La Utopía del Arte
Por Rubén Eduardo Gómez
Homeless en la cultura
Comodoro Rivadavia fue fundada el 23 de febrero de 1901, es la ciudad más importante de la costa patagónica si tenemos en cuenta su demografía y su socioeconomía. No digo nada nuevo si hablo del grado de importancia que representa para la economía de la provincia, como tampoco añado nada si digo que esta ubicación a priori como natural cabeza de región no se condice en su preponderancia política a la hora de la toma de decisiones, ni tampoco en la generación de las actividades culturales más importantes o bien como líder cultural de la Patagonia, teniendo en cuenta a sus hacedores.
Sería lógico que los artistas mas importantes estuvieran aquí, y si no los más destacados que hubiera más y en plena actividad como fruto de aquella concentración demográfica y la importancia que para cualquier actividad representa el flujo de dinero y las mejores condiciones de vida. Cualquier ciudad importante que se precie de tal cuenta con el patrimonio cultural que representan sus hacedores y muestra sus actividades artísticas permanentemente, y además suelen ser el faro hacia donde los hacedores del interior dirigen sus naves.
Pero Comodoro Rivadavia es la excepción que confirma la regla. Los artistas de Buenos Aires y de otros puntos del país e incluso del extranjero han entendido la importancia de llegar a la Capital del Petróleo, porque el poder económico del público permite su presencia y sortear las dificultades de traslado y sus costos. Entonces se suceden las llegadas de recitales, obras de teatro, musicales, y otras que suelen ser recibidas a sala llena.
¿Sala llena? ¿Qué sala? ¿A dónde llegan y a dónde acude el público? A saber: Cine Teatro Español, Gimnasio del Club Huergo, Gimnasio Socios Fundadores, Teatro del Colegio María Auxiliadora, el Centro de Exposiciones y Promoción Turística (CEPTur) y no muchos lugares más. Me alcanzan los dedos de la mano para nombrar los lugares que albergan a las artes en la ciudad que, algunos aseguran, tiene más de 200.000 habitantes.
La otra cara de la moneda (“Ojo que hablo de monedas y no de gruesos billetes” diría Fito Páez) es la permanencia de recitales, obras de teatro, ocasionales exposiciones de artistas plásticos y más esporádicas presentaciones de libros, de “capital local”, hechos y sostenidos por hacedores hijos de la ciudad, que continúan desarrollándose en la periferia de los espacios habituales y en la total orfandad de publicidad, y por consiguiente con éxito dispar. Se mueven por los clubes de barrio, por salones de usos múltiples de las escuelas o asociaciones vecinales, en algunos bares, adaptándose al espacio que disponen y no utilizando el que necesitan, preparando la sala para obtener el mejor sonido posible, soportando económicamente con estoicismo los gastos para que, en la gran mayoría de los casos, el público no responda.
Ni aquellos lugares elegidos habitualmente para recibir a los artistas “de renombre” ni estos otros modestísimos que utilizan los hacedores locales, están preparados para ser “hogares del arte”. No son casas de ni para el arte, sino casas ocupadas por el arte ocasionalmente. Claro está que pese a haber hecho los méritos suficientes para obtener una, el Instituto Provincial de la Vivienda es rígido con los requisitos: espera que la Cultura se case con alguien para obtener finalmente su casa.
De Artistas Autoconvocados
El estallido popular de fines de 2001 dejó secuelas sociales, políticas, económicas y culturales insoslayables. Entre las conocidas por todos también están las generadas por un impulso retardado que recobra la sociedad con el ánimo de modificar situaciones injustas. Ese fue el ánimo que motivó que actores como Carolina Sorín o Marcelo Vázquez entre otros, procuraran ante la Dirección de Cultura que conducía un sobreviviente de la Alianza, el escritor Guillermo Rodríguez, un lugar físico para ensayar. Históricamente desde la Dirección de Cultura municipal poco y nada se gesta más que la provisión de luces y sonido para quien lo solicite y siempre y cuando la disponibilidad de esos equipos así lo permita. Esa asistencia se transforma en una suerte de trueque que figura después en las gacetillas de prensa como un auspicio y que finalmente se transforma en una actividad propia de la Secretaría o Dirección de Cultura, algo que es aceptado por los que verdaderamente organizan las acciones culturales.
Rodríguez abre el juego, abre las oficinas de la Dirección de Cultura y permite en ellas las reuniones de un grupo cada vez más grande de artistas que se movilizan en el mismo sentido y con el mismo objetivo: un espacio propio y preparado para las actividades culturales.
Este crecimiento en la participación empuja a llevar las reuniones al Ceptur donde decididamente comienza a hablarse de un Centro Cultural, aún sin tener en claro cual sería el lugar elegido para el mismo. La participación, lo dijimos, es el coletazo que la crisis del 2001 deja en la sociedad: un ánimo de reclamo popular que, en aquella época, piqueteros y ahorristas dominaban a la perfección (“Piquete y cacerola, la lucha es una sola”) y que fue diluyéndose en el tiempo.
Actores, escritores, artistas plásticos, artesanos, mimos, videastas, fotógrafos y otros hacedores de la cultura empezaron a delinear los rasgos esenciales del Centro Cultural de la ciudad que acababa de cumplir 101 años sin un lugar específico para sus artes.
En una de las reuniones el artista plástico Mieceslao Dola muestra una nota publicada en el diario donde en la década del 60 ya se había conformado una comisión para lograr un Centro Cultural para Comodoro.
16 de Mayo de 1969
Esa nota, publicada por el diario El Patagónico el día 20 de Mayo de 1969, provocó un cimbronazo entre los presentes en aquella reunión. La nota se titulaba “El viernes se creó el Centro de las Artes en Comodoro Rivadavia”. Cabe acotar que la denominación Centro de las Artes es mucho mas adecuada que Centro Cultural. El cuerpo de la misma dice:
El viernes de la semana pasada se llevó a cabo la asamblea general que agrupó a más de ciento cincuenta personas con inquietudes culturales tales, como para responder al llamamiento que tenía por objeto constituir el Centro de las Artes de Comodoro Rivadavia. La reunión se efectuó en dependencias del primer piso de la ex Casa de Gobierno y durante la misma se eligió la Comisión Directiva del flamante Centro que organizará toda la actividad cultural de la zona.
La mencionada reunión no solo agrupó gente de nuestra zona, sino que contó con la presencia de personas de actividades afines de la vecina localidad de Caleta Olivia y de una artista de Esquel, la señora Rebeca de Castro, que expuso en nuestra ciudad en el año 1967 sus interesantes trabajos artísticos en base a madera cordillerana.(...)
La nómina de los integrantes de la Comisión Directiva del Centro de las Artes de Comodoro Rivadavia es la siguiente: Presidente, José Monzó; Vicepresidente: Mieceslao Dola; Secretario: Ítalo Héctor De Pamphilis; Prosecretario: David Aracena; Tesorero: Enrique Sánchez; Protesorero: Nicolás Ortiz Asis; Vocales: Gustavo Bove, Arturo Lowndes, Anita de Aracena, Jan Villelabeytía, Marita de Cucuk, Dolores de Morón y Ester de Trillo; Vocales Suplentes: Guillermo Quiroga Burnett, Susana de Ivancich, Alicia Leske, Noemí Saifer, Carmen de Rossi, Eduardo del Castillo y Malena de Stankewitsch. (...)
Con la firma del presidente y secretario del Centro se emitió el siguiente comunicado de prensa: Por mandato de la Asamblea celebrada el día viernes próximo pasado en la planta baja de la ex Casa de Gobierno de esta ciudad, quedó constituido el Centro de las Artes. Dicha Asamblea fue la culminación de una serie de iniciativas recogidas en la Primera Reunión Nacional de Cultura para la Patagonia que se realizara en nuestra ciudad a mediados de Abril del presente año. Fue en dicha ocasión que un destacado grupo de personas del medio local consagradas a la actividad artística consideró un compromiso ineludible materializar la iniciativa oficial y sus propios anhelos largamente postergados de impulsar en los hechos la integración de la Patagonia en el quehacer artístico y cultural del país. (1).
Treinta y siete años después, el Centro de las Artes no existe, las Reuniones Nacionales de Cultura para la Patagonia dejaron de hacerse, los artistas siguen considerando un compromiso ineludible integrar a la Patagonia en el quehacer artístico y cultural no ya del país sino como región, y continúa siendo solo el compromiso de los artistas y no de quienes deben tomar las decisiones políticas.
Pero ¿Qué pasó entonces con el Centro de las Artes? El artista plástico y Vicepresidente de la Comisión Directiva, Mieceslao Dola, comentó que en un lapso de tres meses de conformado dicho Centro de las Artes, las intenciones de los artistas quedaron truncas, y hasta llegó a sus oídos una versión de lo que pudo haber propiciado la disolución. Para entenderlo basta con traer a la memoria en qué contexto sociopolítico se encontraba el país y el mundo. Dice Dola:
“Nos habíamos juntado en un primer congreso que se había hecho en el Comodoro Hotel. Había escritores, pintores y otros artistas. Se notaba que la gente estaba muy entusiasmada. Pero se corrieron rumores... se decía que Monzó era de la izquierda, por lo que la gente se fue separando y hasta podrían haber intervenido los militares, pero de eso no estoy seguro”. (2)
Más acá
Alguien recordó que en 1985 volvió a instalarse el debate sobre la revalorización de las producciones locales. La necesidad de su exposición fue tema de discusión ya con la sociedad tomando parte del asunto en los medios de comunicación. La primera intendencia del justicialista Mario Morejón con el escritor Daniel Alonso a la cabeza de la Dirección de Cultura, había propuesto que el edificio del ex Mercado Regional se transformara en un Centro Cultural. Hubo un fuerte rechazo hacia esa idea, quizás porque aún estaba fresco el recuerdo del Mercado Regional. Finalmente el edificio fue remodelado con gastos para la comunidad por más de tres millones de pesos (dólares en la paridad de la década del noventa), para ser ocupado como sede del Concejo Deliberante.
Los fracasos de ambos intentos daban muestras de la desidia gubernamental, de la escasa preocupación de la sociedad toda por lograr ese espacio, y quizás la existencia de un plan específico para evitar que Comodoro tuviera un lugar donde se formen los artistas, muestren sus obras, y también la generación de un polo intelectual de inobjetable importancia a la hora del crecimiento de una sociedad que se considere tal.
Cuando se pensaba, ya en 2002 en conformar una comisión que negocie con las autoridades se decide que un buen lugar era el ex Mercado Comunitario, por la cercanía con el centro de la ciudad, por la facilidad del acceso y por su cercanía con los hoteles pensando en futuros festivales o presencias provenientes de distintos puntos del país.
Decía entonces José Luis Tuñón, que por entonces era el vocero de una comisión Pro Centro Cultural:
“La idea es darle una forma jurídica al grupo y tener una estructura interna que dé soporte para lograr una personería y dejar de ser solamente un grupo de artistas autoconvocados, así que los que quieran acercarse para participar de la elección pueden hacerlo”. (3) Claro que la convocatoria era para el jueves 17 de octubre de 2002 a las 14 horas en el Vagón Cultural, lo que la transformaba en una reunión para unos pocos. Tuñón explicó también que la futura asociación tendría como fin la promoción del Centro Cultural y que los cargos caducarían el día que el mismo se inaugure.
La Asociación Civil y Cultural El Puerto
La comisión decide organizar diferentes eventos que muestren a la comunidad y sobre todo a la clase política, la necesidad imperiosa de que Comodoro cuente con ese Centro Cultural de manera perentoria. Se elige a José Luis Tuñón y a Pini Raffaelle como voceros autorizados para entablar las negociaciones y sentarse a la mesa con las autoridades municipales y provinciales. El ex Mercado Comunitario pertenecía a la Provincia del Chubut por formar parte de los edificios del puerto y el puerto, con Adolfo Zadunaiski a la cabeza, se oponía a ceder ese edificio en particular para que sea utilizado con ese fin. La idea de quienes administraban el puerto era negociar la cesión por el asfalto que finalmente lograron, pero para ello hubo varios meses de negociaciones, incluso reuniones para que los directivos portuarios comprendieran de que se trataba la idea del Centro Cultural.
Para lograr mayor fuerza en los reclamos se conformó una Asociación Civil, llamada El Puerto que, también por desidia o quizás por alguna sugerencia gubernamental, nunca llegó a formalizarse legalmente. Esta Asociación, encabezada por el actual Director de Cultura José Luis Tuñón, presenta una carpeta en el municipio con más de dos mil firmas y alrededor de trescientos mails particulares y de diferentes instituciones nacionales e internacionales, en apoyo a la idea del establecimiento del Centro Cultural en la ciudad.
También con ese tono se organiza un festival de música con artistas locales llamado Marea Rock, que resultó multitudinario pese al escaso apoyo con el que contó incluso desde el municipio que evitó ceder el Gimnasio del Club Huergo y solo posibilitó la utilización de la confitería del otrora insigne club ypefiano. La ausencia de personal de seguridad también resultó notoria como si se hubiese querido propiciar que el festival no terminara bien, como si se hubiera apostado a que saliera mal, cosa que finalmente no ocurrió. Por el contrario, fue un éxito y a tal punto lo fue que el municipio finalmente adoptó y trasladó al Gimnasio Municipal N° 1, cambiando su nombre por el de “Comodoro Rock”.
Hubo necesidad de debatir las relaciones entre la Cultura y la Educación, el Poder, y en esas charlas hubo momentos muy esclarecedores sobre la historia de la cultura en la ciudad. En los entretelones de una de ellas comienza a quebrarse la estructura interna de la Asociación. Hay reclamos sobre maniobras no muy claras por parte de los voceros. Se les exige transparencia en el traslado del mensaje, parecía que no todo lo que se hablaba en la mesa chica con los funcionarios bajaba a los miembros de comisión. Las particularidades de una suerte de reclamo tranquilo sin escándalos impulsado por la cabeza de la comisión se oponía a quienes pretendían acciones directas como la toma del edificio, panfleteadas y espectáculos callejeros e incluso dentro del mismo ex Mercado Comunitario.
Si bien hubo un período de tiempo en el que pareció que todo volvía a la armonía inicial, hubo un quiebre que se agudizó con la renuncia de Marcelo Vazquez y con el alejamiento de algunos de los miembros de comisión que ya no volvieron a participar de las reuniones.
Tras la realización de la I Feria de la Palabra en 2003, y las sorpresivas derrotas electorales de José Luis Lizurume y Jorge Aubía, el escenario para la Asociación cambió. Las reuniones de comisión se transformaron en una mesa de café y las promesas de quienes entonces eran interlocutores tanto en la provincia como en el municipio se esfumaron como sus presencias en los medios de comunicación.
Lizurume firmó el traspaso de los galpones al municipio antes de irse y cuando no pensaba en que se iba a tener que ir, pero los dos millones de pesos comprometidos presupuestariamente para las obras de remodelación desaparecieron y cambiaron el destino. Nunca se supo en qué fueron utilizados. Aubía había comprometido también alrededor de un millón de pesos que tampoco fueron a parar al ex Mercado Comunitario.
El otrora vocero de los Artistas autoconvocados, de la Comisión Pro Centro Cultural y de la nunca conformada legalmente Asociación Civil y Cultural El Puerto se transformó en Director de Cultura. Algunos piensan que construyó su acceso al plano político con la paciencia de una araña.
Durante el 2005, se realizó la primera etapa de la obra de remodelación que consistió en el escandaloso cambio de techo en el edificio, no solamente porque resulta por demás onerosa la contratación del cambio de chapas, sino porque además hubo chapas usadas que fueron hurtadas habiendo causas judiciales por el delito. Hace unos días los medios gráficos de la ciudad anuncian la licitación de la segunda de las tres etapas de remodelación.
La utopía del arte
Dicen los diccionarios que Utopía es el plan, proyecto, doctrina o sistema halagüeño, pero irrealizable, que toma nombre de la isla imaginada por Tomas Moro, deducido del griego ou, no, y topos, lugar; lugar que no existe, en su libro Utopía.
Desde Platón en La República y Aristófanes en Los pájaros, hasta nuestros días, filósofos, sociólogos y literatos se han complacido en idear supuestos Estados en que han centrado sus teorías de organización político-moral, y basta recordar a La ciudad del Sol, de Campanella (1623), la New Atlantis de Francis Bacon (1627), El año 2000 de Bellamy, (Looking Backward, 1888), o Noticias de Ningún Lugar de William Morris (News from Nowhere, 1891). En el siglo veinte la tendencia predominante ha ido hacia la descripción de utopías científicas y como ejemplos pueden citarse a Verne o Wells, o mas tarde Aldous Huxley en Un Mundo Feliz (Brave New World, 1932).
El plan diseñado por los utopistas para el Centro Cultural de Comodoro lo consideraba como un ente autárquico, con un director elegido por concurso y cuya forma de gobierno estuviera conformada por una comisión donde todas las artes e instituciones culturales estuvieran representadas. Consideraba que debía tener espacio para la exposición de cada una de las artes pero también aulas para su perfeccionamiento. Estimaba la creación de una biblioteca regional donde consultar y comprar libros y arte.
Pero por ahora de eso no se habla. El proyecto de las obras fue presentado dos veces y en las dos el original fue modificado en forma inconsulta.
Todavía el Centro Cultural no tiene lugar. Es un no lugar y el proyecto inicial de aquellos artistas autoconvocados parece irrealizable. Quizás contribuya a esto su propia historia y la intención de mantener bajo control también las expresiones artísticas que, como se sabe, no suelen responder a discursos hegemónicos.
Referencias
(1) “El Viernes se creó el Centro de las Artes de Comodoro Rivadavia” en Diario El Patagónico, 20 de Mayo de 1969, pág. 3
(2) “Se decía que Monzó era de la izquierda”, en Diario El Patagónico, 15 de Octubre de 2002, pág. 15
(3) “Cada vez se está mas cerca del Centro Cultural para la ciudad”, en Diario El Patagónico, 15 de Octubre de 2002, pág. 15
Homeless en la cultura
Comodoro Rivadavia fue fundada el 23 de febrero de 1901, es la ciudad más importante de la costa patagónica si tenemos en cuenta su demografía y su socioeconomía. No digo nada nuevo si hablo del grado de importancia que representa para la economía de la provincia, como tampoco añado nada si digo que esta ubicación a priori como natural cabeza de región no se condice en su preponderancia política a la hora de la toma de decisiones, ni tampoco en la generación de las actividades culturales más importantes o bien como líder cultural de la Patagonia, teniendo en cuenta a sus hacedores.
Sería lógico que los artistas mas importantes estuvieran aquí, y si no los más destacados que hubiera más y en plena actividad como fruto de aquella concentración demográfica y la importancia que para cualquier actividad representa el flujo de dinero y las mejores condiciones de vida. Cualquier ciudad importante que se precie de tal cuenta con el patrimonio cultural que representan sus hacedores y muestra sus actividades artísticas permanentemente, y además suelen ser el faro hacia donde los hacedores del interior dirigen sus naves.
Pero Comodoro Rivadavia es la excepción que confirma la regla. Los artistas de Buenos Aires y de otros puntos del país e incluso del extranjero han entendido la importancia de llegar a la Capital del Petróleo, porque el poder económico del público permite su presencia y sortear las dificultades de traslado y sus costos. Entonces se suceden las llegadas de recitales, obras de teatro, musicales, y otras que suelen ser recibidas a sala llena.
¿Sala llena? ¿Qué sala? ¿A dónde llegan y a dónde acude el público? A saber: Cine Teatro Español, Gimnasio del Club Huergo, Gimnasio Socios Fundadores, Teatro del Colegio María Auxiliadora, el Centro de Exposiciones y Promoción Turística (CEPTur) y no muchos lugares más. Me alcanzan los dedos de la mano para nombrar los lugares que albergan a las artes en la ciudad que, algunos aseguran, tiene más de 200.000 habitantes.
La otra cara de la moneda (“Ojo que hablo de monedas y no de gruesos billetes” diría Fito Páez) es la permanencia de recitales, obras de teatro, ocasionales exposiciones de artistas plásticos y más esporádicas presentaciones de libros, de “capital local”, hechos y sostenidos por hacedores hijos de la ciudad, que continúan desarrollándose en la periferia de los espacios habituales y en la total orfandad de publicidad, y por consiguiente con éxito dispar. Se mueven por los clubes de barrio, por salones de usos múltiples de las escuelas o asociaciones vecinales, en algunos bares, adaptándose al espacio que disponen y no utilizando el que necesitan, preparando la sala para obtener el mejor sonido posible, soportando económicamente con estoicismo los gastos para que, en la gran mayoría de los casos, el público no responda.
Ni aquellos lugares elegidos habitualmente para recibir a los artistas “de renombre” ni estos otros modestísimos que utilizan los hacedores locales, están preparados para ser “hogares del arte”. No son casas de ni para el arte, sino casas ocupadas por el arte ocasionalmente. Claro está que pese a haber hecho los méritos suficientes para obtener una, el Instituto Provincial de la Vivienda es rígido con los requisitos: espera que la Cultura se case con alguien para obtener finalmente su casa.
De Artistas Autoconvocados
El estallido popular de fines de 2001 dejó secuelas sociales, políticas, económicas y culturales insoslayables. Entre las conocidas por todos también están las generadas por un impulso retardado que recobra la sociedad con el ánimo de modificar situaciones injustas. Ese fue el ánimo que motivó que actores como Carolina Sorín o Marcelo Vázquez entre otros, procuraran ante la Dirección de Cultura que conducía un sobreviviente de la Alianza, el escritor Guillermo Rodríguez, un lugar físico para ensayar. Históricamente desde la Dirección de Cultura municipal poco y nada se gesta más que la provisión de luces y sonido para quien lo solicite y siempre y cuando la disponibilidad de esos equipos así lo permita. Esa asistencia se transforma en una suerte de trueque que figura después en las gacetillas de prensa como un auspicio y que finalmente se transforma en una actividad propia de la Secretaría o Dirección de Cultura, algo que es aceptado por los que verdaderamente organizan las acciones culturales.
Rodríguez abre el juego, abre las oficinas de la Dirección de Cultura y permite en ellas las reuniones de un grupo cada vez más grande de artistas que se movilizan en el mismo sentido y con el mismo objetivo: un espacio propio y preparado para las actividades culturales.
Este crecimiento en la participación empuja a llevar las reuniones al Ceptur donde decididamente comienza a hablarse de un Centro Cultural, aún sin tener en claro cual sería el lugar elegido para el mismo. La participación, lo dijimos, es el coletazo que la crisis del 2001 deja en la sociedad: un ánimo de reclamo popular que, en aquella época, piqueteros y ahorristas dominaban a la perfección (“Piquete y cacerola, la lucha es una sola”) y que fue diluyéndose en el tiempo.
Actores, escritores, artistas plásticos, artesanos, mimos, videastas, fotógrafos y otros hacedores de la cultura empezaron a delinear los rasgos esenciales del Centro Cultural de la ciudad que acababa de cumplir 101 años sin un lugar específico para sus artes.
En una de las reuniones el artista plástico Mieceslao Dola muestra una nota publicada en el diario donde en la década del 60 ya se había conformado una comisión para lograr un Centro Cultural para Comodoro.
16 de Mayo de 1969
Esa nota, publicada por el diario El Patagónico el día 20 de Mayo de 1969, provocó un cimbronazo entre los presentes en aquella reunión. La nota se titulaba “El viernes se creó el Centro de las Artes en Comodoro Rivadavia”. Cabe acotar que la denominación Centro de las Artes es mucho mas adecuada que Centro Cultural. El cuerpo de la misma dice:
El viernes de la semana pasada se llevó a cabo la asamblea general que agrupó a más de ciento cincuenta personas con inquietudes culturales tales, como para responder al llamamiento que tenía por objeto constituir el Centro de las Artes de Comodoro Rivadavia. La reunión se efectuó en dependencias del primer piso de la ex Casa de Gobierno y durante la misma se eligió la Comisión Directiva del flamante Centro que organizará toda la actividad cultural de la zona.
La mencionada reunión no solo agrupó gente de nuestra zona, sino que contó con la presencia de personas de actividades afines de la vecina localidad de Caleta Olivia y de una artista de Esquel, la señora Rebeca de Castro, que expuso en nuestra ciudad en el año 1967 sus interesantes trabajos artísticos en base a madera cordillerana.(...)
La nómina de los integrantes de la Comisión Directiva del Centro de las Artes de Comodoro Rivadavia es la siguiente: Presidente, José Monzó; Vicepresidente: Mieceslao Dola; Secretario: Ítalo Héctor De Pamphilis; Prosecretario: David Aracena; Tesorero: Enrique Sánchez; Protesorero: Nicolás Ortiz Asis; Vocales: Gustavo Bove, Arturo Lowndes, Anita de Aracena, Jan Villelabeytía, Marita de Cucuk, Dolores de Morón y Ester de Trillo; Vocales Suplentes: Guillermo Quiroga Burnett, Susana de Ivancich, Alicia Leske, Noemí Saifer, Carmen de Rossi, Eduardo del Castillo y Malena de Stankewitsch. (...)
Con la firma del presidente y secretario del Centro se emitió el siguiente comunicado de prensa: Por mandato de la Asamblea celebrada el día viernes próximo pasado en la planta baja de la ex Casa de Gobierno de esta ciudad, quedó constituido el Centro de las Artes. Dicha Asamblea fue la culminación de una serie de iniciativas recogidas en la Primera Reunión Nacional de Cultura para la Patagonia que se realizara en nuestra ciudad a mediados de Abril del presente año. Fue en dicha ocasión que un destacado grupo de personas del medio local consagradas a la actividad artística consideró un compromiso ineludible materializar la iniciativa oficial y sus propios anhelos largamente postergados de impulsar en los hechos la integración de la Patagonia en el quehacer artístico y cultural del país. (1).
Treinta y siete años después, el Centro de las Artes no existe, las Reuniones Nacionales de Cultura para la Patagonia dejaron de hacerse, los artistas siguen considerando un compromiso ineludible integrar a la Patagonia en el quehacer artístico y cultural no ya del país sino como región, y continúa siendo solo el compromiso de los artistas y no de quienes deben tomar las decisiones políticas.
Pero ¿Qué pasó entonces con el Centro de las Artes? El artista plástico y Vicepresidente de la Comisión Directiva, Mieceslao Dola, comentó que en un lapso de tres meses de conformado dicho Centro de las Artes, las intenciones de los artistas quedaron truncas, y hasta llegó a sus oídos una versión de lo que pudo haber propiciado la disolución. Para entenderlo basta con traer a la memoria en qué contexto sociopolítico se encontraba el país y el mundo. Dice Dola:
“Nos habíamos juntado en un primer congreso que se había hecho en el Comodoro Hotel. Había escritores, pintores y otros artistas. Se notaba que la gente estaba muy entusiasmada. Pero se corrieron rumores... se decía que Monzó era de la izquierda, por lo que la gente se fue separando y hasta podrían haber intervenido los militares, pero de eso no estoy seguro”. (2)
Más acá
Alguien recordó que en 1985 volvió a instalarse el debate sobre la revalorización de las producciones locales. La necesidad de su exposición fue tema de discusión ya con la sociedad tomando parte del asunto en los medios de comunicación. La primera intendencia del justicialista Mario Morejón con el escritor Daniel Alonso a la cabeza de la Dirección de Cultura, había propuesto que el edificio del ex Mercado Regional se transformara en un Centro Cultural. Hubo un fuerte rechazo hacia esa idea, quizás porque aún estaba fresco el recuerdo del Mercado Regional. Finalmente el edificio fue remodelado con gastos para la comunidad por más de tres millones de pesos (dólares en la paridad de la década del noventa), para ser ocupado como sede del Concejo Deliberante.
Los fracasos de ambos intentos daban muestras de la desidia gubernamental, de la escasa preocupación de la sociedad toda por lograr ese espacio, y quizás la existencia de un plan específico para evitar que Comodoro tuviera un lugar donde se formen los artistas, muestren sus obras, y también la generación de un polo intelectual de inobjetable importancia a la hora del crecimiento de una sociedad que se considere tal.
Cuando se pensaba, ya en 2002 en conformar una comisión que negocie con las autoridades se decide que un buen lugar era el ex Mercado Comunitario, por la cercanía con el centro de la ciudad, por la facilidad del acceso y por su cercanía con los hoteles pensando en futuros festivales o presencias provenientes de distintos puntos del país.
Decía entonces José Luis Tuñón, que por entonces era el vocero de una comisión Pro Centro Cultural:
“La idea es darle una forma jurídica al grupo y tener una estructura interna que dé soporte para lograr una personería y dejar de ser solamente un grupo de artistas autoconvocados, así que los que quieran acercarse para participar de la elección pueden hacerlo”. (3) Claro que la convocatoria era para el jueves 17 de octubre de 2002 a las 14 horas en el Vagón Cultural, lo que la transformaba en una reunión para unos pocos. Tuñón explicó también que la futura asociación tendría como fin la promoción del Centro Cultural y que los cargos caducarían el día que el mismo se inaugure.
La Asociación Civil y Cultural El Puerto
La comisión decide organizar diferentes eventos que muestren a la comunidad y sobre todo a la clase política, la necesidad imperiosa de que Comodoro cuente con ese Centro Cultural de manera perentoria. Se elige a José Luis Tuñón y a Pini Raffaelle como voceros autorizados para entablar las negociaciones y sentarse a la mesa con las autoridades municipales y provinciales. El ex Mercado Comunitario pertenecía a la Provincia del Chubut por formar parte de los edificios del puerto y el puerto, con Adolfo Zadunaiski a la cabeza, se oponía a ceder ese edificio en particular para que sea utilizado con ese fin. La idea de quienes administraban el puerto era negociar la cesión por el asfalto que finalmente lograron, pero para ello hubo varios meses de negociaciones, incluso reuniones para que los directivos portuarios comprendieran de que se trataba la idea del Centro Cultural.
Para lograr mayor fuerza en los reclamos se conformó una Asociación Civil, llamada El Puerto que, también por desidia o quizás por alguna sugerencia gubernamental, nunca llegó a formalizarse legalmente. Esta Asociación, encabezada por el actual Director de Cultura José Luis Tuñón, presenta una carpeta en el municipio con más de dos mil firmas y alrededor de trescientos mails particulares y de diferentes instituciones nacionales e internacionales, en apoyo a la idea del establecimiento del Centro Cultural en la ciudad.
También con ese tono se organiza un festival de música con artistas locales llamado Marea Rock, que resultó multitudinario pese al escaso apoyo con el que contó incluso desde el municipio que evitó ceder el Gimnasio del Club Huergo y solo posibilitó la utilización de la confitería del otrora insigne club ypefiano. La ausencia de personal de seguridad también resultó notoria como si se hubiese querido propiciar que el festival no terminara bien, como si se hubiera apostado a que saliera mal, cosa que finalmente no ocurrió. Por el contrario, fue un éxito y a tal punto lo fue que el municipio finalmente adoptó y trasladó al Gimnasio Municipal N° 1, cambiando su nombre por el de “Comodoro Rock”.
Hubo necesidad de debatir las relaciones entre la Cultura y la Educación, el Poder, y en esas charlas hubo momentos muy esclarecedores sobre la historia de la cultura en la ciudad. En los entretelones de una de ellas comienza a quebrarse la estructura interna de la Asociación. Hay reclamos sobre maniobras no muy claras por parte de los voceros. Se les exige transparencia en el traslado del mensaje, parecía que no todo lo que se hablaba en la mesa chica con los funcionarios bajaba a los miembros de comisión. Las particularidades de una suerte de reclamo tranquilo sin escándalos impulsado por la cabeza de la comisión se oponía a quienes pretendían acciones directas como la toma del edificio, panfleteadas y espectáculos callejeros e incluso dentro del mismo ex Mercado Comunitario.
Si bien hubo un período de tiempo en el que pareció que todo volvía a la armonía inicial, hubo un quiebre que se agudizó con la renuncia de Marcelo Vazquez y con el alejamiento de algunos de los miembros de comisión que ya no volvieron a participar de las reuniones.
Tras la realización de la I Feria de la Palabra en 2003, y las sorpresivas derrotas electorales de José Luis Lizurume y Jorge Aubía, el escenario para la Asociación cambió. Las reuniones de comisión se transformaron en una mesa de café y las promesas de quienes entonces eran interlocutores tanto en la provincia como en el municipio se esfumaron como sus presencias en los medios de comunicación.
Lizurume firmó el traspaso de los galpones al municipio antes de irse y cuando no pensaba en que se iba a tener que ir, pero los dos millones de pesos comprometidos presupuestariamente para las obras de remodelación desaparecieron y cambiaron el destino. Nunca se supo en qué fueron utilizados. Aubía había comprometido también alrededor de un millón de pesos que tampoco fueron a parar al ex Mercado Comunitario.
El otrora vocero de los Artistas autoconvocados, de la Comisión Pro Centro Cultural y de la nunca conformada legalmente Asociación Civil y Cultural El Puerto se transformó en Director de Cultura. Algunos piensan que construyó su acceso al plano político con la paciencia de una araña.
Durante el 2005, se realizó la primera etapa de la obra de remodelación que consistió en el escandaloso cambio de techo en el edificio, no solamente porque resulta por demás onerosa la contratación del cambio de chapas, sino porque además hubo chapas usadas que fueron hurtadas habiendo causas judiciales por el delito. Hace unos días los medios gráficos de la ciudad anuncian la licitación de la segunda de las tres etapas de remodelación.
La utopía del arte
Dicen los diccionarios que Utopía es el plan, proyecto, doctrina o sistema halagüeño, pero irrealizable, que toma nombre de la isla imaginada por Tomas Moro, deducido del griego ou, no, y topos, lugar; lugar que no existe, en su libro Utopía.
Desde Platón en La República y Aristófanes en Los pájaros, hasta nuestros días, filósofos, sociólogos y literatos se han complacido en idear supuestos Estados en que han centrado sus teorías de organización político-moral, y basta recordar a La ciudad del Sol, de Campanella (1623), la New Atlantis de Francis Bacon (1627), El año 2000 de Bellamy, (Looking Backward, 1888), o Noticias de Ningún Lugar de William Morris (News from Nowhere, 1891). En el siglo veinte la tendencia predominante ha ido hacia la descripción de utopías científicas y como ejemplos pueden citarse a Verne o Wells, o mas tarde Aldous Huxley en Un Mundo Feliz (Brave New World, 1932).
El plan diseñado por los utopistas para el Centro Cultural de Comodoro lo consideraba como un ente autárquico, con un director elegido por concurso y cuya forma de gobierno estuviera conformada por una comisión donde todas las artes e instituciones culturales estuvieran representadas. Consideraba que debía tener espacio para la exposición de cada una de las artes pero también aulas para su perfeccionamiento. Estimaba la creación de una biblioteca regional donde consultar y comprar libros y arte.
Pero por ahora de eso no se habla. El proyecto de las obras fue presentado dos veces y en las dos el original fue modificado en forma inconsulta.
Todavía el Centro Cultural no tiene lugar. Es un no lugar y el proyecto inicial de aquellos artistas autoconvocados parece irrealizable. Quizás contribuya a esto su propia historia y la intención de mantener bajo control también las expresiones artísticas que, como se sabe, no suelen responder a discursos hegemónicos.
Referencias
(1) “El Viernes se creó el Centro de las Artes de Comodoro Rivadavia” en Diario El Patagónico, 20 de Mayo de 1969, pág. 3
(2) “Se decía que Monzó era de la izquierda”, en Diario El Patagónico, 15 de Octubre de 2002, pág. 15
(3) “Cada vez se está mas cerca del Centro Cultural para la ciudad”, en Diario El Patagónico, 15 de Octubre de 2002, pág. 15
LAS ÚNICAS FLORES RESPETABLES
“Las grandes distancias y la vastedad de territorio marcan en Chubut una soledad cultural paradójica: su producción no se vincula a las industrias culturales pero lo que se pierde en difusión se gana en libertad expresiva. La voluntad creativa reemplaza la ausencia de laureles. Por eso la pintura, la música, la poesía crecen en la aridez, respaldadas por la rara mezcla que entregan el sustrato indígena y la colonización galesa.”(1)
Con esta patética introducción comienza el suplemento especial dedicado a Chubut de la revista Eñe de Clarín, del pasado 11 de marzo de 2006. Lo que parece solamente un epígrafe se transforma en la reafirmación de la hegemónica política cultural que ha dispuesto que los hacedores permanezcan en la mas absoluta soledad.
Chubut, desde su génesis, es una provincia surgida de la división política del territorio nacional y después Gobernación de Comodoro Rivadavia. Ese territorio era una franja que abarcaba en su totalidad el Golfo San Jorge y se extendía hacia la cordillera, pero sus riquezas eran tales que algún iluminado observó que lo mejor era partirla en dos y así es como Comodoro Rivadavia se suma a la provincia del Chubut, nombre que no la representa puesto que es el nombre de un río que no le da de beber, ni le da energía, ni siquiera la alimenta con los frutos que a sus riberas riega, y ni que hablar de las postergaciones políticas, sociales y culturales. Justamente Chubut en la lengua tehuelche significa transparente, palabra que es permanentemente utilizada por el gobierno de la provincia en sus comunicaciones publicitarias: “Ser transparente ser Chubut”, lo que transforma al slogan en una perogrullada.
El suplemento de Clarín habla de las grandes distancias y la vastedad del territorio pero no dice distancias entre qué o quienes, no se sabe si esto es respecto de Buenos Aires, o si es entre las propias ciudades del Chubut. Y como si esto fuera poco dice que “marcan en Chubut una soledad cultural paradójica”, y agrega que la paradoja está en que se produce pero no llega a difundirse lo que contribuye a la libertad expresiva. Resulta imbécil pensar que es bueno no vincularse a las industrias culturales y perder difusión en pos de lograr libertad de expresión. ¿De qué sirve esa libertad de expresión entre comillas si no hay quien pueda evaluarla? ¿Para qué la libertad de expresión si no hay receptores de tal manifestación? Sin difusión la tarea del artista está velada, amordazada, y al crecer sin tener un destinatario, ¿para qué crece, mejora y es libre, si no llega a nadie, si no le sirve nada mas que a un determinado grupo de elegidos?
Esta soledad de la que se habla a modo de editorial no es otra cosa que el resultado de la aplicación de la política cultural del desaliento a los hacedores. En Chubut es política de estado el procurar que los hacedores no puedan vivir de su arte (y se incentiva el amor al arte), no hay políticas de apoyo institucional, y silenciosamente han fallecido los eventos culturales que pretendían salirse del cono de sombras con un fósforo en la mano. Culturas del Sur del Mundo, el Encuentro Patagónico de Escritores, la Feria de la Palabra, la Semana de las Artes, las Jornadas de Literatura Patagónica, entre otros, ya no figuran en los calendarios culturales de la provincia y esto no tiene que ver con las grandes distancias ni la vastedad de territorio ni con la difusión ni con la libertad expresiva.
La voluntad creativa no reemplaza la ausencia de laureles, incluso dice Juan Gelman en el propio cuerpo de la revista Eñe que “ningún elogio o premio escribe por vos”. No es a los laureles a los que aspira quien esta creando en el medio del sur. La voluntad creativa se alimenta muchas veces, con comentarios en línea con el discurso vacío de los funcionarios gubernamentales que sustentan su inacción en esos nuevos viejos mitos. La voluntad creativa crece en ese desierto impuesto desafiando a los que creen que los hacedores son bohemios, vagos o borrachos.
El sustrato indígena seguramente está en la visión del hombre respecto a aquella aridez y las dificultades para la supervivencia pero decididamente no es en Comodoro Rivadavia donde la cultura mapuche tehuelche y mucho menos la galesa, han tenido incidencia a la hora de la creación (dudo que lo sea para Chubut en forma decidida).
Para conocer un poco más sobre esta influencia mapuche – tehuelche en nuestra cultura, si es este “sustrato” determinante, entrevisto a la profesora en Letras Liliana Ancalao (2), también poeta e integrante de la comunidad mapuche – tehuelche Ñankulawen.
Para comenzar la charla me ubico en que el pueblo mapuche – tehuelche perdió la guerra y con ella su territorio, su libertad, su cultura.
R.G. - En el libro “Los mitos de la Argentina 2” de Felipe Pigna, el historiador vuelve a poner en la revisión histórica la absurda denominación de “Conquista del Desierto” para aquella campaña militar encabezada por Julio Argentino Roca. Dice Pigna que “evidentemente uno de los términos es incorrecto. Si se trata de un desierto (...) “lugar despoblado, solo, inhabitado”, no puede haber conquista; en todo caso habrá ocupación. La cosa pasa por el concepto que tenía la generación del 80 del poblador originario, al que como vamos viendo no lo consideraba un ser vivo, un habitante” (3). ¿Cómo ha preservado en la memoria la gente de la tierra aquel genocidio, aquel intento por borrar toda huella, todo rastro y culturas milenarias?
L.A. - En la memoria de la gente, “la conquista del desierto” quedó como “el malón” y a veces se nombra a un pariente muy antiguo, utilizando este marco como referencia y dicen, por ejemplo:“ había estado cuando el malón”. Esta memoria de despojo y muerte, se mezcla con la historia más cercana de los desalojos, el de 1930 en Nahuelpán, y tantos otros, en que llegaba la policía o la gendarmería y tiraba viviendas ,quemaba bienes, y subía a la gente a un camión para abandonarlos en algún otro lugar.
R.G. - ¿No se conserva en los relatos, en las narraciones orales, en los sucedidos, cierto rencor o la que debiera ser al menos una justa y entendible indignación contra el winka que les robó la mapu solo para quedarse con millones de hectáreas y así contribuir con el plan que el mercado internacional tenía para con nuestro país?
L.A. - En los relatos, más que rencor, he escuchado y visto el dolor, una mala mezcla de impotencia y resignación que es la causa de la tristeza. La voz empieza a cambiar, hay llantos contenidos en el esfuerzo por continuar contando. “Nos sacaron de nuestra tierra, nos dejaron en los piegreros, pobres estamos”. Y cuando se habla del despojo de la tierra, hay que indagar más para saber si se habla de aquel lejano tiempo del malón o del más cercano de los desalojos.
R.G. - Hay un trabajo muy interesante que has publicado y que tiene que ver con un término que acuñara el poeta Elicura Chihuailaf (4), la Oralitura (5). Entiendo que se trata de un estadio intermedio entre la narración oral y la literatura, cuyo objetivo es resistir sin soltarle la mano a la tradición y a la memoria. ¿Es así?
L.A. - Si hablás de estadio intermedio parece que no llega a ser literatura, y la oralitura es literatura. Hay autores, hay búsqueda estética, hay escritura y publicación. Podríamos hablar de resistencia en el sentido de no permitir el avance del olvido, la escritura asegura cierta permanencia en el tiempo. Aunque más que resistir, en la literatura nos permitimos fluir, abrigados por esa memoria. Es una manifestación de amor por lo que fuimos, lo que somos, lo que queremos ser.
R.G. - ¿Qué ejemplos y autores se encuentran en este estadio?
L.A. - Tendría que nombrarte autores de pueblos originarios de toda América, porque la Oralitura contiene a los autores quechuas, zapotecas, mayas, kariñas, huicholes, rapa nui, cabécares, etc., además de los mapuches que son los que más he leído.
En el pueblo mapuche de este lado de la cordillera, hay escritores jóvenes que se han hecho cargo de sus raíces y están escribiendo desde allí aunque aún no han llegado a la publicación.
R.G. - ¿Es posible pensar que la Oralitura es un proceso que la cultura occidental ha pasado previamente cuando aún no existía la literatura como la conocemos hoy?
L.A. - Creo que no. Aunque me resulta difícil hablar sobre el pasaje de la oralidad a la escritura en la cultura occidental, tengo que imaginarme a Homero recitando y después a alguien escribiendo ese relato guardado en la memoria. Creo que no hubo una violencia ejercida desde otra cultura que interrumpiera este natural camino.
Sí hubo una violenta interrupción del desarrollo natural de las culturas de los pueblos originarios de América. Lo expresó muy bien Víctor Heredia en su Taki Ongoy “qué hubiéramos podido ser, si nos hubiesen dejado ser“,qué símbolos, qué grafemas habríamos usado, ¿en renglones?, ¿en espiral?, ¿de derecha a izquierda?.
Los pueblos originarios tuvimos que elegir los grafemas occidentales para escribir y también elegimos la publicación bilingüe.
Contados con los dedos son aquellos que pueden comprender el mapuzungun y menos los que pueden entablar una conversación o incluso crear a partir de la cultura mapuche.
Y si de dedos hablamos también son muy pocos los que pueden hablar en galés y defender en ese idioma el Eistedfodd (en galés significa “estar sentado”) y con el cual se denomina a un Festival que reúne diversas ramas del arte y premia a los que hacen en un idioma u otro. Claro está que los idiomas que premia el Eistedfodd son el galés y el español, pese a que la leyenda habla de que en 1865 a la llegada del Mimosa los originarios habitantes de la tierra los recibieron amistosamente.
R.G. - En el suplemento dedicado a Chubut de la revista Ñ de Clarín, se pondera al “sustrato indígena” como uno de los pilares sobre los cuales es posible entender la creación y el arte de la provincia. Ñ también ubicaba a la cultura galesa en el mismo plano pretendiendo que los mapuches y los galeses resultan los abuelos de la cultura del Chubut. La historia de la cultura de la provincia, su mapa, sus caminos y paisajes, sus accidentes, vuelven a escribirse como en un palimpsesto. ¿No existe un profundo desconocimiento sobre la cultura y las formas de crear tanto del pueblo mapuche como el tehuelche como para ser tomado en ese lugar preponderante? ¿Estas de acuerdo con esta opinión?
L.A. - Me gustó la publicación de la Ñ porque cubrió un espacio de la creación y el arte de la provincia que conozco desde hace bastante tiempo, con producciones de una belleza conmovedora, de las que no había encontrado registro en otras publicaciones nacionales.
Yendo a la pregunta ... ¿usaron la palabra pilar? ¿dórico, jónico o corintio? no, “la piedra que desecharon los arquitectos, no es ahora la piedra angular”, por un lado las gestiones y sus administradores de cultura que podrían propiciar algunas construcciones, han tenido siempre mucho desconocimiento de lo que realmente pasa en la vida cultural de la provincia. A los pueblos originarios nos marcan un espacio folklórico y artesanal que podemos ocupar. No tienen ni idea del universo que se mueve entre nuestra gente.
Por otro lado cada creador elige, me parece que muy sanamente, la base de su creación.
Sí , hay una revisión crítica ¡ al fin! de investigadores, antropólogos e historiadores de los paradigmas desde los cuales se había escrito sobre nosotros. Esa es una discusión necesaria en la que espero se siga profundizando.
En fin para los pueblos originarios, por supuesto el sustrato indígena es un pilar... ¿un adobe? Amasado con nuestro barro y nuestro pasto.
El poeta Cristian Aliaga escribe en la contratapa de ese suplemento de Ñ las más lúcidas palabras del suplemento y entre ellas el siguiente párrafo a propósito de la charla: “En 1520 Antonio Pigafetta inicia la saga de los relatores viajeros de las tierras australes. El anticipa el tono que marcaría a sus sucesores y revela la mirada extrañada y superior de quien trata al nativo como a un niño o a un adulto de escasa sabiduría y honda ingenuidad. (...) Aún hoy persisten términos como “insurrectos” o “delincuentes”, aplicados a luchadores sociales; y surge la palabra “indios”, algo obscena a esta altura, como comodín. El relato y la toma de posesión real se vinculan: parte de las tierras que relevó Musters para la corona británica está hoy en manos de la multinacional Bennetton (...)” (6)
R.G. - La semana pasada el gobierno de Mario Das Neves incluye y paga el suplemento Puebloriginario en los dos diarios que se publican en la ciudad, estimo que lo ha hecho en toda la provincia. ¿Cuál crees que es el fin de este tipo de publicaciones? ¿Puede ser tomado como una reivindicación histórica el hecho de que se publique una vez por año un suplemento que se aboque a mostrar parte de la cultura que durante siglos se procuró silenciar?
L.A. - El estado y su política monocultural provocaron la destrucción, desde cuyos despojos estamos tratando de construir mejores posibilidades para vivir.
El discurso viene cambiando, ahora se habla de multiculturalidad, pluriculturalidad, alteridad, diversidad, “itrofill mongen” dijimos siempre nosotros Hay leyes que reconocen nuestra preexistencia y nuestros derechos. Faltan los hechos.
La publicación de un suplemento sobre pueblos originarios no puede ser considerada una reparación histórica, sí una buena señal, un paso muy visible si ponemos como telón de fondo noventa y nueve años en los que no se publicó nada.
Ahora vamos a estar esperando la publicación del año que viene.
R.G. - Como referente del pueblo mapuche, ¿no te parece que hay una mirada a la gente de la tierra con un aire de exotismo más que de genuino interés y respeto por lo que representan?
L.A. - La mirada del otro... sí, hay de todo, a veces no sabemos si reírnos o llorar, nos ocurren algunas situaciones que nos desconciertan. Sabemos que esta mirada que nos “exotiza” es la mirada enseñada por la escuela, por los curas, por todas las instituciones que el estado utilizó para el exterminio cultural. Es una mirada tan ignorante como la mirada que nos idealiza.
Pero la mirada que realmente nos preocupa es la mirada de la gente mapuche que no ha encontrado aún el camino de regreso, y reproducen la mirada colonizadora o se avergüenzan de ser quienes son.
Hay también miradas solidarias, de gente que no es mapuche, que nos acompañan hace rato.
R.G. - ¿Cuál sería la mejor manera de incorporar la cultura originaria a los planes de estudio? ¿A través de la historia o de la literatura?
L.A. - Nosotros estamos realizando pasos hacia la educación en la interculturalidad. Aunque la interculturalidad es un horizonte hacia el que tenemos que avanzar sin obviar una tarea de reconstrucción previa . Hubo un proceso de destrucción y de aculturación que lamentablemente realizó eficientemente la generación del 80 que planificó este país. Las consecuencias las sufrimos hoy: el avergonzamiento, el empobrecimiento, la invisibilidad de nuestra presencia.
Los pueblos originarios tenemos que reaprender aquello que no nos enseñaron nuestros padres y nuestros abuelos, y tenemos que inventar los mecanismos del rescate, para que el conocimiento vuelva a circular entre nosotros.
Fortalecidos en el conocimiento podemos avanzar al encuentro con las otras culturas, en una relación intercultural. Y no se tratará de ingresar a los planes de estudio por la Literatura o por la Historia sino desde la participación en la elaboración de los planes de estudio.
La Constitución Nacional, en su artículo 67 inciso 15, manda “conservar el trato pacífico con los indios y promover su conversión al catolicismo”.
R.G. - El gobernador de la provincia participó en una rogativa mapuche (creo que es la primera vez que un gobernador lo hace) en Cushamen. En la misma pidió por el fortalecimiento de su gobierno, dando muestras de lo mucho que le interesa su pueblo. En las rogativas, ¿se pide a la Mapu por y para uno mismo?
L.A. - Todavía hoy tropiezo con libros que cuando tienen que hablar de la religión de los pueblos originarios prefieren hablar de “supersticiones y creencias”
Como si la palabra religión tuviera demasiado prestigio para ser usada en referencia a nosotros, los “bárbaros”. La rogativa mapuche tiene la jerarquía de una ceremonia religiosa con la fuerza que le da la participación colectiva y la ritualidad ancestral. Con esta conciencia se participa en ella. Y los ancianos se deben haber encargado de aclarárselo al gobernador. Si él limitó su pedido a la trascendencia sólo a su gobierno tiene mucha suerte porque los demás participantes en la ceremonia abarcaron al mundo y a la humanidad... digamos que cubrieron la parte que faltaba.
R.G. - ¿Cuál es tu mirada sobre esta participación del gobernador en un rito mapuche?
L.A. - Una vez participé en un camaruco en Aldea Epulef, en el que de pronto se abrió un espacio para la participación de una autoridad política.
Se lo había invitado, se lo había estado esperando , cuando llegó se lo ingresó al espacio ceremonial y se le leyó un documento en el que se le solicitaban varias cosas, entre ellas el arreglo del camino de acceso a la comunidad.
El marco religioso le da otra dimensión a la relación política entre las comunidades y los gobernantes.
R.G. - ¿Por qué dentro de la misma provincia hay diferencias en la recordación del día del poblador originario? ¿Por qué en Comodoro Rivadavia es un día y en el Valle se toma una semana para las actividades?
L.A. - En Trelew desde hace cuatro años se realizan actividades para la “Semana de los pueblos originarios”, organizadas por la dirección de cultura que ha pasado por dos gestiones .También se organizan actividades fuera de lo municipal como la que organizó la Biblioteca popular Rodolfo Walsh y a la que fui invitada. Es decir que se propicia la participación de la gente originaria, se crean los espacios, se arma la logística y uno llega a aportar y a enriquecerse. Aquí, en Comodoro nunca se organizó nada. Puedo suponer que no saben de nuestra existencia o que menosprecian las posibilidades de nuestra cultura, o que están malacostumbrados a que seamos nosotros los que tengamos que trabajar ese día o esa semana. Hay una frase que es la primera que aprenden los directores de cultura en la región y que nos enrostran cuando nos acercamos con una idea que supone alguna inversión “nielay kulliñ”, y la traducción de esta frase te la dejo para que se la preguntes a ellos.
Muchos de los hacedores del arte en la provincia tienen otra impronta que está mas cerca de la otra inmigración, la de los españoles o italianos, incluso la migración interna fruto de la llegada de catamarqueños, tucumanos, cordobeses, riojanos, jujeños, que vinieron al sur en busca de trabajo a principios y mediados del siglo pasado. Allí la mixtura y la formación de un pueblo que aún procura su identidad en un país que la ha perdido, y que la seguirá perdiendo si los de acá, los que están en contacto permanente con la gente y que tienen la oportunidad de defender la idiosincrasia, la historia, el idioma y el arte de su pueblo escriben lo que escriben en los medios nacionales.
Pensaba en que la Eñe, como Clarín, llega a todo el país e incluso a diversos puntos en el extranjero, y me imaginaba a un jujeño, a un colombiano, a un español o a un exiliado argentino en Rusia, descubriendo que en la provincia del Chubut la cultura esta signada por la rara mezcla del sustrato indígena y la colonización galesa, y me quedo con la impecable y generosa contratapa del poeta Cristian Aliaga. También pensaba que el silencio de quienes conocen la verdad contribuye a la afirmación de lo que algunos pretenden crear y que suele estar emparentado con el negocio, el establecimiento de un canon o bien un posicionamiento que solo importa al turismo.
En pos de reivindicaciones, los pueblos originarios padecen la aridez de la política gubernamental o el silencio solo quebrado por el viento, el más antiguo de los habitantes de la tierra que, a esta altura, me cuesta denominar “transparente” o sea Chubut.
El poeta Debrik Ankudovich dice: “¿Te duele el pozo negro del espíritu? / ¿La poesía no viene? / Silencio entonces. / Silencio. / Las únicas flores respetables / nacen en el desierto.” (7)
Referencias
1. Suplemento Ñ, Interior Chubut, Clarín, Buenos Aires, 11/03/06.
2. Liliana Ancalao nació en 1961 en Diadema Argentina, Comodoro Rivadavia. Publicó “Tejido con lana cruda”, poesía, Ed. de Autor, Comodoro Rivadavia, 2001. Integra el grupo universitario de investigación de Mapuzungun. Su trabajo de indagación sobre cultura mapuche y su relación con los compositores de música regional la han llevado a distintos escenarios, en estos ha realizado una experiencia de difusión oral de su poesía.
3. Felipe Pigna, “Los mitos de la historia argentina 2” , Grupo Editor Planeta, Buenos Aires, 2004, pág. 291.
4. Elicura Chihuilaf, nació en Quechurewe, Chile. Ha publicado “El invierno, su imagen y otros poemas azules”, poesía, Ed. Lliteratura Alternativa, 1991; “De sueños azules y contrasueños”, poesía, Ed. Universitaria, 1995. Ha desarrollado una vasta labor literaria y cultural, preocupándose del estudio, difusión y defensa de su propia cultura. Reside en Temuco.
5. Liliana Ancalao, “Oralitura, una opción por la memoria”, en revista El Camarote Literario N° 5, Viedma, Río Negro, Marzo – Mayo 2005, pág. 32 y 33; y en “Puebloriginario”, Comodoro Rivadavia, Chubut, Abril 2006, pág. 5
6. Suplemento Ñ, Interior Chubut, op.cit, contratapa.
7. Debrik Ankudovich, “Veneno para hormigas”, Ediciones Parque Chas, Buenos Aires, 1999, “¿La poesía no viene?”, pág. 60.
Con esta patética introducción comienza el suplemento especial dedicado a Chubut de la revista Eñe de Clarín, del pasado 11 de marzo de 2006. Lo que parece solamente un epígrafe se transforma en la reafirmación de la hegemónica política cultural que ha dispuesto que los hacedores permanezcan en la mas absoluta soledad.
Chubut, desde su génesis, es una provincia surgida de la división política del territorio nacional y después Gobernación de Comodoro Rivadavia. Ese territorio era una franja que abarcaba en su totalidad el Golfo San Jorge y se extendía hacia la cordillera, pero sus riquezas eran tales que algún iluminado observó que lo mejor era partirla en dos y así es como Comodoro Rivadavia se suma a la provincia del Chubut, nombre que no la representa puesto que es el nombre de un río que no le da de beber, ni le da energía, ni siquiera la alimenta con los frutos que a sus riberas riega, y ni que hablar de las postergaciones políticas, sociales y culturales. Justamente Chubut en la lengua tehuelche significa transparente, palabra que es permanentemente utilizada por el gobierno de la provincia en sus comunicaciones publicitarias: “Ser transparente ser Chubut”, lo que transforma al slogan en una perogrullada.
El suplemento de Clarín habla de las grandes distancias y la vastedad del territorio pero no dice distancias entre qué o quienes, no se sabe si esto es respecto de Buenos Aires, o si es entre las propias ciudades del Chubut. Y como si esto fuera poco dice que “marcan en Chubut una soledad cultural paradójica”, y agrega que la paradoja está en que se produce pero no llega a difundirse lo que contribuye a la libertad expresiva. Resulta imbécil pensar que es bueno no vincularse a las industrias culturales y perder difusión en pos de lograr libertad de expresión. ¿De qué sirve esa libertad de expresión entre comillas si no hay quien pueda evaluarla? ¿Para qué la libertad de expresión si no hay receptores de tal manifestación? Sin difusión la tarea del artista está velada, amordazada, y al crecer sin tener un destinatario, ¿para qué crece, mejora y es libre, si no llega a nadie, si no le sirve nada mas que a un determinado grupo de elegidos?
Esta soledad de la que se habla a modo de editorial no es otra cosa que el resultado de la aplicación de la política cultural del desaliento a los hacedores. En Chubut es política de estado el procurar que los hacedores no puedan vivir de su arte (y se incentiva el amor al arte), no hay políticas de apoyo institucional, y silenciosamente han fallecido los eventos culturales que pretendían salirse del cono de sombras con un fósforo en la mano. Culturas del Sur del Mundo, el Encuentro Patagónico de Escritores, la Feria de la Palabra, la Semana de las Artes, las Jornadas de Literatura Patagónica, entre otros, ya no figuran en los calendarios culturales de la provincia y esto no tiene que ver con las grandes distancias ni la vastedad de territorio ni con la difusión ni con la libertad expresiva.
La voluntad creativa no reemplaza la ausencia de laureles, incluso dice Juan Gelman en el propio cuerpo de la revista Eñe que “ningún elogio o premio escribe por vos”. No es a los laureles a los que aspira quien esta creando en el medio del sur. La voluntad creativa se alimenta muchas veces, con comentarios en línea con el discurso vacío de los funcionarios gubernamentales que sustentan su inacción en esos nuevos viejos mitos. La voluntad creativa crece en ese desierto impuesto desafiando a los que creen que los hacedores son bohemios, vagos o borrachos.
El sustrato indígena seguramente está en la visión del hombre respecto a aquella aridez y las dificultades para la supervivencia pero decididamente no es en Comodoro Rivadavia donde la cultura mapuche tehuelche y mucho menos la galesa, han tenido incidencia a la hora de la creación (dudo que lo sea para Chubut en forma decidida).
Para conocer un poco más sobre esta influencia mapuche – tehuelche en nuestra cultura, si es este “sustrato” determinante, entrevisto a la profesora en Letras Liliana Ancalao (2), también poeta e integrante de la comunidad mapuche – tehuelche Ñankulawen.
Para comenzar la charla me ubico en que el pueblo mapuche – tehuelche perdió la guerra y con ella su territorio, su libertad, su cultura.
R.G. - En el libro “Los mitos de la Argentina 2” de Felipe Pigna, el historiador vuelve a poner en la revisión histórica la absurda denominación de “Conquista del Desierto” para aquella campaña militar encabezada por Julio Argentino Roca. Dice Pigna que “evidentemente uno de los términos es incorrecto. Si se trata de un desierto (...) “lugar despoblado, solo, inhabitado”, no puede haber conquista; en todo caso habrá ocupación. La cosa pasa por el concepto que tenía la generación del 80 del poblador originario, al que como vamos viendo no lo consideraba un ser vivo, un habitante” (3). ¿Cómo ha preservado en la memoria la gente de la tierra aquel genocidio, aquel intento por borrar toda huella, todo rastro y culturas milenarias?
L.A. - En la memoria de la gente, “la conquista del desierto” quedó como “el malón” y a veces se nombra a un pariente muy antiguo, utilizando este marco como referencia y dicen, por ejemplo:“ había estado cuando el malón”. Esta memoria de despojo y muerte, se mezcla con la historia más cercana de los desalojos, el de 1930 en Nahuelpán, y tantos otros, en que llegaba la policía o la gendarmería y tiraba viviendas ,quemaba bienes, y subía a la gente a un camión para abandonarlos en algún otro lugar.
R.G. - ¿No se conserva en los relatos, en las narraciones orales, en los sucedidos, cierto rencor o la que debiera ser al menos una justa y entendible indignación contra el winka que les robó la mapu solo para quedarse con millones de hectáreas y así contribuir con el plan que el mercado internacional tenía para con nuestro país?
L.A. - En los relatos, más que rencor, he escuchado y visto el dolor, una mala mezcla de impotencia y resignación que es la causa de la tristeza. La voz empieza a cambiar, hay llantos contenidos en el esfuerzo por continuar contando. “Nos sacaron de nuestra tierra, nos dejaron en los piegreros, pobres estamos”. Y cuando se habla del despojo de la tierra, hay que indagar más para saber si se habla de aquel lejano tiempo del malón o del más cercano de los desalojos.
R.G. - Hay un trabajo muy interesante que has publicado y que tiene que ver con un término que acuñara el poeta Elicura Chihuailaf (4), la Oralitura (5). Entiendo que se trata de un estadio intermedio entre la narración oral y la literatura, cuyo objetivo es resistir sin soltarle la mano a la tradición y a la memoria. ¿Es así?
L.A. - Si hablás de estadio intermedio parece que no llega a ser literatura, y la oralitura es literatura. Hay autores, hay búsqueda estética, hay escritura y publicación. Podríamos hablar de resistencia en el sentido de no permitir el avance del olvido, la escritura asegura cierta permanencia en el tiempo. Aunque más que resistir, en la literatura nos permitimos fluir, abrigados por esa memoria. Es una manifestación de amor por lo que fuimos, lo que somos, lo que queremos ser.
R.G. - ¿Qué ejemplos y autores se encuentran en este estadio?
L.A. - Tendría que nombrarte autores de pueblos originarios de toda América, porque la Oralitura contiene a los autores quechuas, zapotecas, mayas, kariñas, huicholes, rapa nui, cabécares, etc., además de los mapuches que son los que más he leído.
En el pueblo mapuche de este lado de la cordillera, hay escritores jóvenes que se han hecho cargo de sus raíces y están escribiendo desde allí aunque aún no han llegado a la publicación.
R.G. - ¿Es posible pensar que la Oralitura es un proceso que la cultura occidental ha pasado previamente cuando aún no existía la literatura como la conocemos hoy?
L.A. - Creo que no. Aunque me resulta difícil hablar sobre el pasaje de la oralidad a la escritura en la cultura occidental, tengo que imaginarme a Homero recitando y después a alguien escribiendo ese relato guardado en la memoria. Creo que no hubo una violencia ejercida desde otra cultura que interrumpiera este natural camino.
Sí hubo una violenta interrupción del desarrollo natural de las culturas de los pueblos originarios de América. Lo expresó muy bien Víctor Heredia en su Taki Ongoy “qué hubiéramos podido ser, si nos hubiesen dejado ser“,qué símbolos, qué grafemas habríamos usado, ¿en renglones?, ¿en espiral?, ¿de derecha a izquierda?.
Los pueblos originarios tuvimos que elegir los grafemas occidentales para escribir y también elegimos la publicación bilingüe.
Contados con los dedos son aquellos que pueden comprender el mapuzungun y menos los que pueden entablar una conversación o incluso crear a partir de la cultura mapuche.
Y si de dedos hablamos también son muy pocos los que pueden hablar en galés y defender en ese idioma el Eistedfodd (en galés significa “estar sentado”) y con el cual se denomina a un Festival que reúne diversas ramas del arte y premia a los que hacen en un idioma u otro. Claro está que los idiomas que premia el Eistedfodd son el galés y el español, pese a que la leyenda habla de que en 1865 a la llegada del Mimosa los originarios habitantes de la tierra los recibieron amistosamente.
R.G. - En el suplemento dedicado a Chubut de la revista Ñ de Clarín, se pondera al “sustrato indígena” como uno de los pilares sobre los cuales es posible entender la creación y el arte de la provincia. Ñ también ubicaba a la cultura galesa en el mismo plano pretendiendo que los mapuches y los galeses resultan los abuelos de la cultura del Chubut. La historia de la cultura de la provincia, su mapa, sus caminos y paisajes, sus accidentes, vuelven a escribirse como en un palimpsesto. ¿No existe un profundo desconocimiento sobre la cultura y las formas de crear tanto del pueblo mapuche como el tehuelche como para ser tomado en ese lugar preponderante? ¿Estas de acuerdo con esta opinión?
L.A. - Me gustó la publicación de la Ñ porque cubrió un espacio de la creación y el arte de la provincia que conozco desde hace bastante tiempo, con producciones de una belleza conmovedora, de las que no había encontrado registro en otras publicaciones nacionales.
Yendo a la pregunta ... ¿usaron la palabra pilar? ¿dórico, jónico o corintio? no, “la piedra que desecharon los arquitectos, no es ahora la piedra angular”, por un lado las gestiones y sus administradores de cultura que podrían propiciar algunas construcciones, han tenido siempre mucho desconocimiento de lo que realmente pasa en la vida cultural de la provincia. A los pueblos originarios nos marcan un espacio folklórico y artesanal que podemos ocupar. No tienen ni idea del universo que se mueve entre nuestra gente.
Por otro lado cada creador elige, me parece que muy sanamente, la base de su creación.
Sí , hay una revisión crítica ¡ al fin! de investigadores, antropólogos e historiadores de los paradigmas desde los cuales se había escrito sobre nosotros. Esa es una discusión necesaria en la que espero se siga profundizando.
En fin para los pueblos originarios, por supuesto el sustrato indígena es un pilar... ¿un adobe? Amasado con nuestro barro y nuestro pasto.
El poeta Cristian Aliaga escribe en la contratapa de ese suplemento de Ñ las más lúcidas palabras del suplemento y entre ellas el siguiente párrafo a propósito de la charla: “En 1520 Antonio Pigafetta inicia la saga de los relatores viajeros de las tierras australes. El anticipa el tono que marcaría a sus sucesores y revela la mirada extrañada y superior de quien trata al nativo como a un niño o a un adulto de escasa sabiduría y honda ingenuidad. (...) Aún hoy persisten términos como “insurrectos” o “delincuentes”, aplicados a luchadores sociales; y surge la palabra “indios”, algo obscena a esta altura, como comodín. El relato y la toma de posesión real se vinculan: parte de las tierras que relevó Musters para la corona británica está hoy en manos de la multinacional Bennetton (...)” (6)
R.G. - La semana pasada el gobierno de Mario Das Neves incluye y paga el suplemento Puebloriginario en los dos diarios que se publican en la ciudad, estimo que lo ha hecho en toda la provincia. ¿Cuál crees que es el fin de este tipo de publicaciones? ¿Puede ser tomado como una reivindicación histórica el hecho de que se publique una vez por año un suplemento que se aboque a mostrar parte de la cultura que durante siglos se procuró silenciar?
L.A. - El estado y su política monocultural provocaron la destrucción, desde cuyos despojos estamos tratando de construir mejores posibilidades para vivir.
El discurso viene cambiando, ahora se habla de multiculturalidad, pluriculturalidad, alteridad, diversidad, “itrofill mongen” dijimos siempre nosotros Hay leyes que reconocen nuestra preexistencia y nuestros derechos. Faltan los hechos.
La publicación de un suplemento sobre pueblos originarios no puede ser considerada una reparación histórica, sí una buena señal, un paso muy visible si ponemos como telón de fondo noventa y nueve años en los que no se publicó nada.
Ahora vamos a estar esperando la publicación del año que viene.
R.G. - Como referente del pueblo mapuche, ¿no te parece que hay una mirada a la gente de la tierra con un aire de exotismo más que de genuino interés y respeto por lo que representan?
L.A. - La mirada del otro... sí, hay de todo, a veces no sabemos si reírnos o llorar, nos ocurren algunas situaciones que nos desconciertan. Sabemos que esta mirada que nos “exotiza” es la mirada enseñada por la escuela, por los curas, por todas las instituciones que el estado utilizó para el exterminio cultural. Es una mirada tan ignorante como la mirada que nos idealiza.
Pero la mirada que realmente nos preocupa es la mirada de la gente mapuche que no ha encontrado aún el camino de regreso, y reproducen la mirada colonizadora o se avergüenzan de ser quienes son.
Hay también miradas solidarias, de gente que no es mapuche, que nos acompañan hace rato.
R.G. - ¿Cuál sería la mejor manera de incorporar la cultura originaria a los planes de estudio? ¿A través de la historia o de la literatura?
L.A. - Nosotros estamos realizando pasos hacia la educación en la interculturalidad. Aunque la interculturalidad es un horizonte hacia el que tenemos que avanzar sin obviar una tarea de reconstrucción previa . Hubo un proceso de destrucción y de aculturación que lamentablemente realizó eficientemente la generación del 80 que planificó este país. Las consecuencias las sufrimos hoy: el avergonzamiento, el empobrecimiento, la invisibilidad de nuestra presencia.
Los pueblos originarios tenemos que reaprender aquello que no nos enseñaron nuestros padres y nuestros abuelos, y tenemos que inventar los mecanismos del rescate, para que el conocimiento vuelva a circular entre nosotros.
Fortalecidos en el conocimiento podemos avanzar al encuentro con las otras culturas, en una relación intercultural. Y no se tratará de ingresar a los planes de estudio por la Literatura o por la Historia sino desde la participación en la elaboración de los planes de estudio.
La Constitución Nacional, en su artículo 67 inciso 15, manda “conservar el trato pacífico con los indios y promover su conversión al catolicismo”.
R.G. - El gobernador de la provincia participó en una rogativa mapuche (creo que es la primera vez que un gobernador lo hace) en Cushamen. En la misma pidió por el fortalecimiento de su gobierno, dando muestras de lo mucho que le interesa su pueblo. En las rogativas, ¿se pide a la Mapu por y para uno mismo?
L.A. - Todavía hoy tropiezo con libros que cuando tienen que hablar de la religión de los pueblos originarios prefieren hablar de “supersticiones y creencias”
Como si la palabra religión tuviera demasiado prestigio para ser usada en referencia a nosotros, los “bárbaros”. La rogativa mapuche tiene la jerarquía de una ceremonia religiosa con la fuerza que le da la participación colectiva y la ritualidad ancestral. Con esta conciencia se participa en ella. Y los ancianos se deben haber encargado de aclarárselo al gobernador. Si él limitó su pedido a la trascendencia sólo a su gobierno tiene mucha suerte porque los demás participantes en la ceremonia abarcaron al mundo y a la humanidad... digamos que cubrieron la parte que faltaba.
R.G. - ¿Cuál es tu mirada sobre esta participación del gobernador en un rito mapuche?
L.A. - Una vez participé en un camaruco en Aldea Epulef, en el que de pronto se abrió un espacio para la participación de una autoridad política.
Se lo había invitado, se lo había estado esperando , cuando llegó se lo ingresó al espacio ceremonial y se le leyó un documento en el que se le solicitaban varias cosas, entre ellas el arreglo del camino de acceso a la comunidad.
El marco religioso le da otra dimensión a la relación política entre las comunidades y los gobernantes.
R.G. - ¿Por qué dentro de la misma provincia hay diferencias en la recordación del día del poblador originario? ¿Por qué en Comodoro Rivadavia es un día y en el Valle se toma una semana para las actividades?
L.A. - En Trelew desde hace cuatro años se realizan actividades para la “Semana de los pueblos originarios”, organizadas por la dirección de cultura que ha pasado por dos gestiones .También se organizan actividades fuera de lo municipal como la que organizó la Biblioteca popular Rodolfo Walsh y a la que fui invitada. Es decir que se propicia la participación de la gente originaria, se crean los espacios, se arma la logística y uno llega a aportar y a enriquecerse. Aquí, en Comodoro nunca se organizó nada. Puedo suponer que no saben de nuestra existencia o que menosprecian las posibilidades de nuestra cultura, o que están malacostumbrados a que seamos nosotros los que tengamos que trabajar ese día o esa semana. Hay una frase que es la primera que aprenden los directores de cultura en la región y que nos enrostran cuando nos acercamos con una idea que supone alguna inversión “nielay kulliñ”, y la traducción de esta frase te la dejo para que se la preguntes a ellos.
Muchos de los hacedores del arte en la provincia tienen otra impronta que está mas cerca de la otra inmigración, la de los españoles o italianos, incluso la migración interna fruto de la llegada de catamarqueños, tucumanos, cordobeses, riojanos, jujeños, que vinieron al sur en busca de trabajo a principios y mediados del siglo pasado. Allí la mixtura y la formación de un pueblo que aún procura su identidad en un país que la ha perdido, y que la seguirá perdiendo si los de acá, los que están en contacto permanente con la gente y que tienen la oportunidad de defender la idiosincrasia, la historia, el idioma y el arte de su pueblo escriben lo que escriben en los medios nacionales.
Pensaba en que la Eñe, como Clarín, llega a todo el país e incluso a diversos puntos en el extranjero, y me imaginaba a un jujeño, a un colombiano, a un español o a un exiliado argentino en Rusia, descubriendo que en la provincia del Chubut la cultura esta signada por la rara mezcla del sustrato indígena y la colonización galesa, y me quedo con la impecable y generosa contratapa del poeta Cristian Aliaga. También pensaba que el silencio de quienes conocen la verdad contribuye a la afirmación de lo que algunos pretenden crear y que suele estar emparentado con el negocio, el establecimiento de un canon o bien un posicionamiento que solo importa al turismo.
En pos de reivindicaciones, los pueblos originarios padecen la aridez de la política gubernamental o el silencio solo quebrado por el viento, el más antiguo de los habitantes de la tierra que, a esta altura, me cuesta denominar “transparente” o sea Chubut.
El poeta Debrik Ankudovich dice: “¿Te duele el pozo negro del espíritu? / ¿La poesía no viene? / Silencio entonces. / Silencio. / Las únicas flores respetables / nacen en el desierto.” (7)
Referencias
1. Suplemento Ñ, Interior Chubut, Clarín, Buenos Aires, 11/03/06.
2. Liliana Ancalao nació en 1961 en Diadema Argentina, Comodoro Rivadavia. Publicó “Tejido con lana cruda”, poesía, Ed. de Autor, Comodoro Rivadavia, 2001. Integra el grupo universitario de investigación de Mapuzungun. Su trabajo de indagación sobre cultura mapuche y su relación con los compositores de música regional la han llevado a distintos escenarios, en estos ha realizado una experiencia de difusión oral de su poesía.
3. Felipe Pigna, “Los mitos de la historia argentina 2” , Grupo Editor Planeta, Buenos Aires, 2004, pág. 291.
4. Elicura Chihuilaf, nació en Quechurewe, Chile. Ha publicado “El invierno, su imagen y otros poemas azules”, poesía, Ed. Lliteratura Alternativa, 1991; “De sueños azules y contrasueños”, poesía, Ed. Universitaria, 1995. Ha desarrollado una vasta labor literaria y cultural, preocupándose del estudio, difusión y defensa de su propia cultura. Reside en Temuco.
5. Liliana Ancalao, “Oralitura, una opción por la memoria”, en revista El Camarote Literario N° 5, Viedma, Río Negro, Marzo – Mayo 2005, pág. 32 y 33; y en “Puebloriginario”, Comodoro Rivadavia, Chubut, Abril 2006, pág. 5
6. Suplemento Ñ, Interior Chubut, op.cit, contratapa.
7. Debrik Ankudovich, “Veneno para hormigas”, Ediciones Parque Chas, Buenos Aires, 1999, “¿La poesía no viene?”, pág. 60.





