Aquellas pequeñas cosas
¿Que diría Serrat si nos viera llorando? Partiendo el tiempo en rebanadas, aquel espacio donde se quedan los sobrecitos de papel, perfumes de ayer, las fotos, mis tías, mis queridas tías, mi casa y todo esto que llevo como cargando un bulto. A veces pienso que el pasado nos deforma y nos va llevando lejos del lugar que soñamos, aquel que decía don Genaro, ese lugar imaginario llamado Ixtlan, ninguna parte, ningún lugar.
¿Que diría Serrat? Si nos encontrara deambulando por los libros y las notas, callados y contemplando una vieja carta borrada en ratos de sol, de manos que la oprimen hasta destrozarla,
¿Que diría?... Me imagino tantas cosas y de pronto viene a mi la música cargada con este regalo para mis oídos y al fin se que nos diría Serrat ante tal actitud.
Serrat simplemente nos diría:
Uno se cree
que los mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
Como un ladrón
te acechan detrás de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí...
Que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.
Letra y Música de J.M. Serrat
Gracias Juanito.
¿Que diría Serrat? Si nos encontrara deambulando por los libros y las notas, callados y contemplando una vieja carta borrada en ratos de sol, de manos que la oprimen hasta destrozarla,
¿Que diría?... Me imagino tantas cosas y de pronto viene a mi la música cargada con este regalo para mis oídos y al fin se que nos diría Serrat ante tal actitud.
Serrat simplemente nos diría:
Uno se cree
que los mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.
Como un ladrón
te acechan detrás de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí...
Que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.
Letra y Música de J.M. Serrat
Gracias Juanito.
a mi amante
Sol, agua, brisa marina, playa de encanto, que lejos estamos ya, la alegría de permanecer sumidos en ti en tus tardes de fiesta, lejos de la ciudad.
Recuerdo aquel día en que me encontré con aquellos compañeros de escuela, jugamos toda la tarde allá, no sentí correr el tiempo gracias a la algarabía del momento, desde lejos incluso ensayaban a poner la música tan alto que la escuchamos extasiados y al ritmo conjugamos todo aquello, sentí una extraña felicidad debido a que nunca encontraba el ritmo de la vida y gustaba de ser un solitario, en mi mar, en mis tardes sin ruido y pensaba entonces ya, cuan lejos podemos ir a través de aquellas aguas, flotando en espíritu o dejándonos ir hasta el fondo del océano. Fue un día perfecto que aun busco dentro de mis ratos infelices, ya pocos pero dolorosos, entonces era joven y ellos novios, amigos y compañeros inseparables entre los tres, nunca mas que ese día nos hicimos falta, me conocieron un poco y yo a ellos, mas tarde ya en la casa de ahí cerca tomamos una cuba y vacilamos al pensar, que el amor de los tres que se querían era bueno, entonces no sabíamos nada, teníamos quince años, todo era juego, todo, incluso el amor. El amor de mi vida le cantaba uno a ella, el otro le hacia masaje en los hombros, hasta yo lo creí, antes no sabia nada, lo poco que se hoy lo se gracias al ayer, a lo que viví a lo que aprendí creyendo en el juego de aquellos días una y otra vez. Terminado el verano nos vimos en la escuela, pero había una barrera ya impenetrable entre todos. Sentado en una barda seguí observando a los que jugaban fútbol, y a los que correteaban tras un impulso, tras un reflejo quizá, nunca supe por que corrían, les temía y me alejaba pensativo en que me podíeran tirar, pero mas aun ensuciarme, sentado se acercaban a mi, me buscaban ya para decirme algo para preguntarme cosas de algebra o de sentimientos, o para retarme a una pelea, entonces nada me gustaba mas que el olor de la sangre, del tumulto formado por una pelea, peleaba con todos, con los mas atrevidos, los que querían sentir algo de estimulación guerrera. Nunca gane, en todas las ocasiones agitado y ya sin fuerza para seguir, me rendía, entonces el otro se alzaba con el triunfo, con aquel momento que nunca me sirvió, que detestaba, que sabia a dolor físico y moral. A veces caía a la dirección, pero ahí me adoraban, me regañaban quedito, y me hacían jurar que ya me portaría bien, me dejaban ir. En el salón era risueño y siempre participaba, pero mis sarcasmos ponían fuera de tono el orden, la maestra de Español, me sentaba en su escritorio, a vigilar a los latosos, y se oían las protestas, decían que no había mas latoso que yo, cuando se salía al tiempo me enfundaba su abrigo y bufanda e imitando su voz y sus actos ponía al grupo a llorar de risa, una vez me pregunto la razón por la que no me portaba bien, sentí como me veía desde fuera, sentí ser un inadaptado social, pero no me importo. Una amiga mia me decía “bandido”, -robas con la mirada, de tus ojos sale mucho amor o mucho odio-, “bandido”, y me besaba, hoy yo mismo no se por que no puedo portarme bien, no lo se verdaderamente. No entendía el amor, no comprendía las reglas del amor, cuando encontré a aquellos y sentí su amor de tres no pude más que creer que una mujer no era feliz sin dos hombres a su lado, que la quisieran, mimaran atendieran y jugaran pelota entre los tres.
Quince anos tenia, no había sexo, no había celos, el sexo trae consigo muchas barbaridades, porque jugar a la pelota y besar una chica dos chicos a los quince, hace treinta años, era un juego, pero si la besas a los veinticinco y esta comprometida seguramente tendrás problemas, pensaran que quieres sexo.
Cuando una mujer se entrega sexualmente a dos hombres al mismo tiempo se llama “ménage à trois” situación apenas comprensible hoy por jóvenes de quince, y en una sociedad como la nuestra, es señalado con el índice de mas de una secta de puritanos.
¿Pero que pasa cuando ella esta casada?, es algo prohibido, es pecado, se convierte en una historia intrigante llena de percances y desdichas, hay pasión, y todo un proceso de lucha entre tres desconocidos y aunque presienten su existencia no se conocen. Pero se intuyen.
Bonito todo esto para mi gusto en ideas, en aquellos tiempos la ternura para con los jóvenes me hubiera gustado para toda la vida. Pero con el tiempo las cosas y la vida cambian, Viene al caso citar a Facundo Cabral, cuando dice:
He llegado tarde a la repartición de la vida
Porque antes que naciera las cosas eran de otro
El Gernika de Picasso
Sofía Loren de Carlo Ponti
Hojas de hierba de Whitman
Tristán e Isolda de Wagner
Si una mujer me gusta, esta de novia o casada
Si soy ladrón es por culpa de la propiedad privada.
Este sencillo poema encierra una verdad innegable, mi razón de ser me obliga a defenderlo y hacerlo mió, me recuerda mi juventud alejada del verdadero amor, de mis amores prohibidos con chicas que tenían novio, “bandido de los ojos verdes”, me sitúa en mi barda de observación, desde donde clavaba miradas en curvas recién formadas. “Alejaos de ese, decían a las amigas que platicaban conmigo en el descanso”, -es malo-. Malo, ¡eso es!, ¿por que eres malo?, era la pregunta que me desnudo aquel día cuando la maestra me interrogaba. -He llegado tarde-, quizá hubiera sido una buena respuesta, o tal ves –Soy ladrón de risas y ratos que le pertenecen, pero que nunca utiliza-, no se, era joven entonces.
He crecido en años, y según veo dentro en mi no ha cambiado nada, hoy me siento a contemplar la vida que pasa desnuda ante mi, con sus palabras viejas y gastadas, de cosas que ya viví desde siempre, la vida me enseña que los frutos de su árbol maduran y caen para reventar contra el suelo, y ante eso no puedo mas que pensar en robarlos para después comerlos, en aquella soledad donde me refugio para después salir nuevamente a la caza, al encuentro con alguna dama de sutil encanto. Hoy las señoras de noventa me miran a la cara y me dicen “peligroso”, -usted es un hombre peligroso, pórtese bien- finjo ignorar a que se refieren, pero el duende que duerme en mi, cuando todo esta aburrido se agita en espera de algún premio, de alguna idea malsana que pudiera surgir de la mente del ladrón, del que mas de una vez ha parado en el suelo por una mujer. Por una amante.
Recuerdo aquel día en que me encontré con aquellos compañeros de escuela, jugamos toda la tarde allá, no sentí correr el tiempo gracias a la algarabía del momento, desde lejos incluso ensayaban a poner la música tan alto que la escuchamos extasiados y al ritmo conjugamos todo aquello, sentí una extraña felicidad debido a que nunca encontraba el ritmo de la vida y gustaba de ser un solitario, en mi mar, en mis tardes sin ruido y pensaba entonces ya, cuan lejos podemos ir a través de aquellas aguas, flotando en espíritu o dejándonos ir hasta el fondo del océano. Fue un día perfecto que aun busco dentro de mis ratos infelices, ya pocos pero dolorosos, entonces era joven y ellos novios, amigos y compañeros inseparables entre los tres, nunca mas que ese día nos hicimos falta, me conocieron un poco y yo a ellos, mas tarde ya en la casa de ahí cerca tomamos una cuba y vacilamos al pensar, que el amor de los tres que se querían era bueno, entonces no sabíamos nada, teníamos quince años, todo era juego, todo, incluso el amor. El amor de mi vida le cantaba uno a ella, el otro le hacia masaje en los hombros, hasta yo lo creí, antes no sabia nada, lo poco que se hoy lo se gracias al ayer, a lo que viví a lo que aprendí creyendo en el juego de aquellos días una y otra vez. Terminado el verano nos vimos en la escuela, pero había una barrera ya impenetrable entre todos. Sentado en una barda seguí observando a los que jugaban fútbol, y a los que correteaban tras un impulso, tras un reflejo quizá, nunca supe por que corrían, les temía y me alejaba pensativo en que me podíeran tirar, pero mas aun ensuciarme, sentado se acercaban a mi, me buscaban ya para decirme algo para preguntarme cosas de algebra o de sentimientos, o para retarme a una pelea, entonces nada me gustaba mas que el olor de la sangre, del tumulto formado por una pelea, peleaba con todos, con los mas atrevidos, los que querían sentir algo de estimulación guerrera. Nunca gane, en todas las ocasiones agitado y ya sin fuerza para seguir, me rendía, entonces el otro se alzaba con el triunfo, con aquel momento que nunca me sirvió, que detestaba, que sabia a dolor físico y moral. A veces caía a la dirección, pero ahí me adoraban, me regañaban quedito, y me hacían jurar que ya me portaría bien, me dejaban ir. En el salón era risueño y siempre participaba, pero mis sarcasmos ponían fuera de tono el orden, la maestra de Español, me sentaba en su escritorio, a vigilar a los latosos, y se oían las protestas, decían que no había mas latoso que yo, cuando se salía al tiempo me enfundaba su abrigo y bufanda e imitando su voz y sus actos ponía al grupo a llorar de risa, una vez me pregunto la razón por la que no me portaba bien, sentí como me veía desde fuera, sentí ser un inadaptado social, pero no me importo. Una amiga mia me decía “bandido”, -robas con la mirada, de tus ojos sale mucho amor o mucho odio-, “bandido”, y me besaba, hoy yo mismo no se por que no puedo portarme bien, no lo se verdaderamente. No entendía el amor, no comprendía las reglas del amor, cuando encontré a aquellos y sentí su amor de tres no pude más que creer que una mujer no era feliz sin dos hombres a su lado, que la quisieran, mimaran atendieran y jugaran pelota entre los tres.
Quince anos tenia, no había sexo, no había celos, el sexo trae consigo muchas barbaridades, porque jugar a la pelota y besar una chica dos chicos a los quince, hace treinta años, era un juego, pero si la besas a los veinticinco y esta comprometida seguramente tendrás problemas, pensaran que quieres sexo.
Cuando una mujer se entrega sexualmente a dos hombres al mismo tiempo se llama “ménage à trois” situación apenas comprensible hoy por jóvenes de quince, y en una sociedad como la nuestra, es señalado con el índice de mas de una secta de puritanos.
¿Pero que pasa cuando ella esta casada?, es algo prohibido, es pecado, se convierte en una historia intrigante llena de percances y desdichas, hay pasión, y todo un proceso de lucha entre tres desconocidos y aunque presienten su existencia no se conocen. Pero se intuyen.
Bonito todo esto para mi gusto en ideas, en aquellos tiempos la ternura para con los jóvenes me hubiera gustado para toda la vida. Pero con el tiempo las cosas y la vida cambian, Viene al caso citar a Facundo Cabral, cuando dice:
He llegado tarde a la repartición de la vida
Porque antes que naciera las cosas eran de otro
El Gernika de Picasso
Sofía Loren de Carlo Ponti
Hojas de hierba de Whitman
Tristán e Isolda de Wagner
Si una mujer me gusta, esta de novia o casada
Si soy ladrón es por culpa de la propiedad privada.
Este sencillo poema encierra una verdad innegable, mi razón de ser me obliga a defenderlo y hacerlo mió, me recuerda mi juventud alejada del verdadero amor, de mis amores prohibidos con chicas que tenían novio, “bandido de los ojos verdes”, me sitúa en mi barda de observación, desde donde clavaba miradas en curvas recién formadas. “Alejaos de ese, decían a las amigas que platicaban conmigo en el descanso”, -es malo-. Malo, ¡eso es!, ¿por que eres malo?, era la pregunta que me desnudo aquel día cuando la maestra me interrogaba. -He llegado tarde-, quizá hubiera sido una buena respuesta, o tal ves –Soy ladrón de risas y ratos que le pertenecen, pero que nunca utiliza-, no se, era joven entonces.
He crecido en años, y según veo dentro en mi no ha cambiado nada, hoy me siento a contemplar la vida que pasa desnuda ante mi, con sus palabras viejas y gastadas, de cosas que ya viví desde siempre, la vida me enseña que los frutos de su árbol maduran y caen para reventar contra el suelo, y ante eso no puedo mas que pensar en robarlos para después comerlos, en aquella soledad donde me refugio para después salir nuevamente a la caza, al encuentro con alguna dama de sutil encanto. Hoy las señoras de noventa me miran a la cara y me dicen “peligroso”, -usted es un hombre peligroso, pórtese bien- finjo ignorar a que se refieren, pero el duende que duerme en mi, cuando todo esta aburrido se agita en espera de algún premio, de alguna idea malsana que pudiera surgir de la mente del ladrón, del que mas de una vez ha parado en el suelo por una mujer. Por una amante.





