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Más cine, por favor
Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Sindicación
 
El café
Proponen en la biblioteca de Puerta de Toledo, que tiene además los nombres de Pedro Salinas o Centro, una tertulia filosófica en torno a un café humeante. Los temas son para atragantarse y echarse a llorar antes de tan siquiera comenzar a discutirlos. ¿Quién se atrevería con lo siguiente?

- "Es rentable ser egoísta" (responda con un seco "sí" o "no" pero argumente);
- "Queremos ser libres" (no me queda tan claro si lo queremos o no);
- "Qué es la sabiduría" (supongo que sé lo que no es la sabiduría...);
- "En qué consiste una buena relación humana" (esta si que no me la pierdo);
- "¿Qué significa vivir con plenitud?" (que tire la primera piedra quien...).

 
Venus era mujer
"Aunque su matromonio con Rooney naufragaba sin remedio, el actor ejerció como Pigmalión de su esposa durante mucho tiempo hasta el punto de que siguieron manteniendo relaciones sexuales, de tanto en tanto, ya una vez separados. En muchas ocasiones, ella no rompía del todo los vínculos con sus antiguos amantes, de forma que reaparecían, una y otra vez, en su vida bien porque Ava los buscaba o bien porque ellos no podían prescindir de la fascinante actriz. Odiaba mucho dormir sola y, en más de una ocasión, declaró que invitaba a gente a compartir su cama para evitar la soledad".

"Era una diosa. Me quedaba mirándola fijamente, literalmente maravillado", manifestó Artie Shaw, poco después de conocerla. Sin embargo, más tarde la despreciaba por leer novelas rosas de una escritora llamada Kathleen Winsor, con la que, ironías de la vida, se casaría más tarde. La Gardner no dejó de sonreír maliciosamente a propósito de ello.

Encumbrada ya a la categoría de estrella, Gardner protagonizó en 1948, con 26 años, "Venus era mujer", y para ofrecer la imagen de su belleza, los publicitarios de la Universal dieron a conocer las medidas que explicaban la adoración por la diosa: 90 de busto, 60 de cintura, 86 de caderas, 32 de cuello, 48 de muslos, 33 de pantorrillas y 19 de tobillos".

"Ejemplo de amor loco y enfermizo, la relación de Frank y Ava, calificad por muchos como el romance del siglo, se concretó en matrimonio entre 1951 y 1956, pero antes y después sufrieron o disfrutaron, nunca se sabe, de broncas y reconciliaciones, insultos y deseos incontenibles, llamadas a miles de kilómetros de distancia y desprecios cara a cara. Ambos tenían temperamentos muy fuertes, eran capaces del amor más desenfrenado o del odio más feroz, siempre de sentimientos sin medida".

"Frank estaba totalmente obsesionado con Ava. Total y locamente enamorado. Él estaba dispuesto a hacer lo que fuera por Ava". Ella siguió escuchando, sola o con amigos o amantes, las canciones de Sinatra allá donde estuviera, en Madrid, en Nueva York o en Londres".

 
Escalofrío
Para la conciliación, accedí a no escuchar los nuevos discos que había sobre la mesa. Tanteé nuestras posibilidades y me decidí por el flamenco hermoso de El Cigala y Bebo Valdés. Pensé que sería aprobado por todos pero yo fui la primera en sufrir con la elección: un millón de recuerdos se desplomaron sobre mi espalda, presionaron hondamente y me hicieron resbalar sobre el charco de lágrimas que tupían la claraboya de la luz. "Inolvidablemente vivirán en mí"..., chillaba la canción.

 
Descarga
La sensación estéril de las cuatro paredes y la prisión kafkiana, al más puro estilo del absurdo, la congoja, el pecho, la opresión, la carcajada seca, la rabia contenida, los pitidos en los oídos, y el odio concentrado y efervesciendo, es algo que no se me borra ni con el paso del minutero.

 
La abuela
Cuando luce el sol, debería estar prohibido quedarse entre cuatro paredes opacas. Deberían prohibirse cuando luce el sol los cristales que afean el interior y hacen que el exterior parezca oscuro y gris. Deberían prohibirse los horarios partidos, la siesta si uno no la duerme, y el sol cuando luce si es dentro de una oficina encerrada con llave.

Hoy era su primer día después de muchos entre otras paredes sin llave, sin candado, pero con el cerrojo del miedo, de la imposibilidad, de los años de una vida larga. Hoy salía a la calle. No la vi pero la imaginé con las pupilas como circonitas, las aletas de la nariz abiertas al máximo, absorbiendo, aspirando, conjugando todos los olores que dentro de una casa no tienen opción de colarse. Y paseando a un paso muy lento, no sólo porque camine así - "los años, ay, los años"- sino también para apreciar con detalle lo que se abría a su alrededor, las flores, los rayos del sol nada fugaces, sino quedos, amplios, sonrientes (y dañiños, más para una piel morena pero que no ha pisado la calle en mucho tiempo), las voces de la gente, sus conversaciones, los niños corriendo, señalando, absortos, la luz, los escaparates, las palmeras de chocolate aromatizando, los bollos desprendiendo pasión, el carmín de las señoras, los carros de la compra, las sillitas de los niños, los abuelos de paso igual de lento que el suyo...

Las pintadas de las paredes, los perfumes de las ejecutivas, los olores sabrosos de los bares de viejos, la tortilla, los calamares, el olor a limpio tan habitual de las droguerías, las esquinas malolientes donde se concentra el pis y todas esas cosas pensables...

Era su primer día. No la vi pero la imagino feliz, tragando bocanadas de vida a paso lento.

 
"Amo a una mujer clara que amo y me ama"
"Fue la esposa de Bioy, Silvina Ocampo, quien expresó memorablemente la opinión imperante sobre las inclinaciones amorosas de Borges: 'Borges tiene un corazón de alcaucil. Ama a las mujeres hermosas. En especial si son feas, porque entonces puede inventarles la cara con mayor comodidad".

El País, Domingo 11 de marzo


 
She´s a rebel
Estábamos las dos generaciones en torno a ella y ella tenía los carrillos colorados y un encendido mal humor. En la mañana, se había enfadado con las dos, sobre todo con su hija. Tomamos cada una de nosotras un globo. Y mi madre lo infló enseguida, de forma casi magistral. A mí me costó bastante, pero lo conseguí. Sin embargo, ella se rebeló contra el propósito diagnosticado por el médico. ¡Que lo haga él!, decía indignada sosteniendo el globo mortecino sobre las manos. Que no puedo, que no puedo, que no puedo. Y no podía, ciertamente. Siempre me llamará la atención lo difícil que resulta enseñar algo tan básico como respirar a una persona que ya está harta de aprender.

 
Despegue
- ¿A qué vienes tú?
- A cubrir una cosa. ¿Y vosotros?
- A adoptar a una niña.

Difieren nuestras vidas y las formas de disfrutarla; hay quien brinda por su boda, por su trabajo o por un ascenso. Y hay quien la exprime al máximo y la corona con unas nueces crujientes.

 
En órbita
Corrí detrás de mi madre para jugar con ella, la cogí por la cintura y la levanté, le quité el libro que estaba hojeando, le pregunté por el azúcar sobre las fresas. Encontré los recortes en el corcho de la habitación, sostuve unas palabras cómicas con mi padre sobre sus ocurrencias, me pidió que le enseñara el inglés básico para taxistas: "Good morning, where are you going?". Sonreía sin la dentadura superior (siempre está en reposo) y se inventaba las palabras, las pronunciaba al revés, preguntaba por el estado de su correo electrónico, al que todavía le cuesta acceder. En la mesa, pusimos la bola del mundo en el centro y mi madre enseguida sacó un paño lustroso y la abrillantó: "Qué fácil resulta limpiar el mundo así, ¿verdad?", pensé. Encontramos Moscú en una superficie registrada todavía como U.R.S.S, qué viejo es el mundo. Yo miré las islas Hawaii, que eran las que habían caído en frente de mi plato. Viajé kilómetros de silencio por la cocina y miré a mi alrededor. Las fresas tenían nata, trocitos de chocolate y "kellogs". Crujían y mi padre se atizaba más nata en su recipiente. La vida se había enorbitado de nuevo.

 
Quimera
Crecí absorbiendo melancolía y tendí a la extrañeza. Al desamparo y al amparo de la desigualdad. Quise ser el carmín rojo y la rosa marchita, la dulce isla de una canción siempre olvidada. Las notas de un compás torpe que baila en un folio blanco. Las pinturas de colores que susurran deslizándose sobre la piel tersa. La arruga enmaraña el boceto, se forma un nudo que acaba en espiral. Y volvemos a empezar.

Crecí absorbiendo delicadeza y tendí a la ilusión. A la distancia y a la curvatura de la luna en fase de eclipse. Quise ser la almohada de mi misma. Pero, ¿sabes? La piel no empapa las lágrimas.

 
Poema
Marzo arribó.
El verano se sonroja.
Las luces titilan en las pantallas.
Tu sonrisa es ancha.
El calor se enreda en tu pelo.
Te hago reír kilómetros atrás.