logotipo

img_google
Sentido Común
Crónicas de un sobreviviente de Comodoro Rivadavia, una ciudad de la Patagonia Argentina
Acerca de
Rubén Eduardo Gómez es escritor. Nació en Comodoro Rivadavia el 14 de Noviembre de 1965. Ha publicado EL PECADO DE SOÑAR en colaboración con Andrés Cursaro (Poesía, Filofalsía, 1988), GEISER (Poesía, Filofalsía, 1990), SIEGA (Poesía, Bogavante-Bizarra, 2004) y LIBRO DEL OJO (Poesía, La Luna que, 2004). Obtuvo diversos premios por sus poemas y cuentos. Ha escrito ademas algunas obras de teatro. Debutó en radio en 1984 en el programa PROHIBIDO PARA NADIE, en LU4 de Comodoro Rivadavia y desde ese momento volvió a la radio en diversas emisoras. Co-condujo FAX U por FM Rumbos junto a Fabián Basabe. Fue locutor de Producciones Integrales por FM Bizarra. Realizó la columna BAJO PALABRA en la Ciudad Perdida de FM Bizarra y también el segmento cultural del programa EL CIELO POR ASALTO por FM Klara. Co-condujo los programas DESAFORADOS y FACTOR HUMANO por FM Bizarra hasta su arbitrario cierre a manos del gobierno en Octubre de 2005. Es el director de VELA AL VIENTO Ediciones Patagónicas
Sindicación
 
El Fondo Importa
La rendija en el armario
Se cumplen 35 años de la trágica muerte de Yukio Mishima (1925-1970), uno de los escritores más controvertidos del Siglo xx. Este texto recorre la vida y obra de un hombre que enfrentó al Japón moderno.
I
El marino que perdió la gracia del mar (1963), novela que fue llevada al cine en 1976 por el británico Lewis John Carlino y que ciertos críticos ven como un umbral idóneo para acceder a la obra vasta, hermosa y terrible a la vez, de Kimitake Hiraoka alias Yukio Mishima - nombre adoptado a partir de 1941 y tomado del resort (Mishima) con la vista más bella del monte Fuji- inicia cuando Noboru, el protagonista adolescente, se cuela al armario que hay en su dormitorio y descubre una rendija que le permite espiar la alcoba de su madre. Gracias al resquicio el cuarto deviene un ámbito mágico, diferente al que existe en la realidad: “La habitación no guardaba similitud alguna con la cámara misteriosa que había contemplado a través de la abertura”. Esta imagen resume la visión de Mishima, que usó las múltiples rendijas de la literatura para recuperar un Japón tradicional que chocaba ferozmente con el Japón moderno, un contraste que terminaría por conducirlo al suicidio. 25 de noviembre de 1970, 11 am. Justo 22 años después de haber empezado a trabajar en Confesiones de una máscara (1949), novela de corte autobiográfico que lo lanza a la fama y delata una supuesta homosexualidad, -en 1958, no obstante, se casa con Yoko Sugiyama, con quien engendra una hija (Noriko) y un hijo (Iichiro)- Mishima entra en el Ministerio de la Defensa Nacional con sede en Ichigaya (Tokio). Además del manuscrito de La corrupción de un ángel, libro que cierra su proyecto más ambicioso -El mar de la fertilidad, ciclo sobre la evolución de la sociedad japonesa en el Siglo xx completado por Nieve de primavera (1966), Caballos desbocados (1968) y El templo del alba (1969)-, el escritor ha dejado en casa una nota: “La vida humana es breve, pero yo querría vivir siempre”. A las 12:15 pm, luego de secuestrar al General Kanetoshi Mashita, de leer el manifiesto de la Sociedad del Escudo en un balcón ante 800 soldados furiosos y de gritar tres veces “¡Larga vida a Su Majestad el Emperador!”, comete seppuku o destripamiento ritual con un sable del Siglo xvi que le regalaron en 1966, año del estreno de Patriotismo, su cortometraje vuelto la crónica de un sacrificio anunciado.
II
Una fotografía de estudio con fecha del 19 de octubre de 1970 muestra a Mishima sentado; lo rodean los cuatro miembros de la Sociedad del Escudo que ayudarán en el plan del 25 de noviembre: Hiroyasu y Masayoshi Koga, Masahiro Ogawa y Masakatsu Morita, su amigo más fiel -casi su amante, se rumora-, a quien conoce en agosto de 1968. Cinco soldados vestidos con el uniforme creado por el diseñador de los atuendos de Charles de Gaulle, el mismo número que integra el grupo de jóvenes nihilistas que en El marino… busca arrancar del mundo la etiqueta de “imposibilidad”. Establecida en octubre de 1968, la Sociedad del Escudo (Tate no Kai) es un clan paramilitar de cien hombres cuyo manifiesto, leído el día del doble suicidio de Mishima y Morita, comienza así: “Vemos al Japón emborrachándose de prosperidad y hundiéndose en un vacío del espíritu… Vamos a devolverle su imagen y a morir haciéndolo”. La Sociedad entrena dos semanas al año en las faldas del monte Fuji, a donde ahora da el museo Yukio Mishima, que conserva publicaciones, manuscritos y cerca de 700 artículos personales del autor. Como es de suponer la muerte de Mishima, impulsada por “un sentido casi estético de lo heroico” que fomenta una rebelión contra una sociedad que parece sumida en la debacle moral, sacude al mundo entero. Hijo de un alto funcionario del gobierno, dueño de un talento precoz -empieza a publicar a los seis años- que lo conduce a gestar un corpus que abarca novela, cuento, teatro (kabuki, nô y moderno), ensayo, crítica, poesía, guión y aun canciones, el escritor deja en el Siglo xx una huella indeleble que no es opacada por su coqueteo con el fascismo ni por esa estampa próxima al dictador y el demagogo a la que alude Marguerite Yourcenar. Obstinado con llevar a sus últimas consecuencias el binomio vida-obra, Mishima es nominado en dos ocasiones (1965 y 1967) al Premio Nobel de Literatura, galardón que acaba en manos de su cómplice y mentor Yasunari Kawabata, al que conoce en 1946 y que también recurre al suicidio en 1972, al abrir la llave del gas en su departamento. Kawabata. “No comprendo cómo me han dado a mí el Premio Nobel si existe Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos”.
III
Mishima: una vida en cuatro capítulos (1985), de Paul Schrader, es un hermoso ejercicio biográfico que parte del 25 de noviembre de 1970 para luego desenredar el ovillo complejo que fue el autor japonés. Las secciones que integran el filme son emblemáticas: “Belleza”, “Arte”, “Acción” y “Armonía de la pluma y la espada”; las novelas representadas con énfasis teatral, son tres: El pabellón de oro (1956), La casa de Kyoko (1959) y Caballos desbocados. A sabiendas de que fue una experiencia nodal para su personaje, interpretado por Ken Ogata, Schrader reconstruye el vuelo de prueba a bordo de un jet supersónico que Mishima realizó en diciembre de 1967. (Fue el primer escritor que logró tal proeza.) Voz en off: “La cabina cerrada y el espacio exterior eran como cuerpo y espíritu de un mismo ser. Ahí vi cuál sería el efecto de mi acto final. En esa quietud había una gracia más allá de las palabras”. Las palabras de Mishima, hay que decirlo, han corrido con fortuna en cine; dos de sus obras más célebres, El rumor del oleaje (1954) y El pabellón de oro, cuentan con varias adaptaciones. Adiestramiento militar, box, esgrima, físicoculturismo, karate, kendo: fiel al dictum griego, Mishima se entrega a estas disciplinas para alcanzar mente sana en cuerpo sano, o lo que es igual, la armonía de la pluma y la espada. Graduado en leyes, nadando a contracorriente de la voluntad paterna -su madre, sin embargo, lo apoya, lee todos sus manuscritos-, hechizado por el dolor y el horror pero también por la belleza y el sexo, el autor halla en la escritura un arma eficaz para enfrentar las convulsiones que alteran la faz de su país y del resto del orbe. Empeñado en que la cultura nipona recupere su espíritu esencial, es consciente del rol que juega: “No puedo advertir desarrollo cultural en el Japón de posguerra que sea de importancia, tal vez la arquitectura es la excepción […] En literatura sólo estoy yo. Es broma, pero ya saben que un escritor debe tener confianza en sí mismo”. Confianza que, añadamos, no le fue suficiente para lidiar con las paradojas de una modernidad que lo rebasó.
IV
Shunsaku Fukuda, miembro de la Sociedad del Escudo, declara: “En lo que más coincidí con el señor Mishima es que debíamos devolver la espada a la cultura japonesa, para que se uniera al crisantemo”. No hay, por cierto, flores en la alcoba que el joven de El marino que perdió la gracia del mar espía a través de una rendija en el armario de su cuarto. Lo que hay es un mundo anodino que Yukio Mishima buscó empatar con su mundo belicoso y febril, sí, pero estimulante al fin y al cabo: “La Sociedad es un ejército en situación de espera. Imposible saber cuándo llegará nuestro día. Acaso nunca, tal vez mañana. Hasta entonces, permaneceremos en posición de firmes”.•
MAURICIO MONTIEL FIGUEIRAS
Guadalajara, Jalisco 1968. Es narrador, ensayista y periodista. Su título más reciente es La errancia. Paseos por un fin de siglo (Cal y Arena, 2005).
http://www.diasiete.com/nota_fr.cfm?nro=913&pl=masinfo13&s=1,27,9

 
Comentario:
Excelente resumen. La peli es algo densa si uno no está bien compenetrado de los textos de Mishima, pero el último capítulo salva el conjunto. Una metáfora de todos los revolucionarios que van mucho màs adelante de lo que la gente realmente quiere y está dispuesta a hacer. El Che en Bolivia. Simón Bolívar diciendo "arar en el mar" El patetismo de la izquierda de la violencia juvenil en la Argentina, hoy viviendo de las rentas de los asaltos y chantajes, ocupando cargos públicos bien rentados, vistiendo fashion, o enriqueciendose con las coimas. Opinión personal.
No