preso y vagabundo de las muñecas
Cuando era niño imaginaba una celda y un preso acostado en un camastro, lo miraba siempre contemplando un reloj que colgaba de la pared, entonces no sabia nada del frío, no podía entender las razones por las que se pierde la libertad, solo era un preso con su traje rayado acostado esperando, yo pensaba en el muchísimas horas y hasta llegue a sentir una paz que dentro de mi imaginación existía en esa celda, un largo reposo sin nadie que te moleste, y sin ver a nadie, estar completamente solo, y pensar, pensar, solo pensar, día y noche, dando vueltas, y pensando luego escribir, escribir sin freno, miles y miles de cosas. A veces también jugaba a ser vagabundo, ataba un paliacate a un palo, le metía algo de ropa y partía con eso en el hombro, nunca llegaba lejos aunque la casa era enorme, iba de aquí para allá deambulaba y pensaba, pasaba por el lugar donde había una bruja y un general de guerra dentro de un hoyo de la pared de la iglesia y los saludaba, me sentía libre, yo era libre, el preso de mi mente no, el vagabundo y el preso eran todo lo contrario aunque creo que el preso también vagabundeaba por su infancia perdida, vagaba por ese reloj que marcaba las horas que pasaban sin detenerse ni un segundo, el vagabundo podía ver el sol, sentir el aire en la cara pintada con carbón simulando mi barba, tenia para tal juego un saco hecho a mi medida, era un vagabundo elegante, con un toque de aristocracia, mis juegos a veces eran solitarios, sobre todo cuando me sumía en mis silencios sagrados, duraba largos periodos sin decir una palabra, tenia la creencia que los adultos podían comunicarse con los ojos, con la mente y ver dentro de mi, pero no era cierto, y me dejaban finalmente en paz, lo que miraba a mi alrededor me gustaba para reinventarlo, hacer que los objetos y personas fueran de otro color y que estuvieran a mi alcance, tenia aversión por las personas feas, a mi corto entender todo era feo, a excepción de las muñecas que eran de incomparable belleza eran el ideal de algo que me acercaba a lo sublime, al amor por lo que mas tarde se convertiría en una sensación constante de admiración, de deseo, las mujeres hermosas, las muñecas eran lo único que me gustaba del mundo, de todo aquello que veía, pero no eran mías, así que los adultos las ponían tan alto que no las alcanzaba, y lloraba largo rato sintiendo que la vida era cruel y sin sentido. Observaba a los demás niños jugar y exagerar las cosas, aventarse de árboles lo mas alto que podían hasta lastimarse, se arrojaban lodo y pelotazos que en los días fríos dolían hasta el alma, entonces volvía a la tranquilidad de mi preso, recostado y pensativo, no sabia quien podía ser mas feliz, si el preso por estar sin hacer nada y tener el suficiente tiempo para pensar y escribir, o el vagabundo que podía disfrutar del sol y la libertad, pero lo que si sabia era que la libertad estaba dentro en mi pecho. Los dos eran vagabundos del alma, y presos del cuerpo, ambos sufrían una analogía que los llevaba de la mano y los hacia iguales, dentro en mi, separados solo por un transitorio estado de animo, y haciendo de mi niñez una razón mas para jugar a ser feliz.
Ha pasado un largo trecho de mi vida, el preso no le veo mas, lo he dejado escapar, partió con el vagabundo y nunca regresaron, de niño jugaba con las muñecas, hoy ellas juegan conmigo, con mis sentimientos, de niño las podía ver detenidamente y disfrutar sus encantos, hoy se han convertido en carne, son diferentes y no me entienden, sin embargo las amo, siguen siendo una melodía suave, un espacio donde se concentra lo bello del mundo, y por ellas escribo, tomo lo bueno de sus vidas y las llevo como algo sagrado guardado en el tiempo de mi niñez y de mis recuerdos.
El amor de dos.
Para sentir la vida en plenitud, ocasionalmente se nos presenta la puerta donde decidimos entrar para conversar con ese maravilloso sentimiento llamado amor. Mas en cualquiera de sus facetas podemos encontrar que a veces duele, o muere, o sencillamente se aburre de nosotros y se va. Ahí me encontré con el un día, y recordando la conversación que tuve con mi primer gran amor, esta respuesta a mi duda escuche de labios de mujer. De alguien que me amo, como solo aman los que entregan entero el corazón, la vida y el tiempo, ella al igual que cualquier mujer u hombre que haya sentido en plenitud el amor, pudieran haber dicho lo siguiente:
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Cuando lloras por cualquier cosa, de pronto todo se ilumina ante una idea un recuerdo sus ojos, su andar, sus manos, de pronto te asaltan mil dudas ¿tendrá novia?, ¿le gusto?, ¿piensa en mi?, ¿que le digo?, ¿cuando nació a que hora?, ¿como se llama?, ¿me quiere no me quiere?, ¿seré bonita?, ¡debo aprender a bailar!, ¡existe dios!, el es dios. Aprietas fuerte contra ti y buscas a tu madre, le preguntas, ¿a que edad se es mujer?, ¿a que edad se enamoro?, y le ayudas en lo que necesite, le pides que te mande lejos a comprar alguna cosa para la comida, hasta esa calle donde lo podrías ver, y cuando lo ves venir de lejos, se te caen las cosas de las manos tus mejillas estallan en subidos tonos carmesí, y te reclamas ser tan torpe, ser tan niña, ser tan tu… De los árboles entumidos por el frió, y de esa figura eterna que se mete por los ojos por donde te metiste tu, y de todas las cosas que rodean a una mujer enamorada se hace el amor, pero ahí donde las noches se olvidaron de meter a sus criaturas en jaulas de oro, donde un día fuimos poseídos por espíritus de lucha, de fuego y carne, ahí donde duerme el pasado, ahí quedo el amor, nuestro amor, amor de tantas penas, de tantos desengaños, de todas esas cosas que se dieron para escribir una historia, una historia diferente, para ese amor de mujer que te tuve muchos días y muchas lagrimas, que tampoco me dejaban verte ni conciliar un sueño, un pequeño espacio para tenerte cerca, para ya no sufrir, para poder vivir en paz. Todo por amor, por amar… por amarte tanto.
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¿Bello no? Estar enamorada es la oportunidad que brinda la vida para sentir, para notar que dentro del letargo que vivimos los humanos regodeamos los recuerdos del amor, hace ya muchos años, lo recuerdo, como ayer de gestos y escenas cortadas a tijera por el tiempo, pero las palabras hoy se plasman solas en este escrito, para bien del amor, como diría ella, para fortalecer la vida y los sentimientos de jóvenes que se aman. Como se amaron un día dos, esos que fuimos ella y yo, en un mundo lejano donde nadie que fuera humano nos pudo separar.
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Cuando lloras por cualquier cosa, de pronto todo se ilumina ante una idea un recuerdo sus ojos, su andar, sus manos, de pronto te asaltan mil dudas ¿tendrá novia?, ¿le gusto?, ¿piensa en mi?, ¿que le digo?, ¿cuando nació a que hora?, ¿como se llama?, ¿me quiere no me quiere?, ¿seré bonita?, ¡debo aprender a bailar!, ¡existe dios!, el es dios. Aprietas fuerte contra ti y buscas a tu madre, le preguntas, ¿a que edad se es mujer?, ¿a que edad se enamoro?, y le ayudas en lo que necesite, le pides que te mande lejos a comprar alguna cosa para la comida, hasta esa calle donde lo podrías ver, y cuando lo ves venir de lejos, se te caen las cosas de las manos tus mejillas estallan en subidos tonos carmesí, y te reclamas ser tan torpe, ser tan niña, ser tan tu… De los árboles entumidos por el frió, y de esa figura eterna que se mete por los ojos por donde te metiste tu, y de todas las cosas que rodean a una mujer enamorada se hace el amor, pero ahí donde las noches se olvidaron de meter a sus criaturas en jaulas de oro, donde un día fuimos poseídos por espíritus de lucha, de fuego y carne, ahí donde duerme el pasado, ahí quedo el amor, nuestro amor, amor de tantas penas, de tantos desengaños, de todas esas cosas que se dieron para escribir una historia, una historia diferente, para ese amor de mujer que te tuve muchos días y muchas lagrimas, que tampoco me dejaban verte ni conciliar un sueño, un pequeño espacio para tenerte cerca, para ya no sufrir, para poder vivir en paz. Todo por amor, por amar… por amarte tanto.
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¿Bello no? Estar enamorada es la oportunidad que brinda la vida para sentir, para notar que dentro del letargo que vivimos los humanos regodeamos los recuerdos del amor, hace ya muchos años, lo recuerdo, como ayer de gestos y escenas cortadas a tijera por el tiempo, pero las palabras hoy se plasman solas en este escrito, para bien del amor, como diría ella, para fortalecer la vida y los sentimientos de jóvenes que se aman. Como se amaron un día dos, esos que fuimos ella y yo, en un mundo lejano donde nadie que fuera humano nos pudo separar.





