Un instante lumínico
-Papá, papá, papá...
-Un momento. 1 con 20.
-Papá, papá, papá...
-Espera un momento, hijo. ¿Alcorcón o Madrid?
-Papá, papá, papá, papaaaá...
El autobusero tenía mujer e hijos. Era previsible pero me impresionó observar cómo les hablaba de la vida y les enseñaba a ser pacientes sin saltarse una parada, desatender sus obligaciones, cobrar diligentemente, saludar con amabilidad y avisar de que una mujer pretendía suicidarse en la carretera, camino hacia Madrid.
-Un momento. 1 con 20.
-Papá, papá, papá...
-Espera un momento, hijo. ¿Alcorcón o Madrid?
-Papá, papá, papá, papaaaá...
El autobusero tenía mujer e hijos. Era previsible pero me impresionó observar cómo les hablaba de la vida y les enseñaba a ser pacientes sin saltarse una parada, desatender sus obligaciones, cobrar diligentemente, saludar con amabilidad y avisar de que una mujer pretendía suicidarse en la carretera, camino hacia Madrid.
En marcha, una de rarezas
Lo compro todo a un precio módico. En especial, a ese señor del chaleco que tan amablemente me ha explicado dónde encontrar una tienda donde reparar mi batidora. Compro también a ese mago trasatlántico que se ríe de mí sin maldad, que bien sabe lo improbable que es que yo crea sus palabras. Compro, sin dudarlo, tu pelo de rata, tus uñas pintadas, tu doble mentón. También compro mi calle; esa, por el precio que quieran ustedes. Por las noches da miedo, ese oscuro callejón, ese hombre desinflándose mientras una aguja cruza su inteligencia. Pero, por el día, es una mezcla entre Cuba y todos esos lugares que aún no conozco: el sur, el concepto de lo latino, la salsa. Entre la peluquería y el restaurante peruano, se pasean hombres y mujeres de toda clase y condición. Muchos de ellos se pasan las horas muertas sentados en el suelo, cerca del quiosco cerrado, que alberga siempre tantos tesoros, tanta basura. Los lunes al sol, los martes, los miércoles; pero qué divertido es cuando te miran y piensan: ¿eres de aquí? O cuando tú los miras y te preguntas: ¿por qué vas bailando todos los días? ¿Por qué vas sonriendo al trabajo? ¿Como es que sobrepasáis la treintena y todavía os tiráis globos de agua? En mi calle, en mi barrio, el afán por ayudar al prójimo es desmesurado. También la mayoría de los vecinos están siempre dispuestos a charlar (una plática a tiempo) y quien más, quien menos, se quedaría a tomar una copa después de largas y horribles y mal pagadas horas de trabajo. Mi barrio, de peligroso tiene mucho, pero de colorido y pinturesco, también. Aquí los perros están locos y los chinos nunca cierran, los pobres meten la cabeza en el mercado y duermen con las piernas hacia fuera, los camiones se pelean por las mañanas para descargar y cargar y los coches no respetan la velocidad residencial. Así es que tu vida corre peligro fácilmente y, sin embargo, qué divertido es vivir aquí. Sé que cuando no me quede otro remedio que hablar con las canciones, como hace Jorge Drexler, podré sentarme al sol (los lunes, los martes y los miércoles) a tomar un heladito con los peluqueros. O a descargar camiones. O... no sé, podré preguntarle al hombre del chaleco por un lugar donde reparar batidoras. Conversación no le falta.
Volando vengo
Yo no sé quién soy...
Ni lo pretendo...
Ni lo pretendo...
El carrusel de Fellini
La regla es bien sencilla: para mí, cuando una película dura más de tres horas, es una maravilla. Léase de nuevo: no es que la cinta haya de durar más de tres horas, sino que yo la hago durar, tomarse un tiempo relativo a tres o más horas. Eso es lo que me ha pasado esta tarde, este mediodía, con "Amarcord". Lo he hecho al revés: hace una semana Él me puso "Y la nave va", una deliciosa película de Fellini que me lo presentó. Siendo su último filme antes de morir, leo que recibió muy buenas críticas. Yo la elogio. Sin embargo, pese a la imagen, preciosa, hermosa, bellísima, de "Y la nave va", el sabor de boca, la luminosidad en mis ojos, no es la misma recién vista "Amarcord" que la última película del genio italiano. ¿Y por qué ha sido así?
Primero. Hasta ocho veces he tenido que arrancar una hoja de la libreta para apuntar alguna bella frase, algún recuerdo que la fotografía, las palabras, la música, ha despertado en mí. "¿Cómo es, cómo es?", pregunta el ciego.
Segundo. Hasta cinco veces he rebobinado el minuto 31:26 hasta el minuto 32:20. No podía creer que algo así pudiera ser filmado... "Era tan bonito que me ha hecho llorar".
Tercero. Hasta tres veces he contemplado el baile con la nieve acontecido, magistralmente mostrado en el minuto 1:30:17. "Dove sei, amore mío?"
Cuarto. La imagen como un desfile, como un carrusel, como una exposición... El género humano con el entusiasmo, la torpeza, la pestilencia y el talento que lo caracteriza, sin biombos mostrado con gracia, con pasión, con humanidad... "Unos días está normal y otros no, como todos nosotros".
Quinta. La extravagancia, la extrañeza, el tesoro. De ahí la aparición de la monja enana, los enormes senos de la vendedora de tabaco ("Exportación"), la Gradisca ("Disfrute") y su magna belleza, el tío Teo subido a un árbol y reclamando a una mujer ("Quiero una mujer", grita hasta seis veces), la ilusión ("Vamos a ver la nieve al mar")...
El desfile de tipos que propicia Fellini, que consigue este mago de la cámara y de las emociones es magnífico. Cualquiera se puede reconocer en la pantalla: hay tipos Times New Roman, hay Comic Sans, hay Verdanas, Ariales, Bodonis...
Primero. Hasta ocho veces he tenido que arrancar una hoja de la libreta para apuntar alguna bella frase, algún recuerdo que la fotografía, las palabras, la música, ha despertado en mí. "¿Cómo es, cómo es?", pregunta el ciego.
Segundo. Hasta cinco veces he rebobinado el minuto 31:26 hasta el minuto 32:20. No podía creer que algo así pudiera ser filmado... "Era tan bonito que me ha hecho llorar".
Tercero. Hasta tres veces he contemplado el baile con la nieve acontecido, magistralmente mostrado en el minuto 1:30:17. "Dove sei, amore mío?"
Cuarto. La imagen como un desfile, como un carrusel, como una exposición... El género humano con el entusiasmo, la torpeza, la pestilencia y el talento que lo caracteriza, sin biombos mostrado con gracia, con pasión, con humanidad... "Unos días está normal y otros no, como todos nosotros".
Quinta. La extravagancia, la extrañeza, el tesoro. De ahí la aparición de la monja enana, los enormes senos de la vendedora de tabaco ("Exportación"), la Gradisca ("Disfrute") y su magna belleza, el tío Teo subido a un árbol y reclamando a una mujer ("Quiero una mujer", grita hasta seis veces), la ilusión ("Vamos a ver la nieve al mar")...
El desfile de tipos que propicia Fellini, que consigue este mago de la cámara y de las emociones es magnífico. Cualquiera se puede reconocer en la pantalla: hay tipos Times New Roman, hay Comic Sans, hay Verdanas, Ariales, Bodonis...
La pasión o ese oscuro objeto de deseo
Cuenta Saura en los extras de "Viridiana" que Buñuel tenía una forma muy surrealista de enfocar el mundo, de tal modo que, en su opinión, cualquier acto, cualquiera, fuera el que fuera, estaba justificado si se había perpetrado movido por la pasión. La pasión, que no la fe, para Luis, como lo llama Saura, movía montañas.
Rayuela


Un tal Luis Carlos Juárez ha querido poner nombre de forma fortuita a lo que hoy hace cuatro años empezó a ser.
Oasis vs. río
Tenemos tanto que nos da miedo perder cualquier cosa, aunque sea insignificante, puesto que sabemos que es, precisamente esa suma de cosas breves, cortas y simples, las que hace que tengamos algo. Sin embargo, a mí sólo me parece que lo tengo, no sé si lo tengo de veras o si de veras me interesa tenerlo. El proceso de esconder aquello entre sábanas, subida a la escalera, ma ha angustiado tanto como cuando de pequeña me escondía debajo de la cama durante horas. Al principio era emocionante pero, luego, la vergüenza de salir era más grande que la necesidad de ver la luz del sol... Es inexplicable cómo un suceso tan, aparentemente sencillo, me ha sobresaltado durante toda la noche, se ha colado entre mis sueños y me ha hecho imaginar que en la sociedad actual la carencia de cualquier objeto nos vuelve insolentes e intranquilos, y que fallamos a la hora de enfocar con la linterna la felicidad y la tenencia, nos hemos convertido en unos torpes absolutos que no saben valorar dónde está el oasis y dónde el verdadero río. Pero, de todas formas, creo que las noches a partir de ahora van a ser demasiado frías. Es una lástima que te marcharas tú también hace tanto tiempo... exactamente, cuatro años desde que me mudé de piel. Qué pena haberla dejado atrás.
Noche de cristales rotos
La soledad pasa por una ventana rota cuyos cristales se han convertido en un montón de muertos transparentes. La soledad se cuela bruscamente por esa ventana a las cuatro de la mañana, y llena de polígonos irregulares el suelo de mi habitación, me despierta y me saluda diciéndome: "Estás viva, ¿por cuánto tiempo será?". Y yo, nerviosa, me acurruco entre las sábanas, no quiero mirar fuera, retarte fue una enorme estupidez infantil y de valiente. "Si Dios existe, que ese periódico vuelva a volar sobre nuestras cabezas". Y no lo hizo. Esperamos, y siguió sin elevarse. Sin embargo, esa amante inoportuna -Dios, la soledad, es lo mismo- se apareció entre capas negras anoche. Pero me dejó viva, y sin un rasguño. Ahora tengo el cadáver entre paños amarillos que huelen a limpio en la esquina. No puedo hacer nada... La soledad pasa por una ventana rota y un teléfono descolgado sin comunicar pero timbrando durante horas. Tarkovsky se ha colado en mi corazón... La soledad es no tener con quien reírse de que ningún cristal, de los cientos que había, optara por no clavarse en ninguna parte de mi cuerpo. Anoche, entre sueños, pensé que descubriría la punta de un iceberg en cualquier momento, clavada y sonrosada en el reverso tenebroso de este compendio de músculos y huesos que existen.
Auguri
Generalmente, tu sóla presencia y existencia en el mundo, me sobresalta. Termino tosiendo como ahora o con un peso -tal vez un coágulo inofensivo- enorme en la cabeza, que se mueve de forma helicoidal como un aura, cuando en realidad es una condena. Te apareces y con cuatro frases me cambias el sentido de la vida. "Conéctate más a menudo. Extraño hablar contigo", y yo, voy y me lo creo, y queriendo arrojarme al extraradio de la web, y quedarme a vivir en ese mundo virtual, a ver si es más cómodo y acolchado que el real, te prometo: "Lo haré si tú me lo pides".
Pero no lo voy a hacer. Tus frases de diccionario olvidado ya no son lo que eran, igual que los sentimientos. Tal vez por eso la vida sea más blanda y fácil ahora, porque ya nada tiene calidad. Ya no hay emociones de acero, de esas que uno defiende como si le fuera la vida en ello. Y, sin embargo, somos todos mucho más amables y cultos que hace unos años. Sabemos un poco más de literatura y bastante más de cine, hemos probado todas las verduras del mundo occidental (incluida la romanesca, ese prodigio de la naturaleza) y también nos hemos acostumbrado a ser activos en la conversación, jugosos en los mensajes que transmitimos, atractivos en la exposición de nuestras opiniones y exquisitos en la forma de reír, de mirar, de estar, simplemente. Pero, cómo cambiaría el enorme bagaje actual por un acobardamiento de los de antes, por una de esas veces que me quedaba paralizada y no sabía si seguir existiendo o no, pero una palabra tuya, una verdadera, podía devolverme el calor.
Ahora yo no paro de crear imágenes vanas y vacías de contenido (aunque curiosamente parezcan que tienen mucho contenido, qué paradoja), de contar historias y anécdotas y de acuñar teorías para todo. Sé bien el resultado que produce, pero me estoy deshinchando.
No me pidas que vea cómo te vas al Canadá y te llevas a esa persona con el nombre de mi hermana que, para redondear la fruta, me pertenece a través de ese vocativo, a través de su espontaneidad (que es la mía, según has dicho) y a través de esa ocupación de un sitio históricamente reivindicado. En tu ciudad. En tu estado. En tu continente. En tu hemisferio. Y, llegamos por fin, al mundo, que es lo que de verdad, lo único que verdaderamente tú y yo compartimos.
Pero no lo voy a hacer. Tus frases de diccionario olvidado ya no son lo que eran, igual que los sentimientos. Tal vez por eso la vida sea más blanda y fácil ahora, porque ya nada tiene calidad. Ya no hay emociones de acero, de esas que uno defiende como si le fuera la vida en ello. Y, sin embargo, somos todos mucho más amables y cultos que hace unos años. Sabemos un poco más de literatura y bastante más de cine, hemos probado todas las verduras del mundo occidental (incluida la romanesca, ese prodigio de la naturaleza) y también nos hemos acostumbrado a ser activos en la conversación, jugosos en los mensajes que transmitimos, atractivos en la exposición de nuestras opiniones y exquisitos en la forma de reír, de mirar, de estar, simplemente. Pero, cómo cambiaría el enorme bagaje actual por un acobardamiento de los de antes, por una de esas veces que me quedaba paralizada y no sabía si seguir existiendo o no, pero una palabra tuya, una verdadera, podía devolverme el calor.
Ahora yo no paro de crear imágenes vanas y vacías de contenido (aunque curiosamente parezcan que tienen mucho contenido, qué paradoja), de contar historias y anécdotas y de acuñar teorías para todo. Sé bien el resultado que produce, pero me estoy deshinchando.
No me pidas que vea cómo te vas al Canadá y te llevas a esa persona con el nombre de mi hermana que, para redondear la fruta, me pertenece a través de ese vocativo, a través de su espontaneidad (que es la mía, según has dicho) y a través de esa ocupación de un sitio históricamente reivindicado. En tu ciudad. En tu estado. En tu continente. En tu hemisferio. Y, llegamos por fin, al mundo, que es lo que de verdad, lo único que verdaderamente tú y yo compartimos.
Leche, papilla y zumo
Cuando el pequeño se haga mayor podré contarle muchas mentiras de papel. Y en papel. Ya tengo almacenados un montón de juegos para él, y para estimular su ingenio y su curiosidad. Me gustaría que fuera un preguntón, que jamás callara sus ganas de saber algo nuevo o de enterarse de algún funcionamiento. Si bien yo no soy así (a veces es una actitud impostada), creo que debe ser maravilloso poder expresarse en el grado en que uno quiera siempre que quiera hacerlo. Las cosas que nunca te dije se quedarán en el limbo que confesaste que te gustaba como concepto: te divierte pensar que había un montón de niños dando vueltas y haciendo piruetas, acrobacias y ejercicios gimnásticos en ese breve espacio entre lo que no es y lo que sí es.
Pero tú, pequeñín, nunca estarás en la indefinición de un programa vital. Te aseguro que tus líneas estarán bien delimitadas, al menos si yo puedo ayudar a ello. Serás lo más feliz que se puede ser, como todos nosotros en realidad, aunque ni nos demos cuenta de ello. Ahora que he cambiado tu foto en la pantalla del ordenador, no dejo de pensar en qué nuevos gestos, caras y muecas tendrás, y en qué cruzará tus pensamientos de leche, papilla y gotas de zumo.
Pero tú, pequeñín, nunca estarás en la indefinición de un programa vital. Te aseguro que tus líneas estarán bien delimitadas, al menos si yo puedo ayudar a ello. Serás lo más feliz que se puede ser, como todos nosotros en realidad, aunque ni nos demos cuenta de ello. Ahora que he cambiado tu foto en la pantalla del ordenador, no dejo de pensar en qué nuevos gestos, caras y muecas tendrás, y en qué cruzará tus pensamientos de leche, papilla y gotas de zumo.
El reloj corpóreo
Si bien tardíamente también, lo pronunció a tiempo. Siempre es a tiempo. A tiempo te arrepentiste de tu indiferencia, pero menos mal que es a tiempo. Otras, te diste cuenta de que habías tomado una decisión inadecuada, pero fue a tiempo. Todavía nunca ha sido "demasiado tarde". Espero que mi primer "ya no puede arreglarse" se tome toda una vida en llegar porque, al menos hasta ahora, he podido pararlo todo en el instante en que he querido. Claro que ya no había marcha atrás, y enormes faltas y horribles errores se habían cometido, pero, bueno, siempre se pudo frenar. Las palabras sólo son palabras pero echan tierra sobre todo: siempre hay un "lo siento muchísimo" o un "perdóname" a tiempo que hace que la carga libere su peso. Las palabras son esas losas que nos colocamos sobre la espalda, y que con mucha sutileza creemos utilizar a nuestro favor: "¿Qué te has hecho hoy? Estás distinta. ¿Te has cortado el pelo?", o "Pensé que no iba a verte antes del fin de semana, y hasta el lunes son dos días; me alegro de encontrarte antes de que sea demasiado tarde".
Pero las ultizamos con suma ligereza, lo cual comienza a inquietarme. Deseo empezar a utilizar las palabras como he de hacerlo, con el respeto necesario para elegir entre un "te he echado de menos" o un "te quiero". Con la añoranza suficiente para calcular, de nuevo, una posible, auténtica y definitiva "nostalgia del futuro".
Cuando me pongo a pensar en los sentimientos volitivos actuales, me doy cuenta de que las inclinaciones y emociones de antes, que iban de corazón a corazón (gracias Truffaut por esta expresión tan útil) eran mucho más consistentes e importantes que las de ahora. Las de hoy, las de hace un rato, son en realidad de usar y tirar, son falsas emociones que tienen un altísimo playrate propiciado, precisamente, por la piel. Crece en la piel. Vive en la piel. Se desarrolla en la piel. Y muere en la piel. Con el despido del codo sobre el codo en el asiento para dos de un autobús, se va el aroma de la piel, se va espesamente hacia ninguna parte, para regresar por hastío y vigilancia pasado mañana, o el otro, pero, a tiempo -siempre es a tiempo- uno se pregunta: ¿merece la pena un sentimiento tan errante? ¿puedo doblegarme a una emoción con patas que camina por sí sola, que se concentra en semejante lugar (en la superficie capilar), que es tan metódicamente calculada pero, a la vez, tan improvisadamente visceral? Las de antes eran emociones que cortaban como cuchillos la piel, que no es para nada lo mismo. Eran del tipo "helado", porque se clavaban como cristales finos y cuando el nubarrón acechaba, apesadumbrado, oscurecía el entorno.
Estas emociones van en una caravana. Son alegres y confusas: se revolucionan como el motor de un coche por un hombro sobre hombro, por un agotamiento no deliberado del espacio entre dos articulaciones que pertenecen a distintos cuerpos.
Me asusta y me interesa, me mueve, pero me indigesta.
Pero las ultizamos con suma ligereza, lo cual comienza a inquietarme. Deseo empezar a utilizar las palabras como he de hacerlo, con el respeto necesario para elegir entre un "te he echado de menos" o un "te quiero". Con la añoranza suficiente para calcular, de nuevo, una posible, auténtica y definitiva "nostalgia del futuro".
Cuando me pongo a pensar en los sentimientos volitivos actuales, me doy cuenta de que las inclinaciones y emociones de antes, que iban de corazón a corazón (gracias Truffaut por esta expresión tan útil) eran mucho más consistentes e importantes que las de ahora. Las de hoy, las de hace un rato, son en realidad de usar y tirar, son falsas emociones que tienen un altísimo playrate propiciado, precisamente, por la piel. Crece en la piel. Vive en la piel. Se desarrolla en la piel. Y muere en la piel. Con el despido del codo sobre el codo en el asiento para dos de un autobús, se va el aroma de la piel, se va espesamente hacia ninguna parte, para regresar por hastío y vigilancia pasado mañana, o el otro, pero, a tiempo -siempre es a tiempo- uno se pregunta: ¿merece la pena un sentimiento tan errante? ¿puedo doblegarme a una emoción con patas que camina por sí sola, que se concentra en semejante lugar (en la superficie capilar), que es tan metódicamente calculada pero, a la vez, tan improvisadamente visceral? Las de antes eran emociones que cortaban como cuchillos la piel, que no es para nada lo mismo. Eran del tipo "helado", porque se clavaban como cristales finos y cuando el nubarrón acechaba, apesadumbrado, oscurecía el entorno.
Estas emociones van en una caravana. Son alegres y confusas: se revolucionan como el motor de un coche por un hombro sobre hombro, por un agotamiento no deliberado del espacio entre dos articulaciones que pertenecen a distintos cuerpos.
Me asusta y me interesa, me mueve, pero me indigesta.
Llámalo jueves
La suya era una relación de diario. De lunes a viernes decidían hablarse, mientras que de sábado a domingo (sí, hay un día intermedio entre estos dos: la noche que se pega al sábado para desembocar resacosa en el domingo tardío) se ignoraban. A ella no le gustaba demasiado esta situación, pero comprendía que "he couldn't stay a little bit longer". Por mucho que ella invocaba su permanecia a través del radiocasette, él no se dejaba ver durante el fin de semana. Situación compleja y delicada donde las haya. Además, de lunes a viernes se veían todos los días, sí, pero nunca más de una hora. A veces mucho menos, dependiendo de si el mundo se confabulaba a su favor y de si se buscaban entre la multitud o se dejaban arrastrar por ella. Una hora cada lunes, cada martes, cada miércoles, cada jueves y cada viernes hacía cinco horas a la semana: con otras personas se decide pasar mucho menos tiempo pero no es en verdad suficiente. Suficiente como para que, cuando ella conectaba la música y el disco comenzaba a dar vueltas, él la escuchara desde cualquier parte del mundo y fuera en su busca. Y es que era una relación de lunes a viernes, sin fiestas de guardar ni fines de semana.
¿Quién podrá escuchar esto...?

Después de robar los besos
-Eres mi hija, mi hermana, mi madre.
-Hubiera querido ser también tu esposa.
"Domicile conjugal", Truffaut
-Hubiera querido ser también tu esposa.
"Domicile conjugal", Truffaut
Sinestesias obligadas por un bote de desinfectante
Me falta el aire, abro la boca descomunalmente pero no consigo aspirar el suficiente aire necesario para seguir viviendo un minuto más, para seguir prolongando la vida de uno, la vida que es la única pertenencia de uno (¿qué es el bagaje, solamente eso, equipaje?), la vida que es sólo mía y de nadie más, y que no estoy dispuesta a prestar, a regalar, a dar, por ningún recibo ni recibimiento, por ninguna concepción ni concepto...
Bostezo. Abro la boca descomunalmente pero no consigo llegar al límite del bostezo en que por fin el sueño, espesamente, se va alzando, y va helando los huesos, y va concentrándose en todas las esquinas... Y, expresamente, zzzz.
Bebo. Abro la boca descomunalmente pero no consigo tragar toda la insuficiencia e indiferencia del mundo en un sólo trago, previo pasapuré, colador y batidora.
Agito. Agito el mundo después de inhalar la sangre de una pared pistacho, tengo en la cabeza todo el sentir de la vida, me aborda un sueño parapléjico, y tengo miedo, sólo porque estoy entre extraños y me pregunto si Kerouac, si Cassady, si Borroughs, si Yonqui, qué más da, habrá experimentado esto o será esto parte de lo que se debe ingresar...
Siento el mecanismo de mi cabeza falto del engranaje oportuno que hace que Chaplin se deslice por una máquina a vapor en una fábrica decimonónica de arpegios y artilugios sonoros dignos de la melodiosa Björk en esa película en que la horca es el tajo de las notas. Como en todo espectáculo, en realidad. ¿O no es el telón eso mismo?
Bostezo. Abro la boca descomunalmente pero no consigo llegar al límite del bostezo en que por fin el sueño, espesamente, se va alzando, y va helando los huesos, y va concentrándose en todas las esquinas... Y, expresamente, zzzz.
Bebo. Abro la boca descomunalmente pero no consigo tragar toda la insuficiencia e indiferencia del mundo en un sólo trago, previo pasapuré, colador y batidora.
Agito. Agito el mundo después de inhalar la sangre de una pared pistacho, tengo en la cabeza todo el sentir de la vida, me aborda un sueño parapléjico, y tengo miedo, sólo porque estoy entre extraños y me pregunto si Kerouac, si Cassady, si Borroughs, si Yonqui, qué más da, habrá experimentado esto o será esto parte de lo que se debe ingresar...
Siento el mecanismo de mi cabeza falto del engranaje oportuno que hace que Chaplin se deslice por una máquina a vapor en una fábrica decimonónica de arpegios y artilugios sonoros dignos de la melodiosa Björk en esa película en que la horca es el tajo de las notas. Como en todo espectáculo, en realidad. ¿O no es el telón eso mismo?
La ardilla roja
Baja del árbol
Vive en mis manos
Una vez más desde la mentira amor
Tú, mi novia amnésica
Tú, tu roja ardilla, amor
Así te canto, así te siento, así te vivo, así te doy toda mi voz
Tú aún no sabes lo que llevo dentro de mí
Dentro de mí
Dentro de mí
Hazme la vida más frondosa
Hazme la vida más ligera
Hazme la vida, amor
Así te canto, así te vivo, así te doy toda mi voz
Así te siento, así te vivo, así te doy, amor
Imagina que beso tu cuerpo
Tú me aprietas con fuerza entre tus piernas
Muerdo vida, te muerdo mentira, te muerdo, amor
Te muerdo amor
Hazme la vida más frondosa
Más ligera
Amor
Canción de la película de Medem, "La ardilla roja"
Vive en mis manos
Una vez más desde la mentira amor
Tú, mi novia amnésica
Tú, tu roja ardilla, amor
Así te canto, así te siento, así te vivo, así te doy toda mi voz
Tú aún no sabes lo que llevo dentro de mí
Dentro de mí
Dentro de mí
Hazme la vida más frondosa
Hazme la vida más ligera
Hazme la vida, amor
Así te canto, así te vivo, así te doy toda mi voz
Así te siento, así te vivo, así te doy, amor
Imagina que beso tu cuerpo
Tú me aprietas con fuerza entre tus piernas
Muerdo vida, te muerdo mentira, te muerdo, amor
Te muerdo amor
Hazme la vida más frondosa
Más ligera
Amor
Canción de la película de Medem, "La ardilla roja"
Pupilas con posología
No se le puede negar a Julio Medem su originalidad. Al menos, eso no. Después de haber visto "La ardilla roja", "Tierra", "Lucía y el sexo", "Los amantes del cículo polar", "La pelota vasca", "Vacas" y "Caótica Ana" me siento en condiciones de emitir un juicio a favor o en contra de este particular cineasta. Después de que un ser mágico -alto, delgado, una generosa ardilla, si lo pienso bien- me haya enseñado, entre tantas otras cosas, el significado de la palabra "entelequia", que el Diccionario de la Real Academia define airadamente como "cosa irreal", lo que Medem me parece es un espejismo. Eso es exactamente, un reflejo de lo que deseo contra lo que aborrezco. Por eso sus cintas se me vuelven desdeñables pero completamente atrayentes, por eso las vacío y las rebobino constantemente, porque no puedo olvidar la poesía con la que narra unas historias irreales de amor y celos, o amor y posesión, o amor y cobardía, o amor y sexo, o amor y magnetismo... Su capacidad para saltarse las normas me encanta (su obsesión por las relaciones ambiguas de atracción entre hermanos), su forma de fotografiar un verso de mar, también. Sin embargo, todo eso es lo que me produce tal rechazo. Las metáforas, los increíbles juegos, las casualidades, la belleza que parte de lo ordinario, lo extraordinario como anécdota suicida... Nos quedamos en la melodía de un terrón de azúcar, de unas palabras susurradas, de una habitación sofocante, de un milagro cósmico, de un acertijo de perogrullo, de un imán que imanta dos cuerpos irradiados, radiados, atados, anhelados...
Helados.
Medem podría ser mi director de cine favorito si no fuera porque su forma de contar las cosas me descorazona, por el hecho de que: 1. No es verdad. 2. Es demasiado capicúa. 3. Las coincidencias están en el cajón de la cocina, entre la cuchara de palo y el tenedor del Ikea. 4. Amnesia, telekinesia, hipnosis, casualidades, ojos de corazón, pupilas con posología...
Todo esto no existe.
Helados.
Medem podría ser mi director de cine favorito si no fuera porque su forma de contar las cosas me descorazona, por el hecho de que: 1. No es verdad. 2. Es demasiado capicúa. 3. Las coincidencias están en el cajón de la cocina, entre la cuchara de palo y el tenedor del Ikea. 4. Amnesia, telekinesia, hipnosis, casualidades, ojos de corazón, pupilas con posología...
Todo esto no existe.
Arde
Nunca le di al "play", Strindberg. Me destrozan estas películas. Pero me enganchan. Sólo en estos momentos la vida se rebela como Dios en una marioneta, qué miedo. Es tan grande, la puerta se abre y se cierra con tanta violencia que intento esconderme como Alexander, debajo de la mesa, debajo de la cama, pero eso lo hacía cuando era más pequeña. Ahora sería ridículo recibirte entre las pelusas de la oscuridad que se mira con el reverso del colchón y las láminas.
Es ridículo y a la vez increíble. Nunca me operaron: supongo que me quedo como después de una anestesia. Sin fuerzas.
Mientras sé que los demás estáis, como Gustav Adolf implora, viviendo, yo estoy re-viviendo. El ideal platónico no deja de supurar... La vida no respira, supura; esta metáfora me parece acertada.
Nos complicamos, pero es que hay "productos", "artefactos", "hechos", "seres", "asuntos", inexplicables. Sí, la luz o la perspectiva todo lo pueden explicar y yo, que soy tremendamente racional, sin embargo, me lo creo. Tal vez detrás de esa puerta, o debajo de esa mesa, o en el quicio de la puerta te desquicies un día.
Me ha gustado la idea de escribir el nombre de otra persona cuando a petición, trato de escribir el mío. Pero no lo veo. No lo hallo. No lo atino a emborronar. Firmas con tu sobrenombre, que eres tú, que es ella, que es él, que somos todos dentro de un todo.
Todos interpretamos un papel. El caso es no evadirse nunca, ya te lo dije. A unos les tocan mejores papeles y a otros peores. Bueno, en cierto modo, yo supe desde que era bien pequeña, que las niñas con parches no llegan a ser Cecinientas. Mi amiga y yo aspiramos a la hermanastra y a la madastra, aunque los Bette Davis no se nos dieran bien.
Es ridículo y a la vez increíble. Nunca me operaron: supongo que me quedo como después de una anestesia. Sin fuerzas.
Mientras sé que los demás estáis, como Gustav Adolf implora, viviendo, yo estoy re-viviendo. El ideal platónico no deja de supurar... La vida no respira, supura; esta metáfora me parece acertada.
Nos complicamos, pero es que hay "productos", "artefactos", "hechos", "seres", "asuntos", inexplicables. Sí, la luz o la perspectiva todo lo pueden explicar y yo, que soy tremendamente racional, sin embargo, me lo creo. Tal vez detrás de esa puerta, o debajo de esa mesa, o en el quicio de la puerta te desquicies un día.
Me ha gustado la idea de escribir el nombre de otra persona cuando a petición, trato de escribir el mío. Pero no lo veo. No lo hallo. No lo atino a emborronar. Firmas con tu sobrenombre, que eres tú, que es ella, que es él, que somos todos dentro de un todo.
Todos interpretamos un papel. El caso es no evadirse nunca, ya te lo dije. A unos les tocan mejores papeles y a otros peores. Bueno, en cierto modo, yo supe desde que era bien pequeña, que las niñas con parches no llegan a ser Cecinientas. Mi amiga y yo aspiramos a la hermanastra y a la madastra, aunque los Bette Davis no se nos dieran bien.
La realidad se ha roto en pedazos desde entonces
"No es culpa mía que todo haya salido mal...", dice el padre de Fanny a Alexander. Me hago cargo de esa frase y te la doy en pedazos.
Si vous laissez passer cette chance

Dejemos que Amèlie haga de las suyas...
Birth death
En el metro, pensando en el por qué de los niños que nacen muertos. No me refiero a por qué no nacen, sino por qué se pronuncia una frase así: "Ha nacido muerto". Es contradictoria en sí misma... no se puede nacer muriendo... Igual que no se puede vivir sin estar viviendo, que no es lo mismo, pero es igual.
Un poco de color... no puede venir mal

La fruta es de lo más hermoso que existe en el mundo... En especial, como concepto, aunque morder una rodaja de sandía es como besar la frescura.
El cuadro, de Frida Kahlo, por supuesto.
Todo fue un sueño
El que "Blow up" sea una película concebida por y para modernillos no va a hacer que no me guste. De hecho, me encanta. Llevaba detrás de esta cinta tanto tiempo que verla ha sido toda una consecución. Un cierto malestar en cualquier caso me acecha: me da pena que "Al final de la escapada", "Blow up" y otros cuantos filmes más se hayan convertido en propiedad de modernos. Pese a esto, la película vale su peso en oro. No sólo es entretenida sino que estéticamente es un alarde de magnificencia. Es una fotografía sin retocar, preñada de la ingenua espontaneidad (que esconde un delicado trabajo de autor) que hace que cada fotograma sea mejor que el anterior. ¿Cómo se puede olvidar la sesión fotográfica que encabeza la película? ¿Cómo no recordar por siempre la frialdad con que se mueve el fotógrafo? Sus gestos henchidos de pulcritud y malestar. Y, luego está, claro, Vanessa Redgrave, que aparece siempre vestida del mismo modo, con o sin camisa.
"Blow up" es de esas peículas que atesoran el conocimiento de cualquiera, en su sentido más literal. Es un tesoro tener la opotunidad de ver este filme, es un tesoro aproximarse, por fin, a Antonioni, disfrutar de cada imagen como si fuera la primera vez que se asiste a una sesión fotográfica, atender atónitos a la compra de una hélice mientras la vendedora expone todo un discurso salido de la nada, venido hacia la nada, donde el espectador se encuentra con su propio yo.
Me da igual que Boyero odie esta película; pocas veces en la historia del cine hemos podido asistir a un partido de tenis tan emocionante como una muerte tomada en tres disparos. Lo más excepcional de todo es la metáfora que subyace el texto, el guión, el relato: nada ocurrió ayer noche. Todo fue un sueño.
"Blow up" es de esas peículas que atesoran el conocimiento de cualquiera, en su sentido más literal. Es un tesoro tener la opotunidad de ver este filme, es un tesoro aproximarse, por fin, a Antonioni, disfrutar de cada imagen como si fuera la primera vez que se asiste a una sesión fotográfica, atender atónitos a la compra de una hélice mientras la vendedora expone todo un discurso salido de la nada, venido hacia la nada, donde el espectador se encuentra con su propio yo.
Me da igual que Boyero odie esta película; pocas veces en la historia del cine hemos podido asistir a un partido de tenis tan emocionante como una muerte tomada en tres disparos. Lo más excepcional de todo es la metáfora que subyace el texto, el guión, el relato: nada ocurrió ayer noche. Todo fue un sueño.
Your smile died
¿No es extraño que, después de muerto, no pueda parar de escuchar tu voz? ¿No es extraño que ahora piense que no hubiera tenido ninguna vergüenza en hablarte y hablarte y hablarte sin parar? ¿No es funesto que sea ahora cuando quiera conversar contigo hasta que nos quedemos sin voz? ¿No es horrible que ahora entienda todo lo que digas? ¿No es injusto que no hubiera una segunda despedida? ¿No es increíble que tu recuerdo esté dentro de mí de este modo? ¿No es espectacular tu voz?
Moi non plus
Habrá quién me critique por esto pero... qué sublime resulta "Je t'aime, moi non plus" cantada por Placebo. Para escucharla y verlo, aquí.
El eclipse
La armonía que busco se halla en la conjunción e intercambio de credenciales. Por fin, a eso de las doce y diecisiete de la noche de un viernes cualquiera, agosto para ser más precisos, lo he entendido. La soledad se encuentra con la soledad en ese instante exacto en que la manecilla del reloj se posa sobre la otra manecilla. Soledad multiplicada por dos: anula la soledad. Es como multiplicar por cero.
Días extraños me remite a esa canción de Los Piratas pero tú y yo hemos acabado tan lejos, que me produce una sensación de alivio y felicidad hablarte con amabilidad. Dejar que la empatía envuelva nuestra conversación, convencernos de que siempre seremos tú y yo. Sin embargo, y dadas las circunstancias, de aquel tú y de este yo queda ya bien poco.
Yo me encuentro a las doce y diecisiete horas con una vida que ha desembocado en un río. Piensa que es un vertedero, pero no, no lo es. Está equivocada. Por eso se entretiene como la criada de Scarlatta en cada flor que ve, por eso se ilusiona con cada nuevo rayo de sol, más potente, diverso, estrambótico, excéntrico o "brand new colony" que el anterior. Pero todo son distracciones vanas.
De veras me encuentro conmigo misma a estas horas. Solamente quiero teclear al ritmo frenético de una noche queda y calma; el sonido de mis dedos pulsando las teclas es lo único que puede darme sosiego.
Y, sin embargo, estoy bien. Estoy estupendamente bien. Abandonada a mi aire, me refugio con las rodillas flexionadas en una buhardilla. Sé que lo he tenido todo en más de una ocasión, y sé que siempre lo he rechazado. Cuando la palabra todo rebosa el plato, asoma la nariz, decido cambiarlo en un trueque y sin regateos por un satifactorio nada. Debes entenderme: no me gustan los negocios.
Pienso que la pérdida de la intensidad (vital, espiritual, carnal incluso) tiene su reflejo en la visualización de películas menos mágicas y más cotidianas, pero más extraordinarias. No es que reniege de "Amèlie" pero me sientan mejor los trajes de 1907.
Debía ver a Antonioni y a Bergman la misma tarde, la misma noche. Si no fuera por mi debilidad y mi sueño, debería haber continuado merendándome a Bergman y a Antonioni hasta la madrugada. Despachar un par de películas de cada, como leídos fueron aquellos artículos sobre sus muertes. Porque los dos fallecieron en los mismos días, casi en la misma fecha perdemos a dos de los más grandes directores de cine. Y yo, que hasta la fecha no había tenido el más mínimo contacto visual ni con el sueco ni con el italiano, me siento orgullosa de presentarle mis credenciales a la pantalla del ordenador.
No estaría demás compartir estas fresas salvajes con un fotógrafo altivo, sentirme arropada como Alexander se siente con Fanny o contemplar una partida de tenis (de lo que fuera) invisible. Bueno, puedo imaginarme que Cordula -o la invisibilidad hecha voluntad, hecha estómago- me atiende esta noche de eclipse.
Días extraños me remite a esa canción de Los Piratas pero tú y yo hemos acabado tan lejos, que me produce una sensación de alivio y felicidad hablarte con amabilidad. Dejar que la empatía envuelva nuestra conversación, convencernos de que siempre seremos tú y yo. Sin embargo, y dadas las circunstancias, de aquel tú y de este yo queda ya bien poco.
Yo me encuentro a las doce y diecisiete horas con una vida que ha desembocado en un río. Piensa que es un vertedero, pero no, no lo es. Está equivocada. Por eso se entretiene como la criada de Scarlatta en cada flor que ve, por eso se ilusiona con cada nuevo rayo de sol, más potente, diverso, estrambótico, excéntrico o "brand new colony" que el anterior. Pero todo son distracciones vanas.
De veras me encuentro conmigo misma a estas horas. Solamente quiero teclear al ritmo frenético de una noche queda y calma; el sonido de mis dedos pulsando las teclas es lo único que puede darme sosiego.
Y, sin embargo, estoy bien. Estoy estupendamente bien. Abandonada a mi aire, me refugio con las rodillas flexionadas en una buhardilla. Sé que lo he tenido todo en más de una ocasión, y sé que siempre lo he rechazado. Cuando la palabra todo rebosa el plato, asoma la nariz, decido cambiarlo en un trueque y sin regateos por un satifactorio nada. Debes entenderme: no me gustan los negocios.
Pienso que la pérdida de la intensidad (vital, espiritual, carnal incluso) tiene su reflejo en la visualización de películas menos mágicas y más cotidianas, pero más extraordinarias. No es que reniege de "Amèlie" pero me sientan mejor los trajes de 1907.
Debía ver a Antonioni y a Bergman la misma tarde, la misma noche. Si no fuera por mi debilidad y mi sueño, debería haber continuado merendándome a Bergman y a Antonioni hasta la madrugada. Despachar un par de películas de cada, como leídos fueron aquellos artículos sobre sus muertes. Porque los dos fallecieron en los mismos días, casi en la misma fecha perdemos a dos de los más grandes directores de cine. Y yo, que hasta la fecha no había tenido el más mínimo contacto visual ni con el sueco ni con el italiano, me siento orgullosa de presentarle mis credenciales a la pantalla del ordenador.
No estaría demás compartir estas fresas salvajes con un fotógrafo altivo, sentirme arropada como Alexander se siente con Fanny o contemplar una partida de tenis (de lo que fuera) invisible. Bueno, puedo imaginarme que Cordula -o la invisibilidad hecha voluntad, hecha estómago- me atiende esta noche de eclipse.
Dobleces
Me he hecho un nudo en el dedo meñique. Cuando pierdo los estribos (el control, la estabilidad de acróbata), me lo aprieto para que cada día me duela un poco más. Así consigo equilibrarme porque es, realmente, algo preocupante. Cada vez que me propongo hacer algo, termino moviéndome en el sentido contrario... Y quiero dejar de exponerme. Quiero dejar de cometer errores y de ser esa persona que he creado y que cada día ocupa más espacio y se hace más fuerte dentro de mí.
El siglo XXI no da para más
“Esta es una conferencia sobre lo que más nos gusta de lo que sabemos. Porque sabemos cosas que no nos gustan y de las que estamos hartos de escuchar hablar. También incluye cosas de las que no sabemos nada, pero que nos gustan mucho, y cosas sobre las que no estamos muy seguros pero que nos hacen gracia. En definitiva, un inventario (¿viene de inventar?) de cosas buenas, auténticos milagros y maravillas en un tiempo saturado de mediocridad y malos augurios.”
Este párrafo extraído de la página web de la Casa Encendida me invita a desmenuzarlo. Se afirma que existen:
1. Cosas que nos gustan de las que sabemos.
2. Cosas de las que no sabemos nada y nos gustan mucho.
3. Cosas sobre las que no estamos muy seguros pero nos hacen gracia.
4. Tiempo saturado de mediocridad y malos augurios.
Me pregunto si las sociedades de cada siglo tenían esa sensación-radar de estar viviendo en una época mediocre y atenazante. Me gustaría saber por qué hay tantas cosas que desconocemos que nos atraen de por vida y por qué empleamos tiempo y tiempo en conocer cosas que no nos interesan pero se deben conocer.
Este párrafo extraído de la página web de la Casa Encendida me invita a desmenuzarlo. Se afirma que existen:
1. Cosas que nos gustan de las que sabemos.
2. Cosas de las que no sabemos nada y nos gustan mucho.
3. Cosas sobre las que no estamos muy seguros pero nos hacen gracia.
4. Tiempo saturado de mediocridad y malos augurios.
Me pregunto si las sociedades de cada siglo tenían esa sensación-radar de estar viviendo en una época mediocre y atenazante. Me gustaría saber por qué hay tantas cosas que desconocemos que nos atraen de por vida y por qué empleamos tiempo y tiempo en conocer cosas que no nos interesan pero se deben conocer.
Ceremonia
¿Quedamos en la calle del Acuerdo cuando vuelvas?
Si no creyera en lo que creo
Hace años no sabía ni quiés era Tarkovski. No tengo ningún reparo en confudir a Kusturica con Kurosawa porque no soy un producto editado, estoy en normal y sin cursiva.
Ahora bien, las manzanas de la alberca feliz harán que nunca olvide ni confunda ya a ese genio zíngaro.
Ahora bien, las manzanas de la alberca feliz harán que nunca olvide ni confunda ya a ese genio zíngaro.
Más Freud y más pastillas
La técnica está en dejar que las palabras tomen la delantera. Es un verdadero placer dejar que las palabras salgan de los dedos meñiques cual pócima de una leyenda amarillenta en unas páginas llenas de polvo. Serán las que encuentres dentro de unos años, cuando yo no sea yo ni tú seas tú seamos sólo, únicos, vanos, toscos, recuerdos de lo que fuimos. Cuando hayas olvidado mi segundo apellido, cuando no recuerdes mi dulce favorito, cuando seas incapaz de recordar una frase tan simple como "el melve en plan gore". Cuando aterrizando a casa los ojos se hinchen de lágrimas acumuladas sin vertedero, qué triste es esta imagen de plena libertad dictada, es decir, de dictadura existencial; menos Freud y más pastillas, más Freud y menos pastillas... No te pierdas en la nada del absoluto, la abstracción es mágica pero es un pozo sin fondo en el que albergan (albercan) todos los pequeños seres de este mundo, desde los insectos palos hasta las amantis religiosas, desde los niños desaparecidos y las bacterias más poderosas... Pues todos nos volvemos una mota de polvo pasados los dulces periplos que saben a chocolate, que huelen a café, que alimentan la sal y salan las marismas... Dejar que la lengua veloz se cuele entre unas páginas (de nuevo, amarillentas) de un diccionario roído de uso, de maluso, de defecto, de infecto... Cuando los diccionarios dejen de estar en tu caja fuerte, cuando tu caja fuerte contenga un diccionario con una sola palabra, la única que pronunciarás, la única que me dejaré oír, todo habrá acabado. No necesitaré que me lo digas al oído, tampoco te pediré que le des otra forma. Habré entendido que quemar las palabras era lo que llevabas tiempo queriendo hacer. Te vuelves práctica, lengua.
Sueña
La belleza como punto de partida es un hilo del que tira una madeja.
La belleza como punto de partida es lo más hermoso de la existencia.
La belleza es esa canción de Bjork dando vueltas.
La belleza es tu regazo y tus manos en mi pelo.
La belleza está en estas paredes de última generación.
La belleza es la última generación.
La belleza somos nosotros.
Aquí.
En nuestro estúpido paso por esta tierra.
En la palabra patria cuando ésta significa algo.
O nada, es un sentimiento digno también.
La belleza es esta melodía.
Nadie puede hacerse una idea de dónde está.
Sale del 25 de mayo.
Del 18 de agosto.
Del 1 de febrero.
De las esquinas de la habitación.
De la garganta torturada.
De mí.
Permíteme que resople.
Que respire.
Que me vuelva transparente.
Cuando más derrengada estoy, más capaz soy de volar.
Te dejas.
Y por fin te encuentras.
En un sobre.
En un billete.
En una vela que se extingue.
La belleza como punto de partida es lo más hermoso de la existencia.
La belleza es esa canción de Bjork dando vueltas.
La belleza es tu regazo y tus manos en mi pelo.
La belleza está en estas paredes de última generación.
La belleza es la última generación.
La belleza somos nosotros.
Aquí.
En nuestro estúpido paso por esta tierra.
En la palabra patria cuando ésta significa algo.
O nada, es un sentimiento digno también.
La belleza es esta melodía.
Nadie puede hacerse una idea de dónde está.
Sale del 25 de mayo.
Del 18 de agosto.
Del 1 de febrero.
De las esquinas de la habitación.
De la garganta torturada.
De mí.
Permíteme que resople.
Que respire.
Que me vuelva transparente.
Cuando más derrengada estoy, más capaz soy de volar.
Te dejas.
Y por fin te encuentras.
En un sobre.
En un billete.
En una vela que se extingue.
Un pretexto para sufrir
Llevo años haciendo cosas para observarme a mí misma. Hace poco oí de unos labios que no debía haber conocido una frase adolescente que nos acompañará de por vida: "Estoy hecho de errores". Uno se vanagloria de esto. Lo más duro es que a uno le gusta haber cometido determinados errores para sentirse más sabio, más crecido, más maduro ahora.
Todos buscamos a ese unicornio. Y sin embargo me parece mucho más reveladora una canción algo más desconocida que empieza de este modo: "Me he dado cuenta de que miento. Siempre he mentido. Siempre he mentido". Yo también me he dado cuenta de que llevo toda mi vida mintiendo.
Para no hacer daño, para ser como los demás, para creerme una verdad incómoda, para inventarme una historia falsa que tuviera un sustento más firme que el verdadero.
Hace unos años alguien iluminó una lámpara que decidió no apagar nunca. Llega ahora en forma de voz de Silvio Rodríguez enlatada en un disco personalizado y precioso, donde sueñan con serpientes unas letras hermosas, donde Bertol Brecht trasnocha convertido en piel de caimán... Me diste la paz del mundo bien hecho, la tranquilidad de la buena y desasosegadora literatura; me diste el amor por la lucha, por la no lucha, por el infierno y la buena digestión, por la comida y la falta de ella... Me diste la contradicción y la atmósfera, la voluntad y el aire, la luna y las cicatrices que dejan las estrellas...
Y ahora todo me da igual. Esa es mi frase favorita. Saben las nubes que no es verdad. Saben los nostálgicos que miento todo el día para felicitar a la gente en sus puestos de vida, reales puestos ganados con currículum, reales rostros de complacencia y cirugía sin perpetrarse, reales vidas cruzadas que se creen especiales...
Me aficiono a saludar al vendedor de "La farola". Por fin me ha localizado y sabe quién soy. ¿No te das cuenta de que no puedo coger el metro porque me estoy enamorando de la vuelta a casa? ¿No te das cuenta de que si soy egoísta no lo soy por otra cosa que estar encerrada conmigo misma? ¿Entiendes que quiero verme en el espejo de una vez? Llevo toda la vida (lleva toda la vida) cerrando los ojos al lavarse los dientes.
Y hay otros que, sin embargo, lucen un bombín y un gesto adusto cuando se enfrentan al reflejo. El reflejo. ¿Es en verdad un espejo una contrapartida, un modelo, un esquema lumínico e idéntico de nosotros mismos? O es la más paradójica e idealizada fachada de la existencia...
Dudo de que lo que diga tenga algún sentido y cuanto menos lo tengo, menos pena me da que me llames "maja", menos pena me da que no me contestes, menos pena me da que los errores me constituyan, menos pena me da que ya no sea como antes...
Y más azul es el hecho de haber encontrado un ángel en la carretera.
Todos buscamos a ese unicornio. Y sin embargo me parece mucho más reveladora una canción algo más desconocida que empieza de este modo: "Me he dado cuenta de que miento. Siempre he mentido. Siempre he mentido". Yo también me he dado cuenta de que llevo toda mi vida mintiendo.
Para no hacer daño, para ser como los demás, para creerme una verdad incómoda, para inventarme una historia falsa que tuviera un sustento más firme que el verdadero.
Hace unos años alguien iluminó una lámpara que decidió no apagar nunca. Llega ahora en forma de voz de Silvio Rodríguez enlatada en un disco personalizado y precioso, donde sueñan con serpientes unas letras hermosas, donde Bertol Brecht trasnocha convertido en piel de caimán... Me diste la paz del mundo bien hecho, la tranquilidad de la buena y desasosegadora literatura; me diste el amor por la lucha, por la no lucha, por el infierno y la buena digestión, por la comida y la falta de ella... Me diste la contradicción y la atmósfera, la voluntad y el aire, la luna y las cicatrices que dejan las estrellas...
Y ahora todo me da igual. Esa es mi frase favorita. Saben las nubes que no es verdad. Saben los nostálgicos que miento todo el día para felicitar a la gente en sus puestos de vida, reales puestos ganados con currículum, reales rostros de complacencia y cirugía sin perpetrarse, reales vidas cruzadas que se creen especiales...
Me aficiono a saludar al vendedor de "La farola". Por fin me ha localizado y sabe quién soy. ¿No te das cuenta de que no puedo coger el metro porque me estoy enamorando de la vuelta a casa? ¿No te das cuenta de que si soy egoísta no lo soy por otra cosa que estar encerrada conmigo misma? ¿Entiendes que quiero verme en el espejo de una vez? Llevo toda la vida (lleva toda la vida) cerrando los ojos al lavarse los dientes.
Y hay otros que, sin embargo, lucen un bombín y un gesto adusto cuando se enfrentan al reflejo. El reflejo. ¿Es en verdad un espejo una contrapartida, un modelo, un esquema lumínico e idéntico de nosotros mismos? O es la más paradójica e idealizada fachada de la existencia...
Dudo de que lo que diga tenga algún sentido y cuanto menos lo tengo, menos pena me da que me llames "maja", menos pena me da que no me contestes, menos pena me da que los errores me constituyan, menos pena me da que ya no sea como antes...
Y más azul es el hecho de haber encontrado un ángel en la carretera.





