La Ciudad Perdida: Instrucciones para elegir compañeros en un picado
Esta es la última columna que preparo para el ciclo de la Ciudad Perdida en FM Bizarra. Ya todos saben que, casi de repente, el programa se muda a otra emisora y ya no estará en el aire de la 91.3.
Por eso es que me costó encontrar una leyenda que sirviera a modo de despedida, al menos de una despedida corta, una suerte de “chau y hasta pronto”, pero no la encontré.
No sé si está bien o mal transmitir lo que a uno le pasa con los amigos al aire, en esta suerte de teatro sin maquillaje que es la radio tal como lo conversábamos ayer. Supongo que ya lo saben.
Lo que si me pareció una buena idea fue contar que antes de estar como columnista en la Ciudad fui oyente del programa, en sus inicios en la Eco durante algunos programas y después acá en la Bizarra, incluso antes de entrar a laburar en el informativo de la radio.
Después vino Bajo Palabra el año pasado y ahora esta columna, Inefábulas.
Estar de este lado del micrófono fue siempre un privilegio, un placer, y además tengo que agradecer lo mucho que he aprendido por el solo hecho de estar cerca y de observar como se trabaja y el tiempo que lleva hacer un programa como éste, y que no siempre se ve.
Decía que no encontré un mito o una leyenda acorde a lo que hoy quería decirles a ustedes y obviamente a la gente que nos (o debiera decir mejor) los escucha.
Pero me acordé de un cuento de Alejandro Dolina que resume en mucho lo que siento cada vez que Santiago me elige al comenzar un ciclo para hacer una columna en la Ciudad.
El cuento, que seguramente les es familiar, se llama:
Instrucciones para elegir compañeros en un picado
Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reúnen para jugar tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.
Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles.
En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades. Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos mas queridos. Por eso elegía a los que estaban mas cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudaran, lo comprenderán, lo alentaran y lo perdonaran. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. y si no lo es, mas vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.
Por Alejandro Dolina.
----- -----------------------------
Un amigo me dijo una vez:
Hacer un Amigo es una Gracia
Tener un amigo es un Don
Conservar un Amigo es una Virtud
Ser un Amigo es un Honor
Chau Ciudad Perdida... y ojalá siempre conserven esta forma de elegir a quienes juegan en su equipo.
Por eso es que me costó encontrar una leyenda que sirviera a modo de despedida, al menos de una despedida corta, una suerte de “chau y hasta pronto”, pero no la encontré.
No sé si está bien o mal transmitir lo que a uno le pasa con los amigos al aire, en esta suerte de teatro sin maquillaje que es la radio tal como lo conversábamos ayer. Supongo que ya lo saben.
Lo que si me pareció una buena idea fue contar que antes de estar como columnista en la Ciudad fui oyente del programa, en sus inicios en la Eco durante algunos programas y después acá en la Bizarra, incluso antes de entrar a laburar en el informativo de la radio.
Después vino Bajo Palabra el año pasado y ahora esta columna, Inefábulas.
Estar de este lado del micrófono fue siempre un privilegio, un placer, y además tengo que agradecer lo mucho que he aprendido por el solo hecho de estar cerca y de observar como se trabaja y el tiempo que lleva hacer un programa como éste, y que no siempre se ve.
Decía que no encontré un mito o una leyenda acorde a lo que hoy quería decirles a ustedes y obviamente a la gente que nos (o debiera decir mejor) los escucha.
Pero me acordé de un cuento de Alejandro Dolina que resume en mucho lo que siento cada vez que Santiago me elige al comenzar un ciclo para hacer una columna en la Ciudad.
El cuento, que seguramente les es familiar, se llama:
Instrucciones para elegir compañeros en un picado
Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reúnen para jugar tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.
Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles.
En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades. Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos mas queridos. Por eso elegía a los que estaban mas cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudaran, lo comprenderán, lo alentaran y lo perdonaran. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. y si no lo es, mas vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.
Por Alejandro Dolina.
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Un amigo me dijo una vez:
Hacer un Amigo es una Gracia
Tener un amigo es un Don
Conservar un Amigo es una Virtud
Ser un Amigo es un Honor
Chau Ciudad Perdida... y ojalá siempre conserven esta forma de elegir a quienes juegan en su equipo.
La Ciudad Perdida: El Galápago y el Caimán
Ustedes saben que los espacios en los medios gráficos se miden en centímetros y columnas para determinar los espacios publicitarios por un lado, pero también para encargar el trabajo a los periodistas que deben escribir por un tema u otro.
Sobre el Caso Santana se han escrito no ya centímetros sino kilómetros. No solamente se ha procurado informar sobre la estafa que el empleado municipal cometiera como presidente de la Cooperativa de Viviendas El Porvenir, sino también especulando sobre las acciones que debieran caberle por las mismas. Pero el otro día nos acordábamos de que una estafa de esta magnitud (se habla de que alrededor de 1 millón de pesos aportados por los socios de la Cooperativa, no tiene destino cierto y no se sabe donde están) no puede hacerse en soledad. Todo parece recaer sobre Jorge Santana que, sin dudas tiene responsabilidad, pero se olvida o pretende ocultarse quienes han sido sus secuaces y quienes lo impulsaron como edil, representante del pueblo.
La llegada de Santana al Concejo fue de la mano del Partido Justicialista que, cuando las papas quemaban, decidió expulsar al controvertido edil del mismo. Queda la pregunta que el justicialismo no supo o no quiso responder y esta es: ¿Quién puso a Jorge Santana en la sábana para ser concejal por el justicialismo? Se sabe que los lugares en las listas sábanas responden a favores, a la capacidad movilizadora del candidato o bien a intereses económicos. No hay otras razones que se tengan en cuenta a la hora de conformar una lista. ¿O acaso alguien por ventura piensa que en aquellas listas sábanas están los más capaces, los mejor preparados o los que llevan la intención de decenas de proyectos para contribuir al crecimiento de la ciudad? Un proverbio alemán dice: “El que sostiene la escalera es tan malo como el ladrón”.
El yeite, el cliché que se suele escuchar en estos casos es que el pueblo castigará con su voto a los que mal hacen, pero no hay vías que hagan tronar el escarmiento. El común de la gente se queda con el sabor amargo en la boca de urna, cuando aquellos que echó con su voto vuelven a cobrar por ventanilla con el disfraz de funcionario. Los casos son muchísimos y pueden verse inclusive en el gabinete municipal.
Esta falta de decisión palpable que siente el pueblo ante las injusticias, no solamente en el caso de Santana, sino en el de Chabán, el de María Julia o el cercano del juez Herrera, termina desvirtuando el concepto de la democracia y su valor.
Al respecto, quiero compartir con ustedes un Cuento popular brasileño, que se llama:
EL GALÁPAGO Y EL CAIMÁN
El galápago tenía una gaita, un instrumento especial, desconocido por los otros animales de la selva. Tocaba muy bien y todos lo admiraban. Pero nadie le tenía tanta envidia como el caimán.
Un día, el caimán fue a esperar al galápago donde sabía que nuestro duro amigo iba siempre a tomar agua y a bañarse. Se saludaron amablemente, el galápago bebió y se puso a tocar su famosa gaita. Sin muchas sutilezas, el caimán pidió la gaita prestada y cuando la tuvo se zambulló en el agua con ella y se escapó sin la menor intención de devolverla.
Unos días después el galápago tuvo una excelente idea para obligar al caimán a traerle su querida gaita. Buscó una colmena, se tragó unas cuantas abejas enteritas sin masticar y sin hacerles daño y después fue al lugar donde el caimán solía tomar sol. Se untó el trasero bien untado con miel y se escondió entre las hojas con el rabo en alto. De vez en cuando largaba por atrás una abeja viva, que escapaba con grandes zumbidos.
Así, visto de atrás, tapado por las hojas, el caimán no se dio cuenta de que se trataba del galápago. No lo reconoció. Se imaginó que tenía ante sus ojos una colmena, completamente al alcance de la mano y bien llena de panales de miel. Muy contento metió el dedo en el trasero del galápago, pensando que comenzaría el banquete.
Allí no había precisamente miel y además eso era lo que esperaba el galápago. Se lo apretó bien fuerte y le dijo:
- No te soltaré hasta que me devuelvas mi gaita.
El caimán es un animal muy peligroso, pero nada podían hacer sus dientes contra la dura caparazón del galápago que apretaba cada vez más y más con su trasero el dedo del caimán. Desesperado, el gran animal empezó a rogar a su hijo que le trajera la gaita. El caimancito chico, desde lejos, oía mal y el pobre caimán gritaba cada vez mas y más fuerte.
Hasta que no volvió a tener su gaita, el galápago no soltó el dedo.
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Es prácticamente imposible siquiera imaginar a los estafados de la Cooperativa El Porvenir disfrazados de colmenas, pero si es indudable que ante la deshonestidad del concejal Jorge Santana pareciera que la única forma de hacer justicia es por mano propia, aun cuando defenestremos ese tipo de prácticas.
Este es el peligro al que se enfrentan quienes detentan el poder: su incapacidad de ser justos, la amnesia que padecen y que los ensoberbece al punto de que soslayan aquello de ser simples empleados de quienes los han elegido.
En muchas ocasiones como en este caso sentimos ese dedo en el trasero. El tema será entonces que en lugar de movernos cuando nos metan el dedito, lo apretemos mas y mas fuerte hasta que devuelvan lo que nos pertenece y que no es otra cosa que nuestra dignidad.
Rostand dijo una vez: “No son las bajezas de los hombres lo que los hace innobles, sino la forma en que saben hacérselas perdonar”.
Sobre el Caso Santana se han escrito no ya centímetros sino kilómetros. No solamente se ha procurado informar sobre la estafa que el empleado municipal cometiera como presidente de la Cooperativa de Viviendas El Porvenir, sino también especulando sobre las acciones que debieran caberle por las mismas. Pero el otro día nos acordábamos de que una estafa de esta magnitud (se habla de que alrededor de 1 millón de pesos aportados por los socios de la Cooperativa, no tiene destino cierto y no se sabe donde están) no puede hacerse en soledad. Todo parece recaer sobre Jorge Santana que, sin dudas tiene responsabilidad, pero se olvida o pretende ocultarse quienes han sido sus secuaces y quienes lo impulsaron como edil, representante del pueblo.
La llegada de Santana al Concejo fue de la mano del Partido Justicialista que, cuando las papas quemaban, decidió expulsar al controvertido edil del mismo. Queda la pregunta que el justicialismo no supo o no quiso responder y esta es: ¿Quién puso a Jorge Santana en la sábana para ser concejal por el justicialismo? Se sabe que los lugares en las listas sábanas responden a favores, a la capacidad movilizadora del candidato o bien a intereses económicos. No hay otras razones que se tengan en cuenta a la hora de conformar una lista. ¿O acaso alguien por ventura piensa que en aquellas listas sábanas están los más capaces, los mejor preparados o los que llevan la intención de decenas de proyectos para contribuir al crecimiento de la ciudad? Un proverbio alemán dice: “El que sostiene la escalera es tan malo como el ladrón”.
El yeite, el cliché que se suele escuchar en estos casos es que el pueblo castigará con su voto a los que mal hacen, pero no hay vías que hagan tronar el escarmiento. El común de la gente se queda con el sabor amargo en la boca de urna, cuando aquellos que echó con su voto vuelven a cobrar por ventanilla con el disfraz de funcionario. Los casos son muchísimos y pueden verse inclusive en el gabinete municipal.
Esta falta de decisión palpable que siente el pueblo ante las injusticias, no solamente en el caso de Santana, sino en el de Chabán, el de María Julia o el cercano del juez Herrera, termina desvirtuando el concepto de la democracia y su valor.
Al respecto, quiero compartir con ustedes un Cuento popular brasileño, que se llama:
EL GALÁPAGO Y EL CAIMÁN
El galápago tenía una gaita, un instrumento especial, desconocido por los otros animales de la selva. Tocaba muy bien y todos lo admiraban. Pero nadie le tenía tanta envidia como el caimán.
Un día, el caimán fue a esperar al galápago donde sabía que nuestro duro amigo iba siempre a tomar agua y a bañarse. Se saludaron amablemente, el galápago bebió y se puso a tocar su famosa gaita. Sin muchas sutilezas, el caimán pidió la gaita prestada y cuando la tuvo se zambulló en el agua con ella y se escapó sin la menor intención de devolverla.
Unos días después el galápago tuvo una excelente idea para obligar al caimán a traerle su querida gaita. Buscó una colmena, se tragó unas cuantas abejas enteritas sin masticar y sin hacerles daño y después fue al lugar donde el caimán solía tomar sol. Se untó el trasero bien untado con miel y se escondió entre las hojas con el rabo en alto. De vez en cuando largaba por atrás una abeja viva, que escapaba con grandes zumbidos.
Así, visto de atrás, tapado por las hojas, el caimán no se dio cuenta de que se trataba del galápago. No lo reconoció. Se imaginó que tenía ante sus ojos una colmena, completamente al alcance de la mano y bien llena de panales de miel. Muy contento metió el dedo en el trasero del galápago, pensando que comenzaría el banquete.
Allí no había precisamente miel y además eso era lo que esperaba el galápago. Se lo apretó bien fuerte y le dijo:
- No te soltaré hasta que me devuelvas mi gaita.
El caimán es un animal muy peligroso, pero nada podían hacer sus dientes contra la dura caparazón del galápago que apretaba cada vez más y más con su trasero el dedo del caimán. Desesperado, el gran animal empezó a rogar a su hijo que le trajera la gaita. El caimancito chico, desde lejos, oía mal y el pobre caimán gritaba cada vez mas y más fuerte.
Hasta que no volvió a tener su gaita, el galápago no soltó el dedo.
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Es prácticamente imposible siquiera imaginar a los estafados de la Cooperativa El Porvenir disfrazados de colmenas, pero si es indudable que ante la deshonestidad del concejal Jorge Santana pareciera que la única forma de hacer justicia es por mano propia, aun cuando defenestremos ese tipo de prácticas.
Este es el peligro al que se enfrentan quienes detentan el poder: su incapacidad de ser justos, la amnesia que padecen y que los ensoberbece al punto de que soslayan aquello de ser simples empleados de quienes los han elegido.
En muchas ocasiones como en este caso sentimos ese dedo en el trasero. El tema será entonces que en lugar de movernos cuando nos metan el dedito, lo apretemos mas y mas fuerte hasta que devuelvan lo que nos pertenece y que no es otra cosa que nuestra dignidad.
Rostand dijo una vez: “No son las bajezas de los hombres lo que los hace innobles, sino la forma en que saben hacérselas perdonar”.
La Ciudad Perdida: La Canción del nuevo jefe
Algo pasa con quienes asumen como gobernantes de nuestro país y en todos los estamentos, no solamente en el gobierno municipal sino también en los estados provincial y nacional. Algo les hace un clic, se les enciende la vanidad ni bien huelen los vahos del poder que se les otorga con una banda o un bastón. Mucho han de tener que ver en la creciente vanidad de quienes manejan los hilos políticos, los adulones que la alimentan ya en las inmediaciones del poder, en las oscuras catacumbas de aquella suerte de castillo que supone cualquier gabinete, o bien desde los medios de prensa a través de la contrapartida que existe entre la manipulación de la información o quizás su disfraz, y el pago mensual de parte de los estados que sostienen la salida de aquellos medios. Así los “todopoderosos” estadistas se suben a un pedestal y pueden opinar de todo y sobre todo porque de todo saben y para todo existe una respuesta.
Y para muestra bastan dos botones: Esta semana el Gobernador Mario Das Neves dijo que si retiraba las pautas publicitarias estatales de cualquier medio que las tiene, ese medio desaparece. Con semejante afirmación se desvanece la escasa credibilidad que los medios de comunicación poseían, y se pone en tela de juicio aquello de la libertad de prensa para empezar a pensar en lo que no se dice, en aquella mordaza económica que el estado, al menos el provincial, ejerce sobre la independencia de opinión o información.
Otro botón del Gobernador fue cuando afirmó en Sarmiento que los sueños y utopías del pueblo chubutense eran fruto de su propia siembra, y una cosa es que se apropie de proyectos de otros para su propio crecimiento político y otra cosa es que hasta los sueños, hasta las utopías le pertenezcan.
Pero tengo una teoría no comprobada científicamente que bien podría incluir en la sección del Gallego y que expresa lo siguiente: Todo aquel que tiene poder mantendrá una distancia de las necesidades del pueblo en forma inversamente proporcional a la porción de poder que ejerce. Y es claro que conforme la porción de poder crezca mayores serán los obsecuentes que adulen las acciones de quien ejerce ese pedacito de poder.
Para graficar estas actitudes, quiero compartir con ustedes un Cuento popular de los Ashanti, un pueblo de África, que se llama:
LA CANCIÓN PARA EL NUEVO JEFE
Hubo un jefe de Agona que vivió y reinó muchos años, hasta que se hizo viejo y murió. La familia real eligió a otro jefe para reemplazarlo. Su nombre era Adoko y se sentía muy orgulloso de su nuevo cargo. La procesión que lo llevó hasta la Casa del Jefe era larga, tan larga como el camino desde Kivi hasta Koforidua. Los tambores marchaban delante y su ritmo decía “Adoko es grande, Adoko es sabio”.
Cuando llegaron a la ciudad, había una gran celebración. La gente bailaba en la calle. En su hamaca real, Adoko fue transportado por sus esclavos tres veces alrededor de la ciudad y finalmente se instaló en el trono real, que habían colocado delante de la Casa.
Muchos poetas habían llegado a la ciudad para la fiesta y todos entonaron sus canciones alabando al nuevo jefe. Por fin le llegó el turno al más anciano y más famoso de todos. Afinó su laúd y cantó así:
“Nuestro nuevo padre es Adoko,/ el que es grande de verdad: nuestro jefe anterior no tenía grandeza./ Nuestro nuevo padre es Adoko,/ el que es sabio de verdad: / nuestro jefe anterior no entendía nada./ Nuestro nuevo padre es Adoko,/ el que es generoso de verdad:/ nuestro jefe anterior era avaro./ El Gran Adoko está aquí,/ él juzgará con justicia / nuestro jefe anterior era injusto./ Nuestro jefe anterior se ha ido,/ solo sabía dormir y engordar / hasta que fue llamado por la muerte./ Pero el Gran Adoko duerme poco / él es nuestro buen padre / que velará por nosotros.”
Cuando Adoko escuchó esta canción, pensó: “En verdad soy el Gran Adoko y nadie lo dijo tan bien. Y mi primo, el jefe anterior ¿no fue acaso un pésimo líder? ¡Qué sabio es este anciano poeta!”
Muy satisfecho, honró al poeta con delicioso vino de palma, lo nombró Primer Cantante de Agona y le preguntó:
- ¿Quién compuso esa canción tan hermosa y tan sabia? ¿Fuiste tú?
- ¡Oh, no! – dijo el anciano poeta, que había visto subir y bajar del trono a muchos jefes – Es una canción muy antigua y la cantamos cada vez que un nuevo jefe llega a la ciudad. No hay más que cambiar el nombre.
Y cuando Adoko murió y otro jefe subió al trono en su lugar, un poeta cantó:
“Nuestro nuevo padre es Mahama / el que es grande de verdad: / nuestro jefe anterior no tenía grandeza...”
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Tras esta lectura, uno podría pensar que los poetas ashantis son acomodaticios y que se entibian en las cercanías del poder, pero lo que nos enseña este cuento es que justamente la vanidad es uno de los peores vicios del ser humano, y que la adulación es la que alimenta a la vanidad. Y más, aquello de olvidar o defenestrar al que estuvo antes en vez de aprender de los errores y crecer, es una constante incluso en nuestros días cuando el que asume habla de pesadas herencias o de deudas anteriores, o de corrupción e investigaciones que quedan en el olvido conforme pasa el tiempo.
Un proverbio danés dice que la adulación es como la sombra: no nos hace mas chicos ni mas grandes.
Groucho Marx dijo alguna vez que “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados”, y me parece que tiene razón.
Y para muestra bastan dos botones: Esta semana el Gobernador Mario Das Neves dijo que si retiraba las pautas publicitarias estatales de cualquier medio que las tiene, ese medio desaparece. Con semejante afirmación se desvanece la escasa credibilidad que los medios de comunicación poseían, y se pone en tela de juicio aquello de la libertad de prensa para empezar a pensar en lo que no se dice, en aquella mordaza económica que el estado, al menos el provincial, ejerce sobre la independencia de opinión o información.
Otro botón del Gobernador fue cuando afirmó en Sarmiento que los sueños y utopías del pueblo chubutense eran fruto de su propia siembra, y una cosa es que se apropie de proyectos de otros para su propio crecimiento político y otra cosa es que hasta los sueños, hasta las utopías le pertenezcan.
Pero tengo una teoría no comprobada científicamente que bien podría incluir en la sección del Gallego y que expresa lo siguiente: Todo aquel que tiene poder mantendrá una distancia de las necesidades del pueblo en forma inversamente proporcional a la porción de poder que ejerce. Y es claro que conforme la porción de poder crezca mayores serán los obsecuentes que adulen las acciones de quien ejerce ese pedacito de poder.
Para graficar estas actitudes, quiero compartir con ustedes un Cuento popular de los Ashanti, un pueblo de África, que se llama:
LA CANCIÓN PARA EL NUEVO JEFE
Hubo un jefe de Agona que vivió y reinó muchos años, hasta que se hizo viejo y murió. La familia real eligió a otro jefe para reemplazarlo. Su nombre era Adoko y se sentía muy orgulloso de su nuevo cargo. La procesión que lo llevó hasta la Casa del Jefe era larga, tan larga como el camino desde Kivi hasta Koforidua. Los tambores marchaban delante y su ritmo decía “Adoko es grande, Adoko es sabio”.
Cuando llegaron a la ciudad, había una gran celebración. La gente bailaba en la calle. En su hamaca real, Adoko fue transportado por sus esclavos tres veces alrededor de la ciudad y finalmente se instaló en el trono real, que habían colocado delante de la Casa.
Muchos poetas habían llegado a la ciudad para la fiesta y todos entonaron sus canciones alabando al nuevo jefe. Por fin le llegó el turno al más anciano y más famoso de todos. Afinó su laúd y cantó así:
“Nuestro nuevo padre es Adoko,/ el que es grande de verdad: nuestro jefe anterior no tenía grandeza./ Nuestro nuevo padre es Adoko,/ el que es sabio de verdad: / nuestro jefe anterior no entendía nada./ Nuestro nuevo padre es Adoko,/ el que es generoso de verdad:/ nuestro jefe anterior era avaro./ El Gran Adoko está aquí,/ él juzgará con justicia / nuestro jefe anterior era injusto./ Nuestro jefe anterior se ha ido,/ solo sabía dormir y engordar / hasta que fue llamado por la muerte./ Pero el Gran Adoko duerme poco / él es nuestro buen padre / que velará por nosotros.”
Cuando Adoko escuchó esta canción, pensó: “En verdad soy el Gran Adoko y nadie lo dijo tan bien. Y mi primo, el jefe anterior ¿no fue acaso un pésimo líder? ¡Qué sabio es este anciano poeta!”
Muy satisfecho, honró al poeta con delicioso vino de palma, lo nombró Primer Cantante de Agona y le preguntó:
- ¿Quién compuso esa canción tan hermosa y tan sabia? ¿Fuiste tú?
- ¡Oh, no! – dijo el anciano poeta, que había visto subir y bajar del trono a muchos jefes – Es una canción muy antigua y la cantamos cada vez que un nuevo jefe llega a la ciudad. No hay más que cambiar el nombre.
Y cuando Adoko murió y otro jefe subió al trono en su lugar, un poeta cantó:
“Nuestro nuevo padre es Mahama / el que es grande de verdad: / nuestro jefe anterior no tenía grandeza...”
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Tras esta lectura, uno podría pensar que los poetas ashantis son acomodaticios y que se entibian en las cercanías del poder, pero lo que nos enseña este cuento es que justamente la vanidad es uno de los peores vicios del ser humano, y que la adulación es la que alimenta a la vanidad. Y más, aquello de olvidar o defenestrar al que estuvo antes en vez de aprender de los errores y crecer, es una constante incluso en nuestros días cuando el que asume habla de pesadas herencias o de deudas anteriores, o de corrupción e investigaciones que quedan en el olvido conforme pasa el tiempo.
Un proverbio danés dice que la adulación es como la sombra: no nos hace mas chicos ni mas grandes.
Groucho Marx dijo alguna vez que “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados”, y me parece que tiene razón.





