Viva mi Desgracia
Cuando niño, quise crecer, ser mayor y alcanzar las estrellas, su brillo me ilusionaba creía que su valor era inmenso, anhelaba las cosas que nadie tenia, el mar, el sol, las estrellas, la lluvia, el cielo, corría presuroso tras un sueño donde estas cosas se me revelaban, me inclinaba deseoso que dios con su inmenso poder me regalara algo que cupiera dentro de mi corazón, que llenara mis sentidos y que me hiciera mas grande, que la vida cediera un poco de todo aquello con lo que soñaba, pero nunca tuve respuesta, nunca pude poseer ni guardar, entonces sufría amargamente mi desdicha, y el deseo de fortuna fue decreciendo. Pero un día andando sobre mis pasos, descubrí que tras de mi había una imagen difusa, que a cada momento me veía con ojos de inquietud. El nuevo sentimiento que aun desconocía se apodero de mi ser, me absorbió y sedujo con tal violencia que todos mis deseos callaron ante la magnitud de su presencia
Fue entonces que descubrí todos los tesoros encerrados en una sola identidad, todos ellos juntos conformados en una esencia, tal y como lo puede idealizar un ser humano. Era ella…
¿Cuantas cosas se pueden escribir de una mujer?, de ese ser que nos acompaña tras nuestro y que a cada momento nos brinda su protección, de una mujer natural, que sus ojos son como estrellas y su pelo como la lluvia lenta y perfumada, ¿cuanto podemos decir de una mujer que nos ama?, ¿cuantas cosas podemos escribir de una mujer que amamos intensamente? Creo que no terminaríamos jamás, que llenaríamos de las mismas cosas libros enteros, sin en cambio, que poco las conocemos, rondan todo, lo poseen todo, existen y van de aquí para allá, huelen rico y son adorables pero ¿de que son? De niño creía que eran de puro amor, que estaban hechas por dios. Más hoy he descubierto una gran verdad. “A las mujeres las inventamos los hombres”. Si, las hicimos de canciones, las pusimos tan alto que desde aquí les cantamos ebrios, y ya no se quieren bajar de ahí, adornamos su frente con besos que se transforman en flores, que cuando caen tendremos que recoger y al voltear ya no están, se van a quien sabe donde, les dimos muchas cosas de variadas texturas para seducirnos, para provocar nuestra fragilidad, somos nosotros los que escogemos su atuendo exquisito, las armas con las que nos oprimen se las hemos dado nosotros, el látigo que inventamos fue para ponerlo cariñosamente en sus manos, y con el nos azotan. Hoy he descubierto que cada hombre que sufre por el amor de una mujer debe culparse a si mismo, basta pensar que todo lo que un hombre diga será algún día usado en su contra. También debo decir que esto que escribo arderá junto con cada cosa que piense en adelante, todo mundo debe saber que escribo conciente de que corro peligro de ser seducido por alguna mujer, son verdaderamente peligrosas en este aspecto, y que quizá este texto deba modificarse a beneplácito de aquella que de con mi identidad secreta.
Me despido martes de agosto, temo por todos y se que poco a poco recuperaremos terreno, hoy en la noche lloverá y tal vez debamos fingir una vez mas. Animo
Atte. uno mas que las ama
Fue entonces que descubrí todos los tesoros encerrados en una sola identidad, todos ellos juntos conformados en una esencia, tal y como lo puede idealizar un ser humano. Era ella…
¿Cuantas cosas se pueden escribir de una mujer?, de ese ser que nos acompaña tras nuestro y que a cada momento nos brinda su protección, de una mujer natural, que sus ojos son como estrellas y su pelo como la lluvia lenta y perfumada, ¿cuanto podemos decir de una mujer que nos ama?, ¿cuantas cosas podemos escribir de una mujer que amamos intensamente? Creo que no terminaríamos jamás, que llenaríamos de las mismas cosas libros enteros, sin en cambio, que poco las conocemos, rondan todo, lo poseen todo, existen y van de aquí para allá, huelen rico y son adorables pero ¿de que son? De niño creía que eran de puro amor, que estaban hechas por dios. Más hoy he descubierto una gran verdad. “A las mujeres las inventamos los hombres”. Si, las hicimos de canciones, las pusimos tan alto que desde aquí les cantamos ebrios, y ya no se quieren bajar de ahí, adornamos su frente con besos que se transforman en flores, que cuando caen tendremos que recoger y al voltear ya no están, se van a quien sabe donde, les dimos muchas cosas de variadas texturas para seducirnos, para provocar nuestra fragilidad, somos nosotros los que escogemos su atuendo exquisito, las armas con las que nos oprimen se las hemos dado nosotros, el látigo que inventamos fue para ponerlo cariñosamente en sus manos, y con el nos azotan. Hoy he descubierto que cada hombre que sufre por el amor de una mujer debe culparse a si mismo, basta pensar que todo lo que un hombre diga será algún día usado en su contra. También debo decir que esto que escribo arderá junto con cada cosa que piense en adelante, todo mundo debe saber que escribo conciente de que corro peligro de ser seducido por alguna mujer, son verdaderamente peligrosas en este aspecto, y que quizá este texto deba modificarse a beneplácito de aquella que de con mi identidad secreta.
Me despido martes de agosto, temo por todos y se que poco a poco recuperaremos terreno, hoy en la noche lloverá y tal vez debamos fingir una vez mas. Animo
Atte. uno mas que las ama
Un poema para mi corazón
Quisiera que el tiempo en que miramos juntos esa lluvia fuera eterno,
Que viniera a mí como aquella tarde gris en que tus manos yo besaba
Mi corazón se desgarra cada que lo pienso,
Miro aquellas cosas y te recuerdo, te escribo.
Besa mis manos dolor de antaño que aun no muero,
Mata lentamente como solo tú sabes hacerlo
Mátame donde sea, parado al fin del mundo, o viendo lo lejano
Ahí donde tu dolor y el mío eran iguales,
Mata mis años y mi vida de recuerdos vanos,
Tienta las heridas que me has hecho por amarte tanto,
Tira a los escombros mi cuerpo ya desecho de amargura y soledad eternas,
Besa mis manos dolor de antaño que aun no muero
Dale al dolor desconsolado mis ganas de vivir
Grita tu voz al viento por mil nombres nunca dichos
Corre desbocado cual galope temeroso de mi fin
Que tus plantas pisen todas las palabras que te dije un día
No olvides algo dentro de esta tierra de tortuoso desengaño
Y no me pidas nada ya, que he dejado de sufrir
Por que aun así, después de muerto nunca te deje de amar
Besa mis manos dolor de antaño
Bésalas.
Que viniera a mí como aquella tarde gris en que tus manos yo besaba
Mi corazón se desgarra cada que lo pienso,
Miro aquellas cosas y te recuerdo, te escribo.
Besa mis manos dolor de antaño que aun no muero,
Mata lentamente como solo tú sabes hacerlo
Mátame donde sea, parado al fin del mundo, o viendo lo lejano
Ahí donde tu dolor y el mío eran iguales,
Mata mis años y mi vida de recuerdos vanos,
Tienta las heridas que me has hecho por amarte tanto,
Tira a los escombros mi cuerpo ya desecho de amargura y soledad eternas,
Besa mis manos dolor de antaño que aun no muero
Dale al dolor desconsolado mis ganas de vivir
Grita tu voz al viento por mil nombres nunca dichos
Corre desbocado cual galope temeroso de mi fin
Que tus plantas pisen todas las palabras que te dije un día
No olvides algo dentro de esta tierra de tortuoso desengaño
Y no me pidas nada ya, que he dejado de sufrir
Por que aun así, después de muerto nunca te deje de amar
Besa mis manos dolor de antaño
Bésalas.





