la colonización galesa.”(1)
Con esta patética introducción comienza el suplemento especial dedicado a Chubut de la revista Eñe de Clarín, del pasado 11 de marzo de 2006. Lo que parece solamente un epígrafe se transforma en la reafirmación de la hegemónica política cultural que ha dispuesto que los hacedores permanezcan en la mas absoluta soledad.
Chubut, desde su génesis, es una provincia surgida de la división política del territorio nacional y después Gobernación de Comodoro Rivadavia. Ese territorio era una franja que abarcaba en su totalidad el Golfo San Jorge y se extendía hacia la cordillera, pero sus riquezas eran tales que algún iluminado observó que lo mejor era partirla en dos y así es como Comodoro Rivadavia se suma a la provincia del Chubut, nombre que no la representa puesto que es el nombre de un río que no le da de beber, ni le da energía, ni siquiera la alimenta con los frutos que a sus riberas riega, y ni que hablar de las postergaciones políticas, sociales y culturales. Justamente Chubut en la lengua tehuelche significa transparente, palabra que es permanentemente utilizada por el gobierno de la provincia en sus comunicaciones publicitarias: “Ser transparente ser Chubut”, lo que transforma al slogan en una perogrullada.
El suplemento de Clarín habla de las grandes distancias y la vastedad del territorio pero no dice distancias entre qué o quienes, no se sabe si esto es respecto de Buenos Aires, o si es entre las propias ciudades del Chubut. Y como si esto fuera poco dice que “marcan en Chubut una soledad cultural paradójica”, y agrega que la paradoja está en que se produce pero no llega a difundirse lo que contribuye a la libertad expresiva. Resulta imbécil pensar que es bueno no vincularse a las industrias culturales y perder difusión en pos de lograr libertad de expresión. ¿De qué sirve esa libertad de expresión entre comillas si no hay quien pueda evaluarla? ¿Para qué la libertad de expresión si no hay receptores de tal manifestación? Sin difusión la tarea del artista está velada, amordazada, y al crecer sin tener un destinatario, ¿para qué crece, mejora y es libre, si no llega a nadie, si no le sirve nada mas que a un determinado grupo de elegidos?
Esta soledad de la que se habla a modo de editorial no es otra cosa que el resultado de la aplicación de la política cultural del desaliento a los hacedores. En Chubut es política de estado el procurar que los hacedores no puedan vivir de su arte (y se incentiva el amor al arte), no hay políticas de apoyo institucional, y silenciosamente han fallecido los eventos culturales que pretendían salirse del cono de sombras con un fósforo en la mano. Culturas del Sur del Mundo, el Encuentro Patagónico de Escritores, la Feria de la Palabra, la Semana de las Artes, las Jornadas de Literatura Patagónica, entre otros, ya no figuran en los calendarios culturales de la provincia y esto no tiene que ver con las grandes distancias ni la vastedad de territorio ni con la difusión ni con la libertad expresiva.
La voluntad creativa no reemplaza la ausencia de laureles, incluso dice Juan Gelman en el propio cuerpo de la revista Eñe que “ningún elogio o premio escribe por vos”. No es a los laureles a los que aspira quien esta creando en el medio del sur. La voluntad creativa se alimenta muchas veces, con comentarios en línea con el discurso vacío de los funcionarios gubernamentales que sustentan su inacción en esos nuevos viejos mitos. La voluntad creativa crece en ese desierto impuesto desafiando a los que creen que los hacedores son bohemios, vagos o borrachos.
El sustrato indígena seguramente está en la visión del hombre respecto a aquella aridez y las dificultades para la supervivencia pero decididamente no es en Comodoro Rivadavia donde la cultura mapuche tehuelche y mucho menos la galesa, han tenido incidencia a la hora de la creación (dudo que lo sea para Chubut en forma decidida).
Para conocer un poco más sobre esta influencia mapuche – tehuelche en nuestra cultura, si es este “sustrato” determinante, entrevisto a la profesora en Letras Liliana Ancalao (2), también poeta e integrante de la comunidad mapuche – tehuelche Ñankulawen.
Para comenzar la charla me ubico en que el pueblo mapuche – tehuelche perdió la guerra y con ella su territorio, su libertad, su cultura.
R.G. - En el libro “Los mitos de la Argentina 2” de Felipe Pigna, el historiador vuelve a poner en la revisión histórica la absurda denominación de “Conquista del Desierto” para aquella campaña militar encabezada por Julio Argentino Roca. Dice Pigna que “evidentemente uno de los términos es incorrecto. Si se trata de un desierto (...) “lugar despoblado, solo, inhabitado”, no puede haber conquista; en todo caso habrá ocupación. La cosa pasa por el concepto que tenía la generación del 80 del poblador originario, al que como vamos viendo no lo consideraba un ser vivo, un habitante” (3). ¿Cómo ha preservado en la memoria la gente de la tierra aquel genocidio, aquel intento por borrar toda huella, todo rastro y culturas milenarias?
L.A. - En la memoria de la gente, “la conquista del desierto” quedó como “el malón” y a veces se nombra a un pariente muy antiguo, utilizando este marco como referencia y dicen, por ejemplo:“ había estado cuando el malón”. Esta memoria de despojo y muerte, se mezcla con la historia más cercana de los desalojos, el de 1930 en Nahuelpán, y tantos otros, en que llegaba la policía o la gendarmería y tiraba viviendas ,quemaba bienes, y subía a la gente a un camión para abandonarlos en algún otro lugar.
R.G. - ¿No se conserva en los relatos, en las narraciones orales, en los sucedidos, cierto rencor o la que debiera ser al menos una justa y entendible indignación contra el winka que les robó la mapu solo para quedarse con millones de hectáreas y así contribuir con el plan que el mercado internacional tenía para con nuestro país?
L.A. - En los relatos, más que rencor, he escuchado y visto el dolor, una mala mezcla de impotencia y resignación que es la causa de la tristeza. La voz empieza a cambiar, hay llantos contenidos en el esfuerzo por continuar contando. “Nos sacaron de nuestra tierra, nos dejaron en los piegreros, pobres estamos”. Y cuando se habla del despojo de la tierra, hay que indagar más para saber si se habla de aquel lejano tiempo del malón o del más cercano de los desalojos.
R.G. - Hay un trabajo muy interesante que has publicado y que tiene que ver con un término que acuñara el poeta Elicura Chihuailaf (4), la Oralitura (5). Entiendo que se trata de un estadio intermedio entre la narración oral y la literatura, cuyo objetivo es resistir sin soltarle la mano a la tradición y a la memoria. ¿Es así?
L.A. - Si hablás de estadio intermedio parece que no llega a ser literatura, y la oralitura es literatura. Hay autores, hay búsqueda estética, hay escritura y publicación. Podríamos hablar de resistencia en el sentido de no permitir el avance del olvido, la escritura asegura cierta permanencia en el tiempo. Aunque más que resistir, en la literatura nos permitimos fluir, abrigados por esa memoria. Es una manifestación de amor por lo que fuimos, lo que somos, lo que queremos ser.
R.G. - ¿Qué ejemplos y autores se encuentran en este estadio?
L.A. - Tendría que nombrarte autores de pueblos originarios de toda América, porque la Oralitura contiene a los autores quechuas, zapotecas, mayas, kariñas, huicholes, rapa nui, cabécares, etc., además de los mapuches que son los que más he leído.
En el pueblo mapuche de este lado de la cordillera, hay escritores jóvenes que se han hecho cargo de sus raíces y están escribiendo desde allí aunque aún no han llegado a la publicación.
R.G. - ¿Es posible pensar que la Oralitura es un proceso que la cultura occidental ha pasado previamente cuando aún no existía la literatura como la conocemos hoy?
L.A. - Creo que no. Aunque me resulta difícil hablar sobre el pasaje de la oralidad a la escritura en la cultura occidental, tengo que imaginarme a Homero recitando y después a alguien escribiendo ese relato guardado en la memoria. Creo que no hubo una violencia ejercida desde otra cultura que interrumpiera este natural camino.
Sí hubo una violenta interrupción del desarrollo natural de las culturas de los pueblos originarios de América. Lo expresó muy bien Víctor Heredia en su Taki Ongoy “qué hubiéramos podido ser, si nos hubiesen dejado ser“,qué símbolos, qué grafemas habríamos usado, ¿en renglones?, ¿en espiral?, ¿de derecha a izquierda?.
Los pueblos originarios tuvimos que elegir los grafemas occidentales para escribir y también elegimos la publicación bilingüe.
Contados con los dedos son aquellos que pueden comprender el mapuzungun y menos los que pueden entablar una conversación o incluso crear a partir de la cultura mapuche.
Y si de dedos hablamos también son muy pocos los que pueden hablar en galés y defender en ese idioma el Eistedfodd (en galés significa “estar sentado”) y con el cual se denomina a un Festival que reúne diversas ramas del arte y premia a los que hacen en un idioma u otro. Claro está que los idiomas que premia el Eistedfodd son el galés y el español, pese a que la leyenda habla de que en 1865 a la llegada del Mimosa los originarios habitantes de la tierra los recibieron amistosamente.
R.G. - En el suplemento dedicado a Chubut de la revista Ñ de Clarín, se pondera al “sustrato indígena” como uno de los pilares sobre los cuales es posible entender la creación y el arte de la provincia. Ñ también ubicaba a la cultura galesa en el mismo plano pretendiendo que los mapuches y los galeses resultan los abuelos de la cultura del Chubut. La historia de la cultura de la provincia, su mapa, sus caminos y paisajes, sus accidentes, vuelven a escribirse como en un palimpsesto. ¿No existe un profundo desconocimiento sobre la cultura y las formas de crear tanto del pueblo mapuche como el tehuelche como para ser tomado en ese lugar preponderante? ¿Estas de acuerdo con esta opinión?
L.A. - Me gustó la publicación de la Ñ porque cubrió un espacio de la creación y el arte de la provincia que conozco desde hace bastante tiempo, con producciones de una belleza conmovedora, de las que no había encontrado registro en otras publicaciones nacionales.
Yendo a la pregunta ... ¿usaron la palabra pilar? ¿dórico, jónico o corintio? no, “la piedra que desecharon los arquitectos, no es ahora la piedra angular”, por un lado las gestiones y sus administradores de cultura que podrían propiciar algunas construcciones, han tenido siempre mucho desconocimiento de lo que realmente pasa en la vida cultural de la provincia. A los pueblos originarios nos marcan un espacio folklórico y artesanal que podemos ocupar. No tienen ni idea del universo que se mueve entre nuestra gente.
Por otro lado cada creador elige, me parece que muy sanamente, la base de su creación.
Sí , hay una revisión crítica ¡ al fin! de investigadores, antropólogos e historiadores de los paradigmas desde los cuales se había escrito sobre nosotros. Esa es una discusión necesaria en la que espero se siga profundizando.
En fin para los pueblos originarios, por supuesto el sustrato indígena es un pilar... ¿un adobe? Amasado con nuestro barro y nuestro pasto.
El poeta Cristian Aliaga escribe en la contratapa de ese suplemento de Ñ las más lúcidas palabras del suplemento y entre ellas el siguiente párrafo a propósito de la charla: “En 1520 Antonio Pigafetta inicia la saga de los relatores viajeros de las tierras australes. El anticipa el tono que marcaría a sus sucesores y revela la mirada extrañada y superior de quien trata al nativo como a un niño o a un adulto de escasa sabiduría y honda ingenuidad. (...) Aún hoy persisten términos como “insurrectos” o “delincuentes”, aplicados a luchadores sociales; y surge la palabra “indios”, algo obscena a esta altura, como comodín. El relato y la toma de posesión real se vinculan: parte de las tierras que relevó Musters para la corona británica está hoy en manos de la multinacional Bennetton (...)” (6)
R.G. - La semana pasada el gobierno de Mario Das Neves incluye y paga el suplemento Puebloriginario en los dos diarios que se publican en la ciudad, estimo que lo ha hecho en toda la provincia. ¿Cuál crees que es el fin de este tipo de publicaciones? ¿Puede ser tomado como una reivindicación histórica el hecho de que se publique una vez por año un suplemento que se aboque a mostrar parte de la cultura que durante siglos se procuró silenciar?
L.A. - El estado y su política monocultural provocaron la destrucción, desde cuyos despojos estamos tratando de construir mejores posibilidades para vivir.
El discurso viene cambiando, ahora se habla de multiculturalidad, pluriculturalidad, alteridad, diversidad, “itrofill mongen” dijimos siempre nosotros Hay leyes que reconocen nuestra preexistencia y nuestros derechos. Faltan los hechos.
La publicación de un suplemento sobre pueblos originarios no puede ser considerada una reparación histórica, sí una buena señal, un paso muy visible si ponemos como telón de fondo noventa y nueve años en los que no se publicó nada.
Ahora vamos a estar esperando la publicación del año que viene.
R.G. - Como referente del pueblo mapuche, ¿no te parece que hay una mirada a la gente de la tierra con un aire de exotismo más que de genuino interés y respeto por lo que representan?
L.A. - La mirada del otro... sí, hay de todo, a veces no sabemos si reírnos o llorar, nos ocurren algunas situaciones que nos desconciertan. Sabemos que esta mirada que nos “exotiza” es la mirada enseñada por la escuela, por los curas, por todas las instituciones que el estado utilizó para el exterminio cultural. Es una mirada tan ignorante como la mirada que nos idealiza.
Pero la mirada que realmente nos preocupa es la mirada de la gente mapuche que no ha encontrado aún el camino de regreso, y reproducen la mirada colonizadora o se avergüenzan de ser quienes son.
Hay también miradas solidarias, de gente que no es mapuche, que nos acompañan hace rato.
R.G. - ¿Cuál sería la mejor manera de incorporar la cultura originaria a los planes de estudio? ¿A través de la historia o de la literatura?
L.A. - Nosotros estamos realizando pasos hacia la educación en la interculturalidad. Aunque la interculturalidad es un horizonte hacia el que tenemos que avanzar sin obviar una tarea de reconstrucción previa . Hubo un proceso de destrucción y de aculturación que lamentablemente realizó eficientemente la generación del 80 que planificó este país. Las consecuencias las sufrimos hoy: el avergonzamiento, el empobrecimiento, la invisibilidad de nuestra presencia.
Los pueblos originarios tenemos que reaprender aquello que no nos enseñaron nuestros padres y nuestros abuelos, y tenemos que inventar los mecanismos del rescate, para que el conocimiento vuelva a circular entre nosotros.
Fortalecidos en el conocimiento podemos avanzar al encuentro con las otras culturas, en una relación intercultural. Y no se tratará de ingresar a los planes de estudio por la Literatura o por la Historia sino desde la participación en la elaboración de los planes de estudio.
La Constitución Nacional, en su artículo 67 inciso 15, manda “conservar el trato pacífico con los indios y promover su conversión al catolicismo”.
R.G. - El gobernador de la provincia participó en una rogativa mapuche (creo que es la primera vez que un gobernador lo hace) en Cushamen. En la misma pidió por el fortalecimiento de su gobierno, dando muestras de lo mucho que le interesa su pueblo. En las rogativas, ¿se pide a la Mapu por y para uno mismo?
L.A. - Todavía hoy tropiezo con libros que cuando tienen que hablar de la religión de los pueblos originarios prefieren hablar de “supersticiones y creencias”
Como si la palabra religión tuviera demasiado prestigio para ser usada en referencia a nosotros, los “bárbaros”. La rogativa mapuche tiene la jerarquía de una ceremonia religiosa con la fuerza que le da la participación colectiva y la ritualidad ancestral. Con esta conciencia se participa en ella. Y los ancianos se deben haber encargado de aclarárselo al gobernador. Si él limitó su pedido a la trascendencia sólo a su gobierno tiene mucha suerte porque los demás participantes en la ceremonia abarcaron al mundo y a la humanidad... digamos que cubrieron la parte que faltaba.
R.G. - ¿Cuál es tu mirada sobre esta participación del gobernador en un rito mapuche?
L.A. - Una vez participé en un camaruco en Aldea Epulef, en el que de pronto se abrió un espacio para la participación de una autoridad política.
Se lo había invitado, se lo había estado esperando , cuando llegó se lo ingresó al espacio ceremonial y se le leyó un documento en el que se le solicitaban varias cosas, entre ellas el arreglo del camino de acceso a la comunidad.
El marco religioso le da otra dimensión a la relación política entre las comunidades y los gobernantes.
R.G. - ¿Por qué dentro de la misma provincia hay diferencias en la recordación del día del poblador originario? ¿Por qué en Comodoro Rivadavia es un día y en el Valle se toma una semana para las actividades?
L.A. - En Trelew desde hace cuatro años se realizan actividades para la “Semana de los pueblos originarios”, organizadas por la dirección de cultura que ha pasado por dos gestiones .También se organizan actividades fuera de lo municipal como la que organizó la Biblioteca popular Rodolfo Walsh y a la que fui invitada. Es decir que se propicia la participación de la gente originaria, se crean los espacios, se arma la logística y uno llega a aportar y a enriquecerse. Aquí, en Comodoro nunca se organizó nada. Puedo suponer que no saben de nuestra existencia o que menosprecian las posibilidades de nuestra cultura, o que están malacostumbrados a que seamos nosotros los que tengamos que trabajar ese día o esa semana. Hay una frase que es la primera que aprenden los directores de cultura en la región y que nos enrostran cuando nos acercamos con una idea que supone alguna inversión “nielay kulliñ”, y la traducción de esta frase te la dejo para que se la preguntes a ellos.
Muchos de los hacedores del arte en la provincia tienen otra impronta que está mas cerca de la otra inmigración, la de los españoles o italianos, incluso la migración interna fruto de la llegada de catamarqueños, tucumanos, cordobeses, riojanos, jujeños, que vinieron al sur en busca de trabajo a principios y mediados del siglo pasado. Allí la mixtura y la formación de un pueblo que aún procura su identidad en un país que la ha perdido, y que la seguirá perdiendo si los de acá, los que están en contacto permanente con la gente y que tienen la oportunidad de defender la idiosincrasia, la historia, el idioma y el arte de su pueblo escriben lo que escriben en los medios nacionales.
Pensaba en que la Eñe, como Clarín, llega a todo el país e incluso a diversos puntos en el extranjero, y me imaginaba a un jujeño, a un colombiano, a un español o a un exiliado argentino en Rusia, descubriendo que en la provincia del Chubut la cultura esta signada por la rara mezcla del sustrato indígena y la colonización galesa, y me quedo con la impecable y generosa contratapa del poeta Cristian Aliaga. También pensaba que el silencio de quienes conocen la verdad contribuye a la afirmación de lo que algunos pretenden crear y que suele estar emparentado con el negocio, el establecimiento de un canon o bien un posicionamiento que solo importa al turismo.
En pos de reivindicaciones, los pueblos originarios padecen la aridez de la política gubernamental o el silencio solo quebrado por el viento, el más antiguo de los habitantes de la tierra que, a esta altura, me cuesta denominar “transparente” o sea Chubut.
El poeta Debrik Ankudovich dice: “¿Te duele el pozo negro del espíritu? / ¿La poesía no viene? / Silencio entonces. / Silencio. / Las únicas flores respetables / nacen en el desierto.” (7)
Referencias
1. Suplemento Ñ, Interior Chubut, Clarín, Buenos Aires, 11/03/06.
2. Liliana Ancalao nació en 1961 en Diadema Argentina, Comodoro Rivadavia. Publicó “Tejido con lana cruda”, poesía, Ed. de Autor, Comodoro Rivadavia, 2001. Integra el grupo universitario de investigación de Mapuzungun. Su trabajo de indagación sobre cultura mapuche y su relación con los compositores de música regional la han llevado a distintos escenarios, en estos ha realizado una experiencia de difusión oral de su poesía.
3. Felipe Pigna, “Los mitos de la historia argentina 2” , Grupo Editor Planeta, Buenos Aires, 2004, pág. 291.
4. Elicura Chihuilaf, nació en Quechurewe, Chile. Ha publicado “El invierno, su imagen y otros poemas azules”, poesía, Ed. Lliteratura Alternativa, 1991; “De sueños azules y contrasueños”, poesía, Ed. Universitaria, 1995. Ha desarrollado una vasta labor literaria y cultural, preocupándose del estudio, difusión y defensa de su propia cultura. Reside en Temuco.
5. Liliana Ancalao, “Oralitura, una opción por la memoria”, en revista El Camarote Literario N° 5, Viedma, Río Negro, Marzo – Mayo 2005, pág. 32 y 33; y en “Puebloriginario”, Comodoro Rivadavia, Chubut, Abril 2006, pág. 5
6. Suplemento Ñ, Interior Chubut, op.cit, contratapa.
7. Debrik Ankudovich, “Veneno para hormigas”, Ediciones Parque Chas, Buenos Aires, 1999, “¿La poesía no viene?”, pág. 60.
Con esta patética introducción comienza el suplemento especial dedicado a Chubut de la revista Eñe de Clarín, del pasado 11 de marzo de 2006. Lo que parece solamente un epígrafe se transforma en la reafirmación de la hegemónica política cultural que ha dispuesto que los hacedores permanezcan en la mas absoluta soledad.
Chubut, desde su génesis, es una provincia surgida de la división política del territorio nacional y después Gobernación de Comodoro Rivadavia. Ese territorio era una franja que abarcaba en su totalidad el Golfo San Jorge y se extendía hacia la cordillera, pero sus riquezas eran tales que algún iluminado observó que lo mejor era partirla en dos y así es como Comodoro Rivadavia se suma a la provincia del Chubut, nombre que no la representa puesto que es el nombre de un río que no le da de beber, ni le da energía, ni siquiera la alimenta con los frutos que a sus riberas riega, y ni que hablar de las postergaciones políticas, sociales y culturales. Justamente Chubut en la lengua tehuelche significa transparente, palabra que es permanentemente utilizada por el gobierno de la provincia en sus comunicaciones publicitarias: “Ser transparente ser Chubut”, lo que transforma al slogan en una perogrullada.
El suplemento de Clarín habla de las grandes distancias y la vastedad del territorio pero no dice distancias entre qué o quienes, no se sabe si esto es respecto de Buenos Aires, o si es entre las propias ciudades del Chubut. Y como si esto fuera poco dice que “marcan en Chubut una soledad cultural paradójica”, y agrega que la paradoja está en que se produce pero no llega a difundirse lo que contribuye a la libertad expresiva. Resulta imbécil pensar que es bueno no vincularse a las industrias culturales y perder difusión en pos de lograr libertad de expresión. ¿De qué sirve esa libertad de expresión entre comillas si no hay quien pueda evaluarla? ¿Para qué la libertad de expresión si no hay receptores de tal manifestación? Sin difusión la tarea del artista está velada, amordazada, y al crecer sin tener un destinatario, ¿para qué crece, mejora y es libre, si no llega a nadie, si no le sirve nada mas que a un determinado grupo de elegidos?
Esta soledad de la que se habla a modo de editorial no es otra cosa que el resultado de la aplicación de la política cultural del desaliento a los hacedores. En Chubut es política de estado el procurar que los hacedores no puedan vivir de su arte (y se incentiva el amor al arte), no hay políticas de apoyo institucional, y silenciosamente han fallecido los eventos culturales que pretendían salirse del cono de sombras con un fósforo en la mano. Culturas del Sur del Mundo, el Encuentro Patagónico de Escritores, la Feria de la Palabra, la Semana de las Artes, las Jornadas de Literatura Patagónica, entre otros, ya no figuran en los calendarios culturales de la provincia y esto no tiene que ver con las grandes distancias ni la vastedad de territorio ni con la difusión ni con la libertad expresiva.
La voluntad creativa no reemplaza la ausencia de laureles, incluso dice Juan Gelman en el propio cuerpo de la revista Eñe que “ningún elogio o premio escribe por vos”. No es a los laureles a los que aspira quien esta creando en el medio del sur. La voluntad creativa se alimenta muchas veces, con comentarios en línea con el discurso vacío de los funcionarios gubernamentales que sustentan su inacción en esos nuevos viejos mitos. La voluntad creativa crece en ese desierto impuesto desafiando a los que creen que los hacedores son bohemios, vagos o borrachos.
El sustrato indígena seguramente está en la visión del hombre respecto a aquella aridez y las dificultades para la supervivencia pero decididamente no es en Comodoro Rivadavia donde la cultura mapuche tehuelche y mucho menos la galesa, han tenido incidencia a la hora de la creación (dudo que lo sea para Chubut en forma decidida).
Para conocer un poco más sobre esta influencia mapuche – tehuelche en nuestra cultura, si es este “sustrato” determinante, entrevisto a la profesora en Letras Liliana Ancalao (2), también poeta e integrante de la comunidad mapuche – tehuelche Ñankulawen.
Para comenzar la charla me ubico en que el pueblo mapuche – tehuelche perdió la guerra y con ella su territorio, su libertad, su cultura.
R.G. - En el libro “Los mitos de la Argentina 2” de Felipe Pigna, el historiador vuelve a poner en la revisión histórica la absurda denominación de “Conquista del Desierto” para aquella campaña militar encabezada por Julio Argentino Roca. Dice Pigna que “evidentemente uno de los términos es incorrecto. Si se trata de un desierto (...) “lugar despoblado, solo, inhabitado”, no puede haber conquista; en todo caso habrá ocupación. La cosa pasa por el concepto que tenía la generación del 80 del poblador originario, al que como vamos viendo no lo consideraba un ser vivo, un habitante” (3). ¿Cómo ha preservado en la memoria la gente de la tierra aquel genocidio, aquel intento por borrar toda huella, todo rastro y culturas milenarias?
L.A. - En la memoria de la gente, “la conquista del desierto” quedó como “el malón” y a veces se nombra a un pariente muy antiguo, utilizando este marco como referencia y dicen, por ejemplo:“ había estado cuando el malón”. Esta memoria de despojo y muerte, se mezcla con la historia más cercana de los desalojos, el de 1930 en Nahuelpán, y tantos otros, en que llegaba la policía o la gendarmería y tiraba viviendas ,quemaba bienes, y subía a la gente a un camión para abandonarlos en algún otro lugar.
R.G. - ¿No se conserva en los relatos, en las narraciones orales, en los sucedidos, cierto rencor o la que debiera ser al menos una justa y entendible indignación contra el winka que les robó la mapu solo para quedarse con millones de hectáreas y así contribuir con el plan que el mercado internacional tenía para con nuestro país?
L.A. - En los relatos, más que rencor, he escuchado y visto el dolor, una mala mezcla de impotencia y resignación que es la causa de la tristeza. La voz empieza a cambiar, hay llantos contenidos en el esfuerzo por continuar contando. “Nos sacaron de nuestra tierra, nos dejaron en los piegreros, pobres estamos”. Y cuando se habla del despojo de la tierra, hay que indagar más para saber si se habla de aquel lejano tiempo del malón o del más cercano de los desalojos.
R.G. - Hay un trabajo muy interesante que has publicado y que tiene que ver con un término que acuñara el poeta Elicura Chihuailaf (4), la Oralitura (5). Entiendo que se trata de un estadio intermedio entre la narración oral y la literatura, cuyo objetivo es resistir sin soltarle la mano a la tradición y a la memoria. ¿Es así?
L.A. - Si hablás de estadio intermedio parece que no llega a ser literatura, y la oralitura es literatura. Hay autores, hay búsqueda estética, hay escritura y publicación. Podríamos hablar de resistencia en el sentido de no permitir el avance del olvido, la escritura asegura cierta permanencia en el tiempo. Aunque más que resistir, en la literatura nos permitimos fluir, abrigados por esa memoria. Es una manifestación de amor por lo que fuimos, lo que somos, lo que queremos ser.
R.G. - ¿Qué ejemplos y autores se encuentran en este estadio?
L.A. - Tendría que nombrarte autores de pueblos originarios de toda América, porque la Oralitura contiene a los autores quechuas, zapotecas, mayas, kariñas, huicholes, rapa nui, cabécares, etc., además de los mapuches que son los que más he leído.
En el pueblo mapuche de este lado de la cordillera, hay escritores jóvenes que se han hecho cargo de sus raíces y están escribiendo desde allí aunque aún no han llegado a la publicación.
R.G. - ¿Es posible pensar que la Oralitura es un proceso que la cultura occidental ha pasado previamente cuando aún no existía la literatura como la conocemos hoy?
L.A. - Creo que no. Aunque me resulta difícil hablar sobre el pasaje de la oralidad a la escritura en la cultura occidental, tengo que imaginarme a Homero recitando y después a alguien escribiendo ese relato guardado en la memoria. Creo que no hubo una violencia ejercida desde otra cultura que interrumpiera este natural camino.
Sí hubo una violenta interrupción del desarrollo natural de las culturas de los pueblos originarios de América. Lo expresó muy bien Víctor Heredia en su Taki Ongoy “qué hubiéramos podido ser, si nos hubiesen dejado ser“,qué símbolos, qué grafemas habríamos usado, ¿en renglones?, ¿en espiral?, ¿de derecha a izquierda?.
Los pueblos originarios tuvimos que elegir los grafemas occidentales para escribir y también elegimos la publicación bilingüe.
Contados con los dedos son aquellos que pueden comprender el mapuzungun y menos los que pueden entablar una conversación o incluso crear a partir de la cultura mapuche.
Y si de dedos hablamos también son muy pocos los que pueden hablar en galés y defender en ese idioma el Eistedfodd (en galés significa “estar sentado”) y con el cual se denomina a un Festival que reúne diversas ramas del arte y premia a los que hacen en un idioma u otro. Claro está que los idiomas que premia el Eistedfodd son el galés y el español, pese a que la leyenda habla de que en 1865 a la llegada del Mimosa los originarios habitantes de la tierra los recibieron amistosamente.
R.G. - En el suplemento dedicado a Chubut de la revista Ñ de Clarín, se pondera al “sustrato indígena” como uno de los pilares sobre los cuales es posible entender la creación y el arte de la provincia. Ñ también ubicaba a la cultura galesa en el mismo plano pretendiendo que los mapuches y los galeses resultan los abuelos de la cultura del Chubut. La historia de la cultura de la provincia, su mapa, sus caminos y paisajes, sus accidentes, vuelven a escribirse como en un palimpsesto. ¿No existe un profundo desconocimiento sobre la cultura y las formas de crear tanto del pueblo mapuche como el tehuelche como para ser tomado en ese lugar preponderante? ¿Estas de acuerdo con esta opinión?
L.A. - Me gustó la publicación de la Ñ porque cubrió un espacio de la creación y el arte de la provincia que conozco desde hace bastante tiempo, con producciones de una belleza conmovedora, de las que no había encontrado registro en otras publicaciones nacionales.
Yendo a la pregunta ... ¿usaron la palabra pilar? ¿dórico, jónico o corintio? no, “la piedra que desecharon los arquitectos, no es ahora la piedra angular”, por un lado las gestiones y sus administradores de cultura que podrían propiciar algunas construcciones, han tenido siempre mucho desconocimiento de lo que realmente pasa en la vida cultural de la provincia. A los pueblos originarios nos marcan un espacio folklórico y artesanal que podemos ocupar. No tienen ni idea del universo que se mueve entre nuestra gente.
Por otro lado cada creador elige, me parece que muy sanamente, la base de su creación.
Sí , hay una revisión crítica ¡ al fin! de investigadores, antropólogos e historiadores de los paradigmas desde los cuales se había escrito sobre nosotros. Esa es una discusión necesaria en la que espero se siga profundizando.
En fin para los pueblos originarios, por supuesto el sustrato indígena es un pilar... ¿un adobe? Amasado con nuestro barro y nuestro pasto.
El poeta Cristian Aliaga escribe en la contratapa de ese suplemento de Ñ las más lúcidas palabras del suplemento y entre ellas el siguiente párrafo a propósito de la charla: “En 1520 Antonio Pigafetta inicia la saga de los relatores viajeros de las tierras australes. El anticipa el tono que marcaría a sus sucesores y revela la mirada extrañada y superior de quien trata al nativo como a un niño o a un adulto de escasa sabiduría y honda ingenuidad. (...) Aún hoy persisten términos como “insurrectos” o “delincuentes”, aplicados a luchadores sociales; y surge la palabra “indios”, algo obscena a esta altura, como comodín. El relato y la toma de posesión real se vinculan: parte de las tierras que relevó Musters para la corona británica está hoy en manos de la multinacional Bennetton (...)” (6)
R.G. - La semana pasada el gobierno de Mario Das Neves incluye y paga el suplemento Puebloriginario en los dos diarios que se publican en la ciudad, estimo que lo ha hecho en toda la provincia. ¿Cuál crees que es el fin de este tipo de publicaciones? ¿Puede ser tomado como una reivindicación histórica el hecho de que se publique una vez por año un suplemento que se aboque a mostrar parte de la cultura que durante siglos se procuró silenciar?
L.A. - El estado y su política monocultural provocaron la destrucción, desde cuyos despojos estamos tratando de construir mejores posibilidades para vivir.
El discurso viene cambiando, ahora se habla de multiculturalidad, pluriculturalidad, alteridad, diversidad, “itrofill mongen” dijimos siempre nosotros Hay leyes que reconocen nuestra preexistencia y nuestros derechos. Faltan los hechos.
La publicación de un suplemento sobre pueblos originarios no puede ser considerada una reparación histórica, sí una buena señal, un paso muy visible si ponemos como telón de fondo noventa y nueve años en los que no se publicó nada.
Ahora vamos a estar esperando la publicación del año que viene.
R.G. - Como referente del pueblo mapuche, ¿no te parece que hay una mirada a la gente de la tierra con un aire de exotismo más que de genuino interés y respeto por lo que representan?
L.A. - La mirada del otro... sí, hay de todo, a veces no sabemos si reírnos o llorar, nos ocurren algunas situaciones que nos desconciertan. Sabemos que esta mirada que nos “exotiza” es la mirada enseñada por la escuela, por los curas, por todas las instituciones que el estado utilizó para el exterminio cultural. Es una mirada tan ignorante como la mirada que nos idealiza.
Pero la mirada que realmente nos preocupa es la mirada de la gente mapuche que no ha encontrado aún el camino de regreso, y reproducen la mirada colonizadora o se avergüenzan de ser quienes son.
Hay también miradas solidarias, de gente que no es mapuche, que nos acompañan hace rato.
R.G. - ¿Cuál sería la mejor manera de incorporar la cultura originaria a los planes de estudio? ¿A través de la historia o de la literatura?
L.A. - Nosotros estamos realizando pasos hacia la educación en la interculturalidad. Aunque la interculturalidad es un horizonte hacia el que tenemos que avanzar sin obviar una tarea de reconstrucción previa . Hubo un proceso de destrucción y de aculturación que lamentablemente realizó eficientemente la generación del 80 que planificó este país. Las consecuencias las sufrimos hoy: el avergonzamiento, el empobrecimiento, la invisibilidad de nuestra presencia.
Los pueblos originarios tenemos que reaprender aquello que no nos enseñaron nuestros padres y nuestros abuelos, y tenemos que inventar los mecanismos del rescate, para que el conocimiento vuelva a circular entre nosotros.
Fortalecidos en el conocimiento podemos avanzar al encuentro con las otras culturas, en una relación intercultural. Y no se tratará de ingresar a los planes de estudio por la Literatura o por la Historia sino desde la participación en la elaboración de los planes de estudio.
La Constitución Nacional, en su artículo 67 inciso 15, manda “conservar el trato pacífico con los indios y promover su conversión al catolicismo”.
R.G. - El gobernador de la provincia participó en una rogativa mapuche (creo que es la primera vez que un gobernador lo hace) en Cushamen. En la misma pidió por el fortalecimiento de su gobierno, dando muestras de lo mucho que le interesa su pueblo. En las rogativas, ¿se pide a la Mapu por y para uno mismo?
L.A. - Todavía hoy tropiezo con libros que cuando tienen que hablar de la religión de los pueblos originarios prefieren hablar de “supersticiones y creencias”
Como si la palabra religión tuviera demasiado prestigio para ser usada en referencia a nosotros, los “bárbaros”. La rogativa mapuche tiene la jerarquía de una ceremonia religiosa con la fuerza que le da la participación colectiva y la ritualidad ancestral. Con esta conciencia se participa en ella. Y los ancianos se deben haber encargado de aclarárselo al gobernador. Si él limitó su pedido a la trascendencia sólo a su gobierno tiene mucha suerte porque los demás participantes en la ceremonia abarcaron al mundo y a la humanidad... digamos que cubrieron la parte que faltaba.
R.G. - ¿Cuál es tu mirada sobre esta participación del gobernador en un rito mapuche?
L.A. - Una vez participé en un camaruco en Aldea Epulef, en el que de pronto se abrió un espacio para la participación de una autoridad política.
Se lo había invitado, se lo había estado esperando , cuando llegó se lo ingresó al espacio ceremonial y se le leyó un documento en el que se le solicitaban varias cosas, entre ellas el arreglo del camino de acceso a la comunidad.
El marco religioso le da otra dimensión a la relación política entre las comunidades y los gobernantes.
R.G. - ¿Por qué dentro de la misma provincia hay diferencias en la recordación del día del poblador originario? ¿Por qué en Comodoro Rivadavia es un día y en el Valle se toma una semana para las actividades?
L.A. - En Trelew desde hace cuatro años se realizan actividades para la “Semana de los pueblos originarios”, organizadas por la dirección de cultura que ha pasado por dos gestiones .También se organizan actividades fuera de lo municipal como la que organizó la Biblioteca popular Rodolfo Walsh y a la que fui invitada. Es decir que se propicia la participación de la gente originaria, se crean los espacios, se arma la logística y uno llega a aportar y a enriquecerse. Aquí, en Comodoro nunca se organizó nada. Puedo suponer que no saben de nuestra existencia o que menosprecian las posibilidades de nuestra cultura, o que están malacostumbrados a que seamos nosotros los que tengamos que trabajar ese día o esa semana. Hay una frase que es la primera que aprenden los directores de cultura en la región y que nos enrostran cuando nos acercamos con una idea que supone alguna inversión “nielay kulliñ”, y la traducción de esta frase te la dejo para que se la preguntes a ellos.
Muchos de los hacedores del arte en la provincia tienen otra impronta que está mas cerca de la otra inmigración, la de los españoles o italianos, incluso la migración interna fruto de la llegada de catamarqueños, tucumanos, cordobeses, riojanos, jujeños, que vinieron al sur en busca de trabajo a principios y mediados del siglo pasado. Allí la mixtura y la formación de un pueblo que aún procura su identidad en un país que la ha perdido, y que la seguirá perdiendo si los de acá, los que están en contacto permanente con la gente y que tienen la oportunidad de defender la idiosincrasia, la historia, el idioma y el arte de su pueblo escriben lo que escriben en los medios nacionales.
Pensaba en que la Eñe, como Clarín, llega a todo el país e incluso a diversos puntos en el extranjero, y me imaginaba a un jujeño, a un colombiano, a un español o a un exiliado argentino en Rusia, descubriendo que en la provincia del Chubut la cultura esta signada por la rara mezcla del sustrato indígena y la colonización galesa, y me quedo con la impecable y generosa contratapa del poeta Cristian Aliaga. También pensaba que el silencio de quienes conocen la verdad contribuye a la afirmación de lo que algunos pretenden crear y que suele estar emparentado con el negocio, el establecimiento de un canon o bien un posicionamiento que solo importa al turismo.
En pos de reivindicaciones, los pueblos originarios padecen la aridez de la política gubernamental o el silencio solo quebrado por el viento, el más antiguo de los habitantes de la tierra que, a esta altura, me cuesta denominar “transparente” o sea Chubut.
El poeta Debrik Ankudovich dice: “¿Te duele el pozo negro del espíritu? / ¿La poesía no viene? / Silencio entonces. / Silencio. / Las únicas flores respetables / nacen en el desierto.” (7)
Referencias
1. Suplemento Ñ, Interior Chubut, Clarín, Buenos Aires, 11/03/06.
2. Liliana Ancalao nació en 1961 en Diadema Argentina, Comodoro Rivadavia. Publicó “Tejido con lana cruda”, poesía, Ed. de Autor, Comodoro Rivadavia, 2001. Integra el grupo universitario de investigación de Mapuzungun. Su trabajo de indagación sobre cultura mapuche y su relación con los compositores de música regional la han llevado a distintos escenarios, en estos ha realizado una experiencia de difusión oral de su poesía.
3. Felipe Pigna, “Los mitos de la historia argentina 2” , Grupo Editor Planeta, Buenos Aires, 2004, pág. 291.
4. Elicura Chihuilaf, nació en Quechurewe, Chile. Ha publicado “El invierno, su imagen y otros poemas azules”, poesía, Ed. Lliteratura Alternativa, 1991; “De sueños azules y contrasueños”, poesía, Ed. Universitaria, 1995. Ha desarrollado una vasta labor literaria y cultural, preocupándose del estudio, difusión y defensa de su propia cultura. Reside en Temuco.
5. Liliana Ancalao, “Oralitura, una opción por la memoria”, en revista El Camarote Literario N° 5, Viedma, Río Negro, Marzo – Mayo 2005, pág. 32 y 33; y en “Puebloriginario”, Comodoro Rivadavia, Chubut, Abril 2006, pág. 5
6. Suplemento Ñ, Interior Chubut, op.cit, contratapa.
7. Debrik Ankudovich, “Veneno para hormigas”, Ediciones Parque Chas, Buenos Aires, 1999, “¿La poesía no viene?”, pág. 60.





