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Sentido Común
Crónicas de un sobreviviente de Comodoro Rivadavia, una ciudad de la Patagonia Argentina
Acerca de
Rubén Eduardo Gómez es escritor. Nació en Comodoro Rivadavia el 14 de Noviembre de 1965. Ha publicado EL PECADO DE SOÑAR en colaboración con Andrés Cursaro (Poesía, Filofalsía, 1988), GEISER (Poesía, Filofalsía, 1990), SIEGA (Poesía, Bogavante-Bizarra, 2004) y LIBRO DEL OJO (Poesía, La Luna que, 2004). Obtuvo diversos premios por sus poemas y cuentos. Ha escrito ademas algunas obras de teatro. Debutó en radio en 1984 en el programa PROHIBIDO PARA NADIE, en LU4 de Comodoro Rivadavia y desde ese momento volvió a la radio en diversas emisoras. Co-condujo FAX U por FM Rumbos junto a Fabián Basabe. Fue locutor de Producciones Integrales por FM Bizarra. Realizó la columna BAJO PALABRA en la Ciudad Perdida de FM Bizarra y también el segmento cultural del programa EL CIELO POR ASALTO por FM Klara. Co-condujo los programas DESAFORADOS y FACTOR HUMANO por FM Bizarra hasta su arbitrario cierre a manos del gobierno en Octubre de 2005. Es el director de VELA AL VIENTO Ediciones Patagónicas
Sindicación
 
Desaforados: La nube azul
Comodoro amaneció adentro de una enorme nube que se le cayó encima anoche. Los reflejos de sus luces dejaban ver una noche naranja y casi pegada a las narices de los vecinos. Esta nube nos permitía ayudarnos a imaginarnos a esta ciudad azul sin el Chenque, tal como la pensaban unos japoneses hace algunos años atrás. Esos nipones iban a hacerlo desaparecer y a cambio pedían la explotación de los terrenos durante algunos años, y esto fue antes de que el Gigante temblara y rompiera la ruta 3 como si fuera de plástico. Pero las fuerzas vivas, es decir los anacrónicos figurones y dueños de la economía de la ciudad protestaron ante lo que dijeron sería un avasallamiento a la identidad azul. Y si querés saber como es esa identidad basta con darte una vuelta por la más oligárquica de las fiestas de la ciudad azul; la Exposición Rural. Esta nube que nos encapsuló desde anoche le permitió a más de uno tocar el cielo con las manos, vendiendo unas ovejas por varios miles de pesos. La danza de los morlacos, petrodólares o quizá hasta blancos pesos es indignante. El cuidado de esos animales contrasta notablemente con el escaso detenimiento en el cuidado, la educación y el bienestar de nuestros niños, hijos de la ciudad. Algunos medios transmitieron la voz oligarca en directo, destacando la importancia del evento que, es sin dudas, una clara muestra de desvergüenza y la total ausencia de compromiso social. Con los dos millones de pesos en danza entre esos empresarios del campo bien podríamos sacar de la emergencia a muchos chicos que le pelean el pan a la discriminación, a la pobreza como destino, a la ausencia de educación, y a los míseros oligarcas azules, esos que quieren que sus carneritos sigan engordando en desmedro de los chicos. “Niño que baila te va a robar” dicen los Cadillacs, y en ese ritmo los azulados conducidos por algunos Blumbergs domésticos, van eliminando la alegría de a poco en la ciudad más azul de la patagonia. Mientras tanto el Intendente habla de corrupción en el municipio y no dice ni un ápice de la bebé encontrada en un basural. El fiscal de turno debiera actuar en los hechos de corrupción denunciados por el Intendente que si no hace la denuncia formal, se transforma en cómplice de la situación. No, la nube que nos envuelve no es la nube de pedos del jefe comunal. Pero si parece ser que tanto tutearse con Miatello y los representantes del cielo en la tierra, el gobernador Das Neves nos alcanza un pedazo de nube para que los enamorados de su verba crean que el frente político y social es la solución a los males del Chubú. Pero si nos queda claro que la educación se garantiza con guardapolvos y borceguíes y no con libros y útiles, con camas y heladeras y no con sueldos dignos para quienes deben educar a los chicos. La infraestructura no debe ser solamente edilicia, también se construye con humanidad, con sentido común y quizás sea la inteligencia el mayor de nuestros patrimonios en la búsqueda de la libertad y el afianzamiento de nuestra soberanía. Si no sabemos lo que somos, si el futuro no puede vislumbrarse en este presente de neblinas fruto de un olvidable pasado, difícilmente la ciudad azul sepa sobre su identidad. El DNI no tiene que ser azul. Ni tampoco negro empetrolado. Esta nube es como una cápsula que nos permite mirarnos hacia adentro, como en un súper espejo para las almas. Es dable pensar y empezar a buscar el lugar en donde dejamos la alegría, y dejar de maradonizar nuestras vidas esperando que sea la “mano de dios” la que nos salve de los ingleses, de los yankis, o de los japoneses o los chinos. ¿Dónde dejamos la alegría y la remera de Comodoro? ¿Será la nube? ¿Será de Dios?
No