logotipo

img_google
Rubén & The World
Una alternativa a lo alternativo... un libro de páginas infinitas que no tiene estilo.
Acerca de
¿Quién soy? Uy vete tu a saber, a mi aún no me lo han dicho. Así que lo mismo que yo me como el coco por averiguarlo, si te interesa, ya puedes empezar a ayudarme. Aunque bueno, me han dado pistas... soy joven, entusiasta, curioso, me gusta leer, observar y nutrirme de los demás y de todo lo que tengo alrededor, descubrir cosas nuevas me encanta, pensar más allá de que cuál bote de gomina es mejor para mi cabello, soy Leo... en fin... yo qué sé... c´est moi, that´s me, soy yo...
Sindicación
 
El exceso moral
NOTA del Webmaster: Como no he cumplido con mi puntual horario de publicación, os dejo dos artículos en vez de uno. Pido disculpas por el retraso, pero la calidad de la Red Ya.Com deja mucho que desear. Podéis elegir tema: sociedad o medio ambiente. Cuídense, sean felices.


Fernando Savater. Catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.
El País. 27/06/05


Uno de los peores tópicos de la ideología reaccionaria actual (a veces disfrazada de contrariado izquierdismo) es el que postula una grave crisis de valores éticos y toca a rebato para movilizar en su defensa. El diagnóstico es fraudulento, pero valioso sin duda como síntoma... aunque no de una pugna moral sino política. Porque uno de los retos políticos que tienen nuestras democracias es la institucionalización efectiva del pluralismo moral. Este pluralismo es difícil o imposible de asumir por los integristas y fanáticos de toda laya, pero también por quienes no tiene más moral que la rutina tradicional. Dentro de una sociedad democrática, las opciones morales o religiosas son derechos privados que pueden aspirar a manifestación pública... en convivencia con otras semejantes. Por el contrario, los intransigentes las consideran no derechos sino deberes, cuya imposición es inexcusable para todos so pena de catástrofe de la decencia civilizada. Es interesante subrayar que esta postura no sólo la adoptan los creyentes más aguerridos sino también quienes jamás reflexionan sobre problemas morales y no quieren que las circunstancias sociales o los cambios históricos les impongan tan fatigoso ejercicio. Gran parte de los que más vociferan sobre la crisis de los valores lo que pretenden defender es la comodidad autocomplaciente que les evita cuestionarlos, razonarlos o mantenerlos con esfuerzo propio frente a otros también respetables.

Porque en la sociedad laica de garantías y libertades que es la democracia occidental (los que prefieran un modelo más piadoso pueden acogerse a la ortodoxia de Arabia Saudí), la cuestión de la vida buena -moralmente deseable- siempre permanece abierta al libre debate y nunca alcanzará la unanimidad del eterno acuerdo sino, en el mejor de los casos, la habitable transitoriedad del desacuerdo razonable. Precisamente son las leyes civiles, distintas de las normas o preceptos morales, las que delimitarán el campo social dentro del cual podrá jugarse lícitamente la partida pluralista. Supongo que cualquiera que se denomine "liberal" en un sentido no estrictamente predatorio del término debería suscribir este elemental punto de vista pero en España vivimos de sorpresa en sorpresa. Y en los Estados Unidos de hoy, desafortunado modelo de tantos, para qué hablar: sobre este tema conviene leer Moral Politics: How liberal and conservative thinks (University Chicago Press), la obra principal de Georges Lakoff, que fue -sin que la fuerza realmente le acompañase- el mentor ideológico de la campaña demócrata de Kerry a la elección presidencial. En un punto es realmente importante el libro de Lakoff: convierte el tema de la familia en el principal campo de batalla entre los dos grandes partidos. Es decir, la familia de modelo tradicional, centrada en la autoridad del páter familias, frente a la familia asistencial del cuidado mutuo y la complementariedad en acelerada transformación social. Lo que ocurre es que en EE UU son liberales los no conservadores y conservadores los no liberales, mientras que en España lo que más abundan son los liberales en conserva. Y así la confusión sigue aumentando...

Ejemplo de lo cual se ha visto recientemente en la manifestación de Madrid contra la ley que autoriza el matrimonio entre homosexuales, denominada "En defensa de la familia". Como sabe cualquiera que se haya interesado algo por cuestiones antropológicas, tipos de familia ha habido muchos a lo largo del tiempo y a lo ancho del espacio. Y todos, hasta los más raros, compatibles con la humanidad de nuestra especie. Es lógico que la Iglesia Católica -que vive sobre todo de la gestión de bautizos, bodas y entierros- haga aspavientos si cree que van a alterar la parcela que administra desde hace tanto con astuta alternancia de tiranía y paternalismo. Pero el resto del personal sabe muy bien que los cambios en la estructura familiar provienen sobre todo de la incorporación de la mujer al mercado laboral, de las medidas de control de natalidad, del divorcio y del precio de la vivienda (que influye en su decreciente tamaño), no de las reivindicaciones de los homosexuales. No tiene por qué considerarse un atentado contra la familia el reconocimiento legal de nuevas formas de convivencia que convienen a bastantes (con sus correspondientes efectos económicos y jurídicos) sin menoscabar los derechos de nadie. Para evitar malentendidos, hubiera sido deseable no llamar "matrimonio" (que es la denominación que recibe la familia formada por una pareja de distinto sexo) a las que legítimamente quieren constituir las del mismo sexo. Invocar la igualdad de derechos en este campo es una tontería, porque las condiciones desiguales permiten derechos específicos para cada una: el de pasar revisiones ginecológicas periódicas, por ejemplo, corresponde a las mujeres pero no a los varones. A ver si después de tanto cacareo sobre el respeto a la diferencia ahora va a resultar que hay que anularla por vía institucional...

El erotismo humano es -afortunadamente- diverso y complejo: las relaciones homosexuales forman parte de él y su condena no proviene de la moral sino de la negra superstición, que odia y/o teme cuantos placeres no comparte. Pero la procreación no es un juego erótico sino un proceso natural que implica hembra y varón. Decir que tener padre y madre puede ser sustituido por tener dos papás o dos mamás es una sandez del mismo calibre que sostener que pueden tenerse dos pies izquierdos o dos pies derechos sin que el caminar se resienta en lo más mínimo. Como muchos hijos de padre y madre los pierden demasiado pronto, o son abandonados por ellos, pueden ser criados por personas bondadosas (solas o en parejas del mismo sexo) que se hagan cargo afectivo de ellos. Para determinar qué personas son aptas para tales adopciones, las preferencias eróticas son perfectamente irrelevantes porque no determinan el comportamiento decente o indecente de nadie: abundan los heterosexuales capaces de violar a las propias hijas y los homosexuales pudibundos hasta la gazmoñería, crea lo que creyere el profesor Polaino (con quien por cierto tuve ya un debate en televisión sobre este tema hace más de una década: no sé cómo me las arreglo para comerme siempre las primicias de estos frutos del bosque...). Pero a mi juicio nadie tiene derecho a programar y fabricar huérfanos en probeta para complacer a solteros o parejas de igual sexo. No sé (nadie sabe) si los niños crecen peor, mejor o igual sin padres que con padres, pero de lo que estoy seguro es de que nadie tiene derecho de privar a un semejante de su filiación azarosa en la trama intersexual. Si esto es un prejuicio, lo asumo como tal y estoy dispuesto razonadamente a sostenerlo... aunque no saldré a la calle en com-

pañía de turbios nigromantes para que se me confunda con su parroquia.

En un estudio de interés desigual pero de ambición conjunta estimable, El pánico moral (Ed.Grasset), Ruwen Ogien propone los siguientes tres principios de ética mínima: 1) principio de consideración igual, que pide conceder el mismo valor a la voz o los intereses de cada cual; 2) principio de neutralidad respecto a las concepciones de bien personal; 3) principio de intervención limitada en caso de daños flagrantes causados a otro. Aunque a mi juicio 1 y 2 son casi equivalentes, me parece un posible programa reductor para abreviar los daños de la grandilocuencia moral. El abuso moralizante puede convertirse en un serio enemigo de las libertades y garantías en nuestras democracias. En Estados Unidos, paraíso de la silicona y los escotes vertiginosos, abundan las denuncias por "inmoralidad" contra mujeres que amamantan a sus hijos en público (una de ellas, con gracia certera, repuso que no tenía la culpa de que algunos confundiesen la función con la forma). Por supuesto en la teocracia saudí se prohíbe conducir vehículos a la mujer también con argumentaciones pseudoéticas: las pobres no tienen coche y las ricas envían a sus criados a la compra y sólo utilizarían el auto para flirtear y crear atascos... Limitemos los excesos morales cuanto se pueda, tanto los de quienes ven por todas partes atentados contra lo más santo como los de los entusiastas que convierten la consecución de cualquier capricho en un alto logro de la civilización progresista. Y recordemos al viejo erasmista que hace cinco siglos recomendaba: "En lo necesario, unidad; en lo no necesario, pluralismo; y siempre, caridad".
 
El desierto que viene...
La sequía ha dejado de ser sólo un problema cíclico y pasajero. Los expertos ponen en evidencia que el futuro de España está en juego si no cambiamos el actual modelo de desarrollo

La sequía actual se superpone a una profunda crisis medioambiental y a una situación de agudo desequilibrio hidrológico entre oferta y demanda que no se resolverá con las futuras lluvias ni con nuevas infraestructuras hidrológicas. La paradoja española es que los cultivos más rentables y la mayor expansión urbanística se dan cita precisamente en las áreas más áridas de toda Europa.

El País. 27/06/05. José Luis Barbería

Campos cuarteados y cosechas vencidas, requemadas bajo la solana inmisericorde, incendios forestales, fuentes, pozos, ríos y lagunas secas, embalses bajo mínimos de los que apenas fluye un hilo de agua que se evapora fatalmente en el camino hacia las plantaciones y las huertas. Abrasado por la sequía, el campo español emite nuevamente su grito sediento y con él ascienden los malos humores que dudan entre encomendarse al santo o arremeter contra el Gobierno de turno. Y, sin embargo, el problema, el verdadero problema, no se resume ya en la estampa de esta sequía temprana, en las conocidas calamidades de un fenómeno natural, pasajero. La cuestión de fondo es que la sequía actúa ahora en el contexto de una crisis medioambiental profunda, generalizada e inquietante y que se superpone con su carga dramática a una situación de progresivo deterioro que lleva décadas causando estragos.

Por abundantes que sean, las lluvias venideras no recompondrán el equilibrio hidrológico roto hace mucho tiempo, ni restituirán por sí mismas el déficit hídrico que ha pasado a ser estructural. Sabemos que ni el rico poso cultural del regadío legado por romanos y árabes, ni toda la potente ingeniería hidráulica que ha hecho que este país ostente, con 1.300 grandes obras, el récord mundial de superficie de presas y embalses por habitante y kilómetro cuadrado, nos preservan ya de nuestra propia deriva y mucho menos de las incertidumbres de un futuro comprometido por el calentamiento de la atmósfera y el cambio climático.

Una cuarta parte de la península Ibérica está amenazada por el proceso de desertización rampante que ha ido tiñendo de amarillo la superficie no hace tanto tiempo verde de países como Túnez o Marruecos. Tenemos a la mitad de los ríos, acuíferos y embalses sobreexplotados o severamente contaminados por los malos usos agrícolas e industriales y al 60% de nuestras aguas dulces costeras salinizadas por la intrusión marina, a causa de la reducción de los caudales de las aguas subterráneas y de superficie. Por no hablar del largo muestrario de especies acuáticas extinguidas o en situación crítica, de la regresión de dunas y deltas en el litoral, de las arrasadas praderas costeras de algas marinas en la que desovan los peces, de la desaparición de lagunas, manantiales y fuentes.

Los mismos Ojos del Guadiana, allí donde los libros de geografía situaban el resurgimiento del río, han quedado borrados de la faz de la tierra por la sobreexplotación del "Acuífero 23" que nutre los salinizados fondos del parque natural de las Tablas de Daimiel. Borrados hasta el punto de que, 30 años después de su pérdida, los tribunales de justicia les han oficiado su responso en una sentencia que los declara oficialmente inexistentes y que da la razón a los particulares que reclaman el uso de esas tierras consideradas desde siempre de dominio público.

Algo más que un caudal de H2O
¿A estas alturas, podemos permitirnos ignorar a los agoreros del cambio climático que vaticinan un panorama de desastres encadenados: sequías e inundaciones, desertización y escasez? ¿A los augures de la Organización Meteorológica Mundial que anuncian que en un par de décadas dos tercios del planeta padecerán estrés hídrico y que España está situada en una zona de riesgo? ¿Y a las academias de ciencias del G-8, a las legiones de expertos medioambientalistas que sostienen que ese cambio ya está aquí y que se manifiesta en el aumento de las temperaturas y en la proliferación de las sequías e inundaciones que han castigado a Europa en los últimos tiempos? ¿No se han apagado, por otra parte, muchas de las voces igualmente expertas que hace sólo unos años desdeñaban olímpicamente la teoría del cambio climático por considerarlo un ejercicio de ciencia-ficción?

Los Gobiernos de los países desarrollados empiezan a dar crédito a esta alarma mundial. El propio Ministerio español de Medio Ambiente incluye en su página web las estimaciones para 2050 de los efectos previstos del cambio climático en nuestro país. Según esos alarmantes cálculos, la temperatura media subirá 2,5 grados, las precipitaciones se reducirán un 10% y la humedad del suelo disminuirá en un 30%. Los valores y conceptos ecológicos han dejado de ser patrimonio de unos pocos pioneros pretendidamente atacados por la ansiedad, la exageración y la espontaneidad para incorporarse a los análisis científicos y a los programas de los Gobiernos.

No es que el mundo se esté rindiendo voluntariamente al discurso ecologista, es que la economía del sistema empieza a resentirse gravemente de los efectos del proceso, es que la realidad misma, la nueva realidad, obliga a reconsiderar los modelos. Con las resistencias lógicas que entrañan los cambios de gran envergadura (Kioto), comienza a abrirse paso una nueva mentalidad que ya no mira al río como a un puro canal de H2O, al bosque como a un simple almacén de madera y al acuífero como al depósito que se puede perforar impunemente, 100, 500, 1.000 metros, hasta extraerle sus entrañas. Ahora se descubre que el río está compuesto también de elementos sólidos: arenas necesarias para la conservación de las playas y nutrientes indispensables para la vida de los deltas y de las praderas marinas que nos aseguran la pesca; se comprueba que las formaciones boscosas son, en realidad, los mejores embalses porque guardan y filtran espaciadamente el agua, frenando las crecidas e inundaciones.

En el límite con el desierto
Hay una lógica económica, antes que ideológica-ecológica, que se fundamenta en la constatación de que los viejos modelos de desarrollo conducen a la ruina y al desastre, en la seguridad empírica de que recuperar lo sacrificado en el altar de lo que fue progreso y ya no es tal resulta a veces imposible y siempre enormemente costoso. Quienes pueden permitírselo, los países ricos, se aprestan a salvar su patrimonio natural -lo que no les impide trasladar al Tercer Mundo sus industrias contaminantes- y cabe pensar que dentro de unas décadas los ríos-cloacas quedarán asociados al paisaje de los países pobres incapaces de reaccionar. Aunque los correctores lexicográficos automáticos de español refutan todavía, por extraño, el vocablo "sostenibilidad", ésa y no otra es la palabra clave de los tiempos venideros.

Sin necesidad de apuntarse al catastrofismo -ya hay bastante dramatismo artificioso en la confrontación territorial y política española por el agua-, la realidad es que nuestro sistema se nos está haciendo cada vez más vulnerable e insostenible y que frente a una demanda-exigencia de agua progresivamente mayor -crece a un ritmo del 13% anual- seguimos disponiendo de los mismos recursos: unos 110.000 hectómetros cúbicos potenciales, de los cuales únicamente son aprovechables directamente el 9%. Ese caudal limitado -menguante, cabría decir, a tenor del promedio de lluvias de los últimos años- está condicionado, además, por una orografía imposible y un régimen pluviométrico diabólicamente irregular que divide radicalmente a la Península entre la franja húmeda del norte y el resto seco.

"No es que llueva mucho menos que en el resto de Europa", aclara Adrián Baltanás, director de la empresa pública Acuamed, encargada de gran parte del centenar de actuaciones (plantas de desalinización, reutilización de aguas residuales, modernización de regadíos, mejora de abastecimientos, aprovechamiento de aguas subterráneas) encaminadas a sustituir el frustrado proyecto del trasvase del Ebro. "Si consideramos el agua que revierte en los cauces y ríos (las escorrentías), nosotros disponemos de unos 2.700 metros cúbicos (cada metro cúbico son 1.000 litros) por habitante y año, mientras que la media europea es de unos 3.000. Nuestro gran problema es la irregularidad temporal y geográfica con que llueve, y la elevada evaporación, claro".

La gran paradoja del caso español es que los productos más rentables, los que brillan en los supermercados europeos, se cultivan precisamente en el arco mediterráneo, allí donde llueve muy poco, en áreas como Almería y Murcia, las más secas del continente europeo, cuyos índices de pluviosidad les equiparan con el desierto. "El año hidrológico nos ha dado 150 litros por metro cuadrado, cuando la referencia que se establece para fijar el límite con el desierto es de 250 litros por metro cuadrado", indica Manuel Aldeguer, comisario de la cuenca del Segura. Es una contradicción irresoluble porque las ventajas de los cultivos mediterráneos, dos, tres y hasta cuatro cosechas al año, se derivan de la alta disponibilidad solar, las elevadas temperaturas medias y la ausencia de heladas.

Entre medio millón y un millón de pozos
"Producimos cuando el resto de la agricultura de Europa está parada, y ésa es nuestra ventaja, el valor añadido. España es un minicontinente capaz de producir de todo, desde papaya hasta leche, pasando por maíz", subraya el secretario general para la Agricultura, Fernando Moraleda. El peso económico del arco mediterráneo se evidencia en el valor que obtienen sus exportaciones agrarias: más de 800.000 millones de pesetas en 2000, el 68% nada menos de las exportaciones agrícolas de toda España. Claro que si hablamos de Almería -el 16% de la superficie cultivada en esa provincia es de invernadero, bajo plástico-, la principal contrapartida ecológica es el vaciamiento y contaminación del gran acuífero del Campo de Dalias, que recoge las aguas de Sierra Nevada. La voz de alarma, lanzada años atrás cuando el cultivo bajo plástico alcanzó las 9.000 hectáreas, no ha impedido la continua sobreexplotación de ese acuífero y la extensión del invernadero, que hoy alcanza las 27.000 hectáreas, el equivalente a 54.000 campos de fútbol.

A la extensión continuada de los cultivos -con 3,5 millones de hectáreas, España dispone de la mayor superficie de regadíos de toda Europa-, se suma el incremento de las urbanizaciones en un área que acoge a buena parte de los 45 millones de turistas internacionales y en la que el consumo de agua ha aumentado un 30% en los últimos cinco años. Por los estudios realizados en Lanzarote se sabe que los turistas utilizan una media de 230 litros de agua por persona y día, frente a los 150-160 litros de la población española. De acuerdo con los datos de 2003, la densidad de población en las cuencas del Mediterráneo (155 habitantes por kilómetro cuadrado) está a punto de duplicar a la media nacional (86,1 habitantes por kilómetro cuadrado).

Tal y como establecen los informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y proclama a diario la evidencia misma, en España existe "un desequilibrio agudo entre la oferta y la demanda", un desequilibrio acelerado entre lo disponible y lo necesario que ni todos los proyectos de nuevos embalses y trasvases pueden ya por sí mismos resolver. Entre otras razones, y al margen del impacto ambiental que conllevan las grandes obras, porque se ha demostrado que la política de allegar nuevos recursos hídricos a zonas de escasez crea nuevos consumos y demandas que superan las nuevas disponibilidades. Las meras expectativas de agua en las zonas costeras del levante y el sur español disparan automáticamente proyectos de urbanización y de extensión de regadíos en una dinámica aparentemente sin fin. "Detrás de la pancarta clásica: 'El campo español se muere de sed', lo que encontramos, a menudo, son intereses especulativos inmobiliarios", sostiene Pedro Arrojo, profesor de Análisis Económico, presidente de la Fundación Nueva Cultura del Agua y premio Goldman para Europa.

Insumisión hidrológica
Contra la práctica establecida en la cultura tradicional del campo -"la acequia para el riego y el pozo para la sequía", es un dicho clásico de la huerta valenciana-, las aguas subterráneas, que sostienen el caudal mínimo de los ríos, están siendo utilizadas como recurso sistemático para resolver ese agudo desequilibrio entre oferta y demanda. Suponen más del 30% de las utilizadas en los regadíos y son las grandes desconocidas. El especialista en aguas subterráneas y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid en Hidrología Fernando López Vera calcula que en España hay en estos momentos entre 500.000 y un millón de pozos, en su gran mayoría no declarados. "Pero, en realidad, nadie sabe lo que hay", dice, "porque manejamos información de los años ochenta. ¿Y cómo vamos a intervenir", pregunta, "si no sabemos a ciencia cierta qué es lo que tenemos delante?". Es una preocupación que comparte plenamente el secretario general para el Territorio y la Biodiversidad, Antonio Serrano. "En efecto, en el terreno estadístico hay un desbarajuste notable; no tenemos datos muy fiables", reconoce, "puesto que los diversos estudios disponibles dan resultados muy distintos".

La Ley de Aguas de 1985 estableció que las aguas subterráneas, consideradas de propiedad privada desde el Derecho romano, pasaran a ser de dominio público, exactamente igual que las superficiales. Pero los legisladores no se atrevieron a aplicar ese enunciado de forma retroactiva e incluyeron un artículo transitorio en virtud del cual los dueños de los terrenos conservan la propiedad privada de los pozos, y del agua, construidos con anterioridad a la fecha de promulgación de la ley. "En la práctica, lo que ocurre es que la gente sigue perforando pozos que no declara y que si se les detecta, les basta con argumentar que el pozo es anterior a 1985", afirma Fernando López Vera.

A su juicio, compartido por otros expertos, la ley es de difícil aplicación y habría que cambiarla. "Como los pozos siguen siendo de uso privado", explica, "se necesita una orden judicial para poder inspeccionarlos, así que cada cual hace lo que la da la gana y los que cumplen con la ley aparecen desasistidos. Tenemos una situación de insumisión hidrológica y una Administración impotente, porque las confederaciones hidrográficas se inhiben a menudo por falta de medios o de voluntad", asegura el catedrático de Hidrogeología. Mientras charla con el periodista, Fernando López Vera recibe la noticia de que en la cuenca del Segura hay 85.000 hectáreas nuevas de regadíos ilegales alimentadas con aguas subterráneas.

Las vertientes del conflicto
Aunque los responsables de las confederaciones hidrográficas no comparten, por lo general, esta imagen de desgobierno, pocos niegan la conflictividad que rodea, particularmente, el uso de las aguas subterráneas. Las perforaciones ilegales y los "robos" en acequias y conducciones que, en ocasiones, transforman en un páramo plantaciones y fincas de tradición centenaria, están en el fondo de muchos de los litigios que llegan a los tribunales. Según López Vera, sólo en los juzgados de Ciudad Real debe de haber entre 2.000 y 3.000 expedientes relacionados con el agua. A la lentitud de la justicia se unen en este caso las dificultades probatorias que implica todo lo relacionado con el agua. "Es difícil probar que había agua donde ya no hay", apunta el presidente del Colegio de Geólogos, Luis Eugenio Suárez.

Aunque en un país como España el agua ha sido siempre un elemento conflictivo -"en otros tiempos se tiraba de escopeta si el vecino te robaba el agua", comenta el director general del Agua, Jaime Palop-, el asunto está adquiriendo últimamente una dimensión extraordinaria. A la conflictividad vecinal por el agua hay que sumar la confrontación entre comunidades autónomas con intereses divergentes -las diferencias entre Castilla-La Mancha y Murcia y Valencia no son el único caso-, así como la polémica abierta entre las comunidades del PP y el Gobierno central por la derogación de la ley del trasvase del Ebro.

El hecho de que el modelo de organización por cuencas fluviales, modelo inventado por España y adoptado universalmente, no coincida con la estructura autonómica tampoco facilita las cosas. "Hay un divorcio entre la gestión de cuenca y el ámbito autonómico, pero tenemos que intentar que las autonomías se sientan en las confederaciones hidrográficas como en su propia casa", afirma Jaime Palop. El agua se ha convertido en un problema de primera magnitud que condiciona drásticamente el modelo de desarrollo agrícola, puesto que la agricultura consume hoy el 80% de los recursos disponibles.


NOTA del Webmaster: Siento muchísimo el retraso, pero la calidad del servicio de la Red Ya.Com deja mucho que desear. Espero disculpéis las molestias. Solo me quedan dos semanas y dos días para acabar. Cuídense y sean felices.
 
Como las pilas DURACELL... y dura y dura y dura...
Obispos y altos cargos del PP arropan la manifestación contra las bodas gays

Unas 180.000 personas marcharon en Madrid en defensa del modelo de familia tradicional

La manifestación del Foro Español de la Familia contra la inminente legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo reunió ayer por la tarde en Madrid a cerca de 180.000 personas -millón y medio según los organizadores; 700.000 según la Comunidad de Madrid, y 166.000 en opinión de la Delegación del Gobierno con datos de la Policía Nacional-. Entre los manifestantes hubo 19 obispos, encabezados por el cardenal Antonio María Rouco, y una representación del PP. No acudieron ni el líder de este partido, Mariano Rajoy, ni el presidente de la Conferencia Episcopal Española y obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez. El lema de la marcha fue La familia sí importa.

Cerca de 180.000 personas corearon ayer en Madrid el lema "la familia sí importa" en una manifestación contra el matrimonio homosexual convocada por el Foro Español de la Familia y a la que asistieron 20 obispos y varios altos cargos del Partido Popular. Fue una tarde en que la obsesión general la constituyó el número de participantes: para la Policía Nacional, la cifra de manifestantes era de 166.000, con una estimación de 5.000 personas más o menos. La Comunidad de Madrid, gobernada por el PP, calculó 700.000. La organización hablaba, al término de la marcha, que transcurrió de Cibeles a la Puerta del Sol, de más de millón y medio de personas, aserto que era jaleado al grito de: "¡Luego diréis que somos cinco o seis!".

El momento culminante de la tarde, por inesperado, ocurrió a las 19.25 sobre el escenario de Sol, cuando ya se había leído el manifiesto. El animador del acto anunció la llegada de dos novios ("novio y novia", precisó) al escenario. Elena y Pablo subieron, ella con vestido de seda salvaje, él con chaqué, e hicieron la ola. Arrancaron el aplauso más redondo entre aquellos que, pese al sol inclemente (se alcanzaron temperaturas de 36 grados) habían llegado hasta allí.

Luego, entre aplausos, se marcharon a atender a sus 200 invitados.

Momentos antes, la periodista de la cadena Cope Cristina López Schlichting había exigido la retirada del proyecto de ley de matrimonio homosexual, que ahora se debate en el Senado y que está previsto aprobar en el Congreso el 30 de junio. El texto modifica dos apartados del Código Civil para que personas del mismo sexo puedan casarse. También pidió "la regulación de la adopción que garantice el derecho del niño a tener una madre y un padre".

La concejal del PP Ana Botella, casi en primera fila, aplaudió a los novios, entre el mar de pasquines que alzaban los manifestantes con las banderas de España y del Vaticano. En ellas se podía leer: "Familia= hombre y mujer". La edil se refrescaba con un abanico naranja. Con una gran sonrisa aclaró que había acudido "a título personal".

Más atrás, entre los manifestantes que se situaron detrás de la segunda pancarta, Por el derecho a una madre y a un padre, estaban los cargos que el PP envió por indicación de su presidente Mariano Rajoy, quien no asistió: su secretario general, Ángel Acebes; el portavoz parlamentario Eduardo Zaplana; la responsable de Política Social, Ana Pastor y el secretario de Política Económica Miguel Arias Cañete. A su lado, algunos de quienes habían acudido a título personal, como el portavoz popular en el Parlamento Europeo Jaime Mayor Oreja y Federico Trillo. También asistieron otros diputados: Gabriel Cisneros, Jorge Fernández, Vicente Martínez-Pujalte, Eugenio Nasarre, Andrés Ayala y Manuel Atienza.

Acebes, con una camisa azul que se le pegaba a la espalda por el sudor, se acercó en un momento a una manifestante que le precedía y que enarbolaba un pasquín con dos caras: "Uniones civiles sí, matrimonio, no" y "Ministro Alonso, ¿me va a detener?". Le dijo que le gustaba. "Lo que tiene Zapatero en vez de talante es talantrás", aseguraba la hermana de la mujer, una profesora que había venido desde Toledo. "Tenemos amigos gays", explicaban ambas, "pero son muy discretos y no quieren tanto barullo y tanta pluma".

La llegada del cardenal Antonio María Rouco Varela, ex presidente de la Conferencia Episcopal, con gafas ahumadas, gesto serio, alzacuellos y chaqueta, fue la más celebrada. Iba escoltado por los obispos auxiliares de Madrid Fidel Herráez, César Franco y Eugenio Romero Pose. Subrayó el "éxito" de la manifestación y no quiso hacer declaraciones "para no quitarles protagonismo" a los organizadores.

Los otros prelados que asistieron fueron el arzobispo de Toledo y vicepresidente del Episcopado, Antonio Cañizares; el obispo de Málaga, Antonio Dorado; el de Granada, Francisco Javier Martínez; Francisco Gil (Burgos), Francisco Pérez (Castrense), Demetrio Fernández (Tarazona), José Manuel Lorca (Teruel), Jesús Sanz (Huesca), José Gea (Mondoñedo), Juan Antonio Reig (Castellón), Joaquín López de Andújar (Getafe), Jesús Esteban (Alcalá), Carmelo Borobia y Ángel Rubio (auxiliares de Toledo), y el administrador diocesano de Jaén, Rafael Higuero, además del portavoz del Episcopado, Juan Antonio Martínez Camino. También acudió Kiko Argüello, fundador del Movimiento Catecumenal.

Camino a Sol, los manifestantes dejaron sin bolsas de agua los contenedores y gritaron "Zapatero dimisión", "En la primera hoy no salimos" o "No al desmadre, queremos madre y padre". A las 18.45, tres cuartos de hora después del inicio de la marcha, la megafonía anunció: "Se acaba de dar la cifra de un millón de personas". Los asistentes lo celebraron enardecidos: "¡Luego diréis que somos cinco o seis!".

Sobre el escenario de Sol, el presidente de la organización convocante, José Gabaldón, dijo que "eliminar la familia es derrumbar a toda la sociedad". También arengó a los manifestantes el vicepresidente del Foro Español de la Familia y presidente de la Federación Española de Familias Numerosas, Benigno Blanco (ex secretario de Estado con el PP). Hasta una decena de representantes de diferentes asociaciones intervinieron brevemente. El animador anunció sobre las 19.30: "Nosotros pensamos que los embriones son persona y no queremos el divorcio exprés".

Globos y banderas de España jalonaron la manifestación. Las pancartas más explícitas llegaron de Valencia: "Mujer y hombre igual a matrimonio, hombre y hombre y mujer y mujer igual a marimonio" y "¿Cambiarías a Juan y Puri por Boris y Zerolo?". Había carteles que rezaban: "ZP, no soy un experimento, soy un niño" o "Sodomía no con mi dinero".

La senadora del PP Mercedes Coloma rechazó, en las intervenciones finales, la adopción por parejas del mismo sexo, porque, dijo, "no por pagar impuestos se tiene derecho a adoptar niños y hay que dar una familia a un niño y no niño a una familia". La canción We are the champions, de Queen, cerró el acto.
 
Inusualmente me vino un olor a néctar...
Pues nada, adelanto mi publicación dominical para comentar que los exámenes me están marchando de fábula. De todos los que llevo hechos, sé tan solo la nota de Estadística Descriptiva para el Turismo y la calificación es de 8 puntos. ¿No está mal para ser la primera, no?
Todas las demás mantienen mi alma en vilo, a la espera de los resultados, pero tan solo he salido descontento de dos exámenes... espero que haya suerte.

El próximo Domingo saldrá la publicación habitual, ésto solo ha sido un lapsus melancólico que me ha dado en un brake que hecho entre tantos apuntes, fórmulas y ejercicios.

Gatopardo, no creas que porque defienda mi tierra con uñas y dientes no sé reconocer todos los rincones oscuros que tiene, es que soy demasiado narcisista con mi ciudad, no lo puedo evitar como tampoco podré evitar dejar un trozo de mi alma cuando tenga que partir sin saber cuándo podré volver.
Como ya comenté en tu post, aunque con Sevilla nada más que nos podemos meter los sevillanos jajajaja... había mucho de razón en todo aquello que comentaste y de hecho ya intuía que tu experiencia era la que plasmaba aquellas letras. Me ecantó el post. Como también me encantas tu. Muchas gracias por acordarte de mi, resulta muy agradable encontrar misivas escritas con ese estilazo sutil y pícaro, al que yo aspiro, en la bandeja de entrada de la computadora. Cuídate mucho.

Mariquilla o _April_ como prefieras, ¿sabes que yo por ti me volvía hetero, no?. Pero hija, son muchos kilómetros y creo que a los dos nos gusta demasiado lo mismo como para que esa realidad vea algún día la luz del Sol. jajajaja Amor, no he podido escribir en tu post, pero te deseo toda la suerte del mundo en los exámenes, espero que los pases todos con creces. Pero vamos que sino como está Septiembre, cuando acabes los exámenes, tu me lo comunicas, y el día en que los dos salgamos de fiesta a celebrar la clausura de la época de exámenes, nos tomamos un cubatita a la salud de ambos... un cubatita o dos... u o tres. jajajaja Muchísima suerte amor, de veras, y tómatelo con calma.

Ninf@, demasiado de mitológico tienes tu creo yo... jajaja pero bueno, eso te hace ser original y estupendísima de la muerte, eso hace que yo siga a tu lado.
Que por cierto, para tod@s l@s demás lector@s Ninf@ es compañera mía de aventuras, en algún que otro post la citaba como plena defensora de los derechos constitucionales jajajaja
En fin, pongo en conocimiento de tod@s que aquí la macarrilla ésta, que es una quinqui con muy buenas formas... la tía con dos cojones y a sus 21 años es Diplomada en Trabajo Social y se incorpora a trabajar en prácticas en un centro de menores. No sabes cómo me alegro... bueno qué cojones!!! claro que lo sabes jodía... si te he llevado yo dos veces al dichoso centro porque a ti te daba miedo no te fueras a perder. jajajaja Mi más cibernética enhorabuena.

Victor Flyte, encantador trobador de las méjores líricas que se pueden leer, ya sabes que a mi tus escritos me saben así. Me alegra, que te gustara el post que colgué de la misión secreta del Señor Márquez, en mi también causó sensación. Como sabes, no tengo tiempo de escribir en tu post y me encantaría poder tenerlo. Pero no le pierdo el vuelo, hay veces que te superas a ti mismo. Cuídate mucho.

MaríaStorm, ya me he dado cuenta de que al igual que yo y tu tocaya citada más arriba, missing por las esquinas. jajajaja En fin, de estudiante a estudiante... te acompaño en el sentimiento querida amiga. jajajaja Espero que te vaya bien, que aguantes los estreses propios de la época de exámenes y que cuando acabes te pegues un homenaje. Que te va a sentar estupendamente. Cuídate mucho, que tengas muchísima suerte.

TIME OUT!!!
Me tengo que poner a estudiar again, lo siento, me dejo algun@s en el tintero. En cuanto pueda volver, terminaré de esbozar este "hasta pronto". Aunque cierto es que no sois muchos, pero sí que sois CANELITA FINA... no puedo pedir más... tampoco quiero. Cuídense mucho, sean felices. Espero verles enteritos por aquí. No les olvido. Gracias por estar ahí. Ciao.

Un regalito y un consejo para oir...
Diana Navarro - Flamenco Pop - No te olvides de mi

Hay que ver como quema la Luna,
cuando tu no estás aquí.
Como pesa la noche en mi cama,
si me acuerdo de ti.

Hay que ver como duelen mis venas,
del amor que te di.
El sabor de mis últimas penas,
que pené para ti.

Ay Ay Ay... No te olvides de mi...
Ay Ay Ay...

Hay que ver como mata el dolor,
el frío y el calor.
Cómo sabe de ingrato el sabor,
del amor.

Hay que ver como amargan los besos,
que al final me perdí.
Como matan aquellos recuerdos,
que se acuerdan de ti.

Ay Ay Ay... No te olvides de mi...
Ay Ay Ay...
 
Einstein en Cuatro Caminos
Un madrileño de 18 años representa a España en la Olimpiada de Física

¿Adónde va la luz cuando se apaga? ¿Cómo es la teoría de la relatividad? ¿Qué es la paradoja del gato de Schrödinger? Las ciencias físicas superan la capacidad de comprensión de la mayor parte de la gente, y esa exclusión del modo de pensamiento considerado como el logro principal de la modernidad la viven muchos como una injuria a su autoestima intelectual. Para otros es un juego de niños. Es el caso de Ricardo Martín Brualla, nacido en el distrito madrileño de Cuatro Caminos hace apenas 18 años. Estudia en el Colegio Alemán y es medalla de oro en la Olimpiada Nacional de Física, de plata en la de Matemáticas, de bronce en la de Químicas y aspira a todo, también, en la Olimpiada de Informática, próxima a celebrarse.

En el año Einstein, con motivo del centenario de la teoría de la relatividad, España tiene la fortuna de organizar la 36ª Olimpiada Internacional de Física, del 3 al 12 de julio, en Salamanca. Es uno de los acontecimientos del Año Mundial de la Física, y se quiere hacer mejor papel que en el pasado, preparando con tiempo a los cuatro jóvenes que competirán con quienes hasta ahora acaparan el medallero: chinos, rusos, alemanes y de otros países del este europeo. Ricardo Martín es una de las opciones, arropado por los siguientes clasificados: Íñigo Martín Berbed y Javier Infante Bustelo, también de Madrid, y Borja Sanz Martín, de Valladolid. En Salamanca competirán con 350 muchachos de 70 países, para resolver en cinco horas cuestiones cuya respuesta ocupará apenas los tres folios.

Hijo de un ingeniero aeronáutico y de una licenciada en Psicología, Ricardo es ya un veterano de las olimpiadas científicas. Ha competido con igual firmeza en física y matemáticas que en químicas o informática. Representó a España en la Olimpiada de Física de Corea (mención de honor), en la Iberoamericana de Matemáticas y en la de Informática de Atenas.

Ricardo es alto, fuerte, moderno. En el hotel donde nos hemos citado para la entrevista, el sábado a mediodía, hay a esa hora decenas de bulliciosos chavales llegados de Sevilla siguiendo al Betis. Parece uno más. Pero muy pocos tienen, como Ricardo, una hermana mayor que les regale, a los 12 años, un librillo sobre la teoría de la relatividad. "Se quedó en el estante hasta el año pasado. Fue entonces cuando entendí la teoría de la relatividad. Einstein fue un genio, probablemente el mejor físico de principios de siglo XX. Pero se ha mitificado demasiado, la sociedad conoce muchísimas cosas sobre Einstein, pero nada sobre Planck o Heisenberg, que también cambiaron la concepción del mundo".

Ricardo Martín Brualla tuvo la suerte, también, de un "profesor especial", que le sigue desde los 10 años. "Se llama Albrecht Hess y llegó a mi colegio desde un departamento de la Politechnique de París. Es matemático y doctor en físicas, y de joven fue olímpico internacional, medalla de plata en Matemáticas. Nació en la Alemania comunista y casi no le dejan entrar en la universidad por criticar al régimen", dice el alumno con admiración.

Siempre le encantaron, de pequeño, todo tipo de máquinas: grúas, aviones, coches, camiones... Hoy está entusiasmado con los éxitos de Fernando Alonso en fórmula 1. Pero tampoco le disgustan las letras: lee mucho -ahora mismo, El mundo de Sofía, de Jostein Gaarder- y frecuenta el cine. Y no tiene mentalidad de niño prodigio, ni cree que sus compañeros lo vean de esa manera, aunque se le acerquen, a veces, con preguntas raras, la última vez sobre la paradoja del gato de Schrödinger [el célebre experimento mental de Erwin Schrödinger, en 1937, sobre las diferencias entre interacción y medida en el campo de la mecánica cuántica]. Una de las cuestiones que más le atrae, ahora, es "el por qué los neutrinos pueden cambiar de tipo mientras viajan a través del espacio". De mayor quiere ser físico o ingeniero, pero también le gustaría dedicarse a la inteligencia artificial.

Por cierto, ¿adónde va la luz cuando se apaga? Contesta: "Se queda en nuestros recuerdos; en el momento en que deja de fluir, deja de existir. Así pasará dentro de millones de años, cuando el Sol se apague y el sistema solar quede a oscuras".
 
Stand By
Como se imaginarán, me encuentro inmerso en una nebulosa de exámenes que me arrastra hasta el más puro desconcierto visceral, y ello no se ve más reflejado que en mi crisis de creatividad... me encantaría contarles muchísimas cosas, pero les juro que no tengo tiempo.

Así que como buen lector de la prensa on-line de calidad que soy, desde hoy hasta que acabe mis exámenes, limitaré mis publicaciones dominicales a hacerme eco de noticas que me llamen la atención. Espero que sepan disculparme, pero no veo otra situación que no sea tan radical como la de abanadonar el post hasta mi regreso. Sino lo hago es por los lector@s del mismo, se lo aseguro.

No obstante, aprovecho para avisar que aunque mis aportaciones se vean mermadas de ahora en adelante y por un periodo que ya acaban de conocer, no dejo de visitar mis post habituales, que no son otros que los propios de los lector@s de la página, generalmente. Así que, no piensen que dejaré de seguirles las pista.

Les dejo aquí, el primer artículo que encontré sumamente interesante. Les agradezco como siempre su incondicional interés y recuerden que sigo pendiente... cuídense.

REPORTAJE

La misión secreta de García Márquez

EL PREMIO NOBEL TRASLADÓ A WASHINGTON UN PLAN ANTITERRORISTA DE FIDEL CASTRO

El pasado 20 de mayo, Fidel Castro reveló que, siete años antes, Gabriel García Márquez le llevó un mensaje secreto al entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton. Gabo redactó un informe sobre su misión que Fidel calificó de "maravilloso". "Son como las memorias mías, y pienso que las tuyas estarían incompletas si no contienen ese mensaje". Éste es el informe secreto.

A finales de marzo [1998], cuando confirmé a la Universidad de Princeton que iría a hacer un taller de literatura desde el 25 de abril, le pedí por teléfono a Bill Richardson que me gestionara una visita privada con el presidente Clinton para hablarle de la situación colombiana. Richardson me pidió que lo llamara una semana antes de mi viaje para darme una respuesta. Días después fui a La Habana en busca de algunos datos que me faltaban para escribir un artículo de prensa sobre la visita del Papa, y en mis conversaciones con Fidel Castro le mencioné la posibilidad de entrevistarme con el presidente Clinton. De allí surgió la idea de que Fidel le mandara un mensaje confidencial sobre un siniestro plan terrorista que Cuba acababa de descubrir, y que podía afectar no sólo a ambos países, sino a muchos otros. Él mismo decidió que no fuera una carta personal suya, para no poner a Clinton en el compromiso de contestarle, y prefirió una síntesis escrita de nuestra conversación sobre el complot y sobre otros temas de interés común. Al margen del texto, me sugirió dos preguntas no escritas que yo podría plantear a Clinton si las circunstancias fueran propicias.

Aquella noche tomé conciencia de que mi viaje a Washington había sufrido un giro imprevisto e importante, y no podía seguir tratándolo como una simple visita personal. Así que no sólo le confirmé a Richardson la fecha de mi llegada, sino que le anuncié por teléfono que llevaba un mensaje urgente para el presidente Clinton. Por respeto al sigilo acordado, no le dije por teléfono de quién era -aunque él debió de suponerlo- ni le dejé sentir que la demora de la entrega podía ser causa de grandes catástrofes y muertes de inocentes. Su respuesta no llegó durante mi semana en Princeton, y esto me hizo pensar que también la Casa Blanca estaba valorando el hecho de que el motivo de mi primera solicitud había cambiado. Llegué inclusive a pensar que la audiencia no sería acordada.

Sospecha maligna
Tan pronto como llegué a Washington el viernes primero de mayo, un asistente de Richardson me informó por teléfono que el presidente no podía recibirme porque estaría en California hasta el miércoles 6, y yo tenía previsto viajar a México un día antes. Me proponían, en cambio, que me reuniera con el director del Consejo Nacional de Seguridad de la Presidencia, Sam Berger, quien podía recibir el mensaje en nombre del presidente.

Mi sospecha maligna fue que se estaban interponiendo condiciones para que el mensaje llegara a los servicios de seguridad, pero no a las manos del presidente. Berger había estado presente en una audiencia que me concedió Clinton en la Despacho Oval de la Casa Blanca, en septiembre de 1997, y sus escasas intervenciones sobre la situación de Cuba no fueron contrarias a las del presidente, pero tampoco puedo decir que las compartiera sin reservas. Así que no me sentí autorizado para aceptar por mi cuenta y riesgo la alternativa de que Berger me recibiera en vez del presidente, sobre todo tratándose de un mensaje tan delicado, y que además no era mío. Mi opinión personal era que sólo debía entregarse a Clinton en mano.

Lo único que se me ocurrió por lo pronto fue informar a la oficina de Richardson de que si el cambio de interlocutor se debía sólo a la ausencia del presidente, yo podía prolongar mi estancia en Washington hasta que él regresara. Me contestaron que se lo harían saber. Poco después encontré en mi hotel una nota telefónica del embajador James Dobbins, director para Asuntos Interamericanos del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), pero me pareció mejor no darla por recibida mientras se tramitaba mi propuesta de esperar el regreso del presidente.

No tenía prisa. Había escrito más de veinte páginas servibles de mis memorias en el campus idílico de Princeton, y el ritmo no había decaído en la alcoba impersonal del hotel de Washington, donde llegué a escribir hasta diez horas diarias. Sin embargo, aunque no me lo confesara, la verdadera razón del encierro era la custodia del mensaje guardado en la caja de seguridad. En el aeropuerto de México había perdido un abrigo por estar pendiente al mismo tiempo de la computadora portátil, el maletín donde llevaba los borradores y los disquetes del libro en curso, y el original sin copia del mensaje. La sola idea de perderlo me causó un escalofrío de pánico, no tanto por la pérdida misma como por lo fácil que habría sido identificar su origen y su destino. De modo que me dediqué a cuidarlo mientras escribía, comía y recibía visitas en el cuarto del hotel, cuya caja de seguridad no me merecía ninguna confianza, porque no se cerraba por combinación, sino con una llave que parecía comprada en la ferretería de la esquina. La llevé siempre en el bolsillo, y después de cada salida inevitable comprobaba que el papel seguía en su lugar y en el sobre sellado. Lo había leído tanto, que casi lo había aprendido de memoria para sentirme más seguro si tuviera que sustentar alguno de los temas en el momento de entregarlo.

Siempre di por hecho además que mis conversaciones telefónicas de aquellos días -como las de mis interlocutores- estaban intervenidas. Pero me mantuvo tranquilo la conciencia de estar en una misión irreprochable, que convenía tanto a Cuba como a los Estados Unidos. Mi otro problema serio era que no tenía con quién ventilar mis dudas sin violar la reserva. El representante diplomático de Cuba en Washington, Fernando Remírez, se puso por entero a mi servicio para mantener abiertos los canales con La Habana. Pero las comunicaciones confidenciales son tan lentas y azarosas desde Washington -y en especial para un caso de tanto cuidado-, que las nuestras sólo se resolvieron con un emisario especial. La respuesta fue una amable solicitud de que esperara en Washington cuanto fuera necesario para cumplir la diligencia, tal como yo lo había resuelto, y me encarecieron que fuera muy cuidadoso para que Sam Berger no se sintiera desairado por no aceptarlo como interlocutor. El remate sonriente del mensaje no necesitaba firma para saber de quién era: "Deseamos que escribas mucho".

Por una casualidad afortunada, el ex presidente César Gaviria había organizado para la noche del lunes una cena privada con Thomas Mack McLarty, quien acababa de renunciar a su cargo de consejero del presidente Clinton para América Latina, pero continuaba siendo su amigo más antiguo y cercano. Nos habíamos conocido el año anterior, y la familia Gaviria planeó la cena desde entonces con una finalidad doble: conversar con McLarty sobre la indescifrable situación de Colombia y complacer a su esposa en sus deseos de aclarar conmigo algunas inquietudes que tenía sobre mis libros.

La ocasión parecía providencial. Gaviria es un gran amigo, un consejero inteligente, original e informado como nadie de la realidad de América Latina, y un observador alerta y comprensivo de la realidad cubana. Llegué a su casa una hora antes de la acordada, y sin tiempo de consultarlo con nadie me tomé la libertad de revelarle lo esencial de mi misión para que me diera nuevas luces.

Gaviria me dio la verdadera medida del problema y me puso sus piezas en orden. Me enseñó que las precauciones de los asesores de Clinton eran apenas normales, por los riesgos políticos y de seguridad que implica para un presidente de los Estados Unidos recibir en sus manos y por un conducto irregular una información tan delicada. No tuvo que explicármelo, pues recordé al instante un precedente ejemplar: en nuestra cena de Marta's Vineyard, durante la crisis por la emigración masiva de 1994, el presidente Clinton me autorizó para que le hablara de ése y de otros temas calientes de Cuba, pero antes me advirtió que él no podía decir ni una palabra. Nunca olvidaré la concentración con que me escuchó, y los esfuerzos titánicos que debió hacer para no replicarme en algunos temas explosivos.

Gaviria me alertó también en el sentido de que Berger es un funcionario eficiente y serio que debía tomarse muy en cuenta en las relaciones con el presidente. Me hizo ver además que el solo hecho de comisionarlo para atenderme era una deferencia especial de alto nivel, pues solicitudes privadas como la mía solían dar vueltas durante años por las oficinas periféricas de la Casa Blanca, o se las transferían a funcionarios menores de la CIA o del Departamento de Estado. Gaviria, en todo caso, parecía seguro de que el texto entregado a Berger llegaría a manos del presidente, y eso era lo esencial. Por último, como yo lo soñaba, me anunció que al final de la cena me dejaría a solas con McLarty para que me abriera el camino directo con el presidente.

Una noche grata y fructífera
La noche fue grata y fructífera, solo con nosotros y la familia Gaviria. McLarty es un hombre del sur, como Clinton, y ambos son de un trato tan fácil e inmediato como el de la gente del Caribe. En la cena se rompieron los hielos desde el principio, sobre todo en relación con la política de los Estados Unidos para América Latina, y en especial con el narcotráfico y los procesos de paz. Mack estaba tan informado que conocía hasta las minucias de la entrevista que me concedió el presidente Clinton en septiembre pasado, en la cual se trató a fondo el derribo de las avionetas en Cuba, y se mencionó la idea de que el Papa fuera mediador de los Estados Unidos durante su visita a Cuba.

La posición general de McLarty en las relaciones con Colombia -y por la cual parece dispuesto a trabajar- es que las políticas de los Estados Unidos requieren un cambio radical. Nos dijo que el Gobierno estaba dispuesto a hacer contacto con cualquier presidente que fuera elegido para ayudar a fondo en la paz. Pero ni él, ni otros funcionarios con que hablé más tarde, tienen claro cuáles serían los cambios. El diálogo fue tan franco y fluido, que cuando Gaviria y su familia nos dejaron solos en el comedor, McLarty y yo parecíamos viejos amigos.

Sin ninguna reticencia le revelé el contenido del mensaje para su presidente y no disimuló su sobresalto por el plan terrorista, aun sin conocer los detalles atroces. No estaba informado de mi solicitud de ver al presidente, pero prometió hablar con él tan pronto como éste regresara de California. Animado por la facilidad del diálogo, me atreví a proponerle que me acompañara en la entrevista con el presidente, y ojalá sin ningún otro funcionario, para que pudiéramos hablar sin reservas. La única pregunta que me hizo sobre eso -y nunca supe por qué- fue si Richardson conocía el contenido del mensaje, y le contesté que no. Entonces dio la charla por terminada con la promesa de que hablaría con el presidente.

La cita final
El martes temprano informé a La Habana por el conducto ya habitual sobre los puntos básicos de la cena, y me permití una pregunta oportuna: si el presidente decidía al final no recibirme y le encomendaba la tarea a McLarty y a Berger, ¿a cuál de los dos debía entregarle el mensaje? La respuesta pareció inclinarse a favor de McLarty, pero con el cuidado de no desairar a Berger.

Aquel día almorcé en el restaurante Provence con la señora McLarty, pues nuestra conversación literaria no había sido posible durante la cena de Gaviria. Sin embargo, las preguntas que ella llevaba anotadas se agotaron pronto, y sólo quedó su curiosidad por Cuba. Le aclaré todas las que pude y creo que quedó más tranquila. A los postres, sin que se lo pidiera, llamó por teléfono a su esposo desde la mesa, y éste me hizo saber que aún no había visto al presidente pero esperaba darme alguna noticia en el curso del día.

Antes de dos horas, en efecto, un asistente suyo me informó a través de la oficina de César Gaviria que el encuentro sería mañana en la Casa Blanca, con McLarty y tres altos funcionarios del Consejo Nacional de Seguridad. Pensé que si uno de ellos hubiera sido Sam Berger lo habrían dicho con su nombre, y ahora mi sentimiento fue el contrario: me alarmó que no estuviera. ¿Hasta qué punto pudo haber sido por un descuido mío en alguna llamada intervenida? Ahora no importaba: puesto que McLarty había arreglado el asunto con el presidente, éste debía estar ya al corriente del mensaje. Así que mi decisión de no esperar más fue inmediata e inconsulta: acudiría a la cita para entregar el mensaje a McLarty. Tan seguro estaba, que reservé lugar en un vuelo directo para México a las cinco y media de la tarde del día siguiente. En esas estaba cuando recibí de La Habana la respuesta a mi última consulta con la autorización más comprometedora que me han dado en la vida: "Confiamos en tu talento".

La cita fue a las 11.15 del miércoles 6 de mayo en las oficinas de McLarty en la Casa Blanca. Me recibieron los tres funcionarios anunciados del Consejo de Seguridad Nacional (NSC): Richard Clarke, director principal de asuntos multilaterales y asesor del presidente en todos los temas de política internacional, y especialmente en la lucha contra el terrorismo y los narcóticos; James Dobbins, director principal de NSC para asuntos interamericanos con rango de embajador, y asesor del presidente para América Latina y el Caribe, y Jeff Delaurentis, director de asuntos interamericanos del NSC y asesor especializado en el tema de Cuba. En ningún momento surgió una coyuntura para preguntar por qué no estaba Berger. Los tres funcionarios fueron de trato amable y una gran corrección profesional.

No llevaba notas personales, pero conocía el mensaje al dedillo, y en la agenda electrónica había anotado lo único que temía olvidar: las dos preguntas fuera de texto. Mack estaba terminando una junta en otra oficina. Mientras llegaba, Dobbins me dio una visión panorámica más bien pesimista de la situación de Colombia. Sus datos eran los mismos de McLarty en la cena del lunes, pero los manejaba con más familiaridad. Yo le había dicho a Clinton el año anterior que la política antidroga de los Estados Unidos era un agravante funesto de la violencia histórica de Colombia. Por eso me llamó la atención que este grupo de NSC -sin referirse a mi frase, por supuesto- parecía de acuerdo en que debía cambiarse. Fueron muy cuidadosos en no dar juicios sobre el Gobierno ni los candidatos actuales, pero no dejaron dudas de que la situación les parecía catastrófica y de futuro incierto. No me alegré por los propósitos de enmienda, pues varios observadores de nuestra política en Washington me los habían comentado con alarma. "Ahora que quieren ayudar de verdad son más peligrosos que nunca", me dijo uno de ellos, "porque quieren meterse en todo".

McLarty, con un traje cortado sobre medida y sus buenas maneras, entró con la premura de alguien que hubiera interrumpido un asunto capital para ocuparse de nosotros. Sin embargo, impuso a la reunión un tono reposado, útil y de buen humor. Desde la noche de la cena me agradó que hablara mirando siempre a los ojos. Así fue en la reunión. Después de un abrazo cálido se sentó frente a mí, apoyó las manos en sus rodillas, y abrió la charla con una frase de cajón tan bien dicha que pareció verdad: "Estamos a su disposición".

Quise establecer de entrada que iba a hablar por derecho propio sin más méritos ni mandato que mi condición de escritor, y en especial sobre un caso tan abrasivo y comprometedor como Cuba. De modo que empecé con una precisión que no me pareció superflua para las grabadoras ocultas: "Ésta no es una visita oficial".

Todos aprobaron con la cabeza y su solemnidad imprevista me sorprendió. Entonces conté de un modo simple y en un estilo de narración doméstica, cuándo, cómo y por qué había sido la conversación con Fidel Castro que dio origen a las notas informales que debía entregar al presidente Clinton. Se las di a McLarty en el sobre cerrado, y le pedí el favor de que las leyera para poder comentarlas. Era la traducción inglesa de siete temas numerados en seis cuartillas a doble espacio: complot terrorista, complacencia relativa por las medidas anunciadas el 20 de marzo para reanudar vuelos a Cuba desde los Estados Unidos, viaje de Richardson a La Habana en enero de 1998, rechazo argumentado de Cuba a la ayuda humanitaria, reconocimiento por el informe favorable del Pentágono sobre la situación militar de Cuba -era un informe en que se afirmaba que Cuba no representaba ningún peligro para la seguridad de Estados Unidos, lo añado yo-, beneplácito por la solución de la crisis de Irak y gratitud por los comentarios que hizo Clinton ante Mandela y Kofi Annan en relación con Cuba.

McLarty no lo leyó para todos en voz alta como yo esperaba, y como sin duda habría hecho si lo hubiera conocido de antemano. Lo leyó sólo para él, al parecer con el método de lectura rápida que puso de moda el presidente Kennedy, pero los cambios de las emociones se reflejaban en su rostro como destellos en el agua. Yo lo había leído tantas veces que casi pude deducir a qué puntos del documento correspondía cada uno de sus cambios de ánimo.

El primer punto, sobre el complot terrorista, le arrancó un gruñido: "Es terrible". Más adelante reprimió una risa traviesa, y exclamó sin interrumpir la lectura: "Tenemos enemigos comunes". Creo que lo dijo a propósito del punto cuarto, donde se describe la conspiración de un grupo de senadores para sabotear la aprobación de los proyectos Torres-Rangel y Dodd, y se agradecen los esfuerzos de Clinton para salvarlo.

Todos impresionados
Al terminar la lectura, le pasó el papel a Dobbins, y éste a Clarke, quienes lo leyeron mientras Mack exaltaba la personalidad de Mortimer Zuckerman, dueño de la revista US News and World Report, que había viajado a La Habana en febrero pasado. Hizo el comentario por una mención que acababa de leer en el punto sexto del documento, pero no contestó la pregunta implícita de si Zuckerman había informado a Clinton de las dos conversaciones de doce horas que sostuvo con Fidel Castro.

El punto que ocupó casi todo el tiempo útil después de la lectura fue el del plan terrorista que impresionó a todos. Les conté que había volado a México después de conocerlo en La Habana y tuve que sobreponerme al terror de que estallara la bomba. El momento me pareció oportuno para colocar la primera pregunta personal que me había sugerido Fidel: ¿No sería posible que el FBI hiciera contacto con sus homólogos cubanos para una lucha común contra el terrorismo? Antes de que reaccionaran, les agregué una línea de mi cosecha: "Estoy seguro de que encontrarían una respuesta positiva y pronta por parte de las autoridades cubanas".

Me sorprendieron la inmediatez y la energía de la reacción de los cuatro. Clarke, que parecía ser el más cercano al tema, dijo que la idea era muy buena, pero me advirtió que el FBI no se ocupaba de asuntos que fueran publicados en los periódicos mientras estuvieran en investigación. ¿Estarían los cubanos dispuestos a mantener el caso en secreto? Ansioso por colocar la segunda pregunta le di una respuesta para distender el ambiente: "Nada les gusta más a los cubanos que guardar un secreto".

A falta de un motivo apropiado para la segunda pregunta, la resolví como una afirmación mía: la colaboración en materia de seguridad podría abrir paso a un clima propicio para que se autorizaran de nuevo los viajes de norteamericanos a Cuba. La astucia salió mal, porque Dobbins se confundió, y dijo que eso quedaría resuelto cuando se implantaran las medidas anunciadas el 20 de marzo.

Aclarado el equívoco, hablé de la presión a que me encuentro sometido por los muchos norteamericanos de toda clase que me buscan para que los ayude a hacer en Cuba contactos de negocios o de placer. Entre ellos mencioné a Donald Newhouse, editor de varias publicaciones periódicas y presidente de la Associated Press (AP), quien me ofreció una cena estupenda en su mansión campestre de New Jersey al terminar mi taller en la Universidad de Princeton. Su sueño actual es ir a Cuba para tratar con Fidel en persona la instalación de una oficina permanente de la AP en La Habana, semejante a la que tiene la CNN.

No puedo asegurarlo, pero me parece que en la animada conversación de la Casa Blanca quedó claro que no tenían, o no conocen o no quisieron revelar ningún propósito inmediato de reanudar los viajes de norteamericanos a Cuba. Lo que sí debo destacar es que en ningún momento se habló de reformas democráticas, ni de elecciones libres o derechos humanos, ni de ninguno de los latiguillos políticos con que los norteamericanos pretenden condicionar cualquier proyecto de colaboración con Cuba. Al contrario, mi apreciación más nítida de este viaje es la certidumbre de que la reconciliación está empezando a decantarse como algo irreversible en el inconsciente colectivo.

Clarke nos llamó al orden cuando la conversación empezó a derivar, y me precisó -tal vez como un mensaje- que ellos darían los pasos inmediatos para un plan conjunto de Cuba y los Estados Unidos contra el terrorismo. Al final de una larga anotación en su libreta, Dobbins concluyó que se comunicarían con su embajada en Cuba para encaminar el proyecto. Yo hice un comentario irónico sobre el rango que le daba a la Oficina de Intereses en La Habana, y Dobbins me replicó con buen humor: "Lo que tenemos allá no es una embajada pero es mucho más grande que una embajada". Todos rieron no sin cierta malicia de complicidad. No se discutieron más puntos, pues en verdad no era del caso, pero confío en que los hayan analizado después entre ellos.

La reunión, contado el retraso de Mack, duró cincuenta minutos. Mack la dio por terminada con una frase ritual: "Sé que usted tiene una agenda muy apretada antes de volver a México y también nosotros tenemos muchas cosas por delante". Enseguida hizo un párrafo breve y ceñido que pareció una respuesta formal a nuestra gestión. Sería temerario intentar una cita literal, pero el sentido y el tono de sus palabras era expresar su gratitud por la gran importancia del mensaje, digno de toda la atención de su Gobierno, y del cual se ocuparían de urgencia. Y a manera de final feliz, mirándome a los ojos, me coronó con un laurel personal: "Su misión era en efecto de la mayor importancia, y usted la ha cumplido muy bien". Ni el pudor que me sobra ni la modestia que no tengo me han permitido abandonar esa frase a la gloria efímera de los micrófonos ocultos en los floreros.

Esfuerzos que valen la pena
Salí de la Casa Blanca con la impresión cierta de que el esfuerzo y las incertidumbres de los días pasados habían valido la pena. La contrariedad de no haber entregado el mensaje al presidente en su propia mano me parecía compensada por lo que fue un cónclave más informal y operativo cuyos buenos resultados no se harían esperar. Además, conociendo las afinidades de Clinton y Mack, y la índole de su amistad desde la escuela primaria, estaba seguro de que el documento llegaría tarde o temprano a las manos del presidente en el ámbito cómplice de una sobremesa. Al término de la reunión, también la Presidencia de la República se hizo presente con un gesto gallardo: a la salida de la oficina, un ujier me entregó un sobre con las fotos de mi visita anterior tomadas seis meses antes en el Despacho Oval. De modo que mi única frustración en el camino del hotel era no haber descubierto y gozado hasta entonces el milagro de los cerezos en flor de aquella primavera espléndida.

Apenas tuve tiempo de hacer la maleta y alcanzar el avión de las cinco de la tarde. El que me había llevado de México catorce días antes tuvo que regresar a su base con una turbina averiada, y esperamos cuatro horas en el aeropuerto hasta que hubo otro avión disponible. El que tomé de regreso a México, después de la reunión en la Casa Blanca, se retrasó en Washington una hora y media mientras reparaban el radar con los pasajeros a bordo. Antes de aterrizar en México, cinco horas después, por causa de una pista fuera de servicio. Desde que empecé a volar hace cincuenta y dos años, nunca me había sucedido nada semejante. Pero no podía ser de otro modo, para una aventura pacífica que ha de tener un sitio de privilegio en mis memorias.

13 de Mayo de 1998