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Más cine, por favor
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"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Interferencias
Los periodistas interrumpen, estoy convencida de ello. Las llamadas inoportunas son su especialidad, pero a veces también se las apañan para empañar instantes de felicidad. Allí estaba la periodista, con su cuaderno de tapas negras y su bolígrafo en la mano. Tanteaba la situación, contaba hasta tres, y no se atrevía a dar el paso adelante. Luego se dijo: "¿qué estoy haciendo?" Y se acercó. Se presentó, identificó el medio, explicó el tema del reportaje. Pedió los permisos, los obtuvo, y también las respuestas que quería. Cuando se dio la vuelta, tras los agradecimientos convenientes, chascó los dedos, alegre. "Lo tengo", se dijo, y antes de irse, miró de nuevo a la pareja de la que se había servido para sus entrevistas. "Mierda. Era su primera cita".

 
Desvelo
Anoche volví a ver "El apartamento" y en los descansos, cambiaba rápidamente a la gala de los Goya. Luego no podía dormir, pensando en que la primera vez que vi un poco de esta película era lo suficientemente pequeña como para no sentirme atraída por la imagen. La estaba viendo mi hermana en versión original, un viernes por la noche. Yo me fui a dormir en cuanto no entendí nada. Años más tarde, retomé "El apartamento" en Inglaterra. Fui con mi compañera al edificio de los lenguajes (el Fylde Building, qué recuerdos) y la convencí para que la viéramos juntas. La cinta era en inglés y sin subtítulos, y aunque la comprendimos en su conjunto, nos perdimos infinidad de matices que anoche recuperé. Creo que es un filme atrevido para su tiempo, muy divertido, hasta disparatado. Resulta sutil, aunque abiertamente explícito, y lo que ocurre -el chantaje de los jefes, las múltiples amantes, los engaños- repugna y fascina: España estaba a años luz de dejar a sus cineastas filmar algo semejante. Tan lejos estaba del cine con mayúsculas como de disponer de control remoto (o mando a distancia) en cada casa, como el protagonista disfruta en su apartamento en 1960.

Al principio, trazamos una línea insegura. Luego la empezamos a repasar, pero con el bolígrafo equivocado. Cuando definitivamente completamos el círculo, perfecto en sus dimensiones y curvatura, el ciclo ha colmado. Luego no podía dormir.

 
Echando cuentas
España, día de un año. Lo viví.
La Habana, día de un año. Estuve allí.
El mundo, día de un año. ¿Cuándo será?

 
"La realidad debería estar prohibida"
Terminó la película y quise cerrar los ojos. Lo hice, y noté aquel sabor de boca. Pero los tuve que abrir enseguida: era Almodovar, sí, pero no estaba en el cine, ni contigo, ni a oscuras. Esta vez, estuve viendo "La flor de mi secreto", que curiosamente es muy parecida a "Volver". La misma casa de pueblo con el pasillo y el patio, la misma abuela, las vecinas, las calles polvorientas y viejas. Y lo que es muy importante: en "La flor de mi secreto", que es del 95, Almodovar ya anunció esta película. Una de las novelas de Leo, la protagonista, versaba sobre el argumento, al menos inicialmente, de "Volver". Me fascina pensar que una idea puede rondar en la cabeza de alguien más de diez años.

Si bien es cierto que "La flor de mi secreto" tiene una historia principal, para mí no es la más importante. Realmente, lo que más me gusta es la discusión que se plantea entre los escritores y los mecanógrafos, entre los que escriben para vender y los que lo hacen por otros motivos. Tal vez movidos por la necesidad de lapidar sus penas, o para desprenderse de las miserias que a uno le acompañan. Sea cual sea el motivo, está claro que Amanda Gris era una excelente mecanógrafa mientras Leo, una gran escritora. Sin embargo, una acaba en la papelera, la otra en las mesas centrales del Fnac. "El problema es el color". No lo critico. Decía mi profesora de corrección de estilo: "es mejor que la gente lea lo que sea, a que no lo hagan nunca". Creo que tiene razón.

La película se desarrollaba de una forma encantadora. Presentación de los personajes desde una perspectiva original: Leo y sus botines, lo absurdo de la situación; la amiga y el "Pan" Integral de Donación de Órganos; Madrid visto desde arriba, desde todos los ángulos. Porque Madrid, como ciudad, como contexto y escenario, juega un papel importantísimo. "En Madrid nunca es tarde", se dice en la película, mientras en Bruselas ya ha anochecido. ¿Por qué en esta ciudad nunca anochece del todo?

Es una película basada en la realidad, ciertamente, aunque a Almodovar "le gustaría prohibirla". Un poco como a todos.

"Desgraciadamente, yo estoy enamorada de la persona que creo estar enamorada", confiesa Leo a un pálido hombre enamorado.

 
El desear de las horas
Mientras estaba leyendo en el sillón, el sol se ponía y se quitaba cada cinco minutos. De pronto oscurecía y apenas sí veía las letras en cada página. Y de pronto, todo se llenaba de luz. Cosquilleaba, por lo que no había más remedio que sonreir. Me levanté varias veces a mirar por la ventana, para ver si aparecía el arcoiris, ya que estaba lloviendo. Recordé entonces aquel día en el autobús, de vuelta a casa desde la universidad. Creo que salíamos de una de esas horribles prácticas de documentación, que arañábamos hasta el final para conseguir décimas de puntos. Qué sistema tan antipedagógico.

Aquel día nos pusimos los cascos las tres, no sé cómo, porque tocábamos a dos auriculares para seis oídos, pero lo hicimos. Y sonaba una canción genial, ¿me ayudáis con el título? Nos girábamos constantemente para ver el arco y los colores, que repetíamos en voz alta: "añil, sí, añil". Íbamos, como de costumbre, sentadas en el último puesto del autobús, y lucía el sol...

Hoy he rememorado intensamente los días de universidad, al levantarme a las siete y media de la mañana, y escuchar, después de tanto tiempo, "La letra pequeña". Bueno, en realidad no oía nada, recordaba simplemente las prisas de aquellos días, que pasaban mucho más rápidos que estos, y las ganas de llegar a clase. Los guiños, las complicidades. Sortear los bancos para sentarme estratégicamente en el lugar oportuno, y qué malhumor cuando no lo conseguía.

Cuánto echo en falta la velocidad de aquellos días, el pasar de las horas, el desear de las horas.

 
Qué triste
Bajé ayer a ver qué es lo que estaba pasando al lado de mi casa. Alcorcón se había convertido en West Side Story... dos bandas enfrentadas, a navajazos, catanazos y bolas de goma por parte de las autoridades municipales. El espectáculo que imaginaba: sirenas azules voceando por toda la ciudad, miedo y esa "calma tensa" en las calles, de la que todos los medios de comunicación hablaban. Imaginaba: gritos, improperios, insultos, exabruptos. Y los sudamericanos residentes en Alcorcón, tras los visillos de las ventanas, escondiendo la nariz. Unos cuantos habían tomado la ciudad. Estaban en las esquinas frotándose las manos. La policía vigilaba de paisano con los ojos en sus órbitas.

Sin embargo, yo no vi eso. ¿Que qué vi? Pues lo de siempre, lo que me temía: unos cuantos grupos de chicos jóvenes que por su aspecto, podría decirse que o bien pertenecían a bandas radicales de extrema derecha, recién salidos del instituto o aún holgazaneando en él, rodeados de algún que otro líder de niños, que es el que promueve la "fiesta": "vamos a reventarles la cabeza". O bien: grupos de chicos que por su apecto podríamos englobarlos en aquello de "jóvenes antisistema". ¿Qué coño significará esto? ¿Querrá decir algo así como que plantean una alternativa a la democracia? ¿O simplemente lo que plantean es la ausencia de toda alternativa? Más bien, sí, el ridículo, la insensatez. Qué lástima.

Eso fue lo que vi, y claro que pasé miedo. "Tensa calma": podría ser. Pero no creo que todo lo que se está diciendo sobre mi ciudad tenga que ver con la mayoría de sus ciudadanos. Ni tampoco creo que las canchas estén tomadas por unos o por otros, al menos, yo no lo he visto.

Hace dos semanas estuve en un concierto en el Centro de la Juventud, por la noche. Tras los cantantes, había una tela dispuesta a lo largo de la pared, que rezaba "el barrio se mueve". A mí esta afirmación me conmovió: era verdad. Se están haciendo cosas en Alcorcón. El Centro de la Juventud se mueve y promueve, la ciudad convoca, hay conciertos, teatro, cada vez más cursos y escuelas (de cine, de circo, de música).

¿Que Alcorcón es la sede de la xenofobia y el racismo? ¿Que nos quieren hacer creer que no hay más que enfrentamientos armados y que todo el mundo piensa igual? Pues no me lo creo. El problema es que el barrio se mueve, pero los protagonistas de esta película de ciencia ficción no salen de las cuatro paredes de esta gran ciudad. No ven que hay mucho más ahí fuera: otros idiomas, música multicultural, avenidas enormes, un montón de historia. Deberían salir y aprender al menos el significado de los símbolos vomitivos que llevan en sus camisetas.

Qué triste.

 
Por vivir
La era está pariendo un corazón
No puede más, se muere de dolor
Y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir
En cualquier selva del mundo
En cualquier calle
Debo dejar la casa y el sillón
La madre vive hasta que muera el sol
Y hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir
Por cualquier hombre del mundo
Por cualquier casa
Por cualquier casa

Silvio Rodríguez


 
Teletipo
"Encontrado pendiente de Marlene Dietrich, perdido hace más de 70 años en el lago artificial del parque de atracciones de Blackpool. Era de oro y perlas. Junto a él, se han hallado trece pares de anteojos y 35 llaves".

Este teletipo me encandiló. Cambió el rumbo de mi tarde, tal vez de mi vida. Porque: 1. yo he estado en ese parque de atracciones de Blackpool y me hizo recordar aquellos tiempos de fotografías y; 2. porque todo lo que se pierde se vuelve a encontrar, aunque la vida y la muerte hayan pasado por ti primero.

 
Reproche
¿Cómo estás tú?
Me enfermaste con tu legado.
Debiste evitar juntar tantas palabras.
Y ponerle tantos acordes a aquellos versos.
El café sabe más amargo cada mañana.
La fruta está perdiendo la redondez de Cézanne.
Las ventanas de los autobuses se empañan deliberadamente cuando intento mirar a través de ellas.
La cadencia de tu melodía me está parando el ritmo cardiaco.
Renuncio.

 
Muertos vocacionales
"La muerte de la muchacha, que corta de golpe ese renacimiento del protagonista, parece obedecer más a los deseos secretos del protagonista (incapaz de vivir realmente) que a un golpe de efecto del autor. Para este muerto vocacional, un verdaderdo amor es demasiada vida". (John A. Crow)

¿No es verdad que hay quien no quiere vivirse? ¿No es verdad que hay quien mira para un lado cuando lo quieren besar? ¿Cuando le roza la dicha?

 
Sólo tienes una oportunidad
Tengo frío pero me expongo a ello porque me digo, hay que experimentar, hay que vivirlo, ¿no? ¿Estoy equivocada? Salir en manga corta a la calle en un día en que está lloviendo, y no llevar nada más que una camiseta y unos pantalones cortos, y entonces empiezas a sentir cómo estas prendas insustanciales comienzan a calarse, a empaparse, a chorrear, a ser paños mojados y fríos, cada vez más fríos... Optas por quitártelos, pero la desnudez es asombrosa en una ciudad, en un país, es un mundo en el que todo el mundo va cargado de tejidos, para protegerse, para disimular...

Entonces, entumecido, entumecida, con los labios morados, con el pelo pegado a la cara, con los cristales de las gafas llenos de gotas gruesas, tan gruesas como tus pupilas, que no te permiten ver nada, y la gente pasando delante de ti, girando la cabeza para verte pero apretando el paso para no verte más, para salir de su campo visual, de su campo escénico también, fuera, ya estás fuera...

Y te quedás, te quedás parado, seco, sólo, absurdamente incomprendido, absurdamente congelado, quieto, impertérrito, nada se mueve, ni un músculo, ni la sangre que espesamente corre por tus venas, la calle se ha convertido en un escenario gigante, y tú, en un ser pequeño, insignificante y, ¿qué es lo que quieres hacer? Piénsalo bien, sólo tienes una oportunidad de hacer las cosas bien, ahora, sí, ahora...

Y gritas. Gritas, chillas, te desgañitas. Eres incapaz de forzar más tus cuerdas vocales, te estás viendo en el escaparate, y tu cuello está hinchado, lleno de venas que engordan al gritar, qué dolor, te duele, porque hace mucho frío, porque está lloviendo, y no tienes ropa, no tienes zapatos, sólo una garganta potentísima, un chillido propio, marcas tu sitio, estás marcándote, marcando tu terreno, tu indignación, tu ausencia, tu presencia...

Y te quedás, te quedás parado, seco, sólo, absurdamente incomprendido...

 
Macedonia
"Todo se cura con aspirina, con tiempo o con moras verdes", resopló el viento hoy. Sí, resopló, porque ya está harto de tanto lamento.

Está tan harto como yo de leer sobre etarras que ya no veo más que erratas sobre esa palabra. Y es que los terroristas no son más que eso, graves errores, equivocaciones, erratas sobre la prosa de la vida, sobre las muertes y las mutilaciones. Las bombas, los cuerpos inertes tirados en las carreteras. Qué verguenza y qué dolor, sobre el asfalto rudo, con el frío.

Ya no sientes. Anotas todo lo que ves, páginas y páginas, recortes y más recortes. Palabras concatenadas, puestas de sol archivadas. El cajón de los recuerdos, el cajón de los sueños, el de las memorias, el de los regalos sin hacer, el de los motivos y razones. Escuchas la música, toda la que puedes. En casa, por las mañanas. Voces que gustan a las tres generaciones: gracias por Silvio Rodríguez, que acunan a la madre, a la abuela, a la hija.

Escuchas las melodías que puedes, el rato que tienes. En Gregorio Marañón no tocan, pero en Avenida de América, si bien está lejos, al menos al doblar cada esquina hay un músico. A las tres y media, el del acordeón, pero es un poco decadente. Piensas: "no debería tocar la lambada con el acordeón, ni tampoco la banda sonora de Titanic". Pero a las tres y media a veces también está el neoyorquino (ninguna contancia de que lo sea, sólo el aspecto, su voz, y el americano desgarrado que escapa de sus labios), y ése, aunque enseguida lo dejo atrás, emociona bastante. Aunque no tanto como el de las nueve y media o las diez, el "morenito", como ayer lo llamó aquella señora, que ya cante a los BSB o a Bob Marley, lo hace tan bien...

Cuando no hay mucho tiempo, ni emepetreses de por medio (abandonados los walkmans y los discmans ya, para siempre), esos fragmentos de la vida tocados por otros, son como la guinda que corona las macedonias de frutas en copas anchas y transparentes. Te arrancan una emoción, te sonrojan las mejillas, te despabilan del sueño eterno que estamos viviendo. Me estoy convirtiendo en una perfecta y endiablada "cronófoba".

 
CLASIFICADOS
"Encontrado emplazamiento en Alcorcón que atiende a la categoría de local de razón aún desconocida cuya apariencia resulta sugerente y conmovedora: posee una doble puerta sobre la que está pintado el cuadro de Guernica de Picasso y el resto de la fachada aparece empapelada por periódicos y recortes de motivos diversos, pero que comparten una determinada visión del mundo. Así, se puede leer un reportaje sobre Julio Cortázar, con sumarios atractivos, y también, múltiples noticias sobre la figura del revolucionario Che Guevara. Además, hay titulares y pegatinas que aluden a los sueños y a otros mundos posibles. En espera de recopilar más información, no pierdan de vista semejante lugar".

 
Heterónimos
Me he visto muchas veces hablando de eso de pasear por el anonimato de una ciudad, de sentirse libre, de convertirse en otro, de ser otro alguien. Lo he oído muchas veces: "Sí, si lo que quieres es ser un sujeto anónimo, que nadie te conozca, fundirte en las prisas, en el ir y venir de millones de personas en una inmensa ciudad, vete a Nueva York, o a Londres, tal vez París". Se lo he escuchado a mi voz hablando sobre Madrid: "Al menos en Madrid nadie te mira, nadie te observa, no te conocen, puedes ir vestido como quieras, que nadie te juzgará, te puedes convertir en quien quieras, porque es una gran ciudad, tolerante, cosmopolita". Hoy, he advertido estas mismas palabras en tertulianos de la radio, excelentes comunicadores que estaban entreteniéndonos la mañana de forma deliciosa y, sin embargo, me he sentido contrariada: "Qué fastidio, ¿por qué todos queremos ser otros?".

 
Astre volage
Philosophes écoutez cette phrase est pour vous
Le bonheur est un astre volage
Qui s'enfuit à l'appel de bien des rendez-vous
Il s'efface il se meurt devant nous
Quand on croit qu'il est loin il est là tout près de vous
Il voyage il voyage il voyage
Puis il part il revient il s'en va n'importe où
Cherchez-le il est un peu partout...

Le soleil et la lune, Charles Trenet

Aquí para escuchar.


 
Conversación con uno mismo a tres voces
- Pintan bastos.
- La vie est toujours hier.
- Sí.

 
Sobre el pasado del futuro
"Todo sucede a mayor velocidad y el presente es cada vez más raudo, pero el pasado y el futuro - justamente por eso - nos quedan siempre muy lejanos. El pasado y el futuro no están sucediendo, y todo lo que no es ahora parece remoto y brumoso. Hoy esa tendencia se ha acentuado hasta convertirse en una especie de enfermedad de la perspectiva, sobre todo en lo relativo al futuro. [...] Es como si los humanos hubieran perdido esa capacidad fundamental de golpe, cuando la vida consiste en gran medida en imaginarse, hacia el pasado y hacia el futuro. Sin eso, de hecho, sin esa proyección imaginativa en las dos direcciones, la vida no se vive del todo, o se vive sin enterarse. Es a eso, sin embargo, extrañamente o no tanto, hacia lo que se quiere que vayamos, si es que ho hemos ya llegado".

Javier Marías, Vivir sin enterarse (artículo)

 
Ayaan Hirsi Alí
Me ha parecido muy interesante la aportación sociológica que lleva a cabo Ayaan Hirsi Alí en su entrevista concedida a El País ayer domingo (no podría decir si estoy o no de acuerdo, me ha abrumado):

"Estoy muy agradecida a Holanda y a Europa. Pero Estados Unidos sigue siendo un país en el que existe libertad intelectual, las cosas que yo he dicho sobre el islam no son nada comparadas con las que se publican aquí en libros o se dicen en tertulias. Y no me asusta la idea de que me tilden de derechista. Cada cual puede tener sus ideas sobre EEUU, pero yo creo que sigue siendo el líder del mundo libre. No creo estar vendiéndome por pensar, plasmas mis ideas en estudios en EEUU. En Washington tendré mucho más tiempo para pensar que cuando formaba parte de la política en Holanda e intentaba que el ideario del partido recogiera mi sensibilidad; me propuse que el islam formara parte del debate político y lo logré. [...] Cuando di mis primeros pasos en política, creí que ésta era una actividad noble. Y lo sigo creyendo. Pero he aprendido que también puede ser un juego muy sucio. Cuando he defendido la idea de que había que cambiar la situación de las musulmanas de inmediato, la respuesta que he obtenido es la de que hay que tener paciencia. ¿Fue eso lo que dijeron a los mineros del siglo XIX cuando luchaban por los derechos de los trabajadores? Europa parece estar cegada por el llamado multiculturalismo, subyugada al imperativo de ser sensibles y respetuosos con la cultura de los inmigrantes, defendiendo a los relativistas morales. ¿Es cultura ser lapidada? Espero que observar el poder sea más agradable que ejercerlo. EEUU no es ni blanco ni negro. ¿Cuántas nacionalidades se pueden encontrar? Todas, el mundo entero".

 
La Verdad en un libro para niños
Naga comprende al fin:
- ¿Es ése tu daño?
-Sí.
- ¿Se cura bailando?
- No.
- ¿Te duelo por dentro?
- Sí.
- ¿Podrás olvidarlo?
- No.
- ¿Sabes el remedio?
- Sí.
- ¿Puedo ir yo a buscarlo?
- No.
Naga se quita el collar de la fiesta, lo deja en el polvo y se sienta al lado de Dongo, contagiada del mismo daño. También a Naga le duele ahora por dentro el tam-tam.

Cuentos para bailar, Montserrat del Amo

 
Esa palabra abstracta
El amor no es otra cosa que ver su nombre escrito en cada partícula de la naturaleza, y creer que el mundo es así porque esa persona hace que lo veas de esa manera, como una canica perfecta, "como un decorado de feria", como un amanecer eterno o una puesta de sol que dura todas las horas que quieras. El amor es creer que todo lo que te pasa y todo lo que ves, todo lo que sientes y todo lo que significa algo para ti, tiene el eco de esa persona, rebota en ella suavemente, y a ella le pasa lo mismo contigo, de manera que todo lo que le pasa y todo lo que ve, todo lo que siente y todo lo que significa algo para ella, tiene el eco de ti. Tu sabor y el suyo propio, tu mirada a través de la suya, sus palabras que se encuentran con tus oídos, tu aprobación, tu fiel escucha. El amor es creer que la calle, el sol, los pájaros que forman uve al volar, las flores, los paseos en soledad, le pertenecen a ella, a esa persona que llena tu necesidad de verte reflejado en un espejo, de verte comprendido, atendido, abrazado. De agazaparte y acurrucarte, de encontrarte en perfecta armonía con el huequito que forma su hombro y su cabeza reclinada. Es encajarse en un cuerpo, acomodarse en un alma, buscar la calma y la furia. Es creer que todo lo que uno tiene es para compartir, con dos pajitas, como el batido de chocolate del VIP.

 
La terapia
La metáfora del día después. La metáfora de las rayas azules. La metáfora del tranformador. Las metáforas en sus dedos se colaban como suaves caricias. Pero sin embargo, nunca le gustó la metáfora.

Te contaré un secreto. Cuando quieras ahogar un sentimiento y un recuerdo, lo tienes que convertir en una nostalgia, pero cuando ni siquiera quieras acordarte de esa nostalgia, lo que tienes que hacer es embalsarmarlo. Cerrar el cajón con llave. Ponerle las tapas a las cajas. Condensar el olor en un frasquito de cristal. No mirar al cielo, como antes. No pasar por aquella esquina de Plaza de España. Recorrer las calles mirando al suelo, no pararse a mirar los violines de Ópera.

Pero. Pero si lo que quieres es bucear de nuevo en los ojos del presente histórico, ese que nunca pasa (nace, crece, se reproduce y muere), ese que nunca termina, ponte su camiseta. Entonces, el olor será tan fuerte que el reloj habrá retrocido en un microsegundo tres años, tres años completos de sonrisas y lágrimas, más sonrisas que lágrimas, pero más fuertes las segundas que las primeras. Las lágrimas pesaban en plomo, las sonrisas, en soles y sucres.

Si lo que quieres es hundirte en el vaso de agua, siempre medio vacío, aprieta los ojos (esto quiere decir, ciérralos pero como si te fuera la vida en ello), e inclínate hacia tu hombro. Así podrás hundirte en su olor, en el olor del nacimiento de la vida y la esperanza, de la tristeza y la pasión. Y luego, con los ojos aún cerrados, como aquellos juegos, ve sacando uno a uno los objetos de la bolsa que te ha legado. El círculo aplastado o vehículo de emociones y palabras netas, abrumadoras; los libros para bailar y soñar, despiertos; el puzzle de las mil piezas rompecabezas. Mete la mano hasta el fondo y encontrarás el alma de una persona, parte de su piel y toda su esencia.

Un recuerdo, un anhelo, dos años, tardes infinitas, trescientas horas, treinta horas, la verticalidad, la horizontalidad, el mareo, la química, la física, el cálculo, la ternura, el desasosiego, el sabotaje, la sal.

"Si monta usted en este tren, no podrá salir hasta dentro de un año". Al menos, no es como en 2046.
 
El artículo
Cristales que opacan y entristecen
Libro con apartados
El transformador
Lobato
El tiempo, La soledad, Las cartas, La familia
Entonces
La casa, Tu voz, Los labios, La comisura, El reencuentro
La tibieza
El año
El nicho
Las despedidas, La pérdida, El verso, El comienzo
La belleza
La lágrima
El dolor
El desencuentro, La debilidad, El miedo,La lucha
La nostalgia
El futuro
La envidia, La calma, La hermosura
Luego
La melodía, La espera, La puesta, El poema, La intensidad, La letra
El fin
El impulso, El odio, La distancia, La multiplicidad
El vuelo
El error
El beso
El alimento, El vómito, El cerco de moho
El sobredicho
El entredicho
Lo no dicho