Querido diario,
Hoy Miércoles 31 de Agosto, grabo estas palabras sobre tus lienzos despejados para contarte lo que durante un tiempo se ha convertido en una preciosa manera de vivir.
No hace mucho, como dos meses o así, con dos maletas a cada mano, una de bandolera y muchísma ilusión emprendí un viaje hacia tierras sajonas.
Allí he tenido la oportunidad de conocer a gente interesantísima, he aprendido a trabajar y saber desenvolverme contando con únicos recursos como mi propia perspicacia, habilidad, inquietud, carácter e imaginación.
Recuerdo que el primer día que llegué, no acababa de soltar las maletas en el Hilton Metropol de Londres cuando ya sabía que tenía solo dos horas para preparar una reunión. Y mi primera duda surgió cuando... por ejemplo necesitaba una fotocopiadora en la sala... y... ¿cómo se dice fotocopiadora en inglés?... salvados problemas así, de los que para días posteriores me hice de un diccionario específico de lenguage empresarial y técnico, y de otros como por ejemplo pelearme ese mismo día con el coordinador de conferencias del hotel porque yo le había pedido que me pusiera a trabajar en la sala a cuatro mozos, costase lo que costase pues la ocasión y circunstancias así lo requerían, y solo me puso a dos y casi se presentaron los clientes y estaba aquello a medio montar; pero bueno los clientes llegaron la sala estaba totalmente preparada y todo a punto... no había una mota de polvo, la documentación y los equipos necesarios estaban puestos, dispuestos y funcionando... pude pensar justo al comienzo: "bueno, hubiera sido peor. Son las 5 de la tarde, te mereces ir a tomarte algo... te time?", justo cuando me iba salieron de la sala, a los quince minutos de haber empezado la reunión, y me dicen "Rubén ¿y el papel?"... cómo decir que se me vino el mundo a los piés... después de haber conseguido tener todo listo en dos horas y sin saber cómo, después de haber pegado más carreras que en una de galgos, después de sudar lo insudable, después de hasta poner los vasos, las botellitas de agua con y sin gas, después de traer las bandejas de plata con las teteras, cafeteras, lecheras y tazas a juego, etc.; solo se me había pasado poner folios blancos... ni si quiera el fax tenía papel... debo mostrar aquí mis agradecimientos a uno de los jefes de recepcionistas del hotel que me sacó del apuro en un plis de plas.
Por otra parte, el coordinador que no atendió mi petición y que casi me deja con un marrón impresionante encima, tras haberme llegado a comentarle el incidente y el tío a pesar de todo ponérseme chulo... de bruces contra un muro fue a dar, porque como bien conoces querido diario, sabes que no aguanto que me falten el respeto y menos que se me suban a la chepa, así que subí al despacho del director general del hotel, le comenté lo sucedido y la reacción de uno de sus cordinadores conmigo, y bajó de nuevo acompañándome al despacho del coordinador y darle directrices oportunas, tras un breve comentario del director hacia el coordinador, del que te puedo resumir: "Saca la factura, firmala y no se la cobres. Ya veremos como te haces cargo tú de ella", le ahorre a la empresa para la que trabajaba unas 600 libras, que en euros son unos 864€, y que finalmente acabaron en mi cuenta como compensación por productividad y eficiencia ante condiciones tan adversas, además de oir unas muy merecidas disculpas por parte del coordinador que había metido la pata y del director del hotel que me impresionó con su jugada.
Así, mi inseparable amigo, a ese ritmo frenético de trabajo se ha desarrollado mi década de días en Londres, pues lo que debería haber sido un mes de trabajo allí, y debido a los atentados, hubo que condensarlo en algo menos de dos semanas.
No obstante, no todo ha sido trabajar, la verdad que además de reuniones también organizaba cenas y almuerzos, y en esos sí que no me importaba participar; también he tendio tiempo para ir de compras, algo de turismo y de conocer el flechazo a primera vista y la pasión más allá de las fronteras españolas. He conocido con él, el verdadero encanto de Londres, que lo tiene muy guardado para su gente, es algo que los turistas seguro que no llegan a conocer nunca, sitios preciosos, escondidos, llenos de encanto, intimos, multiculturales, bohemios. Londres es mucho más que una corona, aunque también hay muchas reinas y reinonas...
Pese a que me llevaba todo el día pegado a un portátil, una PDA y dos móviles, la verdad que el resto del tiempo era lo suficientemente gratificante como para obviar el duro día de trabajo.
Pero todo se acaba, y mi regreso inminente desde el día en que llegué, se convirtió en una realidad y con ella tuve que abandonar mi habitación, mis hábitos, a mi camarero de habitaciones con quien tan bien lo pasé, y en algo más de dos horas me encajé en Gibraltar.
Allí llegué y cambién mi portátil, mi pda y mis móviles, el coche que me llevaba y traía cuando trabajaba, por un pantalón blanco y una camisa blanca, además de abandonar mi lenguaje empresarial del que en pocos días domé por la lengua llanitogibraltareña... que es bastante parecida al spanglish pero con acento gaditano... y ahora además de hablar inglés, hice coletillas de todas mis frases cosas como... What would you like to pay Sir, Euros o Sterling?, Can I help you Madam? o You have to pay the chocolates in the Souvenir Shop, drinks here, thank you. Así que tras colonizar la isla británica, me fui a su colonia para hacerme amo y señor del bar turístico de una de sus cuevas St. Machiel´s Cave.
Allí he tenido la oportunidad de trabajar con gente maravillosa, que a su forma y manera han intentado enseñarme como han podido pero de los que guardo un recuerdo entrañable. Un saludo a mis niñas del Souvenir Sonia y Tara, otro para mi Manager Charly, mi compañero de barra Albert, y mis queridas cocineras Aisha, Chari y Ángeles. Sé que algun@s de vosotr@s tendréis acceso a este diario que con mi corazón escribo.
Entre otras anécdotas, recuerdo que en mi primer día detrás de una barra de la que no paraba de llegar la gente y que siempre estaba llena, y de la que desde el primer día me hicieron cargo de una de las cajas y en la que tenía que cobrar, como ya mencioné antes tanto en euros como en libras, un cliente con una acento super cerrado y tras pedirle que me lo repitiera tres veces me dijo... "May I have a large Lager" y traicionado por mis nervios dije en voz alta... ¿pero que coño es un "Laga"? y una voz tenaz y severa me respondió... "¡Una Heineken coño!" y desde entonces y gracias a mi manager no lo he olvidado.
Aunque en el bar lo pasé algo mal, porque el ritmo de trabajo era frenético, mi compañero en el 80% de las veces era un cero a la izquierda y eso que llevaba 20 años trabajando ahí, y que yo no había trabajado como camarero nunca; rápido no tuve más remedio que aprender, y a fuerza de dar muchísmos paseos también, a llevar los platos de tres en tres en cada brazo, a cargar los vasos de tubo de cuatro en cuatro y poner los hielos y el limón en décimas de segundo, a limpiar mesas en minutos contados y cargar las neveras contrareloj; también hubo ocasiones en las que mi manager contrariado por mis experiencias estudiantiles y secundando a ciencia cierta que la teoría no servía para nada, en la práctica me enseñó a servir el vino, me enseñó sobre vinos y a servir en condiciones una mesa y todo ello sumado a la simpatía personal que tiene uno se traducía en generosas propinas que muy eventualmente me llevaba cuando era yo quien estaba a cargo del restaurante. Muy mal no lo debí hacer cuando en mi primera semana de trabajo me quedé responsable de todo el bar durante el fin de semana, y que consté que cuadraron las tres cajas y encima se hizo muy buena caja. Cosas así, eran las que me servían de ánimo. A parte claro está, de lo bien que me llevaba con todo el mundo, costó trabajo despedirse la verdad. Y aunque el curro era muy duro porque eramos pocos para tanto, no me importaría volver ahora que ya me sé manejar.
En fin, ha sido un verano muy intenso, que se me ha hecho muy breve, pero del que guardaré un maravilloso recuerdo y del que espero todos los venideros sean igual de agradables. Ha merecido la pena, con creces.
Y debo despedirme ya querido diario, porque es tarde y mañana tengo que madrugar. Y no me iré sin antes apuntar aquí, que cuando vuelva a Gibraltar cambie a libras, que sale mucho más rentable, aún me duelen a mi los sablazos que le metía a los turistas que me pagaban en euros, pues el cambio allí en el bar era muchísimo más caro... así como 30 céntimos más por cada libra cambiada sobre el valor de cambio original. Hasta el Domingo.
No hace mucho, como dos meses o así, con dos maletas a cada mano, una de bandolera y muchísma ilusión emprendí un viaje hacia tierras sajonas.
Allí he tenido la oportunidad de conocer a gente interesantísima, he aprendido a trabajar y saber desenvolverme contando con únicos recursos como mi propia perspicacia, habilidad, inquietud, carácter e imaginación.
Recuerdo que el primer día que llegué, no acababa de soltar las maletas en el Hilton Metropol de Londres cuando ya sabía que tenía solo dos horas para preparar una reunión. Y mi primera duda surgió cuando... por ejemplo necesitaba una fotocopiadora en la sala... y... ¿cómo se dice fotocopiadora en inglés?... salvados problemas así, de los que para días posteriores me hice de un diccionario específico de lenguage empresarial y técnico, y de otros como por ejemplo pelearme ese mismo día con el coordinador de conferencias del hotel porque yo le había pedido que me pusiera a trabajar en la sala a cuatro mozos, costase lo que costase pues la ocasión y circunstancias así lo requerían, y solo me puso a dos y casi se presentaron los clientes y estaba aquello a medio montar; pero bueno los clientes llegaron la sala estaba totalmente preparada y todo a punto... no había una mota de polvo, la documentación y los equipos necesarios estaban puestos, dispuestos y funcionando... pude pensar justo al comienzo: "bueno, hubiera sido peor. Son las 5 de la tarde, te mereces ir a tomarte algo... te time?", justo cuando me iba salieron de la sala, a los quince minutos de haber empezado la reunión, y me dicen "Rubén ¿y el papel?"... cómo decir que se me vino el mundo a los piés... después de haber conseguido tener todo listo en dos horas y sin saber cómo, después de haber pegado más carreras que en una de galgos, después de sudar lo insudable, después de hasta poner los vasos, las botellitas de agua con y sin gas, después de traer las bandejas de plata con las teteras, cafeteras, lecheras y tazas a juego, etc.; solo se me había pasado poner folios blancos... ni si quiera el fax tenía papel... debo mostrar aquí mis agradecimientos a uno de los jefes de recepcionistas del hotel que me sacó del apuro en un plis de plas.
Por otra parte, el coordinador que no atendió mi petición y que casi me deja con un marrón impresionante encima, tras haberme llegado a comentarle el incidente y el tío a pesar de todo ponérseme chulo... de bruces contra un muro fue a dar, porque como bien conoces querido diario, sabes que no aguanto que me falten el respeto y menos que se me suban a la chepa, así que subí al despacho del director general del hotel, le comenté lo sucedido y la reacción de uno de sus cordinadores conmigo, y bajó de nuevo acompañándome al despacho del coordinador y darle directrices oportunas, tras un breve comentario del director hacia el coordinador, del que te puedo resumir: "Saca la factura, firmala y no se la cobres. Ya veremos como te haces cargo tú de ella", le ahorre a la empresa para la que trabajaba unas 600 libras, que en euros son unos 864€, y que finalmente acabaron en mi cuenta como compensación por productividad y eficiencia ante condiciones tan adversas, además de oir unas muy merecidas disculpas por parte del coordinador que había metido la pata y del director del hotel que me impresionó con su jugada.
Así, mi inseparable amigo, a ese ritmo frenético de trabajo se ha desarrollado mi década de días en Londres, pues lo que debería haber sido un mes de trabajo allí, y debido a los atentados, hubo que condensarlo en algo menos de dos semanas.
No obstante, no todo ha sido trabajar, la verdad que además de reuniones también organizaba cenas y almuerzos, y en esos sí que no me importaba participar; también he tendio tiempo para ir de compras, algo de turismo y de conocer el flechazo a primera vista y la pasión más allá de las fronteras españolas. He conocido con él, el verdadero encanto de Londres, que lo tiene muy guardado para su gente, es algo que los turistas seguro que no llegan a conocer nunca, sitios preciosos, escondidos, llenos de encanto, intimos, multiculturales, bohemios. Londres es mucho más que una corona, aunque también hay muchas reinas y reinonas...
Pese a que me llevaba todo el día pegado a un portátil, una PDA y dos móviles, la verdad que el resto del tiempo era lo suficientemente gratificante como para obviar el duro día de trabajo.
Pero todo se acaba, y mi regreso inminente desde el día en que llegué, se convirtió en una realidad y con ella tuve que abandonar mi habitación, mis hábitos, a mi camarero de habitaciones con quien tan bien lo pasé, y en algo más de dos horas me encajé en Gibraltar.
Allí llegué y cambién mi portátil, mi pda y mis móviles, el coche que me llevaba y traía cuando trabajaba, por un pantalón blanco y una camisa blanca, además de abandonar mi lenguaje empresarial del que en pocos días domé por la lengua llanitogibraltareña... que es bastante parecida al spanglish pero con acento gaditano... y ahora además de hablar inglés, hice coletillas de todas mis frases cosas como... What would you like to pay Sir, Euros o Sterling?, Can I help you Madam? o You have to pay the chocolates in the Souvenir Shop, drinks here, thank you. Así que tras colonizar la isla británica, me fui a su colonia para hacerme amo y señor del bar turístico de una de sus cuevas St. Machiel´s Cave.
Allí he tenido la oportunidad de trabajar con gente maravillosa, que a su forma y manera han intentado enseñarme como han podido pero de los que guardo un recuerdo entrañable. Un saludo a mis niñas del Souvenir Sonia y Tara, otro para mi Manager Charly, mi compañero de barra Albert, y mis queridas cocineras Aisha, Chari y Ángeles. Sé que algun@s de vosotr@s tendréis acceso a este diario que con mi corazón escribo.
Entre otras anécdotas, recuerdo que en mi primer día detrás de una barra de la que no paraba de llegar la gente y que siempre estaba llena, y de la que desde el primer día me hicieron cargo de una de las cajas y en la que tenía que cobrar, como ya mencioné antes tanto en euros como en libras, un cliente con una acento super cerrado y tras pedirle que me lo repitiera tres veces me dijo... "May I have a large Lager" y traicionado por mis nervios dije en voz alta... ¿pero que coño es un "Laga"? y una voz tenaz y severa me respondió... "¡Una Heineken coño!" y desde entonces y gracias a mi manager no lo he olvidado.
Aunque en el bar lo pasé algo mal, porque el ritmo de trabajo era frenético, mi compañero en el 80% de las veces era un cero a la izquierda y eso que llevaba 20 años trabajando ahí, y que yo no había trabajado como camarero nunca; rápido no tuve más remedio que aprender, y a fuerza de dar muchísmos paseos también, a llevar los platos de tres en tres en cada brazo, a cargar los vasos de tubo de cuatro en cuatro y poner los hielos y el limón en décimas de segundo, a limpiar mesas en minutos contados y cargar las neveras contrareloj; también hubo ocasiones en las que mi manager contrariado por mis experiencias estudiantiles y secundando a ciencia cierta que la teoría no servía para nada, en la práctica me enseñó a servir el vino, me enseñó sobre vinos y a servir en condiciones una mesa y todo ello sumado a la simpatía personal que tiene uno se traducía en generosas propinas que muy eventualmente me llevaba cuando era yo quien estaba a cargo del restaurante. Muy mal no lo debí hacer cuando en mi primera semana de trabajo me quedé responsable de todo el bar durante el fin de semana, y que consté que cuadraron las tres cajas y encima se hizo muy buena caja. Cosas así, eran las que me servían de ánimo. A parte claro está, de lo bien que me llevaba con todo el mundo, costó trabajo despedirse la verdad. Y aunque el curro era muy duro porque eramos pocos para tanto, no me importaría volver ahora que ya me sé manejar.
En fin, ha sido un verano muy intenso, que se me ha hecho muy breve, pero del que guardaré un maravilloso recuerdo y del que espero todos los venideros sean igual de agradables. Ha merecido la pena, con creces.
Y debo despedirme ya querido diario, porque es tarde y mañana tengo que madrugar. Y no me iré sin antes apuntar aquí, que cuando vuelva a Gibraltar cambie a libras, que sale mucho más rentable, aún me duelen a mi los sablazos que le metía a los turistas que me pagaban en euros, pues el cambio allí en el bar era muchísimo más caro... así como 30 céntimos más por cada libra cambiada sobre el valor de cambio original. Hasta el Domingo.