What was it you wanted?
What were you wanting?
(What was it you wanted?)
I just want to say
(I just want to say don't ever change)
don't ever change now baby
(and thank you)
and thank you
(I don't think we will meet again)
I don't think we will meet again
And you must leave now before the sunrise above sky scrapers The sin and ...
(What was it you wanted?)
I just want to say
(I just want to say don't ever change)
don't ever change now baby
(and thank you)
and thank you
(I don't think we will meet again)
I don't think we will meet again
And you must leave now before the sunrise above sky scrapers The sin and ...
Miedo

Cambio y corto
Siempre fue así: tiro un dado y me dedico tres. Tres puntos suspensivos, tres miradas de rubor, tres post desdibujados en este blog olvidado que sólo ha resucitado la muerte.
Si pudiera, borraría mi ser impulsivo para que el racional, ese que todo el mundo ve en mí, del que yo no percibo ni rastro, se extendiera espeso, como un coágulo de sangre, como la turba en una maceta de arena de mar, y anulara los hechos que desencadena un mensaje a las dos de la mañana, un hielo en la garganta, un trago amargo de un café pasado, el líquido inmundo que recibe la cuchara de azúcar en un yogur natural y caducado...
Es el momento en que te vas en que me dedico a la purga. Te aseguro que sin ti, no puedo, pero contigo, tampoco.
Si pudiera, borraría mi ser impulsivo para que el racional, ese que todo el mundo ve en mí, del que yo no percibo ni rastro, se extendiera espeso, como un coágulo de sangre, como la turba en una maceta de arena de mar, y anulara los hechos que desencadena un mensaje a las dos de la mañana, un hielo en la garganta, un trago amargo de un café pasado, el líquido inmundo que recibe la cuchara de azúcar en un yogur natural y caducado...
Es el momento en que te vas en que me dedico a la purga. Te aseguro que sin ti, no puedo, pero contigo, tampoco.
El borrador
La salvación es un frasco de adrenalina concebido para el bienestar de la soledad, del encuentro metafísico de uno mismo consigo mismo, es tiempo de silencio y reflexión, sé que habrá quien tema este estado de abrumadora lucidez... Sólo hoy pese al chaparrón (¿estoy dentro o fuera?) y las gotas de rocío de después, me doy cuenta de que las palabras en vehículos de notas, corcheas y semicorcheas tienen toda la razón. También los clásicos lo afirman; sé que habrá quien lo haya pensado antes que yo... Seguir tus pasos ahora me parece lo más sensato que puedo hacer; no me importa ir a Colombia a buscar el elixir de la cordura, la mano sobre la mano, la mirada sostenida, en fa sostenido... Y mientras veo pasar el mundo desde tus ojos, me prometo que seré libre, más de lo que he llegado a ser nunca... me prometo que volveré a empezar de nuevo, a necesitarme, a escucharme, a reprenderme sin acritud, a darme razonables latidos de sensatez, de brillantez, de solidificación... Porque quiero solidificar tardes, sentimientos, ardores, pasiones, incredulidades... ¿Qué tal un poco de tiempo blanco y en botella? Creo que lo que me hace falta es sentarme como su pensador, el de Rodin, y sentir que la sangre parte del hemisferio de mi esfera (caos primigenio) hacia la periferia del universo, mis manos, mis pies, mi cabeza... Poco a poco se revelará la sustancia que cita el principio de necesitarse, de estimarse lo suficiente como para escucharse de una vez, leerse, abrigarse, pasearse, desayunarse... Soy capaz, dicen que soy fuerte, soy fuerte y me lo repito fuerte, pero, aún así, no sé si serán los débiles medicamentos que me roban las ganas, las almas, o tal vez el sutil análisis de la situación, la falta de credibilidad, el deseo inhibido de ser siempre tú quien diga mi nombre yo, o, tal vez, nada de todo esto, sino la vida, que a veces se para dentro de mí, que a veces me puede, sinceramente, que me paraliza y me deja en la estacada, cuatro pisos, cuatro escaleras, un frío polar, Siberia en la habitación, el orgullo cabalgándome, yo a caballo e insegura en esa insaludable montura...
Me quiero bendecir y recomenzar a reescribir la historia de mi vida. Parte de ese dieciséis en que tenía dieciséis y me convencí de que sólo algunos lo tienen todo, de que realmente muy pocos se aventuran a tenerlo y que son un porcentaje ínfimo los que se ven libre de la desidia, la necesidad, el desorden, la infamia, el boceto de una vida que no pasa nunca de ser borrador.
Me quiero bendecir y recomenzar a reescribir la historia de mi vida. Parte de ese dieciséis en que tenía dieciséis y me convencí de que sólo algunos lo tienen todo, de que realmente muy pocos se aventuran a tenerlo y que son un porcentaje ínfimo los que se ven libre de la desidia, la necesidad, el desorden, la infamia, el boceto de una vida que no pasa nunca de ser borrador.
Ahm, ya es demasiado tarde
Siempre lo leí y escuché y dicen que la debacle física puede enloquecer y arañar la inspiración y llevar a un estado lamentable en que todos, todo, se convierte en podredumbre. Tal vez esa sea la razón por la cual emulo, constamente, a Jack Kerouac e incido en sus desmanes caros y carótidos, no quiero incendiarme ahora porque ya no quede nada más que incendiar. El único gótico del mundo que no quiero sufrir, que quiere ser enteramente feliz, ha desmantelado la teoría de una noche en vela, de un desvelo de más de siete horas en que no lloraba, pero quería llorar, no cogía un taxi, pero quería cogerlo, no quería convencerme del error, del paso en falso dado y, sin embargo, me convencía de ello. Recuerdo perfectamente cómo Kerouac, en "Los subterráneos", se arropaba para salir a la calle y hacer de su capa un sayo, es decir, tratando, creyéndoselo, que ésta vez, ésta vez sí, sería capaz de arreglar todas las rencillas pendientes con Mardou, de que ésta vez sí atinaría a dar el botón adecuado para que ella lo quisiera, para dejarse querer, y hacer que el mundo rotara sin miedos ni persecuciones. Pero en cuanto alcanzaba el punto álgido, café o té en la mesa, tal vez un hilo delicioso musical de fondo, una vela humeante sobre un precioso quemador, Kerouac perdía el juicio. Y se rebelaba. Desquiciaba a Mardou, impedía la felicidad de aquella tarde, que, como todos sabemos desde tiempos inmemoriables, la felicidad se halla estando "al lado" de ella, que no "dentro" de ella, "en cada uno de sus intersticios, en cada una de sus células...". La comunión debe ser una simple, no una que suponga una silenciosa y melancólica cercanía...
Todo esto lo sabía desde su elevación quijotesca el caballero de la mano en el pecho, rubor y pasión en uno, misterio y sencillez pulverizados en un ser extraño que turba y maravilla, desliza interés y lo arrebata de pronto, como un rompeolas... Es así que él conoce cómo hacerse feliz, que él sabe cómo hacer feliz, que él es únicamente un hombre capaz de hacer feliz, que es lo único que quiere en la vida, que es lo que más estima y anhela, y lo alcanza como lo alcanza todo desde el suelo, hasta el cielo...
Y, sin embargo, ahí está Kerouac. Con el entrecejo se niega a ser feliz, a dar felicidad a Mardou, porque la base es que si ha de existir esa felicidad, ha de ser al menos exigua... extinta... inherente a un estado de ánimo capaz de conseguirse solamente los martes segundos de cada mes...
A punto de perderse todo, a punto de que de una vez el sueño se convirtiera en Luther King asesinado, y negros con la cabeza contra un bordillo, recapacita Kerouac. Se vende al mejor postor: "Quiero ser feliz". Pero, ahm, ya es demasiado tarde.
Todo esto lo sabía desde su elevación quijotesca el caballero de la mano en el pecho, rubor y pasión en uno, misterio y sencillez pulverizados en un ser extraño que turba y maravilla, desliza interés y lo arrebata de pronto, como un rompeolas... Es así que él conoce cómo hacerse feliz, que él sabe cómo hacer feliz, que él es únicamente un hombre capaz de hacer feliz, que es lo único que quiere en la vida, que es lo que más estima y anhela, y lo alcanza como lo alcanza todo desde el suelo, hasta el cielo...
Y, sin embargo, ahí está Kerouac. Con el entrecejo se niega a ser feliz, a dar felicidad a Mardou, porque la base es que si ha de existir esa felicidad, ha de ser al menos exigua... extinta... inherente a un estado de ánimo capaz de conseguirse solamente los martes segundos de cada mes...
A punto de perderse todo, a punto de que de una vez el sueño se convirtiera en Luther King asesinado, y negros con la cabeza contra un bordillo, recapacita Kerouac. Se vende al mejor postor: "Quiero ser feliz". Pero, ahm, ya es demasiado tarde.





