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Pulpos y esquinas
Reflexiones generalistas sobre lo divino y lo humano en clave irónica.
Sindicación
 
El cielo sobre mi cabeza
Así es como me siento. Este verano, hará cosa de dos meses , he sido arrollado por el amor, sin previo aviso, a traición y con una fuerza inusitada de la que todavía no me he recuperado.
Unos pocos de los que me conocen, saben que yo miraba para oriente con embeleso. Que bebía los vientos por una arrebatadora asiática... que me ignoraba ora sí ora no y que basaba su estrategia en dejarse querer y ya veremos. Cuando sucedió lo inexplicable con quien menos se lo piensa uno.
Lo que empezó como una gentileza, derivó rápido a una cerveza en una terraza y se hizo de noche. Y ya puestos... cenamos. Desde entonces somos inseparables. Hemos viajado, vegetado, dormido, comprado, quemado al sol, paseado y divertido juntos. Me siento como el "Gran Kahuna" después de sobrevivir a la gran ola: pletórico.
Y eso es lo que me espanta, lo que hace que tenga esa sensación de el cielo caido sobre mi cabeza... Por que les diré lo que pienso del amor, incluso cuando he estado enamorado. Ahí va.

A mi entender, y tras desmenuzar la experiencia propia y ajena sucedida ante mis ojos, el amor verdadero sólo existe cuando lo proyectamos a criaturas que consideramos inferiores y por tanto desvalidas y faltas de protección. Lease mascotas domésticas o niños. Suena duro, pero es así. Por favor, siga leyendo.
El amor se ve de diferente manera según la etapa que se atraviese de la vida, y son diferentes las chispas que encienden el mismo motor. En el caso de los adultos, el ideal del amor puro y sincero es la falacia más grande perpetrada desde la Biblia y que multitud de profetas han difundido, como Corin Tellado. ¿De dónde sale esa idea de amor romántico? Nadie abandona nada por nadie. Ni cruza océanos a nado por ver a su amada. Ni se espera una eternidad el regreso de nadie. Nadie muere de amor
Todas esas tonterias, que encima en algún momento hemos llegado a creer, no hacen más que crear falsas expectativas llegando a pensar la gente que si no es así, la relación no funciona. Es como nos han educado, engrandeciendo sentimientos de froma artificial. Y persiguiendo zanahorias arruinamos relaciones estupendas con personas interesantes. Siempre.
Si quieres amor de verdad, cómprate un perrito. Él te necesita y tú lo sabes, por eso le quieres con todo tu AMOR. Se tragará toda tu ira y luego, así que lo llames, vendrá moviendo la cola con todo su AMOR. Tu pareja no.
Si quieres sexo... hombre, el perrito puede servir, pero es preferible alguien de tu especie. Por que el amor no es más que eso: la garantia de una cierta regularidad en los escarceos sexuales a cambio de una relativa fidelidad; una cierta afinidad de intereses comunes (¡sobre todo materiales!); y si encima nuestra pareja nos hace reir ¡bingo!
No busquen más, no hay. No confundamos amor con cosquillas en la entrepierna, y seguro que nos irá mejor. Es bueno recordar que "cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana" y otros dichos populares que no dicen nada nuevo, pero que nos negamos a escuchar extasiados como estamos, y que son tan ciertos como cualquier tratado sobre el tema.
Nos guste o no ni el amor ni las melenas nunca son eternas. Por eso lo mejor es disfrutar con quien se esté y mientras dure, que estas cosas se hacen en presente y no pensando en un futuro que no existe. Carpe Diem. Que ya llegará el día en que tanto placer pase factura.
Y es que para mí es lo peor del amor: que es tremendamente doloroso. Hace daño, mucho daño; y mi principal cometido en esta vida es precisamente evitar cualquier tipo de daño a mi persona.
Por eso no creo en el amor. Es desestabilizador y dañino, y miro a mi alrededor y casi todo son fracasos, incluidos los mios. ¿Por qué debería de confiar todavía en una "sensación" que a todas luces no funciona?
Y en mi caso concreto ¡ya no digamos! Procuro de manera estricta, el no revelar mi identidad ni condición hasta saberme en confianza con las parejas que he tenido, y habrían de ver el sutil cambio en la mirada de más de una. Suficiente para sembrar la intranquilidad en la relación. ¿Con qué ánimo afrontaré la próxima oportunidad sentimental, si la anterior me veía como la solución a sus números rojos?

Sólo deseo una cosa con todas mis fuerzas en éste momento... Y es el estar totalmente equivocado.