Desaforados: Preso en mi ciudad
Hubo una vez en la ciudad azul, un azul intendente caprichoso y bocón que prometía acciones a diestra y siniestra, aún antes de asumir. La gente lo apoyaba porque creía que representaba el cambio y que tomaría como propios los problemas de todos. Se le ocurrió prometer muchas cosas y entre ellas un viaducto. Se trataba de una obra monumental, casi titánica que debía insumir muchísimo dinero porque pretendía solucionar el acceso norte a la ciudad, que se había quebrado por los movimientos de un gigante dormido como lo sigue siendo el Cerro Chenque. Entonces, como suelen hacer los funcionarios que no funcionan sino que son funcionales a otros intereses, convocó a distintos grupos de trabajo para analizar profundamente la obra en la que trabajó la Universidad y cuyo proyecto le pertenecía. Y volaban los informes técnicos y económicos pensando que la ruta 3 es la conexión del resto del país con el sur argentino y que Comodoro también lo necesitaba para comunicarse inclusive con parte de su propio ejido. Y hubo otras voces como las del ingeniero Juan Carlos Sbovoda que presentó su proyecto Comodoro 2030 que estaba bastante lejos de semejante inversión y planteaba nuevas alternativas viales. El caprichoso mandatario quería los informes en forma urgente porque quería anunciar con bombos y platillos la obra para el día del aniversario de la ciudad, el 23 de febrero. Con la decisión tomada viaja a Buenos Aires en busca de financiamiento pero recibe críticas y algunas modificaciones para realizar sobre el proyecto original. Los funcionarios nacionales le bajan el copete al azul caprichoso y vuelve con el rabo entre las piernas pero lejos de asumir la derrota dice que en realidad el problema pasa porque no está en el presupuesto nacional del año 2004. Dice que hay que saber cuanto cuesta hacerlo y terminar el proyecto con todas las modificaciones y sugerencias incluidas para después pelear para que se presupueste para el año 2005. El año nuevo pasó y del viaducto o de la multitrocha o del proyecto Comodoro 2030 no se dice nada. ¿Habrá que esperar que el Chenque vuelva a sacudirnos, vuelva a romper la ruta 3, que ocasione un accidente? ¿Cuáles son las obras destinadas a tal fin por el caprichoso y bocón intendente azul? ¿Pondrá policías a vigilar al cerro también, porque parece que todo pasa por poner policías para garantizar seguridad? La seguridad también pasa por establecer este contacto con el resto del país, por asegurar el derecho constitucional del libre tránsito. Porque de no ser así estaríamos como canta el Indio Solari: “Preso en mi ciudad”. Atrapados por el gigante, mientras controlamos al otro gigante, al boliche con inspectores y nada hacemos con el Chenque. Ese cerro marrón que mira a los azules con suficiencia y que esconde el sol antes en invierno. Ese que dicen era utilizado como cementerio cuando los pueblos originarios eran los dueños de la tierra. Ese que dicen que de vez en cuando toma la justicia en su seno y nos pega un sacudón, simplemente derramándose, o moviéndose, obligando a los azules funcionarios a arreglar rutas alternativas, a mudar a los vecinos a otro lugar mas seguro o quebrando como si fuera un papel a la ruta 3. El primero de marzo de 2004 y con motivo de la inauguración del período ordinario de sesiones en el Concejo anunció la reforma del Estado, una fuerte política de integración regional, la ratificación de los programas alimentarios, comprometió las obras para el Centro Cultural, el traslado de la terminal de ómnibus, la licitación del servicio público de pasajeros y un ambicioso programa de protección canina. Mientras el intendente azul, enérgico y caprichoso, y sin temblar anuncia y no cumple con su palabra, el Cerro Chenque solo con temblar escribe la historia.
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