Ryan: aprendiendo a ser feliz
De repente, pensé: "¿Y por qué no ver la vida desde otro punto de vista?"
¿Quién soy?
Inseguro pero soñador, nostálgico pero optimista... así soy yo. Espero seguir luchando por salir de este pozo que es la rutina, con la ayuda de otras personas que, como yo, viven buscándole algo de sentido a este mundo.
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111. Dispuesto siempre a alcanzar el sueño de mi inquietud...
Me sirvo una humeante taza de café recién hecho y, acompañado por su intenso sabor, me siento en aquella mecedora junto a la ventana. Los primeros rayos de sol me deslumbran, reflejándose en los cristales del edificio de enfrente. Una leve brisa mueve las pocas hojas que quedan en los árboles. Otro año más toca a su fin.

Y, repitiendo hasta la saciedad ese símil con el que comparaba mi vida con una serie de televisión, la verdad es que este final de año es prácticamente como el final de una temporada. Varias tramas que se cierran, personajes que dan por finalizado su papel en la historia... y también dos personajes nuevos que prometen dar mucho que hablar, y una escena final de ésas que te dejan con la intriga.

Curiosamente, la escena final no fue un beso bajo la lluvia, tal y como hubiera deseado, sino una conversación. Una conversación que se había hecho de rogar durante mucho tiempo. Palabras que, por fin, aclararon muchas dudas, que me hicieron entender el porqué de todos los movimientos de los protagonistas. Me di cuenta de que, sin haberlo deseado expresamente, había renunciado precisamente a lo que más daño me hubiera hecho. Tampoco llegué a pensar en ningún momento que me hubiera equivocado, pero siempre había tenido una ligera duda.

Como decía, una trama que se cierra... y otras nuevas que se abren. Estos últimos días he conocido a un par de personas que bien podrían llegar a adquirir un papel principal en la serie. Aún es pronto para afirmarlo, pero me da la sensación de que podrían llegar a cubrir una de mis principales carencias (que ya comentaré más adelante). Será cuestión de tiempo.

Así pues, el 2005 se cierra de una manera casi opuesta a como empezó. He vivido mucho más de lo que me esperaba, he sentido emociones que nunca habría imaginado, he aprendido y he madurado. No podría decir si ahora soy mejor o peor, si este año ha sido más o menos próspero que otro. Pero lo que sí que sé es que el 2005 ha sido especial, diferente... único.

Y, a vosotros, ¿qué tal os ha tratado este año que ahora acaba?

Independientemente de la respuesta, os deseo que el 2006 sea mucho mejor que el 2005, y que no os traiga más que felicidad, amor y, por qué no, también dinero (je, je...)
 
110. Desnudo el alma, solo ante la multitud...
De todos los momentos que he tenido a lo largo de estas últimas semanas para volver a pasarme por aquí, éste es seguramente el menos adecuado para hacerlo. Mañana (quien dice mañana dice dentro de 10 horas) tengo el que - dicen - es el examen más difícil de la carrera. Y me encuentro en un estado a medio camino entre el derrotismo y el exceso de confianza. Sé que cada minuto que siga escribiendo supondrá un poco menos de concentración mañana, pero, no sabría explicar bien por qué, siento la necesidad de escribir.

Hacía tiempo que no me sentía así. Supongo que las circunstancias que me han rodeado estas últimas semanas, para bien o para mal, no me han dado la inspiración necesaria para escribir. Y no porque no haya ocurrido nada, ni porque no haya evolucionado de la tristeza absoluta a la euforia en cuestión de días, pasando por toda una gama de matices. Simplemente me he dado cuenta eso que dicen de que, cuanto más 'emocionante' (por decirlo de alguna manera) es tu vida 'real', más abandonadas dejas tus 'extremidades virtuales'.

Pero, de vez en cuando, como esta noche, uno vuelve a sentir la necesidad de intentar desahogarse a través de unas cuantas palabras. Quizás no sirva de mucho, quizás el mensaje que quiero expresar nunca sea entendido (ni por mí mismo) pero sé que, en un minúsculo porcentaje de los casos, surte efecto. Y el mensaje se comprende, y llega a su destinatario.

La cuestión es que, después de un principio de curso bastante movido, con subidas y bajadas constantes, desde hace exactamente 40 días todo se ha estabilizado. Calma total. Estabilidad. Seguridad. Y no, no es un anuncio de un coche. Ni mucho menos un sueño (aunque podría parecerlo). Y que siga así por mucho tiempo. No me importaría en absoluto.

Entonces, ¿por qué escribo esto aquí? Pues simplemente porque hoy necesitaba apuntar lo que siento. No porque vaya a olvidarlo, sino porque, sencillamente, estoy orgulloso de ello y, en fin, de vez en cuando tampoco es tan malo presumir, ¿no?

¿En qué momento habéis necesitado escribir en vuestro blog?
 
109. Parando el tiempo
Desde aquella atalaya, la vista era impresionante. Las luces de la ciudad se extendían por doquier, luchando por alumbrar la oscuridad de una noche de luna nueva, por hacer visibles las calles que, después de horas y horas de silencio casi total, esperaban impacientes que los más madrugadores caminaran por ellas. Las persianas se mantenían aún cerradas, como si mantuvieran una contienda contra el frío que reinaba en el ambiente.

Sentados en aquel banco de piedra, la pareja se abrazaba nerviosa, embutida en gruesos abrigos, con los labios cortados por el viento y las orejas medio congeladas. Se les notaba cansados después de tanta espera, de tanto frio y soledad en la inmensidad de la noche. Habían sufrido mucho, la vida no les había resultado fácil, sobre todo las últimas horas.

Una tras otra, todas sus ilusiones se habían desmoronado. Sus sueños se habían disuelto en el ácido que habían dejado escapar otras personas. La esperanza se había evaporado y, en lugar de ella, sólo quedaban las primeras gotas de rocío que, cual lágrimas, se comenzaban a acumular sobre la tierra yerma que les rodeaba.

Y nada parecía que fuera a mejorar... No había más que pesadumbre y pesimismo en sus rostros... Se les notaba tristes, cansados, apagados, melancólicos... Se sentían nostálgicos de una felicidad que nunca existió, del amor que nunca sintieron, de sentimientos que se borraron con el tiempo... Habían perdido toda esperanza...

De pronto, el primer rayo de sol alumbró la escena. Era un único rayo de sol. Tan solo uno. Pero fue suficiente para que levantaran la mirada. Y, mientras comenzaban a mirar a su alrededor, vino el segundo rayo de sol. Y el tercero. Y otro. Y otro más.

Casi sin darse cuenta, donde antes había oscuridad, ahora había luz. Donde antes había frio, ahora había calidez. Donde antes había soledad, ahora había compañía. Donde antes había pesimismo, ahora había esperanza...

El amanecer había llegado de forma inesperada y, con él, un nuevo día. Otras 24 horas más para luchar por sobrevivir, por seguir creciendo, por encontrar esos sentimientos olvidados. Una nueva oportunidad de ser feliz.

En ese instante, los dos dirigieron su mirada hacia el mismo sitio. Donde antes el rocío había dejado caer sus lágrimas, empezaba a brotar el tallo de una flor... Donde antes había tristeza, ahora había vida.

Dedicado a alguien especial. Ella sabe quién es.