Ryan: aprendiendo a ser feliz
De repente, pensé: "¿Y por qué no ver la vida desde otro punto de vista?"
¿Quién soy?
Inseguro pero soñador, nostálgico pero optimista... así soy yo. Espero seguir luchando por salir de este pozo que es la rutina, con la ayuda de otras personas que, como yo, viven buscándole algo de sentido a este mundo.
También en RSS
 
105. ¿Y por qué no? (un año después)
Mi única esperanza en estos instantes es conseguir desahogarme en esta página, en tirar hacia adelante, en desear sentir la satisfacción de mejorar... Aprender a ser feliz. ¿Será difícil? ¿Seré capaz? Las dudas me nublan la mente, para variar... y, ahora mismo, el motivo que más me impulsa es pensar: ¿Y por qué no?

Hace ahora un año, renunciaba al inconformismo, al estancamiento, a rendirme sin luchar. Hace trescientos sesenta y cinco días, en este mismo momento, me decidía a apretar el botón "guardar y publicar". Y a partir de ese instante, nada volvería a ser lo mismo.

Le debo muchísimas cosas a este ínfimo rincón de la red, perdido entre una maraña de conversaciones cruzadas, enlaces y comentarios. Muchas. Gracias a él, he descubierto como soy de verdad, he madurado, he evolucionado, he cambiado. He aprendido.

No todo ha sido perfecto. También me ha dado cuenta de que la vida, en parte, viene a ser una montaña rusa: subidas y bajadas. Épocas en las que todo va cuesta arriba, en las que parece que nunca acabarás de sufrir, en las que se hace difícil contener las lágrimas. Y épocas en las que todo va cuesta abajo, en las que es el destino el que te lleva de la mano por el camino más seguro, en las que te espera una grata sorpresa tras cada recodo.

Sería absurdo ahora echar la vista atrás y analizar cómo he cambiado, qué partes de mí se han desprendido de mi personalidad y cuáles han nacido en ella, porque todos lo habéis visto a través de estas palabras. Simplemente quiero quedarme con esta sensación de haber conseguido crecer a través de estos pequeños textos, de haberme desahogado en esta página, de haber tirado hacia adelante, de haber sentido la satisfacción de mejorar... y, sobre todo, de haber aprendido a ser un poquito más feliz.

GRACIAS
 
104. Me encanta mirarte mientras duermes

Mientras le acompañaba, como cada anochecer, a la estación de tren, me ha confesado que siempre había sido muy impulsivo, que en todo momento se había movido por instinto, por lo que le apetecía hacer en cada encrucijada del camino, sin ser racional ni pensárselo dos veces. Simplemente, actuaba. Y es por ello que no acaba de adaptarse a lo que significa tener una relación con alguien.

La cuestión es que, según me lo iba diciendo, me han venido a la cabeza tantos recuerdos... Podría decirse que, durante toda mi vida, yo he sido justo lo contrario: un racionalizador de la realidad, una persona que se dedicaba a controlar y racionar hasta la última migaja todos sus sentimientos y emociones. Cada vez que tenía que tomar una decisión, analizaba hasta el último detalle cada una de las opciones posibles, ponderando los perjuicios y los beneficios que cada alternativa me reportaría. Racionalismo puro y duro.

Este modo de ser, según mi punto de vista, me proporcionaba la estabilidad que yo necesitaba. No me daba grandes alegrías, pero como mínimo no me hacía hundirme. Y me funcionaba.

Sin embargo, ¿qué hacer cuando una emoción te desborda? Ese es el gran fallo de este sistema: cuando algo se escapa de tu control, todo se viene bajo. Entonces sí que es fácil hundirse. Y podría decirse que eso fue lo que me pasó cuando llegué aquí. La soledad, las dudas, el desamor y el agobio se combinaron en un cóctel explosivo que a punto estuvo de dinamitarme.

Por suerte, todo mejoró una vez acabado este verano. Y creo que la clave de esa mejora fue precisamente este cambio de perspectiva: del racionalismo - más o menos extremo - a la impulsividad, a dejar de pensar en 'el que dirán', a moverme por instintos. Podría decirse que evolucioné en un sentido inverso al que está evolucionando él.

Y eso es lo bonito de toda esta historia: durante toda nuestra vida, nos cruzamos en el camino con gente que camina en distinto sentido que nosotros. Y no hay cosa mejor que, durante un trecho del camino (más o menos largo), alterar nuestra dirección y caminar de forma paralela a todas estas personas, aprendiendo de los pasos que dan, creciendo en seguridad con lo que nos enseñan. Y enseñándoles también a ellos, y guiando sus pasos hacia aquel terreno que nosotros sabemos que es seguro.

Y, vosotros, ¿en qué grupo os incluiríais, en el de los impulsivos o en el de los racionales?
 
103. Qué caro es el tiempo
Aprovecho un rato de descanso en la biblioteca para seguir reflexionando sobre todas esas preguntas que últimamente me asedian y, sin nunca llegar a agobiarme, en cierto modo, me preocupan. No es que sea obligatorio responderlas, ni que por no saber la respuesta vaya a deprimirme. Ni mucho menos. Simplemente creo que nunca está de más echar la vista atrás y pensar sobre lo hecho y lo no hecho.

"Yo soy yo y mis circunstancias". ¿Quién no conoce esta frase de Ortega y Gasset? Pues bien, durante el día de hoy me ha venido a la mente en un par de ocasiones. Y es que me dicen algunos amigos que últimamente no parezco yo, que he cambiado. "Pero, ¿para bien o para mal?" Y no saben responder.

Sí que es cierto que he cambiado, no lo voy a negar. Todos estamos en constante cambio, en una continua evolución, negarlo sería absurdo. Pero, más allá del curso natural de las cosas, sí que es cierto que últimamente me noto... diferente. ¿En qué sentido? Quizás con más autoestima, más seguro de mí mismo (sin rozar la prepotencia... espero), más relajado en mi relación con otros, preocupado tan solo por los temas que tienen importancia.

Y, yendo a la idea clave del tema, lo que me pregunto es: ¿hasta qué punto he sido yo mismo responsable de este cambio? ¿Acaso han sido estas "nuevas" circunstancias que me rodean las que han causado esta evolución? ¿Qué parte de mí es verdaderamente mía y qué parte ha sido creada, copiada, potenciada, influenciada (llamémoslo de la manera que sea) por mi contexto más inmediato?

Recuerdo que uno de los momentos de más libertad en mi vida fue cuando llegué a esta gran ciudad por primera vez, hace ahora 3 años y medio. Durante el tiempo que estuve aquí, en varias ocasiones anoté en mi diario (¡ay! ¡aquel diario de páginas gastadas...!) que lo que más me gustaba de sentirme un desconocido entre tanta gente era ese extraño poder que me confería el anonimato. Porque podía ser yo mismo. Cero influencias. 100% yo.

Ahora podría decirse que me ocurre justo lo contrario. Entre toda la gente que he conocido este año, he perdido gran parte de ese anonimato que tanto me gustaba. No digo que la situación sea incómoda, ni mucho menos que me desagrade. De hecho, ahora me siento mucho más libre, pero no en el mismo sentido que antes. Lo único que me atemoriza (hasta cierto punto) es la posibilidad de perder la esencia que me hacía ser yo mismo. Esa zona tan tierna que encuentras al quitar todas las capas de piel de una cebolla. Haciendo un símil un tanto pedante (disculpen las molestias), la "idiosincrasia" de mi personalidad.

Pero tampoco me preocupo demasiado por el tema. Al fin y al cabo, mientras nunca pierda de vista esa parte de mí mismo que me hace ser yo y no otro, sé que no perderé el rumbo, que no me convertiré en una persona que no quiera ser. Todo es cuestión de tener las ideas claras, de afrontar el día a día con madurez y sentido común, y de innovar sin perder los rasgos básicos que me hacen ser como soy.

Ahora os toca a vosotros: ¿qué parte de vosotros es verdaderamente vuestra y qué parte ha sido creada/modificada/eliminada/potenciada (se aceptan más participios) por las circunstancias?

PD: Hace tiempo que tenía este post escrito. Pero hasta este instante no había sentido la necesidad de publicarlo. A esta hora, las 5 y pico de la mañana, después de esta noche tan extraña, tan imposible de definir, había algo en mí que me lo pedía. "A veces una retirada a tiempo es una victoria". Veremos si esta vez he actuado bien y no vuelvo a equivocarme.
 
102. Nunca dos palabras dieron tanto miedo
¿Por qué le tenemos tanto miedo al amor? ¿Por qué este terror incomprensible a mostrar nuestros sentimientos sin tapujos? ¿De dónde viene esta reticencia a dejarnos llevar por el corazón? ¿Cuál es el motivo que explica lo mucho que nos cuesta arriesgarnos por conseguir lo que de verdad queremos?

Si algo he aprendido en este último año es que esperar no es la solución. Hasta hace bien poco, vivía anclado en la comodidad de decir "bueno, lo que tenga que venir, ya vendrá". Y estaba equivocado. El mundo no funciona de forma aleatoria, sino mediante un complejo e ininteligible mecanismo de causa-efecto. Los tan repetidos tópicos de "quien algo quiere, algo que le cuesta" y "quien arriesga no gana" se han materializado últimamente en esta concepción de la vida como un mecanismo vivo, que se alimenta de los riesgos que corres y todos los esfuerzos que haces, para devolverte un producto proporcionalmente elaborado. De esta manera, cuanto más "feedback" le regalas, más ganas, y de mejor calidad.

Pues bien, después de esta digresión sobre esta ¿nueva? filosofía de vida, voy al eje central alrededor del cual ha girado todo esta última semana: ¿qué es lo que quiero? Durante este tiempo, me he dejado guiar por mi instinto, por lo que me apetecía en cada momento. He salido de noche hasta que el sol me hacía daño en los ojos. He dormido en camas que no eran la mía. He conocido a mil y una personas, cada una con una historia propia. He vivido el día a día, sin pensar en el mañana.

Y, sin embargo, a pesar de que he disfrutado como un niño, no he encontrado en ello la motivación que le diera sentido a todo. Han pasado cerca de mí estrellas fugaces que alumbraban muchísimo, pero ninguna de ellas consiguió encender en mí esa chispa que tanto echaba de menos, ese empuje que me haga olvidar mi eterno miedo a las frases de dos palabras.

En esta situación, ¿qué hacer cuando de pronto encuentras el aliento que es capaz de encender esa llama? ¿Y cómo actuas cuando te das cuenta de que está totalmente fuera de tu alcance? Intentas ignorarlo, lo buscas en otras personas, te auto-convences de que todo había sido un espejismo, una vaga ilusión. Historias como ésta las he vivido unas cuantas veces, y siempre acaban igual: con el tiempo, el olvido entierra para siempre esa chispa.

Pero imaginemos por un momento que, sin un motivo aparente, y de manera casi inesperada, alguien desentierra esa chispa y, aún sin poder creértelo, descubres que sigue brillando. Y que esta vez sí tiene la suficiente fuerza como para conquistarte y conquistarla. ¿Cómo te sentirías?

La respuesta a esa pregunta es mi estado de ánimo en este mismo instante. Feliz. Feliz pero expectante. Feliz pero impaciente. Feliz pero nervioso. Feliz... y sin miedo a decir esas dos palabras que resumen todo lo que siento.

PD: Soy un cursi, un sensiblero, un romántico y un pedante. Pues sí, ¿y qué? :P ¡Os echo de menos,bloggers! Estas semanas he estado bastante agobiado con las clases (quién me mandaría a mi cogerme estos horarios...), y es posible que siga así durante un tiempo. Intentaré pasarme por vuestros blogs de vez en cuando, pero no puedo prometer nada... ¡Lo siento! :(
 
101. Quiero tener tu presencia, quiero que estés a mi lado
Difícil resumir estas últimas semanas en tan solo un post (nota mental: escribir con más frecuencias), pero lo intentaré. Si tuviera que definir de alguna manera estos días, sería por la confirmación de todos los tópicos, de todas esas expresiones del refranero popular que, por muy gastadas que estén, al final siempre tienen razón...

De los errores se aprende...
Totalmente cierto. Entre mis muchos defectos, hay uno que me ha traído más noches de insomnio que ningún otro: la impaciencia. No lo puedo evitar, cada vez que me ilusiono con algo (ya sea con una persona, con un proyecto o con un plan), no soy capaz de soportar la espera y caigo irremediablemente en la precipitación, en intentar acelerarlo todo al máximo. Y las cosas llevan su tiempo. Sobre todo en lo que hace referencia al amor. Así que, ahora que el destino me da otra oportunidad de ser feliz al lado de una persona, no pienso desperdiciarla, y voy a avanzar a paso de tortuga. Sin prisa pero sin pausa.

Las apariencias engañan...
Otra frase hecha que tiene toda la razón. Desde siempre me he considerado una persona con bastantes prejuicios. Lo sé, no soy quien para tener prejuicios sobre nadie, pero quizás por la educación que recibí o por las situaciones en las que me he encontrado en esta vida, tiendo a desconfiar de la gente por naturaleza. No puedo evitar pensar por defecto que, en cualquier momento, pueden hacerme daño. Y no. No es así. En cualquier caso, volviendo al tema de los prejuicios, estos últimos días me he quitado unos cuantos de encima. Y, junto con los prejuicios, los miedos y las angustias por mostrarme tal como soy. Se acabó la vergüenza. Pero eso trae consigo nuevos problemas. Que no decaiga el drama.

El destino siempre da una segunda oportunidad...
Quizás esa segunda oportunidad no sea exactamente como la esperábamos, pero últimamente cada vez creo más en el destino, y estoy seguro de que ese destino es sabio, y si nos "enfrenta" con nuevos personajes es por algún motivo. La cuestión ahora será mi predisposición (o no) a aceptar esa segunda oportunidad, así como el "cuándo" y el "cómo". Arriesgar justo lo necesario, manteniendo un pie bien apoyado sobre el trampolín que se encuentra al borde del abismo, con un paracaídas por si hace falta.

Mensajes en el espejo... (1)
Vuelve la rutina universitaria, los días de biblioteca, las tardes de lluvia, los profesores aburridos, las miradas somnolientas de los compañeros, los cafés que saben a rayos, los madrugones, el sonido de los calefactores luchando contra el frio... pero ahora todo es diferente. Porque te tengo a ti. Porque viviré cada segundo con la ilusión de que, en cualquier rincón, en cualquier momento del día, te encontraré, sonriente e ilusionado.

PD: El post nº100 queda postpuesto hasta nueva orden. Cuando lo leáis, lo entenderéis... je je