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Más cine, por favor
Acerca de
"Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida. Desde que conoció a Teresa, ninguna mujer tenía derecho a imprimir en esa parte del cerebro ni la más fugaz de las huellas". La insoportable levedad del ser. Milan Kundera
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Sindicación
 
Cuerpo, sabor, olor, aroma e intensidad
Contó un profesor que la palabra "CAFE" fue la clave desencadenante de la guerra civil española, ya que fue la que propició el golpe de Estado y a raíz de la cual se organizaron los insurgentes y alzaron las armas. "CAFE" venía a significar "Camaradas Arriba Falange Española", y aunque parezca de película, hay voces que aseguran que esta palabra reescribió la historia de España. Sí, definitivamente tiene un cariz teatral, un poco de espionnage, y tal vez hubiese sido más oportuno pronunciar un fatídico "MATE", en lugar de un hermoso "CAFE", pero no fue así: entre los españoles, no hay esa costumbre evocadora de cebarse un mate a las tres de la tarde.

Sin embargo, no estoy por la labor de envolver a la palabra "café" en un asunto tan feo, así es que para devolverle el aroma, voy a contar algo que he leido en la etiqueta de una famosa marca de cafés. Al parecer, este producto "contiene una cuidada selección de exquisitos cafés del mundo, especialmente mezclados para aportarle su sabor intenso y con cuerpo". Y es que, según esto, cada variedad aporta un elemento indispensable: cuerpo, sabor, color, aroma e intensidad. Se dice que el continente asiático, aporta la intensidad, el africano, el cuerpo y el sabor, Sudamérica, la suavidad, y Centroamérica, el aroma.

Es curioso que la Vieja Europa no tenga nada que decir en este tema, y sobre todo, que los Estados Unidos de América, tampoco. Si es que a materia prima no hay quien gane a estos continentes y subcontinentes, aunque quienes se enriquezcan con ello sean los que no tienen nada en sus alacenas...



 
Nasha hermosa
Al principio hundía la mano profundamente en la arena fina, casi como cacao, del desierto. Parecía hacerlo pensativo, más por inercia que decidido a escarbar aquella zona en concreto. Examinaba así el terreno, y a partir de múltiples factores, desconocidos para nosotros, se disponía a sacar lo que hubiera debajo de la arena espesa, uniforme, resistente y terca. Por sus manos morenas, que se confundían con la arena que tocaba durante la mayor parte del día, como los insectos palo se mimetizan con las ramas de los árboles, habían pasado cientos de cosas: vasijas, vasos canapes, momias de faraones, y de gatos, tesoros que van más allá de lo imaginable. Cuando extraía una figura de cerámica, la limpiaba ávidamente con el pincel y alejándola un poco de sí mismo, apreciaba su forma, sus perfectas curvas, como si estuviera mirando a una mujer, y decía: "es una vasija muy hermosa, me encanta la forma que tiene". Todas eran hermosas a sus ojos...

También solía hablar mucho de la lógica natural de practicar el culto al Sol, pues al fin y al cabo, decía, "es quien nos da la vida, como el agua, no así el fuego", destilaba en su vieja retórica. Yo, como discípula joven, pensaba que tenía toda la razón del mundo; la adoración al Sol se convertiría en un acto recíproco, puesto que si bien nosotros lo alabábamos, él proyectaba sus rayos cada día sobre los seres vivos, dándonos la vida en el más puro acto solidario. El Sol, además, era hermoso, y su luz, dorada, como las joyas, como la monedas, como el resto de símbolos que también adorábamos, y sin los cuales, al menos el dinero, nos parecía imposible vivir.

"Ven aquí, Nasha hermosa. Te serviré un poco de vino de dátiles" - hablaba en clave, llámandome "Nasha", evocando a aquella sacerdotisa que intentó cubrir su cuerpo con oro para disfrutar de felicidad después de la muerte, o Dama Maya, como a la nodriza de Tutankamón, entre quienes se dice, hubo algo más que amor.

 
Llega a la granja y ve que Bud se ha casado con otra mujer
"Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de
la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque siempre la belleza subsiste en el recuerdo". - William Wordsworth.
 
Falta de sensibilidad de la RAE
asterisco.
(Del gr. ἀστερίσκος).
1. m. Signo ortográfico (*) empleado para llamada a notas, u otros usos convencionales.
2. m. Ling. U. para indicar que una forma, palabra o frase es hipotética, incorrecta o agramatical.

 
2046. WKW
Aunque al terminar de ver la película "2046", me haya referido a ella como "2042", aunque me haya reído cuando no había que reírse, o estuviera más concentrada en la curva de tus tobillos que en las imágenes plásticas de Wong Kar Wai, aunque no la haya entendido, y no haya sabido que la señora Su era Ella en el instante revelador, he sentido el escalofrío, el ardor, el estremecimiento y el impulso catárquico. "¿Por qué no puede ser como era antes?". ¿Y cómo era antes? ¿Es que alguien puede asegurar que antes era así o asá? ¿Que antes era mejor? ¿Que antes era más auténtico? ¿Es que antes era más real? Ese "antes" era precisamente un 2046, un cúmulo, una estación, un termo de recuerdos embellecidos con el pasar de los días, de los tiempos, de las etapas... Lo más certero de todo esto es que si viajáramos a 2046, querríamos regresar y no podríamos, y allí el recuerdo se disiparía y el aura que lo envuelve, volaría sin piedad...



 
Alcorcón City
Creo que si viviera lejos de Alcorcón, terminaría echándolo mucho de menos, porque al fin y al cabo, yo crecí aquí, en el número 7, Calle Melancolía. Aquí lo vivimos todo: los primeros pasos, los primeros días de clase en el colegio y en el instituto, los primeros paseos sola, los primeros abrazos, las primeras charlas reflexivas. Aquí se forjaron planes, se grabaron nombres y corazones en las mesas de la biblioteca. Se obtuvo el título de bachilerato, voté por primera vez, hice mis primeras pellas , me caí de la bicicleta, me rompí un pantalón nuevo al saltar una valla, coregrafié muchos bailes, encontré un saltamontes en mi habitación, me compré los primeros libros, me encontré un billete de dos mil pesetas. Aquí vi por primera vez Amèlie, La Cena de los Idiotas, Abre los ojos.

Supongo que el día menos pensado tenía que llegar este capítulo de mi vida, en que Alcorcón se convierte en un lugar entrañable, y por el que salgo en defensa sin saber por qué lo hago. Eso me pasó con Preston, después de denostarlo y de pensar que o él acababa conmigo, o yo acababa con él.

Hoy pienso que siempre lo he tirado a la basura porque es donde me ha tocado vivir, y porque dependo de los transportes para ir a todas partes, aunque dentro de Alcorcón, no es necesario ir en autobús para llegar a todas partes. Pero si yo hubiera nacido en Liverpool, pensaría que es un lugar mediocre también, porque en realidad, tampoco es tan espléndido, es simplemente un lugar más, famoso por algunas cosas, y raquítico en otras. Los que nacieron en París no encontrarán esa ciudad tan especial, y los que se criaron en el enclave más recóndito y fascinante para nosotros, encontrarán fascinante a Alcorcón, con ese nombre morisco, y esos edificios tan simétricos, las pequeñas tiendas que nunca caducan, y los múltiples supermercados Día que hay por todas partes.

Ayer estaba estudiando cuando escuché de pronto a alguien gritar, "¡Alcorcón City!", varias veces, y me hizo tanta gracia, que supe que tendría que escribir sobre esta ciudad, tan próxima a Madrid, de donde era la novia de Alberto, y donde Costa Polvoranca adquirió tan mala fama, cuando recién nosotros éramos unos niños.

Lo que sí tiene Alcorcón, es mucha historia en sus paredes y muros. Aquí no pasa el tiempo por las superficies verticales, y por eso hay constancia de muchos de los momentos de la historia de nuestras vidas. En el camino hacia la Renfe de San José de Valderas, estuvo mucho tiempo una pintada que gritaba: "no a la guerra de Irak", acompañada de muchas otras, más pequeñas, igualmente explícitas. Cuando aquel chico llamado Ricardo murió, muchos vengaron su muerte, y lo escribieron en las paredes de algunos parques de la ciudad.

En los últimos tiempos, hay una tendencia a renacer aquel espíritu tan viejo y tan joven de "bajo las baldosas, está la playa". Cerca de mi casa, bajando las escaleras, en una baldosa sí, y en la otra no, hay grabados en letras de imprenta, que revelan que el mar, se esconde bajo la cotidianeidad de este lugar. Dice: "SEA".

¿Dónde está la flecha?

 
DANCING
Hoy quiero hablar del acto de bailar, porque hubo un tiempo, no tan lejano, en que pensaba que no podía existir nada mejor en el mundo que bailar. Nada, absolutamente nada. Bailar se me antojaba un acto sublime, absolutamente sensacional, en la medida en que estiraba las sensaciones hasta el límite, y te sacaba de donde estuvieras, y de quien en ese momento eras. Estábamos en la pista de baile (qué antiguo suena), y comenzaba la música, y entonces, nos quitábamos todo lo que llevábamos encima: el agobio, el desasosiego, la impureza, la inhibición, la rudeza, la hostilidad, la estupidez, la queja, el complejo, el ridículo. Y a bailar (¿mover el esqueleto?).

Pero supongo que no era instantáneo. Había todo un proceso en torno al baile, ya que al principio no todos se despojaban de las miserias y las cargas tan fácilmente. Por ejemplo, Flo tardaba un poco en moverse tan extrañamente como solía hacerlo, pero no como Tom lo imitaba en casa. A éste sí que le costaba: pero llegaba al punto álgido; al menos, lo conoció... así estuvimos toda una noche bailando juntos, música "de disco" (dios mio, mi vocabulario es del siglo pasado), pero cogiéndonos de los brazos.

A Naia no le costaba nada ponerse a bailar, y a Sara, siempre le daba verguenza, hasta más tarde, y a fuerza de que yo le repitiera una y mil veces, que lo hacía genial, que tenía "pueblo" y los bailes de la verbena se notaban en su historia vital. Pero sin duda, si no estaba Claire, las cosas cambiaban mucho.

Tenían que estar Claire y David, y aquel chico que ya no recuerdo como se llamaba, pero, un momento, ¡Etienne! Pero ese era otro tipo de baile. Era cuando cerrábamos los ojos, y nos dejábamos llevar, y dábamos vueltas, y nos poníamos sobre una pierna, y luego sobre la otra, y no pensábamos en nada... Había tanta gente, y sólo importaba el baile, era una locura, no había diálogo, solo miradas, y sonrisas, y tanta locura... Lo recuerdo y aún me mareo, era toda la noche, toda la noche...

Entonces encontré ese titular inglés. En un periódico de los serios, broadsheet. Ponía, en letras negras y gruesas: "DANCING".

 
Exámenes
Hoy es jueves. Me levanto a las 8:30 y en la cocina, está mi familia desayunando y hablando del crimen. No del crimen organizado, las mafias, los secuestros express, sino del crimen en general. Últimamente veo muchos CSI´s, españoles, americanos y australianos. Me estoy aficionando a la balística: no en vano mi abuela estaba suscrita a la revista "El caso" cuando no tenía ni para un traje de novia.

Voy a la habitación, y escucho unas cuantas canciones de "Kings of convenience". Qué bonito suena, mucho mejor, más relajada y tranquila. Más relajada y tranquila, saco los tres volúmenes de apuntes: "Periodismo Institucional", "Medios, receptores y usuarios", "La Unión Europea: estructura y procesos". Suspiro profundo.

Y encima de la estantería se hacinan los libros que quiero leer desde hace tanto tiempo...
 
The first day of my life (and the last one)
Yesterday it was my last day at university. "I always cry at endings...".

 
Lo era
Era emocionante, ¿no lo era?
 
Conversaciones puras
El granjero le dice a su mujer: "No sé por qué los relojes siempre se marchitan y no se arragan a la tierra, mientras los helechos crecen hasta en la caja fuerte...".

 
Mensajes en un bolsillo
Conscientemente he metido muchas veces papelitos con mensajes en las figuritas que tenemos por toda la casa, los botijos en miniatura, las cerámicas, las cajitas, los joyeros. Lo mismo he hecho con determinados libros, entre cuyas páginas he metido un billete de metro, un recorte de algo que tiene o no qué ver con el libro, una fotografía vieja. Aunque ahora soy consciente de ello, cuando pasen unos años no me acordaré de que jugué a planear un recuerdo, y una nostalgia, y sus poderosos efectos se notarán en quien los descubra.


 
Acertijo
¿Qué tienen en común murciélago, orquídea y adulterio, entre sí? Se me ocurren muchas cosas, pero... pido una en la que todo el mundo estaría de acuerdo, pues es irrefutable.

 
Crédula Cordula
- Mira, que esta vez es de verdad. Esta vez no te miento, es seguro. Lo que te voy a regalar, sale hasta por la televisión. Lo tienen todos, sale en los anuncios. Si sale en la tele, no puede ser nada malo... ¿no crees? - decía un poco maquiavélicamente.
- Sí, tienes razón. En la tele todo es brillante y nuevo. ¿Entonces me has comprado algo? ¿Un regalo? ¿Qué es, qué es? - preguntaba bastante ávida, con los ojos como platos, tras las gafitas.
- Pues tienes que cerrar los ojos.
- Vale.
- Extender la mano.
- Venga...

¡Jo! ¡otro pelo! ¡otra uña! No podía ser... me había vuelto a engañar. No era la primera vez que lo hacía, pues desde que era bien pequeña, y no era capaz de dormirme en la habitación si ella no se iba a dormir también, había creado una presencia extraña en el cuarto. Se llamaba "Cordula", y ella aseguraba verla corretear por las estanterías, estar en todas partes a medida que daba saltos. Yo no la veía, pero sin embargo, mi fidelidad me hacía crédula a Cordula.

Lo mismo ocurrió con la procedencia del chocolate. Mi abuela compraba una marca de chocolate delicioso que se llamaba "Hueso", y mi hermana decía muy seria que los huesos se convertían en el chocolate que comíamos. ¿Y qué pasó con los helados calientes? Ella aseguraba que existían... Qué necia era creyéndome tal paradójica contradicción. Pero entonces yo no sabía que la palabra helado significaba en extremo frío...

Pero el conejillo de indias se divertía de lo lindo con La princesa india (y no es vana esta metáfora, pues miren una de las ediciones del libro de Inma Chacón) cuando jugaban a Tina, eso de pasar entre las patas de las sillas una detrás de otra... contorsionándose como en la vieja película de Tony Curtis.

Qué tiempos aquellos, tan de azúcar, tan bonitos, tan nostálgicos... pero nunca perdidos.