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Sentido Común
Crónicas de un sobreviviente de Comodoro Rivadavia, una ciudad de la Patagonia Argentina
Acerca de
Rubén Eduardo Gómez es escritor. Nació en Comodoro Rivadavia el 14 de Noviembre de 1965. Ha publicado EL PECADO DE SOÑAR en colaboración con Andrés Cursaro (Poesía, Filofalsía, 1988), GEISER (Poesía, Filofalsía, 1990), SIEGA (Poesía, Bogavante-Bizarra, 2004) y LIBRO DEL OJO (Poesía, La Luna que, 2004). Obtuvo diversos premios por sus poemas y cuentos. Ha escrito ademas algunas obras de teatro. Debutó en radio en 1984 en el programa PROHIBIDO PARA NADIE, en LU4 de Comodoro Rivadavia y desde ese momento volvió a la radio en diversas emisoras. Co-condujo FAX U por FM Rumbos junto a Fabián Basabe. Fue locutor de Producciones Integrales por FM Bizarra. Realizó la columna BAJO PALABRA en la Ciudad Perdida de FM Bizarra y también el segmento cultural del programa EL CIELO POR ASALTO por FM Klara. Co-condujo los programas DESAFORADOS y FACTOR HUMANO por FM Bizarra hasta su arbitrario cierre a manos del gobierno en Octubre de 2005. Es el director de VELA AL VIENTO Ediciones Patagónicas
Sindicación
 
Figura asomada a una ventana
(Presentación del libro de Claudia Zárate, “Poeta de Sueños” (poemas, Bogavante Poesía, Comodoro Rivadavia, 2007) 26 de Abril de 2007, en el CEPTUR de Comodoro Rivadavia)

En principio quería agradecer la disposición y buena voluntad de los empleados municipales que tienen a su cargo el CEPTUR y que nos permiten estar aquí hoy. También un especial agradecimiento a José Luis Villarroel, quien nos brinda la asistencia técnica en el sonido que respondió solícitamente a un llamado de última hora y que nos permite hacernos oír.
Y en un apartado a la presentación quiero decir que nos acompaña para hablar del libro “Poeta de Sueños” el escritor Ernesto Allende, quien ha decidido apartarse de la presidencia de la Biblioteca Darío Hugo Fernández del Barrio San Martín tras quince años de denodada labor, de múltiples alegrías y unos cuantos sinsabores y tristezas. Seguramente coincideran conmigo en reconocer su trabajo y valoremos su esfuerzo y ejemplo con nuestro mejor aplauso.
Todos los libros tienen una historia atrás, además de las que muestra en su interior. Una historia que está debajo de la solapa, una historia que no se conoce y que muchas veces queda subordinada y olvidada detrás de la alegría que implica la aparición de un libro, sobre todo si se trata de un libro patagónico y ni que hablar si además es comodorense y que significa el primero de una escritora que así se presenta ante el público.
Siempre estas historias hablan del sacrificio que implica el hacer en estas tierras, como el labrar la greda hasta el hastío, siempre cuentan sobre las dificultades sorteadas y a sortear. No es fácil este oficio del escribir, no es nada fácil lograr que la gente se interese, ingrese al libro de poemas y se conmueva, no es nada fácil proponerse el llegar a la gente con palabras sencillas y desde el corazón, como es lo que pretende Claudia Zárate, sobre todo porque ha elegido y como en toda elección hay un montón de opciones que han quedado de lado, entre ellas la academia y los rótulos y etiquetas que caerán aún cuando pase el tiempo sobre los textos. Pero eso será materia de otro análisis, el que se pretende hacer desde algunos claustros donde hay formas y catálogos, influencias y estanterías, pero donde generalmente se olvida o no se permite sentir o vibrar, emocionarse y asombrarse con un texto. Quiero decir que Claudia ha elegido un camino claro y definido para comenzar: llegar a la gente con lo que tiene que decir y es claro su destinatario.
Y no sería esto posible si en esta travesía no tuviera a su lado a Lorenzo, su marido, quien ha apoyado sin reparos, con sinceridad, y sobre todo con amor, el nacimiento de este libro. Pero la historia que me ocupa es otra, es la de la tapa del libro. “Poeta de sueños” llegó a mis manos sin tapa. No tenía ninguna imagen previa, ni alguna que la autora hubiera pensado para ilustrar y presentar sus poemas. Coincidió con la llegada del libro que estaba yo buscando imágenes para otro proyecto editorial, mientras editaba los poemas de Claudia. Cuando terminé de leerlo y de prepararlo para ser impreso y absolutamente de casualidad, llegó a mis manos un libro con fotos de cuadros de Salvador Dalí, ese genial artista español, quizás ícono del surrealismo en las artes plásticas. Había varias opciones, sobre todo porque la figura femenina habita la obra de Dalí, pero éste cuadro en particular, que se llama “Figura asomada a la ventana” de 1925, es particularmente una de las mas sencillas de este enorme pintor, digo sencillas para quien como yo, es un semi analfabeto en estas lides.
Entre las cuatro o cinco opciones presentadas a Claudia, ella sin dudar eligió la que Uds. pueden ver ahora publicada como tapa del libro. Nunca me dijo por qué la había elegido pero lo hizo de una manera clara y contundente.
Mientras armaba la tapa comencé a pensar y tratar de entender el por qué de la elección y entonces volví a leer su poemario, ya por quinta o sexta vez. Y era clarísimo. La figura asomada a la ventana es la de una mujer sola, contemplando con tranquilidad hacia fuera, como esperando la llegada de alguien y que justamente refleja en uno de los poemas en el interior, pero también puede verse en la imagen de esa ventana un cerro que divide cielo y mar, tan presentes en la poética de todo autor patagónico. Esas inmensidades que parecen rodearlo todo, cielo arriba, el mar donde la meseta no llega y de lo contrario todo el desierto, todo ese desierto que no es tal y que a veces parece estar en silencio como la noche, y solo hay que saber escuchar el dictado interno, la fibra que vibra.
Claudia Zárate escribe mirando por la ventana, que curiosamente es de una sola ala, pero se trata de una ventana que abre hacia fuera o bien hacia adentro, y como en el cuadro de Dalí las cortinas están corridas, están allí, pero no las usa ni para velar la luz, ni para ocultar lo que sucede puertas adentro o quizás ventanas adentro de su casa.
El cuadro ofrece equidistancia y equilibrio entre el cielo y el mar que separa ese cerro, y la figura asomada a la ventana levanta el pie derecho para mirar. Y esto es también toda una analogía. Esta posibilidad de escribir con un pie apoyado en el piso de su casa, un pie a tierra, ese contacto con la cotidianidad necesario para contar su tiempo y realidad, el pie izquierdo del lado donde está el corazón, y el otro, curiosamente el derecho, el lado de la creatividad, el lado donde se ubica la lapicera en el aire, volando, creando.
La poesía no es un arte menor, ni un género “cenicienta” como algunos pretenden, ni está en extinción. La poesía está mas cerca de la ontología o la filosofía que de la literatura, y en esta zona nos encontramos, cuando nos lo permitimos, más humanos, más cercanos.
El poeta Raúl Gustavo Aguirre decía que “la palabra es el elemento más complejo que existe para la creación, puesto que no sólo se comporta en su polivalencia de sonido, imagen y concepto, sino que a la vez está imbuida del curso de la sangre a través de las edades, y permanecen en ella las formas larvales de los hábitos, resquicios, sedimentos, formas mnemónicas, convenciones, tabúes y secuencias imponderables e impredecibles que hacen de ella el más impuro, el más complicado y, a la vez, el mas rico de los elementos que puede encontrar un creador”, y agrega que “el poema es el acto más difícil de que es capaz el hombre. Ninguna forma de creación requiere como él de la presencia absoluta. Ninguna otra forma de creación requiere como él del dominio de tantas alternativas”.
Y allí entonces, Claudia Zárate, con su libro “Poeta de sueños” sumida en el dominio de alternativas y con la palabra como el elemento elegido para la creación, levantando su pie derecho y mirando por la ventana. Creo que entendí por qué eligió este cuadro y no otro.
Gracias, Claudia, por elegir a Bogavante para editar tu libro y que vengan muchos más.



 
Lectura de poemas en Último Infierno
De “Siega” (2004)
siempre caigo donde crece la poesía
a buscar otra cosa detrás de las palabras.

blues del regreso
jorge spíndola

raíz
bienvenida al ras,
raíz mía,
lo que sobra se corta
y lo que no
es indescriptible

polvo
el viento obliga a cerrar los ojos
y no pasa rápido a las cenizas
sino que se hace tierra
y mas tierra
y mas tierra
sobre tumba
de lo hecho
polvo

luz
una luz
par mil
vela o fósforo

una luz
que deje la sonrisa expuesta
alegría a la vista
y que dicte las sombras

una luz
aunque mas no sea
ahí
esa luz

alivio
alivio es
dejar escapar
el alma
por la boca

el año del diablo
un diablo
dosis de un año
árido del sur
bien
bien

un demonio
hará todo
tiembla negro
el subir del ave
bien
bien

un diablo
un año es suelo
y lobo

De “Libro del Ojo” (2004)
espejismo: lo que se ve
es ambiguo, tiniebla y
luz: pareciera que
dios no ha separado nada.

“astigmatismo”
irene gruss

caricia
las cruces se diseminan
y los restos tatuados
se pierden al caer
al último pozo.
La piedra
es la última caricia
del mundo.

suspiro
ese
o ese vientito

uno
que baje solo

y que importe

soles
toda la luz
que se necesita
está
en alguna parte
de uno

miradas
la luz abre
hambre cierne y cierra
mirada
corta vista pobre

la bala azul
tiñe tinta gris

vistas vestidas

De “Happy Hours” (2005)
Un poema es una ciudad llena de calles y cloacas,
llena de santos, héroes, pordioseros, locos,
llena de banalidad y embriaguez,
llena de lluvia y truenos y períodos
de ahogo, un poema es una ciudad en guerra,
un poema es una ciudad preguntando por qué a un reloj

Charles Bukowsky

01:25 – concepción
josé sacado
maría
maría
maría
sotana
labios entregan
desde sus pies

están listos

sin lágrimas
al ras del grito
ella abre
cerca
muy cerca
de la costilla
primera

03:03 – tambor
a los viejos
tres y tres
tambor de tela negra
golpes
y golpes
para gritar
no humedecen la garganta
alimentan
acechan los azules
dicen hay infiltrados
rojos ojos en el patio
de termap
golpes abren el corazón
de dragón
enredando la bandera
los pasamontañas
agua
agua
no a la entrega
tres y tres
tambor de tela negra
otra vez
sobre el tanque
duelen los hombros
y el hambre
de los hijos
voz ronca
otra vez
tambor

08:10 – horizonte
mañana
anudada al viento

cincela contornos

inmensidad grita luz
en la ruta triste

horizonte
no se escucha

21:39 – homini lupus
lobos ocultos
entre las ramas
entre las hojas
acusando a la lima de la mentira
que tuerce sus vidas lentamente
en las lenguas de los gusanos

lobos ocultos
en las venas

De “Ubre de Urbe” (2005)
Después de 4000 años,
vértebra sobre vértebra, crujido a crujido,
el espinazo innumerable
sigue cargando el peso
del sueño y la podredumbre de los señores.

Joaquín O. Giannuzzi
stella maris
de vez en cuando
el piso sangra
y eso que no lo lastimamos
no le hacemos nada

dicen que lo piensan
dicen que no
la abuela dice que
son los agujeros

que es la herida
y la queja

perro
nariz de piso busca sniff
hueso y resto busca sniff
sobran cáscaras
sobras de edificio
sobra el perro
calle busca sniff

sobre el nylon
no comas arroz con vidrio

no puntos busca sniff
se pega el pañal
nariz húmeda
de piso
al piso busca sniff
basura
en nylon anónima
busca sniff
sobra doblado
duerme hambre
busca sniff
en el container
sobra

cementerio oeste
como esperando
en la esquiva puerta de madera
el cierre de los párpados
que dejan afuera
a la luz
esperando
aún
en la mastaba noble
serena que da la tierra
que todavía cae
todavía
sobre todo el fuchs

banderitas rojas
para saber
botellas con agua
para el barro
todavía

como el cielo

De “Lo que son las cosas” (2006)
Mirá
lo que son
las cosas:
cuando el casero,
teniendo nido,
lleva barro y paja
a otra rama
anuncia el sueño
de la casuarina.

Osvaldo Aguirre
(de Narraciones extraordinarias)

(piso al paso)
piso frío que calzan los pies y encierran al paso
de la cama al mundo
la mañana es siempre
un invierno personal

(raya al costado)
hay la raya al margen al costado
es de infancia ese arar con agua
parecer un parecido
una gota corriendo la frente
ojos de ella arriba de la raya
ojos mirando a los de ella
los ceños fruncidos la tarea el margen
esa raya al costado al margen del arado
renglones del instante
previos a la partida

(alma de alambre)
una cuerda de pared a pared la ropa y
el viento y el peso mojado vencen
el dueño del patio supo que hacer
arte de alambre argentino
no es incomprensible
cuidar su patio y familia
a la vista están
sus desamparos

(la tierra pasa)
tierra pasa con el viento la tierra pasa
no importa el manijón las bisagras la llave
pasa la tierra al piso los muebles el pelo
y la boca
no hay caso
insiste pasa la tierra
habita la rutina del trapo la tierra
la escoba la tierra
pasa

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Nicanor Parra

(piedra otra piedra)
piedra otra piedra y otra más
las piedras dispuestas en todo lugar de paso
solo para el paso y su dificultad
un lenguaje y el decir
esta lengua trabada a fuerza de vocalizar
con piedras en la boca

(alguien ahí afuera)
alguien ahí afuera
afuera de los ojos
sin camino de pan en la ceguera
ramas largas de negro
alguien está afuera

(ver el cielo)
hay que levantar la vista ver el cielo cortado
cientos de cordones cables hilos
la mirada no lo abarca sino en parcelas
cielo alambrado
es imposible que este cielo
– decía la abuela –
se nos caiga encima

(mujer de setenta)
una mujer de más de setenta de pelo en saco largo una manga
la otra sostiene expedientes es la izquierda y camina contra el
tránsito con el ceño fruncido pollera larga blanca zapatilla y la
otra no. hay el semáforo que corta y la mujer mira adentro de
cada auto cada butaca solo unos segundos y vuelve a caminar.
hay quien dice es municipal otros que escapó del hospicio de
los expedientes y hay quien asegura que ella es quien se busca
en coche va una niña carabín
en coche va una niña carabín,
hija de un capitán
carabirulí carabirulá.

(paso rítmico regreso)
un paso rítmico el regreso la vuelta
el retorno paso devuelve la cabeza gacha
rendido paso a la evidencia
de otra nueva simple derrota
los ojos no saben
si se ha pisado distinto
si el camino ha sido otro
la memoria traiciona
todas las vueltas son iguales
y no hay sortija

(de dos patas)
una cama de dos patas invita a hacer equilibrio
a no conciliar el sueño el no descanso
hacer equilibrio no caer en las redes
que esperan abajo para cuando no haya
medios minutos en los que pensar
hay la cama de dos patas
solo el equilibrio

(sobre las cosas)
una lagartija besando la infancia pobre. repta sobre
las cosas yéndose distintas, insanas. yéndose en el piso
en el camino en el tiempo y en el vientre del reptar.
dicen dicen dicen que van al sol que mudan la piel
que dejan pobre a la lengua seca. lo cierto es que
demudan las cosas.

De “Plaza del Carmen” (2007 y sigo escribiendo)

(copas las veces)

mecen los cuerpos mareados
mecen las copas las veces
las voces se mecen
la luna domina
marea este vivir

(espiral de brillos)

espiral de brillos
danza y gira
sube y va
desde la boca.
los labios se funden.

los ojos atisban
corazones
a seis metros
de altura.

sube

(raíz sin fuego)

la raíz sin fuego
pide y arde
quema y pide
fuego abajo
de la tierra pide
fuego, llamas y arde
y pide fuego.
luz
calor iluminado
y asa y arde y fuego.
quema.
la raíz crece
en el fuego
pide.

(saltó la memoria)

el otro día saltó la memoria
decolorando el árbol
que se dejaba ver. se confundió
de rama y eligió la mas vieja
la que el árbol tenía
como una cana
sin frutos
ni hojas
como una memoria
y no va y se posa allí
y de ahí saltó
decolorando el árbol
y cayéndose justo
en los ojos.

(que sopla doble)

viento que sopla doble
aúlla arriba y
golpea el pecho
para que escuche.
baja el mentón
auuu ya
y sube
y el aullido mas arriba
auuu ya
y la sonrisa espera
en el fondo
detrás de los ojos
la roja amarilis

(en aguas bajas)

se navegan en aguas bajas
ilustrándose
y marcando las olas
cada vez que mueren
y sonríen
y entre los dientes
los hilos de las algas
que arrastraron
y se derrumban
cuando vuelven a beber
sus sales

(si la piel)

y entonces?
si la piel no contiene
si no limita
si no detiene
si la carne se escapa o diluye
si la sangre no alcanza
y se late y late
y entonces?

una lluvia cae en el mar

(hay que baldear)

las piedras la tierra que pasó
los pasos de latidos viejos
huellas en la playa del 83
hay que baldear
los gritos que retumban
y tumban y van
curitas y rasguños
los raspones y golpes
moretones azules
extrañamientos
baldear desgarramientos
desgarraduras
desesperaciones y desesperanzas
lo que se resiste al olvido
espinas bajo la uña
y cada error enmohecido
tambien la memoria
hay que baldear
corazón


(humo y grieta)

humo y grieta el sabor
la lengua atrás y al costado
y la campanilla raspando
la voz,
así,
como si las palabras
estuvieran rotas
por silencios intrusos
y el olvido bebiera
lo aprehendido
y entonces no hay como
decir, ni cantar…
¿de qué?


(maraville colibrí!)
a Debrik Ankudovich
podría tener que esperar.

cabe la posibilidad de que
mientras tanto,
un colibrí suba al noveno piso
- como siempre -
y es de esperar que su vuelo
sea un zumbido azul
y libe de esas flores de maceta y no de otras, solo de esas y durante esos días
en que las flores azules se abren
a la maravilla del colibrí
- maraville colibrí! -
como siempre.

pero
¿cuantas veces es posible
que mientras la espera languidece
caiga una tenue lluvia naranja
entre los tipás?
 
La Idiocracia
(Presentación del libro de Ernesto Allende, 30 de Marzo de 2007, en el CEPTUR de Comodoro Rivadavia)

Tenía pensado hablar de otra cosa hoy en la presentación del libro de Ernesto. Había decidido no pasar el chivo de la editorial por sugerencia de Jorge Giallorenzi en la reunión de ayer. Había pensado en destacar que toda publicación de un libro – sobre todo de poesía – debe ser una fiesta y como tal, disfrutarse. Había pensado en tratar de que el público presente hiciera algún tipo de paréntesis para pensar en por qué se edita poesía hoy, en un mundo que parece mas virtual que real. Quería saber si es cierto que la gente no lee poesía, si es cierto que se edita más de lo que se lee, si se escribe aún mas de lo que se edita, si es cierto que es la cenicienta de la literatura, si es cierto – como algunos dicen – que se nos muere en las mesas de saldos de las librerías, si acaso es, como creo, un pariente mas cercano de la filosofía o de la ontología que de la literatura. Pretendía que, con las líneas que había escrito, pudiéramos al menos pensar si es posible que la poesía pueda ser catalogada. No faltará quien hable de “poesía barrial” seguramente, o de cualquier otro rótulo, como si a la poesía le hicieran falta las estanterías de la academia o como si no fuera un arte y habláramos de fideos o cortes de carne. Quizás sea de humanos hacerlo, quizás sea una forma de poder contar y compartir o de entenderla y aprehenderla, pero es claro que a la poesía difícilmente le caigan bien las etiquetas. Con el correr de los ojos sobre el libro aparecerán – seguramente – las distintas miradas sobre los versos, sobre las palabras como lo comentábamos hace unos días con el propio Ernesto: esa multiplicidad de lecturas que hacen que haya tantos “Sueños y Recuerdos” como ojos lectores se posen sobre él. Hubiera querido contar mi experiencia en el Festival Internacional de Poesía de Rosario donde pude escuchar a poetas de Uruguay, Brasil, Cuba, Inglaterra, Austria, Bulgaria, España y obviamente de distintos puntos de nuestro país, y que remiten a esto justamente: Uno puede escuchar las mejores voces del planeta, puede escuchar los poemas mejor escritos del mundo, puede admirar las técnicas y recursos del idioma – incluso en los extranjeros – pero sin lugar a dudas hay una fibra interior que vibra cuando se está frente a la poesía en serio, poesía que moviliza, poesía que transmite, poesía en la que el poeta se expone y deja jirones de su piel en ella. Esa es la prueba de fuego. Eso que se siente muy adentro de uno, ese verso que dispara directamente al centro de uno, esa palabra que remite a un beso, a una mirada, a los movimientos del alma, a los latidos y a las ideas, eso que nos mueve es poesía.
Claro está que las noticias de este ataque artero y detestable contra la Biblioteca del Barrio San Martín, creada por Allende, cambiaron el tono, el tema y todo lo que uno podría decir en condiciones normales. Ayer pasé por un local donde alquilan DVDs - ¿Cómo se llaman? Antes eran videoclubes y ahora? Dividiclubes? – Allí se promocionaba una película llamada La idiocracia. No la vi, pero enseguida me hizo pensar y elucubrar sobre este, nuestro tiempo. Seguramente han sonado los ringtones, seguramente la mayoría tenemos celular, muchos lo tienen encendido, un cierto aire de consumo nos lleva a cambiar nuestros electrodomésticos, nuestra forma de escuchar música, nuestra forma de vestir, nuestra forma de hablar y comunicarnos. Mas lejos pero globalizados. Gente del barrio que se comunica por e-mail, amigos que se juntan en el chat, solos que olvidan lo que provoca un beso o un abrazo, las caricias que se enfrían en la falta de costumbre, y entonces el archipiélago de humanos se idiotiza con un tv de 29 pulgadas y se deja gobernar por los mismos de hace 20 años atrás, pero reciclados. La idiocracia: los idiotas útiles al poder.
Esta lejanía es a la que Allende se enfrenta con la Biblioteca, es a esta desinformación a la que pretende aniquilar, es en esa trinchera donde se cargan las armas más justas.
Y entonces aparecieron ante mí un sinfín de recuerdos con Ernesto como protagonista. Memoria de pequeñas batallas: La inauguración del local de SADE allá por el 96 en la calle Rivadavia, el Congreso de Escritores del 97, el viaje a Aysén para un encuentro de escritores, la presentación de la revista Bardo en la Biblioteca, donde me acompañara Leslie Burón con su prodigiosa guitarra – me acuerdo que fuimos por un ratito y al final nos quedamos como dos horas hablando de música y de poesía -, y después su lucha denodada para mantenerla funcionando, para que la Darío Fernández tuviera la participación de los vecinos, para llevar los libros a cada casa.
Hoy veía las fotos de cenizas y me puse en campaña para juntar los libros que traje, que no son muchos, pero en su mayoría son libros de autores patagónicos, y los que no lo son pertenecen a ediciones independientes, de esos que no se consiguen en las librerías porteñas, ni en las cadenas de librerías con nombre de mujer. También hablé con algunos amigos y ya existe el compromiso de varios de ellos – ligados a librerías, distribuidoras, editoriales y medios gráficos – para hacernos llegar material para la Biblioteca.
Hoy veía las fotos de cenizas y cuando empecé a recibir estas respuestas pensé en que la lucha de Ernesto por mantener viva la Biblioteca solo puede estar fundada en su amor por los libros, en un profundo compromiso con su gente, en el convencimiento de que la solución está en los libros y no en el ojo por ojo, y en su tozudez.
Hoy veía las fotos de cenizas y ahora veo a “Sueños y Recuerdos” como una simiente de luz.
No afloje Ernesto, sus amigos y los que sabemos de que se trata somos tan tozudos como Usted y estamos de su lado.
Bienvenido “Sueños y Recuerdos”.

Muchas gracias.