La economía libidinal de las estrellas
El mismo profesor que apareció de joven en varias películas españolas con títulos tales como "Rincones del paraíso" y "El ojo de la noche" a golpe de la siguiente conversación:
- "¿Por qué no haces de gánster suizo, Manuel?"
- "Yo gabardina de gánster suizo tengo"-
nos contó algunas consideraciones a tener en cuenta cuando uno se acuerda de Marlon Brando o Clark Gable: el star system de Hollywood funcionaba sobre la economía libidinal y la relación que los espectadores tienen con las estrellas. Hay tres ideas importantes en todo este embrollo: el cine de Hollywood era tan inteligente que no pensaba sólo en las historias, la cámara o el Código Hays, sino sobre y por encima de todo: en el espectador. Lo segundo es que no todos los actores podían ser estrellas, y lo tercero, porque no todas ellas tenían la personalidad adecuada. Una personalidad que ni Gary Cooper, en opinión del profesor, desarrolló en su carrera cinematográfica. A los auténticos stars les caracterizaba una cierta posesión del misterio de otro. Tenían un algo intangible, un cierto secreto o misterio, y no sólo, aunque también, la camiseta sudorosa de Marlon Brando en “Un tranvía llamado deseo”. Tienen ese tranvía, que el espectador no quiere perder. El espectador hombre y el espectador mujer.
Última y sugerente idea de la noche: la estrella hollywoodiense para serlo tenía que saber relacionarse por igual con los hombres y con las mujeres. ¿Cómo?, se preguntarán ustedes. Muy fácil (y muy antiguo): apelando a la libido. El espectador, sentado en su butaca, en la oscuridad del cine, en las condiciones óptimas de sonorización y anonimato suficientes para sentirse totalmente identificado con Greta Garbo, idealizaba el género de la maravillosa actriz. Las mujeres copiaban su ingenua forma de levantar los párpados dejando ver una mirada arrebatadora; los hombres soñaban con esa mirada. A las mujeres les gustaba la sonrisa burlesca de Clark Gable; para los hombres era el ideal masculino: ¡Quién fuera Rhett Butler!, pensaban peinándose el bigote. Es curioso que un cine que rechazaba la homosexualidad en sus historias, apelase sutilmente a la bisexualidad de cualquiera para crear el férreo sistema del star system.
- "¿Por qué no haces de gánster suizo, Manuel?"
- "Yo gabardina de gánster suizo tengo"-
nos contó algunas consideraciones a tener en cuenta cuando uno se acuerda de Marlon Brando o Clark Gable: el star system de Hollywood funcionaba sobre la economía libidinal y la relación que los espectadores tienen con las estrellas. Hay tres ideas importantes en todo este embrollo: el cine de Hollywood era tan inteligente que no pensaba sólo en las historias, la cámara o el Código Hays, sino sobre y por encima de todo: en el espectador. Lo segundo es que no todos los actores podían ser estrellas, y lo tercero, porque no todas ellas tenían la personalidad adecuada. Una personalidad que ni Gary Cooper, en opinión del profesor, desarrolló en su carrera cinematográfica. A los auténticos stars les caracterizaba una cierta posesión del misterio de otro. Tenían un algo intangible, un cierto secreto o misterio, y no sólo, aunque también, la camiseta sudorosa de Marlon Brando en “Un tranvía llamado deseo”. Tienen ese tranvía, que el espectador no quiere perder. El espectador hombre y el espectador mujer.
Última y sugerente idea de la noche: la estrella hollywoodiense para serlo tenía que saber relacionarse por igual con los hombres y con las mujeres. ¿Cómo?, se preguntarán ustedes. Muy fácil (y muy antiguo): apelando a la libido. El espectador, sentado en su butaca, en la oscuridad del cine, en las condiciones óptimas de sonorización y anonimato suficientes para sentirse totalmente identificado con Greta Garbo, idealizaba el género de la maravillosa actriz. Las mujeres copiaban su ingenua forma de levantar los párpados dejando ver una mirada arrebatadora; los hombres soñaban con esa mirada. A las mujeres les gustaba la sonrisa burlesca de Clark Gable; para los hombres era el ideal masculino: ¡Quién fuera Rhett Butler!, pensaban peinándose el bigote. Es curioso que un cine que rechazaba la homosexualidad en sus historias, apelase sutilmente a la bisexualidad de cualquiera para crear el férreo sistema del star system.





