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Más cine, por favor
Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Backstage
Ocho centímetros de dilatación. La vida.

 
Y lo que me callo
"Y me felicito, en mi escritorio doméstico y metafísico, por el hecho de tener por lo menos una amante rítmica...".

"Perdóname las conjunciones y los dobles infinitivos y lo que me callo...".

"... y nuevamente me impresiona, y pienso que también ella, por primera vez, tiene conciencia de estar escribiendo a un escritor...".

Jack Kerouac, "Los subterráneos"

 
Gracias, biblioteca
Lista de películas por ver:

-"Solaris"
-"Scoop"
-"Tres colores: azul, blanco y rojo"
-"Las uvas de la ira"
-"Sahara"
-"Pigmalión"
-"Oso"
-"Los olvidados"
-"Obaba"
-"Maria Antonieta"
-"El maquinista"
-"Lo que piensan las mujeres" (de Lubitsch)
-"El ilusionista"
-"Grand hotel"
-"Guantanamera"
-"Éxodo"
-"Dogville"
-"De profundis"
-"Crash"
-"Copacabana"
-"El cartero siempre llama dos veces"
-"Cara de ángel"
-"Candilejas"
-"La ardilla roja"
-"Bagdad café"
-"Sopa de gansos"

Y las que quedarán...


 
No somos como el vino
-No quisiera ofenderle, pero tengo la impresión de que es usted demasiado joven.
-Espero que no se ofenda pero, ¿mejora la gente con la edad?
-Se vuelven más tolerantes.
-Será porque tienen más que tolerarse a sí mismos.

Esta conversación, extraída de la película (absolutamente espectacular) "Doctor Zhivago" me parece reveladora. Con honestidad, yo sí tengo muchas más cosas que tolerarme desde hace unos años...

 
No albergaba demasiadas esperanzas sobre su futuro
"Su mirada a través del cristal de la carlinga no era la de uno de esos sanguinarios cazadores, young bloods, aves de presa ansiosas de pintar marcas de aviones enemigos en su fuselaje. Saint-Exupéry, en misión de reconocimiento, no buscaba rivales, volaba, se fijaba en el sol, en el viento, en las estrellas, en la disposición de las nubes y en las extrañas formas que éstas adoptan. Inventaba historias, soñaba. No albergaba demasiadas esperanzas sobre su futuro.

Cuando el depredador alemán lo encontró sobre el Mediterráneo, no tuvo más que colcarse a su espalda y apretar el disparador de sus cañones. Una presa fácil. Súbitamente arrebatado del cielo, Saint-Exupéry cayó, su Lightining P-38, una estrella fugaz, plata ardiente siseando al encontrarse con el mar.

Hay algo que nos conmueve en la caída de todo aviador. Richtofen cayó, cayó Douglas Bader; cayó sobre su amada África Dennis Finch-Hatton, el amante de Karen Blixen, en un aeroplano Gipsy Moth igual que el del conde Almásy de El paciente inglés. Cayó sobre el ignoto Pacífico la bella Amelia Earhart. Alas efímeras. Ícaros todos. Pero ninguno como Saint-Exúpery, porque con él viajaban la poesía, los baobabs y las rosas. Y ese pequeño príncipe que le salvó una vez de las dunas, pero no pudo nada contra los crueles proyectiles de Horst Rippert y la negra sombra de la guerra y de la Luftwaffe".

Jacinto Antón


 
El personaje y tú
Nunca me había ocurrido algo así con una película. Bueno, miento. Me sucedió en una ocasión anterior. Fue cuando vi por primera vez "Amèlie". Lo recuerdo perfectamente. Me he dado cuenta de que tengo una memoria imborrable; tal vez por eso sea tan difícil olvidar. Querer olvidar, incluso.

Me encanta el comienzo de "Los subterráneos". Hoy, precisamente después de haber leído algunas de las páginas más destartaladas de la historia de la literatura, rindo homenaje a todo lo contrario. Ordeno mis ideas. Es imposible, pero intento que, al menos, estén expuestas con rigor y concierto. Frases cortas y compasivas. Comprensibles, para todos los públicos.

Y qué pocas ganas de ver "Arsénico por compasión". Y cuántas de describir "Doctor Zhivago": hasta de lo insulso se saca provecho. En cuarto curso hube de leer sobre esta película. No me arrepiento. Recuerdo asimismo que el libro, un volumen muy ecléctico y sin par, contemplaba otras extrañas disquisiciones acerca de la vida. En especial, narraba la existencia de un periodista al uso. Del "horario de periodista" y del rostro de bombilla a punto de vencer que se le queda al reportero cuando llega a casa. Y cierra la puerta, un pomo a medio romperse. Cuando saca de la nevera una hoja de pavo y mermelada de frambuesa. Y se lo como todo en un rollo de pan de molde. Mientras, enciende la radio o la televisión. Soledad.

A algunas personas no les gusta su personaje. El personaje Scarlatta, el persona Hanna, el personaje Annie. El deshollinador. El afinador, el violinista. Las manos sobre el ratón, morenas. Los dedos de repulsa.

No me había sucedido igual con ninguna otra cinta. Bueno, miento. Sí con "Amèlie", pero no de la misma forma. "Once". Tan hermoso. Tan extraordinariamente real. Tan incomprensiblemente nostálgica. Todavía me veo en el ordenador de David Moralejo, retocando una página con el Indisign, haciendo lo prohibido, hablando por teléfono, llamándote, susurrando y siempre sosteniendo el auricular entre el hombro y el cuello... Girando la cabeza, riendo, murmurando, invitándote a salir.

A conocer. A ver. A ir al cine. A llorar. A romper las normas. A no seguir nada de lo establecido. A huir de lo establecido. Hay cosas que se deben decir a tiempo. Si no, si no, quemarlas es lo que receta el prospecto. Meterlas en una botella de ginebra, y al mar de las cosas tiradas. El basurero.

El personaje es una forma de sentirse libre. Es un caparazón ante la incapacidad para decidir el futuro más incierto, el más inmediato. Ante las incorrecciones del mundo. Ante lo que no nos gusta, ante lo que nada tiene que ver conmigo.

 
You must've fallen from the sky
La fuente de los jardines de Luxemburgo la estaba mirando del mismo modo que los redondos ojos de la noche. Los cascos volvían a gritarle a los oídos, pero esa noche encontró una justificación para el desvelo: Kerouc se la había chivado. No era una tontería eso de la escritura automática: dejaba entrever mucho más de lo que se podía ver si se la encaraba directamente. Ya era hora de bailar.

Entonces, sin embargo, allí, no obstante, todos, mañana, cuándo, horas, horas, horas, Postal Service, play, dale al play y cállate.

Es la hora de hacer. Es la hora de convetir las cosas que se compraron en cosas deshechables. Deshagámos de lo inútil. Diogénes a la basura. Hay que volver, volver, volver...

Junta las manos, da tres pasitos, mueve los hombros, ¿es que no sabes hacerlo? Todos aprenden, todos se enseñan a sí mismos, la vida no puede ser tan complicada como la adulacion, como la decisión, como el convencimiento, como la miseria, como la pared...

You must've fallen from the sky
You must've come here in the pourin' rain
You took so many through the light
And now you're on your own

 
Torpe, como un suicida sin vocación
Escribir con las tripas es mucho más difícil de lo que parece. Igual que cantar desde el corazón, lo mismo que hacer las cosas con la pasión de una tiza, de una herramienta, de un cortacésped, de una sierra eléctrica, de un lápiz, de un pincel, de una brocha, de una guitarra desgarrada, de una voz ronca, de un puntero de ratón, de una fregona a punto de reventar. Y todo inundándose.

Recoge Javier Cercas (gracias) en su artículo de "El País" de hace dos domingos: "'¿A qué crees que se reduce la literatura?', le escribe su padre a V. S. Naipaul en una carta memorable. 'A escribir con las tripas, no con la cabeza. Si el delincuente semialfabeto escribe una carta a su novia, será como la mayoría de las cartas de semejantes personas. Si el delincuente escribe justo antes de ser ejecutado, será literatura'".

Esto lo clarifica todo. James Dean, Marilyn Monroe, ¿Lorca? Y es que, como explica Cercas, todo suicida "parece llevarse siempre consigo un secreto, un gran misterio que jamás podrá ser resuelto". Pero tal vez no había nada. Tal vez sólo una pronta muerte, una temprana huida de la realidad. Lo que sí se desvanece espesamente por encima de mi estela, por encima de mí, y de esta habitación incluso, es que si yo muriera mañana mismo, si no despertara más (si es que consiguiera dormir), esto, quizá, se convertiría en letra impresa para los que configuran mi entorno. O para los que entornan mi configuración.

 
Aunque sólo fuera por las cartas que le escribía
J. era muy triste. Una persona como él no debía enfadarse como lo hacía. Una persona así debía sentirse orgullosa de su gusto musical y sus muchas historias que contar, de su voz varonil y de radio, de sus experiencias y sus ingeniosas ocurrencias. J. no debía comportarse así cuando se le quería abrazar; no debía ser tan frío, ni tan duro, ni tan oscuro, ni tan misterioso, ni tan gris. Leía a Kerouac, pero lo ha dejado. Eso me dijo por mensaje. Me alegré mucho de saber de él.

Hay personas que no se dejan querer y otras que no quieren ya querer. Joyce Johnson y la canción que estoy escuchando (When your mind's made up) ahora mismo me elevan a su mismo estado. Soy gris, casi me transparento con la pared llena de sombras. Soy una sombra. Ciega. Miope. Extraviada.

Leo el "Adn", siempre lo hago. Esto me ha despertado hoy. Escrito por Cristina Castillón. No he podido dormir en todo el día. Dudo de que pueda ocurrirme eso ahora. Esta noche.

"Fruto de la benzedrina y el café, al ritmo del bop de Charlie Parker y del phishing de Jackson Pollock, sin filtro literario, sintáctico o gramatical. Libro de esbozos reúne los poemas que Jack Kerouac escribió entre el verano de 1952 y finales de 1954. Su subtítulo advierte: 'Los esbozos no sólo son versos sin (sino) sólo lo que son'. En 1952, el autor le explicaba en una carta a Ginsberg: 'Al esbozar, todo se activa delante de ti (...), sólo tienes que purificar la mente y dejar que derrame las palabras (que traen los ángeles naturales de la visión cuando estás delante de la realidad) y escribir con un cien por cien de honradez. (...) El escritor compartió vida con Joyce Johnson, de quien diría fue el amor de su vida. Libros del Asteroide publica Personajes secundarios, de la escritora y editora, quien compone un retrato de la mítica generación beat, artistas del Greenwich Village, que buscaron transgedir los convencionalismos sociales y 'ser golpeados hasta la conciencia para expandir la mente a nuevas experiencias", como definía Ginsberg".

Esto es exactamente lo que todo ser busca en el otro, al que se entrega, en quien confía: el abismo. El suicidio como motivo para vivir. Así lo expresa Johnson: "Recuerdo caminar una medianoche por el puerto de Brooklyn con Jack. Me di cuenta de que si no hubiera estado con él, no habría estado ahí. (...) Buscábamos encontrar nuestro propio camino creativo. Kerouac siempre me alentó a lanzarme a la carretera. Yo tenía claro que quería escribir. A su lado, mi estilo mejoró, aunque sólo fuera por las cartas que le escribía".

 
Somos Swann
Las infidelidades de los otros
Los deseos inoportunos
Las turbaciones ajenas
Me han hecho pensar
Que no somos tan sucios como nos ven
Y que no nos ven tan sucios como nos creemos
Somos puros
Auténticos
Impulsivos
Lo hacemos
Recogemos las rosas mientras podemos
Y sonreimos levantando la copa
Y proponiendo un brindis espléndido
Sin carraspeo ni temblor:
Somos Swann

 
La manzana. Nueva York
Realmente, me ha interesado muchísimo la película "Hanna y sus hermanas". ¿Por qué? De algún modo me he sentido profundamente atraída hacia la estética ochentera neoyorquina, especialmente, esa corbatas en las mujeres, los chalecos sobre blusas anchas, los jerseys que realzaban las figuras femeninas. Encuentro una hermosura que desconocía en los cuerpos redondos, también (pero esto sí es muy propio de mí) en los talles finos, los hombros afilados, las barbillas estrechas, los cuellos largos. Mia Farrow me ha resultado una mujer absolutamente atractiva, con un poder de seducción natural que se hacía patente desde sus ojos hundidos y su flequillo rizado. Asimismo, he empezado a notar el universo Allen. Es la primera vez que conecto de esta manera con el Nueva York que Woody Allen pretende imprimir en la retina del espectador; resulta maravilloso el pensar en la mente del cineasta jugando con la de quienes tendrán la fortuna de verlo. Es la estética que plantea, las exquisiteces y extravagancias de la sociedad que retrata la que me parece alucinante. Me fascinan las conversaciones ingeniosas y las situaciones rocambolescas que desafían a la moral: el lío entre parejas, las hermanas infieles, el rencor, la sexualidad, la envidia, la suficiencia, el fracaso, el egoísmo, la dependencia.

"Hanna y sus hermanas" está formado por un manantial de sensaciones impunes que yo he rozado y he conocido en algunos momentos de mi vida. Las infidelidades y travesuras que sugiere el neoyorquino me han servido para comprender que lo que nos rodea -el entorno- no es sino una vara de medir que nos cuestiona. Pero los únicos estrategas y espías somos nosotros mismos. Al ver las inseguridades y caprichos que mueven a los personajes y a su fuero interno a cometer locuras e irregularidades (así como romper pactos y causar daño), me doy cuenta de que nadie está a salvo del bien o del mal. Lo primero te puede atrapar en su seno tan de improviso como lo segundo; solo que de lo segundo cuesta más salir. Al observar a Lee me he dado cuenta de que se puede seguir siendo bella tras la tormenta (después de meterse en pieles mudadas y mudarse de piel); de que la belleza se lleva en los terrones de azúcar y la espontaneidad para pedir dos bolsitas de té en lugar de una.

Lee ama a Hanna tanto como ésta a Holly, pero las tres se recelan como hermanas y amigas, mujeres e hijas. Las inclinaciones que van de corazón a corazón son tan frecuentes como las adulaciones; y ambas, destruyen. No se pueden evitar los favoritismos y las alianzas, aunque sí conviene formalizarlos y congelarlos. Amarse es complicado. Odiarse es tan fácil como quererse con locura. Las personas perdemos el norte con facilidad, nos entregamos con ligereza y perduramos en la estela del otro, en la sombra del otro por mucho más tiempo del imaginado.

Retratar a una ciudad con una cámara como Allen lo hace con Nueva York es todo un homenaje hacia la city más humeante del mundo. Todo son taxis y rascacielos: el horizonte está surcado por luces de neón, rótulos y carteles de letras rojas. Intermitentes. Allen es tan brillante que inventa un personaje: el arquitecto, con el fin de que los travelling capten la Nueva York soñada, la de todas las retinas, pero también una ciudad-mundo, especial, diferente, distinguida, con más historia, más pasado, más París.

La ciudad, con toda su bondad, generosa, se desparrama sobre los lomos del mundo, ofrece mil y una posibilidades, está plagada de centros de arte y charlas, bares y museos, librerías y cafeterías... Es una vasta ciudad llena de personajes como Catherine ("Jules y Jim"), como Annie Hall, como los periodistas de Manhattan: son superfluos hombres y mujeres que han leído a todos los clásicos y a muchos más contemporáneos; capaces de burlarse de McLuhan y de Nietszche, dispuestos a jugar al tenis con bombachos y vestir corbatas con pamelas. Son mujeres y hombres que huelen a periódicos y tinta, café, tertulias y conciertos, cócteles y charlas infinitas. Excentricidades, colirios para quemar las mentiras. Productos para fabricarlas por doquier. Multiplicarlas. Inventar, ficcionar, novelar, hipocondriar.

Capacidad y limitaciones, ortografía y corrección, debate y filosofía... Son personas pasionales con arraigo de espiritualidad y alardes intelectuales abrumadores. Pero simpáticos, francamente deliciosos.

-Tú sabías que esto ocurriría, tarde o temprano.
-Siempre te dije que me abandonarías, pero, ¿tiene que ser ahora?
-Tengo que marcharme, salir de aquí. Me estoy ahogando.
-Tú eres mi único motor, mi única conexión con el mundo.
-Eres tan superior a mí en todos los sentidos.
-No trates de hacerme la pelota. Me estoy poniendo histérico.


 
Aunque sigas suspirando por algo que no era cierto
Desde aquí desde mi casa
Veo la playa vacía
Ya lo estaba hace unos días
Ahora está llena de lluvia
Y tu ahí sigues sin paraguas
Sin tu ropa paseando
Como una tarde de julio
Pero con frio y tronando
¿Se puede saber que esperas?
Que te mire y que te seque
Que te vea y que me quede
Tomando la luna juntos
La luna, tú y yo expectantes
A que pase algún cometa
O baje un platillo volante.

Y la playa llora y llora
Y desde mi casa grito
Que aunque pienso en abrazarte
Que aunque pienso en ir contigo
El doctor me recomienda
Que no me quite mi abrigo

Que no esté ya más contigo
Y yo no puedo negarme
Pues el tipo soy yo mismo
Estudié mientras dormías
Y aún repaso las lecciones
Una a una cada día

Yo no puedo aconsejarte
Ya es muy duro lo que llevo
Dejemos que corra el aire
Y digámonos adiós

Aunque sigas suspirando
Por algo que no era cierto
Me lo dicen en los bares
Es algo que llevas dentro
Que no dejas que te quieran
Solo quieres que te abracen
Y publicas que no tuve
Ni valor para quedarme

Yo rompí todas tus fotos
Tu no dejas de llamarme
Quien no tiene valor para marcharse.
Quien no tiene valor para marcharse.
Quien no tiene valor para marcharse.

Quien prefiere quedarse y aguantar
Marcharse y aguantar.

Ivan Ferreiro, Turnedo

Brutal.

 
Curiosidades escalofriantes
"El desarrollo de la inteligencia se detiene hacia los 16 o 20 años. A partir de ahí el rendimiento intelectual no se optimiza más. Es decir, aunque prosigue la adquisición de conocimientos (el contenido), no hay una evolución pareja del continente (el razonamiento abstracto, el juicio...)".

"Etimológicamente, personalidad se deriva del término latiino 'persona', que en su origen significaba 'máscara o careta de los actores romanos'".