El tren
Que agradable es ir en el tren mirando hacia atrás, viendo como se aleja el punto de partida, siento que así se va la vida, ante nuestros ojos, sin poder detenerla, se va por la vía que se hace pequeña en ese recorrido que se queda, que parece no tener fin, y que ya solo es un punto, volteo y el camino es diferente ante la real presencia del futuro, en este camino donde se que no llegamos a ninguna parte. Cuando el tren se va sin nosotros aprendemos que la nostalgia es buena compañera, que a su lado nacen los deseos por lo añorado. En ese tren se va media vida, una parte de nosotros es arrancada de tajo por un sentimiento, pensamos que ya nada es igual y quedamos sentados en aquella estación donde lo que suceda ya no importa, viene además la tristeza a preguntarnos si ha de quedarse mucho tiempo con nosotros, ante esta crueldad que miro, no puedo mas que recordar, veo aquellas cosas y me pregunto por la algarabía de los buenos tiempos, y en la siguiente estación me regreso. No hay mas viaje de ida, aquí es mi lugar, el destino puede esperar, y el tren se va sin mí. Pero en su viaje me lleva dormido dentro, con mis sueños de vivir, de crecer, y todo lo mío va perdido al lugar lejano donde nunca pude ir.
Así se inventa una doble vida, en ese momento donde nos fragmentamos para ser ambos lados de una persona rota, un ser que no pertenece aquí ni allá, por que se queda en carne, pero se va en espíritu, mirando la vía que cada vez es mas angosta y se pierde en lo lejano, viendo como veo yo, el que se va.
El otro, el cobarde es el que regresa, se queda, calla y se corrompe con los años muertos, con las ideas marchitas, y sin alma, sin espíritu para luchar por la huida, por aquel lugar soñado donde nunca ha de ir.
Que agradable es ir en el tren mirando hacia atrás, donde podemos tapar la distancia con un dedo, cuando miramos fijamente aquellas cosas que ya no alcanzamos y se van por ese punto lejano, se las come el tiempo en aquella lejanía, así se traslada todo a un nuevo entorno, un horizonte que de ver de lado quisiéramos, pero yo miro hacia atrás y no vuelvo mas, entiendo entonces la falta que me hace todo aquello que se queda, la parte que dejé, siempre que me voy, y siento el vacío de las personas y alguna vez también, deseo el ayer, el ayer también se queda, por que es cobarde, como la otra parte de mi, todo mi pasado muere al alejarme de aquel lugar, cuando parto se refleja un estado de conciencia diferente y abandono todo, hasta los inmemoriales tiempos de mis ancestros, dejo incluso la muerte que me aguarda fuera de mi casa desierta hoy sin mi, tonta muerte por que andando encontraría mi rastro perdido entre las vías, entre sabandijas silenciosas, bocas que no hablan palabras que dijeran hacia donde al fin me fui, ahí sabría que soy fugas, que soy lejano, que sus actos de dolor ya no me alcanzan, entonces tarde encontraría mi cuerpo dejado en aquel olvido, y se conformaría con ese vil despojo, que aunado a todas las cosas quedo tirado a la vera del camino de este tren donde voy mirando y riendo recordando, sintiendo, diciendo. ¡Que agradable es ir en el tren mirando hacia atrás!
Así se inventa una doble vida, en ese momento donde nos fragmentamos para ser ambos lados de una persona rota, un ser que no pertenece aquí ni allá, por que se queda en carne, pero se va en espíritu, mirando la vía que cada vez es mas angosta y se pierde en lo lejano, viendo como veo yo, el que se va.
El otro, el cobarde es el que regresa, se queda, calla y se corrompe con los años muertos, con las ideas marchitas, y sin alma, sin espíritu para luchar por la huida, por aquel lugar soñado donde nunca ha de ir.
Que agradable es ir en el tren mirando hacia atrás, donde podemos tapar la distancia con un dedo, cuando miramos fijamente aquellas cosas que ya no alcanzamos y se van por ese punto lejano, se las come el tiempo en aquella lejanía, así se traslada todo a un nuevo entorno, un horizonte que de ver de lado quisiéramos, pero yo miro hacia atrás y no vuelvo mas, entiendo entonces la falta que me hace todo aquello que se queda, la parte que dejé, siempre que me voy, y siento el vacío de las personas y alguna vez también, deseo el ayer, el ayer también se queda, por que es cobarde, como la otra parte de mi, todo mi pasado muere al alejarme de aquel lugar, cuando parto se refleja un estado de conciencia diferente y abandono todo, hasta los inmemoriales tiempos de mis ancestros, dejo incluso la muerte que me aguarda fuera de mi casa desierta hoy sin mi, tonta muerte por que andando encontraría mi rastro perdido entre las vías, entre sabandijas silenciosas, bocas que no hablan palabras que dijeran hacia donde al fin me fui, ahí sabría que soy fugas, que soy lejano, que sus actos de dolor ya no me alcanzan, entonces tarde encontraría mi cuerpo dejado en aquel olvido, y se conformaría con ese vil despojo, que aunado a todas las cosas quedo tirado a la vera del camino de este tren donde voy mirando y riendo recordando, sintiendo, diciendo. ¡Que agradable es ir en el tren mirando hacia atrás!





