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Sentido Común
Crónicas de un sobreviviente de Comodoro Rivadavia, una ciudad de la Patagonia Argentina
Acerca de
Rubén Eduardo Gómez es escritor. Nació en Comodoro Rivadavia el 14 de Noviembre de 1965. Ha publicado EL PECADO DE SOÑAR en colaboración con Andrés Cursaro (Poesía, Filofalsía, 1988), GEISER (Poesía, Filofalsía, 1990), SIEGA (Poesía, Bogavante-Bizarra, 2004) y LIBRO DEL OJO (Poesía, La Luna que, 2004). Obtuvo diversos premios por sus poemas y cuentos. Ha escrito ademas algunas obras de teatro. Debutó en radio en 1984 en el programa PROHIBIDO PARA NADIE, en LU4 de Comodoro Rivadavia y desde ese momento volvió a la radio en diversas emisoras. Co-condujo FAX U por FM Rumbos junto a Fabián Basabe. Fue locutor de Producciones Integrales por FM Bizarra. Realizó la columna BAJO PALABRA en la Ciudad Perdida de FM Bizarra y también el segmento cultural del programa EL CIELO POR ASALTO por FM Klara. Co-condujo los programas DESAFORADOS y FACTOR HUMANO por FM Bizarra hasta su arbitrario cierre a manos del gobierno en Octubre de 2005. Es el director de VELA AL VIENTO Ediciones Patagónicas
Sindicación
 
Pensamos por eso somos
Cógito ergo sum. La frase en latín fue traducida como “Pienso, luego existo” y fue pergeñada por René Descartes. No es casual que nos hayamos acordado de la sentencia cartesiana así porque sí. Un día como hoy pero de 1650 fallecía en Estocolmo el filósofo holandés que escribiera entre otras obras, El Discurso del Método. La importancia de la frase cobró notoriedad en la filosofía, en las formas del pensamiento occidental, y no podemos menos que traerla a colación tras la charla que tuvimos ayer con la directora de la Escuela 104 de Caleta Córdova. Descartes afirmaba su conocimiento en lo que había aprendido durante su formación en la escuela, en aquellas certezas inciertas enseñadas como si fueran verdades irrefutables, y tras su formación en derecho y jurisprudencia en París salió a recorrer el mundo para aprender y contrastar sus conocimientos en forma empírica. La importancia de la formación escolar durante los primeros años es fundamental para lo que viene después, esa formación del pensamiento crítico, la construcción de la razón y la obtención de las herramientas para vivir en sociedad, la elaboración de la idea propia, la convención del lenguaje, la estructura moral, las creencias y la búsqueda y conquista de los horizontes. En la construcción “Cógito, ergo sum” aquel “ergo” debiera ser traducido mas que por “luego” por el significado más propio del “ergo”, esto es que la frase debiera ser conocida como “Pienso, por eso soy”, porque pienso existo. No vamos a, como se dice habitualmente, “matar al mensajero” pero ayer al hablar con la Directora de la Escuela pretendíamos indagar en aquellas cosas que, desde su puesto como responsable de la educación de más de 100 chicos, había que cambiar, le preguntamos sobre las modificaciones al sistema, y prefirió no pensar. Mucho se habla con relación a la educación de la deficiencia en la infraestructura edilicia, escuelas con las paredes agrietadas, viejas construcciones de más de 50 años, con problemas de instalaciones eléctricas, de gas, sobre pozos petroleros mal sellados o con filtraciones de emanaciones de los efluentes cloacales, en fin, los problemas de infraestructura son solamente una muestra de cómo está la educación en todos los aspectos. Los sueldos de los docentes, la formación de los mismos que cada vez es peor, el sistema educativo que fluctúa cada diez años en modificaciones que pretenden adecuarlo a las formas en que se enseña en otros países olvidando o postergando la idiosincrasia del pueblo y su propia cultura, la ausencia de contenido, o la eliminación de otros, la falta de transmisión de la propia historia, la historia de la ciudad y de los propios hacedores de la cultura locales y regionales, y esto es fácilmente comprobable tan solo con preguntarles a los chicos sobre literatura patagónica. El sistema educativo es funcional a un proyecto global que pretende eliminar las culturas de los pueblos y lo que sorprende no es el establecimiento del sistema por parte de la clase gobernante, sino que los propios maestros, que los directores de las escuelas no puedan esgrimir ni siquiera un cambio en la forma en que se educa a nuestros hijos. En una provincia donde se entregan heladeras y camas y colchones y camperas, guardapolvos y borceguíes en las escuelas pero no se llevan ni libros ni útiles, es lógico que se privilegia que los niños sean pero que no piensen. Pero no solamente los educandos sino también los docentes y directores que terminan siendo funcionales a una estructura perversa. “Los libros llegarán después” dijo la directora de la 104 ayer ante nuestros micrófonos. Esperemos que no sea tarde cuando lleguen. Mientras tanto en este espacio, pensamos y por eso somos.
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