Fé de ratas
Me equivoqué. Pensé que el gobierno de Simoncini distaba mucho de ser uno avasallante, arrollador, ordenado, y con políticas claras de desarrollo para la gente, para con sus vecinos, muchos de los cuales lo votaron. Pero me equivoqué. Ayer, el propio Simoncini generó una unidad de gestión para resolver el tema de las viviendas y puso a cargo de la misma al viceintendente Àngel Gioino. Este dijo que una cosa es la situación del Abel Amaya y otra la de kilómetro 17, y que si hace falta pasar con la topadora lo va a hacer. Ahí está el ritmo arrollador de una gestión política. Queda claro que se trata de un gobierno de todos y para todos, que tiene políticas claras que llevan al proceso decisorio, que no solamente abarca las tierras para viviendas sino también las áreas productivas. La evidencia nos muestra a un gobierno tan frágil que necesita a la fuerza para imponer una decisión. Lo hizo antes con la policía para intentar mantener la seguridad de la oligarquía comercial del centro que, horrorizada por los hechos de violencia en distintos barrios, llama a las radios para reclamar mano dura. Y la respuesta es un plan de seguridad participativa, en la que solamente participan los agentes azules y algún que otro buchón con el celular pagado por el gobierno. ¿Cuál es la política de la intendencia para con los asentamientos ilegales? ¿Pasarles con la topadora por encima? ¿Acaso muchas de esas viviendas precarias no fueron construidas con chapas que la misma municipalidad les otorgó? ¿Y la autocrítica donde quedó? ¿Acaso no son vecinos de la ciudad los que están asentados allí? ¿No debiera llegar la crítica a las direcciones de Planeamiento Urbano y Vivienda Popular e incluso a Tierras? Hay tres organismos que tienen que ver directamente con esta situación irregular de ocupación ilegal de tierras en la municipalidad y que a los ojos de todos están demostrando su inutilidad no solo en la información sino en su actuación. La problemática de la vivienda debiera ser atendida desde estas tres dependencias y sin embargo ante la inutilidad manifiesta el intendente crea una unidad ejecutora, una comisión encargada de analizar cada caso y determinar si usan la topadora o no. Cualquiera que pueda darse una vuelta por el Abel Amaya puede darse cuenta de que la gente se respeta en los espacios que han podido ocupar, obligados por las circunstancias, por la ausencia de respuestas de la municipalidad que aletarga las ilusiones y esperanzas en un expediente. La ciudad crece como puede hacia donde puede y no como debe y esto es un error clave en Planeamiento Urbano. No tiene el poder de policía desde la intervenida Dirección de Tierras donde el año pasado se encargaron de denunciar irregularidades pero después esto también quedó en otro expediente cajoneado. Y Vivienda Popular lejos está de ser una dirección que solucione la problemática aludida. Ahora nada se dice de la coordinación de las tres áreas sino por el contrario se procurará un nuevo ente que atienda la situación y maneje una topadora. Cuando la razón debe ser aplicada por la fuerza es porque no es una razón fuerte por sí, y esto es una nueva muestra del autoritarismo, de la incapacidad de gobierno y de la insensatez que dirige la ciudad. Desde lejos no se ve, dicen los Piojos, y allí ubicamos a Simoncini y su gabinete, lejos, muy lejos de la gente. Tan lejos que no ven.





