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Mac Guffin
Más cine, por favor
Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Sindicación
 
Empatía
Aunque Catherine Hepburn ya tenía párkinson en "Adivina quién viene a cenar" estaba espléndida. Además, supo usar la enfermedad a su favor, de modo que la intranquilidad que transmitían sus ojos se completaba con la agitación de su cuerpo. Ésta es una de las mejores películas que he visto. Me he sentado frente a ella unas quinientas veces por lo menos, y nunca, nunca, ha conseguido defraudarme. Los diálogos son maravillosos. El planteamiento no falla en ninguno de los aspectos. Las perspectivas son completas. El tema era atrevido para el momento en que se estrenó e incluso ahora podría tener aplicación. Tal vez no en razas y colores, aunque también, pero sí en condiciones y decisiones. Admiro el guión, la interpretación, su capacidad de conmover y la vitalidad de sus personajes. Pero sobre todo, el retruécano. Cuántas veces hemos abanderado una verdad que, a la hora de la verdad, no éramos capaces de sostener. El viejo liberal, director de "The Guardian", había dado las mejores escuelas a su hija. Los valores pesaban demasiado, pero cuando había que enfundarse en ellos, no eran tan capaces de hacerlo.

 
¿Es malo conspirar contra la realeza?
Me hubiera fascinado preguntarme: ¿es malo conspirar contra la monarquía de turno? Pero no puede ser, porque no hay un monarca de pegote, de turno ni electo. Es éste. Es el impuesto. Es el que hay, y no hay otro, ni desaparecerá.

Hay que militar. Yo no puedo estar callada. Y me dirán. Me dirán que hay cosas mucho más graves por las que luchar. Darfour. Namibia. Uganda. Malawi. Yo qué sé. Todos los países africanos. Mongolia, siempre mentada, nunca imaginada. Y Bush. Aznar. Rajoy y sus barbas. Delphi. Cayucos varados. A la deriva. Sin timón.

Dependientes. Drogadictos. La vivienda escasa. El alquiler injusto. Los indígenas sin representatividad. El "infotaintment". Los tópicos. La adopción de homosexuales. La laicidad. El respeto a los inmigrantes. El terrorismo.

Hay mil asuntos en los que meter las narices pero uno de los mayores símbolos de la desigualdad tampoco se queda cojo. Manifestarse está bien, sirve para demostrar algo a los que no se enteran de que hay disidentes. Apagar la televisión cuando nos atiborran con soporíferos también, pero, ¿qué más se puede hacer? A mi se me ocurre conspirar. ¿Está mal?

 
La sombra
A medida que subía los peldaños, su propia sombra se elevaba, engordaba, se hacía monstruosa. La luz caía en picado y lo que era un reflejo de sí misma hacía menos de un segundo, ahora era su muerte.

 
El ejército está en guardia
Hay quienes opinan que escribir no sirve para nada. "Mierda", lo llaman. Te gritan por ello, castigan al que pasa su tiempo libre frente a las letras de un ordenador: "asdfg", o, frente a las palabras de un diccionario: "a, aalense, aarónico".

Sin embargo, la palabra es un arma cargada de futuro, ¿eso decían, no? Creo que lo tiene, creo que lo es, y creo que por ella sacrificaré lo que llaman "esta profesión", un eufemismo de no se el qué. "Lo que más le gusta a uno, le dijo el maestro al muchacho, no lo puede desperdiciar ni malgastar, ni herir ni lastrar, ¿no?". El chico asintió.

Así es. A aquellos que cargan con el dardo a la palabra, pueden seguir haciéndolo, pues detrás de una hay otra, y otra y otra. Interminables sinónimos absolutos, relativos, familias, homónimos, antónimos, homófonos... Detrás de una palabra hay todo un ejército blandiendo sus "eles" al viento.


 
Un minuto perecedero
Alargué el tiempo que sonó la sirena del colegio para revivir mis años escolares, las terribles gafas de pasta, mi nombre en el puesto 21 del orden alfabético, el retroceso, las mesas de dos en dos, las sumas interminables, las raíces cuadradas que vinieron más tarde, las lecturas en voz alta, los ejercicios en los cuadernos grandes de cuadros, las portadas, los dibujos perfilados con "rotring". La clase de plástica, aquella enorme alfombra verde en la que estaba pintado ¿Alcorcón?, por ejemplo; los bailes, los fines de curso, el bocadillo, las dobles palmeras de chocolate, los abrigos colgados en el perchero "universal", los paraguas, los murales con el escudo de la comunidad de madrid.

La sirena duró menos de un minuto, pero acabó con el encuentro de la profesora de gimnasia, que ya no lo era. Ahora impartía todas las materias, tenía los mismos ojos saltones, el mismo pelo rebelde. Las manos largas, estaba delgada. Y me llamó por mi nombre.

 
Invención literaria
Me enteré hace unos días que la Maga existió. Era una mujer con el pelo a lo "garçon", tal vez Sabina en su canción de los peces muertos, o de ciudad, que viene a ser lo mismo, se refería a ella. Me enteré también que la propia Maga se desdice y que, pese a que Cortázar muy probablemente sí se prendió de ella (y con esto quiero decir lo que ese verbo significa: "asir, agarrar, sujetar algo"), ella nunca creyó que podrían tener un futuro juntos. Real, no anecdótico -esto acontece hasta en las mejores casas-, pero brutal. Tristemente dolido se halla aquel que esto consiente. Pero así fue. La Maga supo, sabe y sabrá que ella sólo fue una invención literaria. Sabe que es más sobre papel y en palabras que cuando está recortada en el umbral de la puerta. Es consciente de que todos nos enamoramos de ella, igual también la aborrecimos en cierta ocasión, cuando el bebito se dejó morir, pero la quisimos por su fuerza poética; por sus venas corrían despavoridas las notas de una canción. Su pelo era violín entre las manos de una cintura tan estrecha. "Cuando en la novela fallece el hijo de la Maga, descubrí que su amor por ella estaba muriendo", dice mientras fuma un Gauloise en nuestra imaginación.

La pieza de jazz suena en la pieza, dentro del corazón en forma de corazón melódico. La Iglesia acabó con el infierno y los tridentes hace unos años, ahora se ha llevado el limbo al paraíso de las mentiras piadosas. "Era mentira, nos retractamos, los niños muertos no bautizados irán al cielo", dicen ahora, o eso retumba en mis oídos al menos, no lo vayan a creer al pie de la letra.

Así es que Rocamadour pudo bien no permanecer en ese limbo de la abducción y la desesperanza. Pudo bien quedarse en otra frontera, en la que yacen quienes están muertos aunque siguen respirando. Llega el punto en el tiempo, tropiezo, en el que nada marcha aunque todos, diligentemente, se mueven con fruición. "Los locos son equilibristas y buscan el equilibrio desequilibradamente": eso es, la sabia maga loca así lo dice durante el minuto glorioso que los medios le conceden en la radio. Lúcida, ojos brillantes, grandes, desquiciados cuando no está cuerda, descubre parte del mundo que está en nuestras manos. Que llevamos a cuestas.

Jostein Gaarder y su mundo de Sofía aún sin leer, aunque su joven de las naranjas alberga en mi, viene mañana a Madrid. A la noche de los Libros, cuántas iniciativas tiradas al contenedor de la cultura. Yo no podré ir a verle. No podré ir a ningún sitio. No podré moverme de debajo del escritorio donde me encuentro agazapada, acurrucada e inmóvil.

 
Encadenados


 
Enigma


"La Dama de Shangai" me recordó a David Lynch. ¿Es posible, o es descabellado?

 
Eléctrico
Le habían puesto una rayita horizontal a la "C"de manera que en lugar de decir "Prohibido aparcar", rezaba "Prohibido aparear". Pensé que en realidad no era un acto de gamberrismo, por así decirlo, sino de ingenio, y me maravillé pensando en la de personas que se cruzaban conmigo por aquellos pasillos urbanos. Mujeres con carros de la compra, un alfiler verde iba más cargado que todo su peso en oro. Extranjeros con la cabeza cubierta, niños riendo por el sol, que les hacía cosquillas en el alma chica que deben tener. Si es que tienen, todo ha de decirse.

Caminaba con la música tupiéndome los oídos pero qué agusto, qué pasión, qué trance, temblaban las rodillas y mi paso derecho adelantaba el izquierdo y el izquierdo llevaba por bandera una palabra inglesa hermosa, grande, gruesa, y en plata: "serendipity". Esto es: "descubrimiento fortuito de algo muy bello". En esas me encontraba. En la fascinación de la mañana de un sábado en el que todas las flores habían dado a luz. No faltaba ninguna por partirse en dos pétalos, tres, cinco o siete.

El pelo en remolino brillaba al sol, a pesar del color de la ceniza que siempre opaca su eléctrico movimiento.

 
Recortes
En inglés existe un verbo para significar "dormir hasta tarde". Es "to sleep in", como la canción de The Postal Service. Que en castellano no existe un solo término que describa tan gran concepto... me entristece.

Leído ayer: la tristeza es un vicio.

 
El peso de la rutina
El pulso del calendario lo marcan, irónicamente, los idiotas Días de Oro del Corte Inglés. Es como la gran frase que dijo mi compañera Tatiana hace unos días: "Cuando lleves muchos años en la profesión, verás cómo se repiten siempre las mismas noticias: los cincuenta años del Toro de Osborne, las efemérides, las pasarelas, el aniversario de Heidi... y, sobre todo, el calendario de las jóvenes aristócratas hecho por Pronovias". Joder, qué cutre. ¿Aristocracia? Me niego a seguir revisitando el léxico marxista.

 
III República
En mi casa no hay una pegatina de la República pegada en el baño ni tampoco tenemos una bandera digna de este tiempo. Mi padre, a pesar de no ser capaz de dejar de inventar la realidad, milita a su manera por que los tiempos que corren, sean otros. Así lo hace en el email-bomba que ha enviado a la radio de los oyentes, por tradición y tópico, más conservadores de la historia: los taxistas. Éste es el texto:

"Amigos: el próximo sábado los republicanos podemos manifestarnos por la tercera república. La "mani" comenzará a las 18:00 horas en Cibeles hasta Sol. He asistido a varias y cada vez somos más. Los eslóganes no tienen desperdicio. El que yo portaré, dice así:"República y listas abiertas. ¡Referéndum ya!"

Ósculos.

C.S.M. Republicano".

Genial aunque "mani" en un hombre de más de medio siglo suene a chiste y pese a que, en realidad, no haya acudido, como dice, a "varias". Y claro está, a pesar de que las concentraciones de republicanos muestren una mejoría levísima...


 
Traición
Me ha chivado Florian Henckel que hay dos tipos de personas, las de principios y las de sentimientos. Él dice: "En una situación decisiva hay quien puede decir, sigo adelante porque así son las reglas, pero una persona de sentimientos hará lo que cree que es justo". Leí esto y dejé de estar de acuerdo, hasta que luego se corrigió, prudentemente: "Bueno, quizá ni lo uno ni lo otro. La justicia está en mitad del camino". Eso creo. Soy de sentimientos y mis principios me han traicionado en más de una ocasión.

 
Fotosíntesis
La noche de los sueños rotos era una mañana cardiaca en la que todo tenía una cadencia triste y sin embargo, no me morí ese día. Esperé pacientemente a morirme en el umbral de la incertidumbre y las calabazas, y aún así, no llegaba el momento de defenestrar. A pesar de que yo escribía con más intensidad, mucha más intensidad que antes, no tenía sentido recibir negaciones y repliegos cuando no estaba dispuesta a escucharlos. Qué absurdo, se decía, estoy a punto de dejarme morir y no se da cuenta de que ahora no es hora para decir que no, que sí, para intentar escapar. Quería culpar al sol, por ejemplo, de su falta de bochorno, quería sentirse dentro de sí misma, el corazón latiendo, la sangre a chorros de la muñeca al dedo índice. Pero nada, estaba muerta. Le tomaron la temperatura: 33 grados. Le marcaron el pulso: 42 latidos. No está dentro, ha perdido el alma, el pálpito, el arraigo terrenal. No hay nada que la sujete a este mundo, manifestó el doctor. Declina, enmudece, pierde las ganas. Palidece su aspecto, le faltan los coloretes, hablando en plata. Plata, eso le falta, le falta hierro, amor, odio, desesperanza y, sobre todo, química. No se puede hacer nada por ella. Entonces, una voz salió del hueco de la puerta y elevó el tono: tal vez se pueda plantar de nuevo, sugirió. Carece de arraigo. Pero tiene savia. Energía, elemento vivificador. Está viva. Aún vive aunque quiere morirse y eso es porque no sabe que le quedan años de esplendor en la hierba.

 
Dios no existe
¿Qué hora es?
La adecuada.

Salgamos entonces de aquí. Es hora de hacerlo: atrás quedó el paisaje, delante, el horizonte. No alcanzo a ver la línea divisoria y, sin embargo, no me asusta, ya he dado el paso de rigor. El mundo empieza cada día y nos negamos a verlo, tenemos los ojos velados, el recuerdo emponzoñado, las ganas de no vivir dejadas de la mano de Dios y Dios no existe. Es un espejismo, como el uno de enero, día virtual y resacoso para muchos, la primera mañana de abril para mi. Hoy es esa primera mañana. Escribo desde una habitación donde inunda la oscuridad y aún así, veo a través de las partículas opacas que todo lo rodean. Se acabó. Es hora de dejarse.

 
Paradoja
"A veces llueve tanto que los cerdos se limpian y los hombres se embarran". - Oído.

 
Mentira: ausencia de verdad
- No han dicho la verdad. - Sequedad.
- Nos han mentido. - Frustración.
- La verdad entera, no. - Reflexión.
- Nubes, claros... pero no esta lluvia torrencial. - Negación.

Qué gran víctima, el verdugo metereólogo, que extiende su varita mágica y dibuja borrascas de ensueño.

 
Inolvidable
"Jules et Jim". Jeanne Moreau cantando, susurrante, "Le tourbillon de la vie", la letra de Bassiak: "Nos conocimos / Nos reconocimos / Nos perdimos de vista / Nos volvimos a perder de vista / Nos reencontramos / Nos dimos cariño / Y nos volvimos a separar"...

 
Doble fondo en el cajón
Me pregunto si la música puede hacerte perder el juicio. Si después de viajar por cada minuto, instante, segundo, momento, sensación, emoción y revivir lo tragado y lo expulsado y lo odiado y lo envidiado y lo desecho y lo muerto, y lo que es peor, lo que estuvo vivo una vez, se puede salir de aquí de nuevo.

 
We will become silhouettes
Llegó tarde pero arribó, aunque primero tuvo que vomitar. Se agachó, hincó las rodillas en la tierra y se sujetó como pudo al borde del mar. El mar la apartaba de la tierra adentro, apunto de darle un bocado. Se sintió mareada. El cerebro era una cinta métrica en la que estaban impresas las letras de todas las canciones que veinte mil, doscientos o dos años después volvía a escuchar. Un pequeño meteorito en el bolsillo. Aplastado y metálico. Cuatro botones. El de retroceso era el que dirigía el bote. Llevaba el salvavidas, pero sin embargo, no pudo resistir el vómito. Rebosaba el recuerdo de una playa indómita en la que todo funcionaba. Las palabras, las frases escritas en cualquier papel recortado. Tardes, noches, días. El nudo en la garganta y el mp4, cinético, arrojando intensidad y ahogo.

 
Subjuntivo imperfecto
Hubiera sido feliz sólo con verte así.
Hubiera.
Hubiera.

 
They made a statue of us
Si grito, ¿podrás oirme? Si le subo el volumen a Regina Spektor, ¿entenderás qué significa "Us"? Y, ¿qué es lo que dice, qué musita, que chilla, qué es lo que me está volviendo loca? A medida que la música acelera acelera también el ritmo de mi corazón, y los violines violan las notas, y las teclas del piano saltan volando, a cada toque de tus finos largos dedos esqueléticos arrugados viejos, las teclas se descoyuntan, forman piruetas y mueren en un suelo inundado de baldosas blancas y negras.

¿De qué me hablas? Está muy claro, del ajedrez, no mueves ficha, estás inmóvil, eres inerte, respiras hacia dentro, aborbes tu propia respiración y te hinchas porque no expulsas la angustia que a borbotones se tapona en las entrañas de tu cielo... El cielo es de ajedrez también, no puede haber nada tan inquietante como un cielo reflejo del suelo que no sea el mar y el raso azul...

Puedes imaginar desde tu puesta de sol infinita allá en otro tiempo, allá, en otra esfera, allá, donde estás, ¿dónde estás? Puedes imaginar un cielo copia de un suelo lleno de ratas de ciudad... abarrotado de personas que corren que son sólo hormigas... y de los rascacielos más sucios del mundo, fruto fresco de la contaminación más jugosa...

Puedes.