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Sentido Común
Crónicas de un sobreviviente de Comodoro Rivadavia, una ciudad de la Patagonia Argentina
Acerca de
Rubén Eduardo Gómez es escritor. Nació en Comodoro Rivadavia el 14 de Noviembre de 1965. Ha publicado EL PECADO DE SOÑAR en colaboración con Andrés Cursaro (Poesía, Filofalsía, 1988), GEISER (Poesía, Filofalsía, 1990), SIEGA (Poesía, Bogavante-Bizarra, 2004) y LIBRO DEL OJO (Poesía, La Luna que, 2004). Obtuvo diversos premios por sus poemas y cuentos. Ha escrito ademas algunas obras de teatro. Debutó en radio en 1984 en el programa PROHIBIDO PARA NADIE, en LU4 de Comodoro Rivadavia y desde ese momento volvió a la radio en diversas emisoras. Co-condujo FAX U por FM Rumbos junto a Fabián Basabe. Fue locutor de Producciones Integrales por FM Bizarra. Realizó la columna BAJO PALABRA en la Ciudad Perdida de FM Bizarra y también el segmento cultural del programa EL CIELO POR ASALTO por FM Klara. Co-condujo los programas DESAFORADOS y FACTOR HUMANO por FM Bizarra hasta su arbitrario cierre a manos del gobierno en Octubre de 2005. Es el director de VELA AL VIENTO Ediciones Patagónicas
Sindicación
 
La Pulsera
Finalmente el lunes 23 de enero, el Secretario de Gobierno de la Municipalidad de Comodoro Rivadavia, Eduardo Bernal, reconoció que funcionarios e inspectores municipales serán citados a declaración indagatoria por la Justicia que está en procura de terminar de desbaratar una red de prostitución y trata de blancas que incluye además la trata de menores de edad. Bernal, mientras terminaba de ponerse la vaselina en todo el cuerpo pretendiendo que el caso resbale y no lo manche, aclaró que ninguno de los citados será defendido por abogados de la comuna sino que ya designaron letrados particulares. Mientras tanto se analizaba en reuniones de gabinete qué hacer con el Subsecretario de Gobierno, quizás el mayormente implicado en el caso, Carlos Marsó.
Las citaciones que la Justicia hizo llegar a la Municipalidad en principio son seis: al propio Marsó, al coordinador del Centro de Control de Tránsito Comisario Retirado Norman Saunders, y los inspectores de Habilitaciones Jorge Pereyra, Gonzalo Monsalve, otro de apellido Quinteros y un cuarto inspector que podría ser Rigoberto Águila aunque no está confirmado en este último caso.
Es notable que aún haya un sector del periodismo que pretenda recargar las tintas y responsabilidades en los inspectores, pretendiendo que se manejaban solos en la corporación municipal y tratando de que tanto Marsó como el intendente Simoncini salgan indemnes a lo Bernal. Es casi “vox populi” en los pasillos de la Subsecretaría de Gobierno ubicada en el barrio General Mosconi, que poco antes de las fiestas uno de los implicados en el caso, el Sr. Ferreira, uno de los dos que se encuentran presos, se apersonó en las oficinas de Marsó y tras mantener una breve reunión con él, se retiró del lugar. Pese a que Marsó jura y vuelve a jurar no conocer a Ferreira, tras esa reunión comenzó a vanagloriarse de una valiosa pulsera de oro que lucía en su muñeca izquierda y que obviamente le regalara el proxeneta, vaya uno a saber a cambio de qué favores. Parece que la idea de Ferreira era que Marsó posara los ojos sobre esa pulsera y no sobre los asuntos que debiera. “Lo que es tener buenas amistades” decía con su mentón hacia arriba, con todo el “soberbiol” encima y haciendo gala de ese sentimiento de impunidad que parece bañar a todo funcionario con dos o tres válvulas que manejar.
“...y esa pulsera, así de gruesa, no se como tres lucas debe valer.... entre otras cosas...” me contaron, por lo que no fue el primer “regalo” que recibió Marsó. “...y este inspector le pedía la llave del auto a Marsó y a los diez o quince minutos volvía y le decía: ya está Carlos...” me contaron desde allí, en una maniobra que era conocida por todos los que trabajan en la Subsecretaría y que consistía en el traspaso de mercaderías que el inspector recogía de vez en cuando de los comercios “inspeccionados” y que compartía con “el capataz”.
Ahora para el análisis queda pensar en que esta no es una práctica nueva, que seguramente tiene que ver con una metodología que se ha impuesto con los años, seguramente se ha aquerenciado en la estructura municipal más allá de que sea Marsó, Parada, López o Vargas el que maneje circunstancialmente el “kiosco”. El negocio de la prostitución como el del tráfico de drogas no puede ser ajeno a la municipalidad como tampoco a la policía y sobre todo a estos últimos que no cobran un sueldo digno, sino que padecen una retribución que dice Das Neves es justa.
Las enmohecidas estructuras no pueden cambiarse por una denuncia como esta si no se acompaña con decisiones políticas claras y firmes. Y sobre todo con funcionarios honestos sean estos de la municipalidad, la policía y la justicia. Claro está que hay precios que pagar y que siempre hay alguien a quien le queda bien una pulsera en la muñeca.

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