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Más cine, por favor
Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Sindicación
 
La extrañeza de por vida
-¿No encuentra nada anormal en mí?
-Pues, no.
-Y sin embargo, tengo los cabellos verdes, y eso no es común.

"Baudelaire. Juego sin triunfos", Mario Campaña

 
Superviviente
No hay
Es todo yo
Soy todo una
Yo ante ello
Ello delante de mí
Abarcando la amplitud de un transportador de ángulos
Qué remedio
Que estar aquí
Conmigo
En frente
¿Libre?
Sí, eso al menos
Fuerte
Entera
Estática
Anclada
Superviviente

 
La batalla entre los del sur y los del norte
Los libros cuentan la vida de las personas. Recuerdo estar leyendo "Un corazón invencible" cuando atravesé aquella etapa en la que sólo hice daño una y otra vez. Recuerdo intentar leer "Rayuela" una y otra vez, lo que simbolizaba que ese periodo siempre estaba latente. Más tarde, comencé con los libros serios: mi penitencia hacia la nada y para la nada, pero qué bien me hacía sentir. Completa, firme, lista, fuerte. Fueron tiempos del "Estambul" destripado, de "El imperio" recomendadísimo, de comienzos y comienzos de novelas ("La elegancia del erizo", gracias Muriel) y entrevistas fallidas y otras que realmente enriquecían para llegar a un momento en que no hago otra cosa que sacar y meter "El almuerzo desnudo" del bolso, cambiarlo por "Play Strindberg" sin ser capaz aunque deseos existen, pero es que no estoy en donde debo estar. Y me cuesta encontrar el lugar que debo ocupar, tanto... Inagotables esfuerzos por ver lo sugerido, por leer lo regalado, por empaparme de lo que otros han leído, pero termino acurrucada en un sofá lamentándome de todo aquello que está allá fuera y que parece destinado a los cuerdos, cuando, necedad, debería ser al contrario. Los no-cuerdos deberían poder leer con fruición y devorar libros y películas en una tarde; sin embargo, a los seguros de mente y corazón, se les debería paliar el efecto-cultura, desinyectárselo directamente porque aunque merezcan lo mismo que los no-cuerdos no soportan tanta presión como éstos ni lo necesitan de forma tan apremiante e impronta como los que desde este lado hablan.

 
Volver
Venía caminando por la calle llena de melancolía y tristeza pero ella fue capaz de descolgar el teléfono. A última hora el escozor que siento por dentro, que me recorre todo el cuerpo desde la estupidez de oro, casi puede conmigo pero me ha salido una puta voz floja y de niña pequeña diciendo idioteces que mejor no quiero repensar. Sin embargo, no sé cómo expresarlo pero ya no puedo más. Desde la muerte de Ray no he sabido reaccionar. Ha habido otras muertes que están enrolladas en un tabú, tengo pánico a todo lo que nos está pasando. Dolores físicos que envuelven los dolores del corazón, una voz más firme que la mía pero que desea no hablar y qué hacer, una madre que se queda sin su pilar en el mundo y el hecho de pensar que un día esto nos pasará a todos, que un día esto nos pasará a todos, que un día esto nos pasará a todos...

Camino por la calle completamente desubicada, demasiadas emociones, demasiadas tristezas, demasidos tragos amargos, y me encuentro con su rostro de niño pequeño y su tez angelical. A su lado, la de esa persona de la que me declaro fan absoluta, que no es sino una reencarnación de lo que debió ser un sucesor de David, que se llama precisamente David. Es amable, bueno de corazón, tranquilo, listo, tenaz. Y lo acompaña el artilugio de achicar problemas de carne y hueso, esa persona sin la que ya no sé si podría ir a trabajar y meterme en el puto autobús y saludar a todo el mundo con la más amplia de las sonrisas, porque siempre estoy de buen humor, porque ella siempre está de buen humor, y su vida es divertida, mira qué vida tan amena y llena de películas, es como de película, es una vida alegre, la de una persona que vive sola, que hace la compra, que organiza fiestas, que todas las noches se encuentra con sus compañeros de trabajo y que nunca tiene miedos ni asperezas ni desesperanzas ni deseos ocultos ni problemas terrenales ni tampoco etéreos.

Y sin embargo, esas dos personas acaban de actuar de asideros al mundo. Me acaban de devolver a la tierra, me han sujetado los pies a Gran Vía, me los han atado a uno de los adoquines, en el que justamente y según las nueve revelaciones, nos hemos encontrado en más de una y dos ocasiones.

Esa ha sido la salvación del día. Por eso el abrazo, por eso las lágrimas, por eso la necesidad de volver a nacer. Desde el vientre materno, pasar por la escuela y cambiarme varias veces de gafas; luego llegar al instituto y ser una de las alumnas más brillantes de la clase para finalmente convertirme en un ser univesitario, lleno de ganas por la vida y de aprender, de desarrollarse y abarcar el mundo... Y sólo quisiera volver a empezar. Comenzar de nuevo en un presente hipotético en el que el futuro fuera cierto, en el que las cosas por una vez salen como deberían, con la voz de alguien que no habla como desearía pero de cuya boca salen las palabras adecuadas, de aliento, de amistad, de dulzura, de comprensión, de fuerza...

Cuando los personajes invisibles cobran visibilidad y se vuelven fantasmas de la tierra siento más miedo que antes, mucho más. Sobre todo porque son fantasmas que he creado y no sé cómo exterminar, cómo rehuir y cómo aplastar. Me gustaría pisarlos como un cigarro en el suelo. Como una bolsa que explota, como la suela de un zapato sobre un charco. Sin huella y sin sangre, pero para siempre.

 
I
Deberían prohibir las implicaciones emocionales.
Deberían prohibir los destrozos físicos.
Deberían sopesar la importancia de una caricia.
Deberíamos convercernos de que lo que tenemos es lo que queremos tener.

 
A ton ètoile
Y... hay personas... que... sin saberlo...
clavan
las
sensaciones

"acabo de perder a mi abuelo, 99 años, lo q voy a decir es horrible pero ya no vivía, siempre sentado en su 'fauteuil roulant', dormía todo el día, ya oía nada, ni hablaba y, al final, ni nos reconocía, así que toda la familia está de luto y me voy a Córcega dentro de poco! yo estaba comiendo falafel con Sophie en una calle del Marais llena de vida cuando falleció... Él era 'una fuerza de la naturelaza', hasta los 75 saltaba al mar haciendo el 'poirier' desde el punto más alto de calvi! un hombre super recto (demasiado?!), muy católico (demasiado?), q vivía para la naturaleza!! un hombre discreto, un carácter simple y humilde, unas manos de campesino (por eso me encantan las manos) q ya no existe mas... un 'mundo' se ha ido!"

La belleza es ésto. Qué equivocada estoy a veces.

 
La losa
Uff, qué gran peso me he quitado de encima.

 
Seúl
Nada importante ha pasado, ¿o si? Cualquier observador de la realidad aseguraría que no hay nada porque sólo hay palabras. Y, sin embargo, me pregunto qué ocurre cuando algo importante ha sucedido. Voy más allá: qué es "algo" importante. ¿Lo es que me salude el mauritano que reparte folletos en Princesa? ¿Lo es que el muchacho que vende "La farola" me mire a los ojos y me "comprenda"? Tal vez lo sea que el ángel exterminador se haya vuelto berlinés.

Hay un cielo más allá de los ojos donde las nubes me impiden ver claramente lo que quiero ver. De propósito, como dice el asidero al mundo. Deliberadamente, matizo. A veces no es real pero suspirado, es banal y me parece etéreo. Es decir, me confundo.

Estoy confundida, como la pequeña delirio me hace errar con sus textos, como las palabras que vienen del norte bajan hacia el sur y se desvanecen en unos segundos. Prometo y me recompongo, me hago de papel y luego ásperamente me digno y me calzo, me yergo y me cuadro. Y corro hacia el final del pasillo en que la ciudad de Seúl se mueve como aquella del sueño y así apareces, entras dentro de mí (no es una redundancia, podría ser en la cacerola o en la estancia) y te quedas, durante un instante, para cegarme.

Pero luego, afortunadamente, me recompongo. Me hago de tijera y luego de piedra, y vuelvo a recorrer el pasillo con la ciudad de Seúl al fondo para no dejar ver que tú has visto que he visto que habías entrado por la misma puerta que había preparado para ti y que preparada tal vez mañana esté dispuesta a dejar que veas que he visto que te sigo viendo aunque no deje ver que tus ojos me intimidan.

 
Fortuita fortuna
Nos llenamos de objetos para vaciarnos de sentimientos. Cuantos más elementos materiales tengamos, menos necesidades espirtiuales experimentaremos, prométeme.

Prométeme que alguna vez mi abuela me prometerá una dicha como la del joven que Kusturica ha esgrimido en su última película, y que me saltaré las reglas del juego para regresar a casa con una dirección, por ejemplo, escrita con lápiz sobre un papel, una fotografía de un lugar que hasta la fecha pensábamos que no existiría jamás y, sin embargo, designios caprichosos, lo fotografiaron y publicaron en una revista que cae en tus manos a la salida o entrada del metro más concurrido de la capital y que por azar o desesperación cae en tus manos-abres por la página veinte-ves-lees-arrancas-guardas y te quedas.

Así es la casualidad. Ir a comprar el pan y encontrarse con una oveja tipo Buñuel que cruza el párking de Chueca delante de los neones de "La Divina Comedia" y las otras fotografías de esas familias que en blanco y negro son la realidad actual de este país. Prométeme que un día lo veremos así, le dice la oveja al viandante y se comprenden porque aunque yo no lo crea hay lenguajes universales más allá de la risa y el llanto.

Y ahora me hago esta pregunta: ¿qué hay entre la risa y el llanto? ¿La tristeza está en medio?

 
Largo domingo de solitude
Madrid: por qué me gustas. Por qué me gustas tanto, te canto, te lo pregunto con tu asombroso ruido y la gente corriendo de un lado para otro. El hombre que vomita detrás de la basura y la basura a rebosar; la mujer que mea entre dos coches cuyas ruedas tocan un asfalto quemado por el sol y hervido por los neumáticos vertiginosos. Y, sin embargo, Madrid. Respira bajo su contaminada atmósfera y siempre está lleno de luz, de nombres y hombres, de risas y miradas, de locos que cantan y bailan y manos huesudas que se extienden para pedir, pedir, pedir. Delante de las iglesias mujeres con álbumes de fotos para mostrar que una familia tiene que alimentarse y mientras tanto, la caridad con perlas da un euro, el mismo que sirve para pagar el billete de un metro que lleva a dos músicos desde Plaza de España hasta Usera, al término de un largo día de otoño bajo las nubes, tocando con una flauta y un acordeón, con un oboe o una guitarra, los instrumentos cambian, pero las manos huesudas y los pies de plomo son siempre los mismos.

Y luego están sus concurridas calles, el exacerbado consumismo (tiendas, bolsas, ropa, moda, discos, libros, hogar): todo para ser disfrutado y listo, empaquetado y vendido. Madrid es tan grande que en un barrio uno se siente en China y en otro en Marruecos, a veces en Frankfurt y otras en cualquier parte: Zara, Stradivarius, Mango, H y M. Cada día más (¿seré yo o será así?) personas con dos cabezas se cruzan en mi camino, seres que van de la mano a comprar comida y cargan bolsas del Rotterdam en el metro, y se bajan a dos paradas para economizar esfuerzos y sacar provecho al abono transportes. Los corazones con diez dedos abundan en un tiempo en que el frío insinúa abrocharse a otro, pegarse al pavimento pero sosteniénsode sobre la sombra del Otro a tu paso. Es un ritmo armónico y simbólico, que cuadra con las ofertas 2x1 y todo para el hogar y sin embargo, no rima con los auriculares de un mp3 que promete endulzar las largas horas del invierno.

Porque si el otoño no ha hecho nada más que asomar su nariz... aún quedan meses de encontronazos con el termostato.

 
Energía
No puedo evitar que tu abrazo siga siendo como estar en casa. Y que las canciones-maga hagan palidecer las luces del plafón y de los fluorescentes, que la lluvia caiga con una lentitud poco estimulante y que los granos de arroz que caen desde la estantería hasta el suelo, como una catarata, se queden durante unos instantes a la altura media entre la balda de la que ceden hasta el suelo en el que yacerán. Todo se para: también el inquietante sonido del reloj, y la mirada del que todo lo ve se queda clavada en los objetos ralentizados obsoletos y firmes en la atmósfera. Cambian las cosas cuando salgo de tu calor y recupero las fuerzas pero, una vez más, me doy cuenta de que éstas se han generado en tu vientre.

 
Monochrome
A veces sólo hay que dar con una buena fórmula. Los buenos títulos son muy importantes, lo dice una periodista que no se siente como tal, pero que, sin embargo, ama la palabra. Y que siente el periodismo de un modo muy particular. Estaba pensando en concreto en el título de las dos películas que he visto este fin de semana: "El ángel exterminador" y "State and Main". La primera, de Buñuel, y la segunda, de David Mamet, una película maravillosa que he conocido gracias a ese otro ángel que no extermina en absoluto, sino que disemina su conocimiento, lo comparte y lo regala. Si bien "El ángel exterminador" tiene de por sí un título arrollador, lleno de personalidad y furioso en sí mismo, la cinta de Mamet queda relegada a un segundo plano por ese su título ¿ordinario? ¿demasiado especial? ¿demasiado cifrado? que es "State and Main". Y es que dar nombre a las cosas, ponerles un adjetivo que califique y reconozca, hacer de un objeto algo interesante y llamativo a través de su nombre propio, es algo realmente difícil. No desvelo nada si digo que "State and Main" es el nombre de una calle en el filme, pero en mi opinión, pese a la importancia que reviste ese hecho, la película debía haber adoptado un nombre más ¿comercial? ¿impactante? ¿imponente?

En estas disquisiciones me hallo después de haber tenido un fin de semana largo y duro que aventura una semana larga y dura y es que como "Monochrome" llevo unos días/semanas/meses/años instalada en una rutina ruleta que me eclipsa pero, al mismo tiempo, me hace pensar en que estoy todo el día guardando y recogiendo la ropa. Para luego volver a desdoblarla y ponérmela, lavarla y tenderla al sol o la sombra del techo del baño. "Algo" debería ocurrir que hiciera que el ritmo de las cosas cambiara. Que introdujera un cambio en la rutina vital, en la existencia anodina y simple de todos nosotros. En las películas ocurren cosas. En los libros, suceden asuntos. En las canciones, se cuentan historias. Nuestras mentes se inventan realmente acontecimientos. Pero es un hecho que los hechos están impresos, cantados, filmados o en código binario.

 
El duende
Opina que si lo deseas, llega. Es lo que denomina como fuerza de atracción, y luego se pone a hablar del electromagnetismo durante horas. O a mí me parecen horas, pero no por lo largas que se hacen, sino por lo interesante que resultan.

Yo no estoy de acuerdo, pero si lo deseo, debe llegar. Sólo queda esperar...

 
E el blog va
Rescato el texto que me regaló quien me ha regalado parte de lo que soy/tengo/entiendo/percibo/admiro/suspiro...

"Para quien no haya visto la peli de Fellini "e la nave va", un trasatlántico que transporta las cenizas de una cantante de ópera acaba hundido por los cañonazos accidentales de un buque de guerra que por allí pasa. Del naufragio se salva el cronista de la historia, que queda, junto a un rinoceronte, a salvo en una de las barcas salvavidas. La cosa es que mi blog murió hace unos días, hundido no sé dónde ni por qué. Veremos de qué madera está hecho blogspot y cuán impermeable resulta esto, pero navegamos de nuevo y eso es lo valioso. De momento, traemos aquí a colación El rinoceronte que escribiera Ionesco, y mientras yo oteo el horizonte en busca de cenizas, con otra mano, y a hurtadillas como los naufragios, esto se escribe solo".

 
Agárrense fuerte
He aquí, les presento, los mejores asideros (1) al mundo que conozco. El mas hermoso está ahí mismo sentado, es un abanico enorme de experiencias y vivencias, y ganas, y arrojo, y energía y pasión por las cosas... El de más allá es absolutamente terrenal, unido al suelo y a la realidad más ordinaria de un modo que la vuelve extraordinaria, así es que es un relajo tumbarse sobre él y mirarse en esos ojos plata, en esos ojos brillantes que reflejan el mundo tal y como es, qué descanso... Hay otros que salen y entran y preparan zumos y batidos y se pasan todo el día haciendo planes, con cuatro duros en el bolsillo pero con el corazón lleno de Dorados... Los hay también que ejercen una fuerza enorme sobre los que se elevan contra su propia voluntad... son ventosas que impiden que nos evaporemos...

Cuando vengas a recogerme a la salida del teatro, sin móviles, con la seguridad de que estarás allí, de que no necesitaré llamarte para saber si estás ahí, porque estarás, pase lo que pase, con el bolsillo del abrigo lleno de notas, acumuladas según el paso del tiempo, en ese bolsillo secreto en el que te encantaría esconder misterios, notas que encadenadas forman una novela y sueltas son pistas para encontrarme, a la salida del María Guerrero, lloviendo, y qué frío, y qué zona, no te gusta, ya lo sé, vámonos andando a la otra, a la que sí te gusta, por la que siempre estás, corriendo entre la gente, sorteándolos a todos, más rápida que nadie, siempre a un paso frenético, pero no das esa impresión, caminas con bailarinas y pasos pequeños... Cuando vengas a recogerme todo lo que se deshizo en el teatro se recompondrá con tu abrazo, por fin la fisicidad, por fin la sencillez de una aventura con el suavizante o la búsqueda de un contenedor donde reciclar las pilas encontradas en el suelo.

Porque un asidero al mundo no es lo mismo que un sumidero (2) del mundo. Porque son muchos los extras contratados para despistar, pero hay que saber dónde están los verdaderos EXIT.

1. Parte por donde se ase algo. Ocasión o pretexto.
2. Conducto o canal por donde se sumen las aguas.

 
Köller
Escuchando la banda sonora de "Whisky" de forma incasable, me hago un ovillo en el sofá después de saborear tan agrio licor. Esa capacidad que tiene Woody Allen para filmar la emoción ante una obra de arte, la he sentido yo de la misma forma esta misma noche, mientras observaba, contemplaba, me deleitaba con una de las películas, a mi modo de ver, más originales que he visto nunca. Mi aproximación hacia el cine uruguayo es inexistente, así es que, que yo sea consciente, "Whisky" es la primera película de esta nacionalidad que he visto. Ahora entiendo su cartel, el nombre que le da forma a la cinta, todo. Me recuerda a Jaime Rosales y en mí quedan los suspiros de "La hamaca paraguaya", aquella preciosidad, aquella joya que tuve oportunidad de conocer el año pasado. En muchas ocasiones me he sonreído durante el filme; en otras, he reído en voz alta; a veces solamente he clavado la cabeza contra el sofá, reflexiva. Pero ha habido un momento culminante de la película en que me he emocionado verdaderamente. Y no es en esa ocasión en que Marta (o Martha, guiño para quienes la hayan visto), metida en el taxi y con el botín sobre el regazo, se pone a llorar, por fin, sino ese extraordinario instante lumínico en que Germán se decide a cantar en el karaoke del hotel de Piriápolis. Marta lo mira con intensidad. Y él la mira a ella con cierta admiración, con deleite, con agradecimiento, con determinadas dosis de intriga, y misterio, y educación, y galantería, y elegancia... Y tantos elementos hermosos contenidos en una canción, en un momento absurdo que si no fuera porque todos los hemos vivido en algunas (o muchas ocasiones) sería hasta cómico... Y, sin embargo, es triste, profundamente melancólico, henchido de nostalgia por un pasado que ya no puede ser de ningún modo, y por un presente que no es de ninguna manera tampoco, y por un futuro que tampoco tiene visos de transformarse en vida.

 
Curiosidad
¿Por qué siempre que hay que escribir letras al azar en un teclado de ordenador sale esto: fsdfasfasdfas? ¡Una búsqueda en Google da varios resultados!

 
Staring at
You'll be given love
you'll be taken care of
you'll be given love
you have to trust it

maybe not from the sources
you have poured yours
maybe not from the directions
you are staring at

trust your head around
it's all around you
all is full of love
all around you

all is full of love
you just aint receiving
all is full of love
your phone is off the hook
all is full of love
your doors are all shut
all is full of love!

all is full of love
all is full of love
all is full of love
all is full of love
all is full of love

 
El yo-yo
Durante tu ausencia creé una suerte de "caro diario" completamente diferente. Decidida a dejarme la piel en el camino, comencé a escribir como una loca frases demasiado evidentes y llenas de expresión non-literario y marcadamente sentimentales. Para ser explícita, el estilo era horrible, decadente y triste. Suerte que apareciste de nuevo, con tu longitud adecuada, tu fondo negro y tus anillas -esa que alguien a quien ya no importo -no lo culpo- supo en su día loar y llenar de honorables adjetivos- y volviste a darme las ganas de parir palabras. Que riman o que se descuelgan de las últimas conexiones de un largo día en que la promo ha pegado un bajón-la cena de empresa ha tenido lugar (y ha acabado)-yazco en la cama a medio minuto de dormirme-etc., un largo día, como iba diciendo, en que he tenido las ocasiones pero no el valor, el valor pero no la ocasión en que tu trazo de eneldo se cruzara con mi aroma a aloe y, metidos en la piel de dos personas que se desconocen completamente (a sí mismas, quiero decir, que es lo importante), proponerte una de hemeroteca o de faro en la niebla, o de las dos cosas si hay suerte y tenemos ganas de jugar al rol durante las horas en que el sol se ha puesto y no piensa, ni por asomo, salir. Pero no es fácil encontrar a esa persona que saque de ti lo que más inexploradamente se encuentra dentro (anclado, clavado) de nosotros. El yo-yo.

 
Destrazos
Fue en aquella ocasión y no en otra cuando se decidió a escribir. Se metió en el baño y se sentó sobre la taza, procurando aislarse en un espacio tranquilo, entre las ropas tendidas y el olor a frascos con geles, champús y cremas. Había venido caminando desde el Pelotari hasta su casa con un ritmo bastante intenso, intentando hablar, expresarse. Al no ser respondida, se guardó el teléfono en el bolsillo y se puso a hablar consigo misma. Fue entonces cuando creó la historia de su vida, aquella que iba, por fin, a tomar las riendas de lo que era su existencia de reloj. A las ocho se levantaba. A las nueve estaba tomando el autobús. A las nueve y media consultaba hotmail, facebook y los diarios nacionales. A las diez comenzaba a sacar su hoja de Excel, escribía los mensajes, miraba el móvil de soslayo. Creyó que a su rutina le hacía falta un ingrediente disuasorio, capaz de darle la vuelta a la tortilla, de crear expectativas e incertidumbre, de incapacitar el ambiente, de descorchar la atmósfera. Aprendiendo inglés en cenas de empresa ("toast" significa "brindis"), leyendo a Burroughs en el avión de vuelta de una ciudad financiera -donde el Euro es la única visa-, escuchando conversaciones ajenas y siendo consecuente con su modo de actuar ("eres nueva, nueva en la vida, nueva en el olor, en la especie humana"), se rebeló contra sí misma. Había marcado el número de teléfono. Y, sin embargo, al no recibir respuesta lo dejó en el bolsillo y se dispuso a reinventar la historia de su vida. Era tan tarde, se dijo, que mañana empezaría de nuevo.