fin de semana
Me ha llegado el modem de 20 megas, pero no hay manera de instalarlo. No lo logró mi hermano ni siquiera hablando con el técnico, ni el novio de mi hermana que para más INRI es informático, así que llevo 2 días sin conexión. Funcionó esta mañana (domingo) durante media hora, pero después se fue la luz y no volvió a funcionar, a pesar de que intentamos arreglarlo, así que no sé cuando podré subir lo que escriba.
El viernes no pude resistirme y me fui de rebajas. Había hecho el examen del cap que me salió del carajo (léase –muy bien-). Y como me tuve que perder la clase de danza del vientre por culpa del puto examen, y no sabía qué hacer el resto de la tarde llamé a Nati, que estaba en Bershka y decía que había un montón de ropa wapa a buen precio y mis piernas fueron más veloces que mi voluntad. En quince minutos estaba delante de un espejo probándome 15 prendas una detrás de otra. Sí, soy una persona compulsiva, y no cumplo mis propósitos. Lo sé. Al final como me sentía un poco culpable porque no estoy ahorrando nada, me contuve y sólo me compré una camiseta ¡monísima!.
Luego fui a ver a mi abuela, que la han operado de un pie, pero está estupenda, como siempre. Y como seguía aburrida pues llamé a David (léase “Deivid”) a ver qué hacía. David, o Deivid, es mi amor, que últimamente está un poco insoportable porque tiene unas oposiciones dentro de una semana. Insistió en que fuera a su casa a ver una película, todo esto a mí me sonaba un tanto extraño, ya que a una semana del examen lo veía demasiado agradable y tranquilo, por lo cual deduje que en realidad quería desahogarse con alguien y pensé que esa no iba a ser yo. Primero porque bastante tengo con mis preocupaciones como para aguantar las de los demás (es decir, bastante histérica soy yo por mí misma, como para que me pongan más histérica todavía); y segundo porque Carmen me había llamado diciendo que venía de camino desde Málaga y que teníamos que salir de marcha porque había quedado con Javi (su novio), que la estaría esperando y tenía ganas de estar también conmigo. Así que fui un rato a casa de David, que estaba menos insoportable de lo que esperaba, para mi sorpresa, y un poco soba. Y luego vino Carmen a por mí.
Llegamos a donde ella había quedado con Javi. Y no nos hizo falta entrar. Javi y Marcos estaban en la calle con los tercios de cerveza, y los ojos entornados. Es decir, borrachos como cubas. La música del garito (heavy) se oía en toda la calle. Carmen se enfadó con Javi porque él estaba borracho y decía que se iba porque al día siguiente tenían partido. Mientras hacían las paces yo me quedé un poco así ¿?, no sabía de que hablar con Marcos porque él no hacía más que reírse, le preguntaba algo y se quedaba pillao, no me contestaba y cuando él me preguntaba a mí dije la verdad y le sentó un poco mal. No sé qué me pasa con Marcos. Bueno, sí lo sé. Que Carmen y los amigos de Javi salen siempre en plan “parejitas” y nos quedamos descolgados Marcos y yo, acabamos hablando de chorradas y no sé. Otros días me dio la sensación de que yo le gustaba porque se me queda mirando con cara de bobo y porque cuando quiere hablar de alguien que le gusta siempre se confunde y en vez de decir el nombre de la chavala dice Malena (que soy yo). No quiero dar crédito a esta teoría porque cuando ocurre todo esto ya han pasado por sus manos varios botellines de zumo de cebada. En fin, que Marcos se empeñó en ir a un bareto que a mí no me gusta nada porque hay que estar sentado y Javi decía que se iba a casa, así que Carmen y yo nos fuimos a otro lado pero nos aburrimos un poco, porque ella estaba preocupada porque dice que Javi pasa de ella. Y yo cansada del examen y las rebajas.
Ayer (sábado) fui a un bar con parte de mi “consejo de sabios”: Sarita, Nati y Alberto. Ap, y el novio de Nati, que se llama Álvaro. Pero nada, lo pasamos bien. Llevaba casi toda la tarde con Sara, estuve en su casa (porque ella ya tiene casa propia, no como otras que siguen viviendo con los papás). Me invitó a merendar. Estuvimos rajando un rato de los tíos, diciendo que son todos unos flojos y poco más porque yo estaba algo cansada (estoy dejando el café). Por la noche llegamos al garito y estaba petado, todo lleno de humo, y de gente que nos señaló (¿cómo se puede ser tan descarado?). Buena música, ambiente excelente, nos invitó a beber el jefe… Pero las ganas de pillar la cama pudo con nosotros. Nos contamos poco.
Hoy me he leído un libro de Jorge Bucay que venía de oferta en los coleccionables esos de los quioscos y me ha dejado algo pensativa. No es que el tío escriba del carajo (léase-muy bien-), sólo que te cuenta como parábolas que tienes que interpretar. El libro se llama Cuentos para pensar y la verdad es que sí que te deja pensando. Ayer había empezado otro que se llama Lobas de mar de Zoé Valdés (también de ofertas de colecciones), pero la tía escribe un poco regular. Quiero decir, que no me aportó nada.
Llevo todo el fin de semana sin gafas porque el viernes me las dejé en casa de David y no he tenido ganas de volver a por ellas. También me dejé el bote de las lentillas (me dejé un bolso lleno de cosas). Así que llevo todo el fin de semana como drogada, ya que como he dicho antes, he dejado el café, lo cual me tiene en estado de semiinconsciencia. Y encima veo borroso a poco más de un metro. Imaginad qué sensación.
El viernes no pude resistirme y me fui de rebajas. Había hecho el examen del cap que me salió del carajo (léase –muy bien-). Y como me tuve que perder la clase de danza del vientre por culpa del puto examen, y no sabía qué hacer el resto de la tarde llamé a Nati, que estaba en Bershka y decía que había un montón de ropa wapa a buen precio y mis piernas fueron más veloces que mi voluntad. En quince minutos estaba delante de un espejo probándome 15 prendas una detrás de otra. Sí, soy una persona compulsiva, y no cumplo mis propósitos. Lo sé. Al final como me sentía un poco culpable porque no estoy ahorrando nada, me contuve y sólo me compré una camiseta ¡monísima!.
Luego fui a ver a mi abuela, que la han operado de un pie, pero está estupenda, como siempre. Y como seguía aburrida pues llamé a David (léase “Deivid”) a ver qué hacía. David, o Deivid, es mi amor, que últimamente está un poco insoportable porque tiene unas oposiciones dentro de una semana. Insistió en que fuera a su casa a ver una película, todo esto a mí me sonaba un tanto extraño, ya que a una semana del examen lo veía demasiado agradable y tranquilo, por lo cual deduje que en realidad quería desahogarse con alguien y pensé que esa no iba a ser yo. Primero porque bastante tengo con mis preocupaciones como para aguantar las de los demás (es decir, bastante histérica soy yo por mí misma, como para que me pongan más histérica todavía); y segundo porque Carmen me había llamado diciendo que venía de camino desde Málaga y que teníamos que salir de marcha porque había quedado con Javi (su novio), que la estaría esperando y tenía ganas de estar también conmigo. Así que fui un rato a casa de David, que estaba menos insoportable de lo que esperaba, para mi sorpresa, y un poco soba. Y luego vino Carmen a por mí.
Llegamos a donde ella había quedado con Javi. Y no nos hizo falta entrar. Javi y Marcos estaban en la calle con los tercios de cerveza, y los ojos entornados. Es decir, borrachos como cubas. La música del garito (heavy) se oía en toda la calle. Carmen se enfadó con Javi porque él estaba borracho y decía que se iba porque al día siguiente tenían partido. Mientras hacían las paces yo me quedé un poco así ¿?, no sabía de que hablar con Marcos porque él no hacía más que reírse, le preguntaba algo y se quedaba pillao, no me contestaba y cuando él me preguntaba a mí dije la verdad y le sentó un poco mal. No sé qué me pasa con Marcos. Bueno, sí lo sé. Que Carmen y los amigos de Javi salen siempre en plan “parejitas” y nos quedamos descolgados Marcos y yo, acabamos hablando de chorradas y no sé. Otros días me dio la sensación de que yo le gustaba porque se me queda mirando con cara de bobo y porque cuando quiere hablar de alguien que le gusta siempre se confunde y en vez de decir el nombre de la chavala dice Malena (que soy yo). No quiero dar crédito a esta teoría porque cuando ocurre todo esto ya han pasado por sus manos varios botellines de zumo de cebada. En fin, que Marcos se empeñó en ir a un bareto que a mí no me gusta nada porque hay que estar sentado y Javi decía que se iba a casa, así que Carmen y yo nos fuimos a otro lado pero nos aburrimos un poco, porque ella estaba preocupada porque dice que Javi pasa de ella. Y yo cansada del examen y las rebajas.
Ayer (sábado) fui a un bar con parte de mi “consejo de sabios”: Sarita, Nati y Alberto. Ap, y el novio de Nati, que se llama Álvaro. Pero nada, lo pasamos bien. Llevaba casi toda la tarde con Sara, estuve en su casa (porque ella ya tiene casa propia, no como otras que siguen viviendo con los papás). Me invitó a merendar. Estuvimos rajando un rato de los tíos, diciendo que son todos unos flojos y poco más porque yo estaba algo cansada (estoy dejando el café). Por la noche llegamos al garito y estaba petado, todo lleno de humo, y de gente que nos señaló (¿cómo se puede ser tan descarado?). Buena música, ambiente excelente, nos invitó a beber el jefe… Pero las ganas de pillar la cama pudo con nosotros. Nos contamos poco.
Hoy me he leído un libro de Jorge Bucay que venía de oferta en los coleccionables esos de los quioscos y me ha dejado algo pensativa. No es que el tío escriba del carajo (léase-muy bien-), sólo que te cuenta como parábolas que tienes que interpretar. El libro se llama Cuentos para pensar y la verdad es que sí que te deja pensando. Ayer había empezado otro que se llama Lobas de mar de Zoé Valdés (también de ofertas de colecciones), pero la tía escribe un poco regular. Quiero decir, que no me aportó nada.
Llevo todo el fin de semana sin gafas porque el viernes me las dejé en casa de David y no he tenido ganas de volver a por ellas. También me dejé el bote de las lentillas (me dejé un bolso lleno de cosas). Así que llevo todo el fin de semana como drogada, ya que como he dicho antes, he dejado el café, lo cual me tiene en estado de semiinconsciencia. Y encima veo borroso a poco más de un metro. Imaginad qué sensación.





