Blogs.ya.com Quitar publicidad
Rubén & The World
Una alternativa a lo alternativo... un libro de páginas infinitas que no tiene estilo.
Acerca de
¿Quién soy? Uy vete tu a saber, a mi aún no me lo han dicho. Así que lo mismo que yo me como el coco por averiguarlo, si te interesa, ya puedes empezar a ayudarme. Aunque bueno, me han dado pistas... soy joven, entusiasta, curioso, me gusta leer, observar y nutrirme de los demás y de todo lo que tengo alrededor, descubrir cosas nuevas me encanta, pensar más allá de que cuál bote de gomina es mejor para mi cabello, soy Leo... en fin... yo qué sé... c´est moi, that´s me, soy yo...
Sindicación
 
Un gatillo de quita y pon (3)
Continua...

Preso: ¡Valiente cuartucho! No será del primero que escapo: la fuga es la primera obligación del preso. Yo me he evaporado un puñado de veces; una en una furgoneta, acurrucado entre baffles, cables, micrófonos, guitarras, y altavoces; entre los avíos de un grupo de rock que vino a cantar al patio y me puso en bandeja la huída. Otra vez me piré del hospital: me tragué un bote de anfetas; me limpiaron las tripas y me dejaron libre el camino a casa. Otra, un día de visita: me cambié por mi hermano y salí por la puerta grande. A mi no me pueden amarrar a la pata de la cama: destrozo los somieres a patadas. Estas paredes se imponen por sí solas: ladrillos y rejas para una feliz estancia. No entiendo la fobia de los monjes de clausura, a patear las calles. ¿Acaso no se reza bien en la orilla del río?, ¿no se puede meditar en el parque?, ¿no está uno con Dios, sentado en una plaza pública? Si tanto les gusta la soledad, podríamos cambiar del celda; a ver cuánto duro yo en la suya ... Ahora, que paseaba con mi Mari por mi vereda, sin otra pretensión que llevarla cogida de la mano; ahora que iba a la mía, y huía de las encerronas; limpio como un árbol bajo una tormenta; con mi Mari y mi niño, sin pararme en las esquinas a meter la pata; a gusto con mi suerte; por eso le quité el gatillo a la Beretta; por guardar los líos en un cajón. No la tiré por cariño, en recuerdo de los servicios prestados. Ahí estuvo mi perdición: no se puede considerar una amiga a un cacho de hierro con un cañón, ni se puede esconder en un trapo la antigua prologanción de tu mano ... Poca gente sabía el escondite; pocos pudieron cogerla allí donde estaba, y eso me duele más que la condena del juez: alguien cercano metió la mano en la madriguera y eso siempre complica, o aclara, las cosas. Me sobran dedos en la mano, para contar a los sospechosos; no quiero señalar a nadie: me dolería cortarme uno, de coraje. Estas cosas te malean la vida: en cuanto salga le tendré que dar la boleta al meñique; y ahí llegará el tío Diego con las rebajas: si ajusto las cuentas a la ligera, echaré un nuevo borrón en mi currículo; y si mi voy a casa, y me quedo sentado, perderé el respeto de los colegas ... ¡Qué noche me espera!, ¡menos mal que la conozco, y puedo torearla! ... Quien haya sido no es nadie para empuñar mi manolita, y meterme en esta cueva; sea quien sea, ya puede mudarse de barrio: las cuevas tienen paredes y, por las paredes, se entra y se sale, siempre hay una puerta, una rendija, y si no la hay, se hace: ¡la leche que mamaron sus dieciocho padres bastardos! ... Lo peor es dejar a mi Mari sola, a mi Juanito al aire de la calle; por ellos no puedo aceptar la invitación de la casa: no importa lo que uno haga, si no está en el sitio indicado. No espera yo estos barrotes, cerca de la primavera. He pasado mucho, por no robar: de legal, he pintado con el rulo pisos y casas; me he llenado las manos de cemento, de peón en chapuces de pena; me he apañado con la furgona: la he cargado, y descargado, de día y de noche; pero nadie habla de eso; y si lo recuerda mi abogado, va el juez, el Casimiro ese, y dice que en la vida hay tiempo para todo; incluso para liar la guita en una gasolinera, donde no reposto, con mi pipa en bandolera; erre que erre con el manido cuento de que la pipa era mía; como si, por decir lo que todo quisqui sabe, supiese algo ... Lo que nadie chanela todavía es quién coño fue el picha que metió mano en mi cajón, sin permiso para llevarse lo mío y ponerle, como quien no quiere la cosa, nombre y apellidos a mi perdición; ése, sea quien sea, puede disfrutar del tiempo que le queda por andar libre, mientras yo estoy aquí: las cosas no suelen suceder dos veces de la misma manera y, la próxima vez, podrá comprobar en persona cómo ese dicho puede ser cierto hasta sus últimas consecencias; le voy a dar un susto de muerte, sin tocarle un pelo; a ver si así, me deja tranquilo el Casimiro ...

Continuará...
 
Un gatillo de quita y pon (2)
Continua...

Preso: Los antecedentes sirven para no dejarte escapatoria, para echarle siete llaves a la puerta y encerrarte en el pasado. Los borrones nunca dejan la página en blanco, siempre señalan el descuido. La noche vuelve a caer, al final de la tarde: el sol siempre es el mismo, aunque se quite todos los días de en medio; ruibio, como ese juez sordo, que no ve la vida por mis ojos; ése no ha pasado hambre, descalzo por las calles. En su casa no había ratas, ni aguantaban los delirios de un padre tajarina; en su barrio no alquiliban niños para mendigar; ni relinchaba el caballo negro, enganchado a la plata. Los antecedentes te obligan a nadar contra corriente, aunque yo me haya ganado los míos a pulso: he creado mi propia marea, como un Dios diminuto ... Tampoco puedo quejarme, si hecho cuentas: he pagado por mis resbalones, pero también los he dado sin caer al suelo: he robado carteras que nadie me ha exigido; he birlado en tiendas, sin pasar luego por el juzgado; he andado por terrenos pantanosos y he salido sin mancha. Todos los días respiraba aires de tormenta, y muchos llegaba seco a casa. Muchas veces he escurrido el bulto, y pocas me ha caído su peso encima: he tenido el pesqui necesario para no andar a diario con las esposas puestas; ... pero después de todo, ¡qué poco vale la palabra de uno! ¿Cuántos del barrio se han metido a policías locales? La mitad de ellos tenían muy poca sangre y menos futuro: eran cola de ratón; ni de roedores llegaron a ser cabeza: no servían ni para hacer los recados; eran como los que no sabían darle al balón y se ponían de porteros. Chivatillos de poca monta, se las veían y se las deseaban para salir adelante; y ahora, de uniforme, resulta que su palabra ensombrece la de aquellos que los mandaban a comprar tabaco; antes, si cada uno decía una cosa, nos partíamos la boca y zanjábamos el tema; pero hoy en día, en caso de un malentendido, los inútiles con gorra, te llevan ante el juez y santas pascuas. Su palabra es la ley; enterados, como están, de los asuntos del barrio, pían por los codos; ellos, los más embusteros, los más cagones, los que menos daban la cara ... El mundo gira sin descanso y uno, a veces, no sabe donde esconderse. ¿Quién lo habrá hecho redondo?: si fuese cuadrado estaría más quieto y se viviría mejor ... Nuestra palabra sí era de veras: si te columpiabas, lo pagabas; te ajustaban las cuentas enseguida: no podías ir a quejarte al juzgado de guardia, ni le podías decir al picoleto de la puerta que fulano se había quedado con cinco kilos de jachís tuyos, o que mengano había pulido el Greco, liampado en casa de un señorito, y no te había dado tu astilla. Esos asuntos se arreglaban sobre la marcha, en el terreno; allí donde esos pasmarotes de uniforme callaban como putas; porque ahora tienen porra, pero siguen sin tener cojones ... Hay cosas que te cogen de improviso al nacer: era fácil fumarse una plata en el portal de mi bloque, pero luego era una quimera soltar la heroína y quedarse limpio. A mí me ha costado más trabajo dejar el jaco que al juez acabar su carrera: él sabría copiar en los exámenes, pero yo sé vencer al mono; al simio más terrible de todos los gorilas que habitan la selva humana: he pasado más tiempo esnifando que él estudiando; aunque su señoría no me reconozca como habitante de su ciudad, hasta que no me lleven esposado a su presencia. En su mundo, sólo llueve sobre confortables tejados; se escucha la lluvia caer, con la calefacción puesta a tope ... Es la diferencia entre los techos y el cielo: la escayola no cubre por igual a todo el mundo. Mi padre plantó su primera chabola en las afueras, sin mirar a nadie, mientras el suyo le hacía ascos a la caña y la uralita; a materiales de derribo, de pobretones: no sabía cobijarse, y se conformaba comprando ladrillos. (Suelta los barrotes; da media vuelta y se queda mirando la habitación)

Continuará...
 
Un gatillo de quita y pon
A José M. M.

Un preso, apoyado en los barrotes de su celda, mira resignado al frente. En su primera noche de condena, después de pasar sin suerte por el tribunal. Se queja antes de dormir y, mientras habla, saca sus pertenencias de un macuto; cuelga de cualquier puntilla, fotos de su mujer y su hijo en la pared; se echa un poco de agua en la cara; se sienta, se levanta; se tumba en la cama; hace las pocas cosas que se pueden hacer en un lugar tan reducido.

Preso: Otra vez en esta pensión de mala estrella, invitado a comer por la casa: te ponen la cena por delante, pero te venden bocadillos en la puerta del comedor; ... si fuese bueno el papeo, ¿quién iba a comprar un bollo, con algo dentro, antes de sentarse a la mesa? ... Maldita miseria: cuando la vida saca los dientes, los mistolobos corren con el rabo entre las patas; se tragan los colmillos y se convierten en chuchos temerosos; se esconden por los matorrales: quietos como piedras, escuchan los malos vientos silbar sobre sus lomos agazapados. La puñetera existencia sólo atiende a su capricho: te lleva y te trae a su antojo; te muerde donde más duele. La jodida no se anda con chiquitas; te arrincona, se adueña de tus días; te obliga a malvivir, a arrastrarte por sus dominios; te pone mala y cara, y te lo quita todo de golpe; te deja desnudo, frío, metido en una caja, sin necesidad de vestirte nunca más. Es temible, aunque solo te roce: te tumba de refilón; aunque a veces se estira y tiene la gentileza de dejarte en pie. Poco le importan tus intenciones: sean buenas o malas, ella no hace apartijos. Es la dueña de la tierra, de única propietaria, y exige el peaje que estima oportuno ... ¡Hazte el remolón, si quieres!, ¡buena es la señora, a la hora de mandar al cobrador! ... (hace gestos de fastidio; encara los barrotes con poses de boxeador) ... ¡Los mandados somos hojas al viento! ... ¡manda huevos el juez!: no le hace falta venda alguna, para no ver nada. Se sienta en el estrado, con las leyes en la mano, y se queda tan pancho después de joder la marrana ... ¡No tiene cara el nota! ¡Tósele, si quieres coger una pulmonía! ... Va el prenda, con toda su sapiencia a cuestas, y dice que las huellas de la pipa eran mías; pues claro que eran mías: así lo dije desde primera hora. Guardaba esa cacharra como oro en paño; sin gatillo, eso sí; por quitarle las tentaciones de en medio al diablo. Alguien me la birló y se lo puso nuevo; yo qué sé: mi casa no es celda de monje, y yo no estaba todo el día pendiente de la pipa. Lo pude decir más alto, pero no más claro: es mía, pero yo no le he metido dos buchantes a nadie ... De chinorri me cogieron con una piedra de jachís, de acuerdo; de pardillo, me ligaron de gancho de los trileros, dabute; de chaval, pegaba tirones y partía escaparates, cierto; relojes y baratijas al por mayor, de acuerdo; butrones, sí; choriceo de coches, también: metía los morros de los racas, a toda pastilla por las puertas de los negocios, y afanaba a la carrera como un poseso, ¡vale! Unas cosillas y otras, ¡bien! Ya de tío, cruzaba el Estrecho con mil kilos de costo, sujeto por una cuerda, en un fardo colgado bajo la barca; si aparecían las patrulleras, nos liábamos a tiros sobre las olas; cortábamos la maroma y mandábamos el alijo al fondo del mar. El jefe tenía buzos y abogados de sobra; jurdores a espuertas ... Asaltaba la vida por babor, hacía diabluras; dejaba mi coche en un garage, en manos de los mecánicos; de noche, escondían en los bajos cocaína o heroína, vaya usted a saber, y de mañana, echaba yo mano al volante y aceleraba camino de Madrid; allí, en otra cochera, rebuscaban en sus entrañas y sacaban la mercancía. Yo me volvía con una pasta gansa en el bolsillo; aunque, a veces, iba y volvía de vacío, si así les interesaba ...
Tengo tres juicios pendientes, como tres soles; pero, por mucho que alumbren los astros, no pueden cambiar los hechos: esta vez no he sido; lo juro, soy inocente: me han colgado el mochuelo. A su señoría le patina el tarro: yo no escondo una pipa sin chicha en casa, si pienso usarla; para eso la tengo en toda regla, con el tambor a reventar ... Yo no estaba allí, no dejé fiambre a ese currante: estaba tirado en Las Candelarias, echando bilis a cuenta de una papa de caballo. La gente no me vio: la madrugada había despejado las aceras. Caí puyero: me tumbaron las cervezas, los güisquis, las fumaítas de base; los pitillos, la maría; el andar sin masticar un cacho de pan en tres días; caí a plomo, sin manos, pero no fui a ninguna gasolinera a dejar a un pringado tieso ... El Napia testificó con su voz gangosa: estuvimos sentados en un banco, y nos bebimos cuantas litronas a morro, poco antes de la hora en cuestión; pero el vidente del estrado desechó su declaración; éste, vino a decir, no es de fiar: no miente más por no tener mayor facilidad de palabra. El Taría también salió en mi defensa: nos salían los cubatas por los ojos a la una y media; más el adivino de pacotilla se limitó a sonreir: el Taría esa un conicido charlatán de lengua larga; un inconsciente por mover la húmeda a diestro y siniestro, teniendo tanto que callar ... Yo sólo me acuerdo de aparecer en mi casa, en la cama, resacoso y tapado con la manta ... ¡Qué se yo cuántos cuervos vuelan por la noche!, ¡cuántas pistolas se disparan! ¡Ni bicheo en la vida de nadie, ni me gusta comerme marrones ajenos! Mis líos dan bastante de sí, para meterme en más charcos: a mí no puede darme el siroco de echar más palos a la candela ... Siempre he ido por derecho, y he pagado lo mío: a estas alturas, he comido más en el maco que en mi casa. A lo hecho, pecho, que para eso lo tengo lleno de pelos; por mí, nadie pone la cara; para eso la tengo yo: para que me la partan si hace falta.
(Se golpea la cabeza con los barrotes; luego, los golpea con manos y piés)

Continuará...

Querid@s lector@s, pido mil disculpas por mi supérfluo retiro; pero las cosas se tornaron no muy claras, y decidí abandonar el barco por un tiempo, necesitaba desconectar de muchas cosas y ordenar mis ideas en la cabeza, y para ello no podía estar tan pendiente de la computadora como de costumbre.

A quiénes os habéis preocupado, no sé cómo agradeceros el maravilloso gesto que habéis tenido. No era necesario, no me lo esperaba, y quedo muy sorprendido y alagado. De verdad, gracias infinitas. Son ustedes fabulosos.
En cualquier caso, me dejaré caer con alguna nota a título personal en sus bandejas de entrada.

Espero que sean y hayan sido felices durante mi ausencia, y espero al menos que lo sigan siendo a partir de ahora también. Cuídense, y de nuevo disculpas y gracias.

Saludos a tod@s. Sean felices.