A diez años de la muerte de Tato Bores
Hoy se cumple una década de la última “gira” del gran maestro del humor argentino. La televisión le rinde homenaje. Tato Bores, uno de los más grandes referentes del humor argentino, falleció a los 68 años de edad hace una década, cuando "se fue de gira", como suele decirse en el medio artístico cada vez que se llora el adiós definitivo de un colega querido. El célebre Tato, cuyo verdadero nombre era Mauricio Borensztein, fue un innovador de la TV y un maestro del humor político que supo trajinar diversas etapas de la vida institucional del país, siempre con inteligencia y con no pocos roces con la censura. Radicales y peronistas, buscaron hacerlo callar, al igual que la jueza Servini de Cubría: “Barugurubudia”, como la llamaban en una canción más de cuarenta artistas y periodistas locales. Su simpática verborragia -que supo tener libretistas como César Bruto, Jordán de la Cazuela, Santiago Varela, Pedro Saborido, Aldo Camarotta y su hijo Sebastián- fue desde principios de los 60 un termómetro de la realidad, que los domingos por la noche reunía frente al aparato a políticos, periodistas y gente de todo tipo. En la producción lo acompañaron, en los últimos tiempos, Edgardo Borda, Emilio Cartoy Díaz y su otro hijo, Alejandro. Tato había debutado en el viejo Canal 7 con el micro Tato y sus Monólogos dentro del ciclo "Caras y morisquetas" (1957), cuya titularidad corría por cuenta del enorme Dringue Farías y tenía libretos de Landrú. Su gran llegada al público se produjo en 1962 con "Tato siempre en domingo", que tuvo problemas con los gobiernos militares, seguido por "Dígale sí a Tato" (1973), "Dele crédito a Tato", "Tato vs. Tato", "Tato por ciento" y otros ciclos en los que su nombre era emblema de gracia e inteligencia. Bores fue también un correcto actor secundario en cine desde su debut en "Un pecado por mes" (1949), hasta que llegaron sus protagónicos junto a Norman Briski ("Disputas en la cama", 1972), y Alberto Olmedo ("Departamento compartido", 1980, y "Amante para dos", 1981). Ya en esos últimos casos era un comediante hecho y derecho que podía superar incluso libros poco imaginativos, alejados por completo de los creadores de televisión que supieron darle el sostén que lo hizo admirar por el público. Para apreciar esa faceta como comediante en el séptimo arte, la señal de cable Volver lo tributará mañana, a las 23, proyectando el filme "Disputas en la cama", de Mario David. El teatro también lo tuvo como figura convocante desde fines de los años 50, cuando se fogueó junto a los grandes monologuistas de la revista porteña, hasta su brillante composición de "marido" de Carlos Perciavalle en "La cage aux folles" ("La jaula de las locas"), que batió récords a mediados de los 80 en el Metropolitan. Lo último que hizo el célebre humorista para deleitar a los telespectadores fue "Good Show" (1993), un programa de sketches y chistes políticos que, según él mismo dijo, "marcó un antes y un después en la TV". A esa altura se le había declarado un cáncer óseo que agravó su salud un año después, cuando fue descubierto por los médicos de la clínica Mater Dei que lo operaron de una supuestamente inocente hernia de disco. Desde entonces Tato supo que no podría volver al trabajo y dividió su vida recluyéndose en sus casas de Buenos Aires y Punta del Este, de donde regresó pocos días antes de su fallecimiento. Sin embargo tuvo la fortuna de haber incursionado en un medio electrónico que guardó su imagen y pudo volverlo a la vida en "La Argentina de Tato" (1999) y "Biografías no autorizadas" (2000), que gracias a la tecnología y a la sensibilidad de sus hijos Sebastián y Alejandro Borensztein demostraron que su prédica no había perdido vigencia.
Fuente: Telam.
Fuente: Telam.





