Post. Nº19. No hay nada nuevo bajo el sol. (Homo Ludicus (III) (Finished) y Homo Theatralis (I) )
"No hay nada nuevo bajo el sol, pues otros antes pensaron las cosas que ahora pienso yo" No recuerdo donde ni de quien lei esa afirmación pero para mi fue como un rayo de tormenta que te cae desde el cielo nublado. Cielo mismo bajo el cual no hay nada nuevo...
Y ciertamente el ser humano, sigue siendo ser humano, pasen guerras, imprentas, religiones, maquinas a vapor, coches, cohetes e internet....
Pequeñas hormiguitas pululantes, aturulladas y afanadas en no saben bien qué.
Pues bien, esta hormiguita en particular, andaba rumiando en huecos despistados de su dia a dia el tercer y ultimo post sobre el "Homo ludicus" cuando hace unos dias en el instante antes de postear se dio un paseo por google para subsanar unas dudas idiomaticas, y zas¡ un señor gestaltico de por ahí habia desrrollado la misma idea en un texto.Al que escribe se le quitaron las ganas de hacerlo...
Y hoy reanimado, he estado espiando cosas en google sobre Antonio Jauregui autor recomendado por Hell y...he encontrado otro texto.. pues oiga que copio el texto que estamos en vacances y ademas estoy malico, eso sí lo remasterizaré un poco, allá va:
" ‘Si quieres que te diga la verdad’. ‘Si quieres que te sea franco’. ¿Por qué en los pueblos de Calderón y de Shakespeare –y en tantos otros– anunciamos a nuestro interlocutor que vamos a ser sinceros, que no vamos a mentir? Por estas confesiones de sinceridad, se supone y se presupone que en el resto de la conversación mentimos como bellacos”. (Personalmente tengo un gran extrañamiento en este punto, pues cada vez que me sorprendo diciendo alguna de estas expresiones me surje la misma pregunta que a Jauregui, aunque me temo que en mi caso particular la respuesta al acertijo es paradojica...permitanme que ese As siga oculto..)
¿Por qué “persona”, en el idioma de Cicerón y de Nerón, quiere decir “careta”? Persona era la careta que el actor se ponía para salir a escena. ¿Es la cara una careta; el hombre, un actor que disimula sus verdaderos sentimientos y sus ocultas intenciones, y la vida, un escenario? ¿Dieron en el clavo antropológico Shakespeare y Calderón al definir la vida del hombre como teatro? En estos tiempos que corren está de moda hablar de “escenarios” para referirse a los mundos financiero, político y militar. Son variaciones del tema de Shakespeare y de Calderón.
Otra maxima dice "La verdad es fuerte" ¿Es necesario o útil que el homo theatralis sepa que, si se descubren sus cartas secretas, sus intenciones aviesas o sus maquinaciones, perderá el juego? ¿Es la vida un juego aparentemente abierto y público, con las cartas sobre la mesa, pero, en realidad, oculto y privado, en el que ningún jugador sabe cuáles son las verdaderas cartas del juego de los demás?
En el ajedrez todas las fichas están a la vista. En cambio, en muchos juegos de cartas, los naipes quedan ocultos, de forma que ningún jugador sabe qué cartas tienen los demás. En el juego del mus, cada jugador hace apuestas continuamente. Pero un jugador que tiene una pésima jugada puede arriesgarse y decir “órdago” y jugar de farol.Por tanto, en el juego del mus, cabe que un jugador con unas malísimas cartas gane una jugada a uno que tenía las mejores. No sería esto posible, naturalmente, si cada jugador supiera qué cartas tienen los demás.
En el juego de la vida se ve al jugador (aunque también caben jugadores ocultos), se oyen sus palabras (Judit que dice a Holofernes: “Te amo más que a mi vida”), se ven los gestos de su cara (miradas lánguidas y tiernas en el rostro de Judit), se palpan y tocan manos y otros miembros corporales (Judit acaricia el pecho, las piernas de Holofernes, besándole en los labios). Holofernes cree a pie juntillas que esta hermosísima joven judía está pirrada por él. No sabe que Judit lo odia con toda su alma y que lleva un puñal oculto con el que le cortará el cuello.
Pero no sólo Holofernes no sabe cuáles son las verdaderas cartas de Judit para ganarle el juego. Tampoco Romeo sabe si Julieta le quiere de verdad o le pone cuernos con su mejor amigo. No sabe uno si su mejor amigo le está traicionando acostándose con su mujer o si ha vendido su amistad por medrar en el juego del poder económico y político. No sabe un padre si su hijo le está diciendo la verdad cuando le jura que no toma drogas, ni duras ni blandas, ni sabe un hijo si su padre miente cuando le jura que no tiene hermanos ocultos.
En realidad, en el juego de la vida ninguno de nosotros sabemos qué cartas tienen ni nuestros seres más queridos ni nuestros enemigos más siniestros. Es muy honda y atinada la definición de la vida del hombre como teatro –Calderón y Shakespeare fueron finos antropólogos–, y es precisa y preciosa la metáfora popular, herencia de Roma, de identificar al ser humano con una careta: la persona es la careta. La cara puede funcionar como una careta: el ser humano puede sonreír cuando siente aversión y asco, puede besar cuando siente ganas de dar al besado una patada en sus partes sensibles, y pueden sus labios emitir mensajes de cariño, cuando siente ganas de matar.
¿Cuáles son, pues, las cartas ocultas del juego?
Las palabras son sonidos abiertos y públicos. Una sonrisa o un gesto de ira son percibidos por los ojos de todos. Un abrazo o una caricia son captados por las antenas táctiles del que los recibe. Pero la naturaleza han entregado a los seres humanos otra realidad que no puede verse, ni oírse, ni tocarse, ni percibirse por ninguna antena sensorial del cerebro: las ideas y los sentimientos y son estas las cartas ocultas y privadas del juego que nos entrega la naturaleza para jugar el juego de la vida. Éstas son la propiedad privada que ni Estado, ni FBI, ni inquisición, ni Hacienda, ni paparazzi pueden profanar, ni descubrir, ni suprimir.
El juego de la vida se juega, pues, con dos barajas: una es la baraja de las palabras, de los gestos, de los aplausos, de los gritos, de los besos, de los abrazos, de los golpes, de las caricias... Es decir, las cartas que, como las fichas de ajedrez, están sobre el tapete: todos pueden verlas, tocarlas, percibirlas. La otra es la baraja oculta de las ideas y de los sentimientos, de las intenciones, de las jugadas o jugarretas de una estrategia urdida que nadie conoce salvo uno mismo. Las dos barajas son indispensables en el juego de la vida: la abierta/pública y la oculta/privada.
¿Qué ocurriría si nos hubiesen otorgado solamente la baraja oculta de las ideas y de los sentimientos? No podríamos jugar el juego de la vida. Como las ideas y los sentimientos no pueden verse ni tocarse, no podríamos comunicarnos. Seria imposible transmitir.
La naturaleza otorga ademas al jugador humano un As bajo manga para jugar el juego de la vida, a saber: libertad de respetar o de violar el código de las dos barajas.
Ha diseñado una correspondencia, una traducción, una interpretación, un paralelismo entre la baraja de las cartas ocultas y entre la baraja de las cartas abiertas: el código de las dos barajas. La naturaleza han diseñado algunos de estos códigos, así como las herramientas corporales o antenas sensoriales para emitir y para recibir. Un beso es una carta abierta del ajedrez de la vida, es una traducción sensorial –visual y táctil en este caso– de una carta invisible: el cariño que siente el que besa hacia la persona amada. Es la naturaleza quien ha diseñado los labios para emitir y para recibir la traducción o interpretación de este mensaje oculto e interior: afecto, cariño. El código es idéntico para todos los jugadores humanos. No ha cambiado el significado del beso. Significado –signum facere, hacer señales– es una metáfora correcta: como el indio que desde lejos envía señales de humo, Romeo envía señales a Julieta cuando la besa: “Te amo, siento un intenso amor por ti”. Pero el hombre tambien tiene el privilegio de infringir el código de las dos barajas. Judas, al besar a Cristo, infringe el código de los besos. “¿Con un beso entregas al hijo del hombre?”, le reprocha dulcemente su amigo y compañero.
"
El juego de la vida se juega en todo momento con dos barajas: con la baraja de las cartas que están a la vista y con la baraja de las cartas que nunca pueden verse ni conocerse. Es, por tanto, un doble juego. La gran ventaja es que nadie sabe nunca cuáles son nuestras verdaderas cartas: nadie sabe qué pensamos, ni qué sentimos y la gran tragedia es que no sabemos nunca cuáles son las verdaderas cartas del juego de nadie, ni siquiera de nuestros seres más queridos. El juego de la vida se basa en el conocimiento –lo que los otros jugadores nos dicen y nos cuentan con palabras, gestos y actos exteriores– y, al mismo tiempo, en la fe: Romeo cree a pie juntillas en al amor de Julieta, pero no sabe si se acuesta con su mejor amigo, o al menos, si sueña despierta con las caricias eróticas de algún galán. “¿Qué Penélope –canta Georges Brassens– no sueña alguna vez con algún galán?”.
En la película Hannah y sus hermanas, de Woody Allen, durante la cena ritual de Acción de Gracias, el protagonista se fija en la hermana más joven de su mujer. Nos muestra Woody Allen las cartas ocultas de este marido: “¡Dios mío! ¡Mi cuñada está como un tren! ¡Quién pudiera acariciar sus dulces nalgas! ¡Quién pudiera besar sus labios! ¡Quién pudiera hacerle el amor!”. ¿Sería posible que se celebrara la cena de Acción de Gracias en paz y en armonía si todos los comensales descubrieran y conocieran estos pensamientos, estos sentimientos, estas cartas ocultas del juego? Hannah, la esposa del protagonista, se siente feliz, sin sospechar ni que su marido se ha enamorado de su querida hermana. Al acostarse con Hannah, hacen los dos un recuento de la cena ritual: “¿Ha estado todo bien, verdad?”, pregunta Hannah. “Ah, eh, eh, sí, sí, claro. Ha estado todo muy bien”, responde el marido balbuceando y tartamudeando como ensimismado mientras sueña despierto con seducir a la hermana de Hannah y acostarse con ella. (...)
“Sólo los niños, los locos y los borrachos dicen las verdades”. ¿Los adultos, los cuerdos y los sobrios mienten a todas horas? ¿Por qué se dice in vino veritas, en el vino está la verdad? ¿Habría que decir in aqua dissimulatio, en el agua está el disimulo? ¿Tenía razón el presidente mexicano Porfirio Díaz cuando dijo: “En política todos los amigos son falsos, todos los enemigos verdaderos”? Estas observaciones muestran y demuestran que en el juego de la vida no sabemos nunca cuáles son las verdaderas cartas con las que juega cada jugador. Todas estas reflexiones muestran y demuestran que con frecuencia, en el juego de todos los días, mostramos una cartas –las falsas– pero ocultamos las verdaderas. (...)
Los adjetivos “sucio” y “limpio” pertenecen a la galaxia estética. En el idioma de Cervantes y de santa Teresa de Ávila, oímos a veces decir de alguien que ha muerto que “era una bellísima persona”, como también se afirma que “pegar a un padre es feísimo”. (...) El que juega limpio es una persona elegante. Estas reflexiones muestran y demuestran que el ser humano siempre tiene para jugar cartas ocultas –sus pensamientos, sus sentimientos, sus intenciones–, y que, al mostrar sus cartas abiertas y públicas, puede infringir el código de las dos barajas, enviando señas falsas, traicionando a los jugadores de su equipo –infidelidad, traición–, jugando sucio. Estas reflexiones y catalogaciones populares –el juego sucio y el limpio– dan a entender que el juego humano no es nunca puramente económico, aunque lo que subyazga de fondo sea el dinero. Es, así mismo, un juego ético y estético. La naturaleza ha colocado además en la galaxia interna de los pensamientos, sentimientos e intenciones, un perro feroz que ladra y muerde. Este perro está encargado de proteger el territorio ético. Si el ser humano juega sucio, este dóberman se pone muy furioso, ladra y da dentelladas. Es la bella y profunda intuición de los “re-mordimientos”. “Me remordía la conciencia”, confiesa el tramposo arrepentido. Re-morder, es decir, morder y morder, no dejar de dar dentelladas, es una metáfora atinada. Los ingenieros genéticos han colocado este perro feroz que muerde y re-muerde al que infringe las reglas éticas y estéticas del juego. Puede saltarse las reglas del juego; lograr que no se descubra el pastel; pueden pensar todos que se trata de una bellísima persona, cuando se trata de un traidor taimado y de un ladrón disfrazado de generoso filántropo. Sin embargo, no puede suprimir que “le remuerda la conciencia”.
Y ciertamente el ser humano, sigue siendo ser humano, pasen guerras, imprentas, religiones, maquinas a vapor, coches, cohetes e internet....
Pequeñas hormiguitas pululantes, aturulladas y afanadas en no saben bien qué.
Pues bien, esta hormiguita en particular, andaba rumiando en huecos despistados de su dia a dia el tercer y ultimo post sobre el "Homo ludicus" cuando hace unos dias en el instante antes de postear se dio un paseo por google para subsanar unas dudas idiomaticas, y zas¡ un señor gestaltico de por ahí habia desrrollado la misma idea en un texto.Al que escribe se le quitaron las ganas de hacerlo...
Y hoy reanimado, he estado espiando cosas en google sobre Antonio Jauregui autor recomendado por Hell y...he encontrado otro texto.. pues oiga que copio el texto que estamos en vacances y ademas estoy malico, eso sí lo remasterizaré un poco, allá va:
" ‘Si quieres que te diga la verdad’. ‘Si quieres que te sea franco’. ¿Por qué en los pueblos de Calderón y de Shakespeare –y en tantos otros– anunciamos a nuestro interlocutor que vamos a ser sinceros, que no vamos a mentir? Por estas confesiones de sinceridad, se supone y se presupone que en el resto de la conversación mentimos como bellacos”. (Personalmente tengo un gran extrañamiento en este punto, pues cada vez que me sorprendo diciendo alguna de estas expresiones me surje la misma pregunta que a Jauregui, aunque me temo que en mi caso particular la respuesta al acertijo es paradojica...permitanme que ese As siga oculto..)
¿Por qué “persona”, en el idioma de Cicerón y de Nerón, quiere decir “careta”? Persona era la careta que el actor se ponía para salir a escena. ¿Es la cara una careta; el hombre, un actor que disimula sus verdaderos sentimientos y sus ocultas intenciones, y la vida, un escenario? ¿Dieron en el clavo antropológico Shakespeare y Calderón al definir la vida del hombre como teatro? En estos tiempos que corren está de moda hablar de “escenarios” para referirse a los mundos financiero, político y militar. Son variaciones del tema de Shakespeare y de Calderón.
Otra maxima dice "La verdad es fuerte" ¿Es necesario o útil que el homo theatralis sepa que, si se descubren sus cartas secretas, sus intenciones aviesas o sus maquinaciones, perderá el juego? ¿Es la vida un juego aparentemente abierto y público, con las cartas sobre la mesa, pero, en realidad, oculto y privado, en el que ningún jugador sabe cuáles son las verdaderas cartas del juego de los demás?
En el ajedrez todas las fichas están a la vista. En cambio, en muchos juegos de cartas, los naipes quedan ocultos, de forma que ningún jugador sabe qué cartas tienen los demás. En el juego del mus, cada jugador hace apuestas continuamente. Pero un jugador que tiene una pésima jugada puede arriesgarse y decir “órdago” y jugar de farol.Por tanto, en el juego del mus, cabe que un jugador con unas malísimas cartas gane una jugada a uno que tenía las mejores. No sería esto posible, naturalmente, si cada jugador supiera qué cartas tienen los demás.
En el juego de la vida se ve al jugador (aunque también caben jugadores ocultos), se oyen sus palabras (Judit que dice a Holofernes: “Te amo más que a mi vida”), se ven los gestos de su cara (miradas lánguidas y tiernas en el rostro de Judit), se palpan y tocan manos y otros miembros corporales (Judit acaricia el pecho, las piernas de Holofernes, besándole en los labios). Holofernes cree a pie juntillas que esta hermosísima joven judía está pirrada por él. No sabe que Judit lo odia con toda su alma y que lleva un puñal oculto con el que le cortará el cuello.
Pero no sólo Holofernes no sabe cuáles son las verdaderas cartas de Judit para ganarle el juego. Tampoco Romeo sabe si Julieta le quiere de verdad o le pone cuernos con su mejor amigo. No sabe uno si su mejor amigo le está traicionando acostándose con su mujer o si ha vendido su amistad por medrar en el juego del poder económico y político. No sabe un padre si su hijo le está diciendo la verdad cuando le jura que no toma drogas, ni duras ni blandas, ni sabe un hijo si su padre miente cuando le jura que no tiene hermanos ocultos.
En realidad, en el juego de la vida ninguno de nosotros sabemos qué cartas tienen ni nuestros seres más queridos ni nuestros enemigos más siniestros. Es muy honda y atinada la definición de la vida del hombre como teatro –Calderón y Shakespeare fueron finos antropólogos–, y es precisa y preciosa la metáfora popular, herencia de Roma, de identificar al ser humano con una careta: la persona es la careta. La cara puede funcionar como una careta: el ser humano puede sonreír cuando siente aversión y asco, puede besar cuando siente ganas de dar al besado una patada en sus partes sensibles, y pueden sus labios emitir mensajes de cariño, cuando siente ganas de matar.
¿Cuáles son, pues, las cartas ocultas del juego?
Las palabras son sonidos abiertos y públicos. Una sonrisa o un gesto de ira son percibidos por los ojos de todos. Un abrazo o una caricia son captados por las antenas táctiles del que los recibe. Pero la naturaleza han entregado a los seres humanos otra realidad que no puede verse, ni oírse, ni tocarse, ni percibirse por ninguna antena sensorial del cerebro: las ideas y los sentimientos y son estas las cartas ocultas y privadas del juego que nos entrega la naturaleza para jugar el juego de la vida. Éstas son la propiedad privada que ni Estado, ni FBI, ni inquisición, ni Hacienda, ni paparazzi pueden profanar, ni descubrir, ni suprimir.
El juego de la vida se juega, pues, con dos barajas: una es la baraja de las palabras, de los gestos, de los aplausos, de los gritos, de los besos, de los abrazos, de los golpes, de las caricias... Es decir, las cartas que, como las fichas de ajedrez, están sobre el tapete: todos pueden verlas, tocarlas, percibirlas. La otra es la baraja oculta de las ideas y de los sentimientos, de las intenciones, de las jugadas o jugarretas de una estrategia urdida que nadie conoce salvo uno mismo. Las dos barajas son indispensables en el juego de la vida: la abierta/pública y la oculta/privada.
¿Qué ocurriría si nos hubiesen otorgado solamente la baraja oculta de las ideas y de los sentimientos? No podríamos jugar el juego de la vida. Como las ideas y los sentimientos no pueden verse ni tocarse, no podríamos comunicarnos. Seria imposible transmitir.
La naturaleza otorga ademas al jugador humano un As bajo manga para jugar el juego de la vida, a saber: libertad de respetar o de violar el código de las dos barajas.
Ha diseñado una correspondencia, una traducción, una interpretación, un paralelismo entre la baraja de las cartas ocultas y entre la baraja de las cartas abiertas: el código de las dos barajas. La naturaleza han diseñado algunos de estos códigos, así como las herramientas corporales o antenas sensoriales para emitir y para recibir. Un beso es una carta abierta del ajedrez de la vida, es una traducción sensorial –visual y táctil en este caso– de una carta invisible: el cariño que siente el que besa hacia la persona amada. Es la naturaleza quien ha diseñado los labios para emitir y para recibir la traducción o interpretación de este mensaje oculto e interior: afecto, cariño. El código es idéntico para todos los jugadores humanos. No ha cambiado el significado del beso. Significado –signum facere, hacer señales– es una metáfora correcta: como el indio que desde lejos envía señales de humo, Romeo envía señales a Julieta cuando la besa: “Te amo, siento un intenso amor por ti”. Pero el hombre tambien tiene el privilegio de infringir el código de las dos barajas. Judas, al besar a Cristo, infringe el código de los besos. “¿Con un beso entregas al hijo del hombre?”, le reprocha dulcemente su amigo y compañero.
"El juego de la vida se juega en todo momento con dos barajas: con la baraja de las cartas que están a la vista y con la baraja de las cartas que nunca pueden verse ni conocerse. Es, por tanto, un doble juego. La gran ventaja es que nadie sabe nunca cuáles son nuestras verdaderas cartas: nadie sabe qué pensamos, ni qué sentimos y la gran tragedia es que no sabemos nunca cuáles son las verdaderas cartas del juego de nadie, ni siquiera de nuestros seres más queridos. El juego de la vida se basa en el conocimiento –lo que los otros jugadores nos dicen y nos cuentan con palabras, gestos y actos exteriores– y, al mismo tiempo, en la fe: Romeo cree a pie juntillas en al amor de Julieta, pero no sabe si se acuesta con su mejor amigo, o al menos, si sueña despierta con las caricias eróticas de algún galán. “¿Qué Penélope –canta Georges Brassens– no sueña alguna vez con algún galán?”.
En la película Hannah y sus hermanas, de Woody Allen, durante la cena ritual de Acción de Gracias, el protagonista se fija en la hermana más joven de su mujer. Nos muestra Woody Allen las cartas ocultas de este marido: “¡Dios mío! ¡Mi cuñada está como un tren! ¡Quién pudiera acariciar sus dulces nalgas! ¡Quién pudiera besar sus labios! ¡Quién pudiera hacerle el amor!”. ¿Sería posible que se celebrara la cena de Acción de Gracias en paz y en armonía si todos los comensales descubrieran y conocieran estos pensamientos, estos sentimientos, estas cartas ocultas del juego? Hannah, la esposa del protagonista, se siente feliz, sin sospechar ni que su marido se ha enamorado de su querida hermana. Al acostarse con Hannah, hacen los dos un recuento de la cena ritual: “¿Ha estado todo bien, verdad?”, pregunta Hannah. “Ah, eh, eh, sí, sí, claro. Ha estado todo muy bien”, responde el marido balbuceando y tartamudeando como ensimismado mientras sueña despierto con seducir a la hermana de Hannah y acostarse con ella. (...)
“Sólo los niños, los locos y los borrachos dicen las verdades”. ¿Los adultos, los cuerdos y los sobrios mienten a todas horas? ¿Por qué se dice in vino veritas, en el vino está la verdad? ¿Habría que decir in aqua dissimulatio, en el agua está el disimulo? ¿Tenía razón el presidente mexicano Porfirio Díaz cuando dijo: “En política todos los amigos son falsos, todos los enemigos verdaderos”? Estas observaciones muestran y demuestran que en el juego de la vida no sabemos nunca cuáles son las verdaderas cartas con las que juega cada jugador. Todas estas reflexiones muestran y demuestran que con frecuencia, en el juego de todos los días, mostramos una cartas –las falsas– pero ocultamos las verdaderas. (...)
Los adjetivos “sucio” y “limpio” pertenecen a la galaxia estética. En el idioma de Cervantes y de santa Teresa de Ávila, oímos a veces decir de alguien que ha muerto que “era una bellísima persona”, como también se afirma que “pegar a un padre es feísimo”. (...) El que juega limpio es una persona elegante. Estas reflexiones muestran y demuestran que el ser humano siempre tiene para jugar cartas ocultas –sus pensamientos, sus sentimientos, sus intenciones–, y que, al mostrar sus cartas abiertas y públicas, puede infringir el código de las dos barajas, enviando señas falsas, traicionando a los jugadores de su equipo –infidelidad, traición–, jugando sucio. Estas reflexiones y catalogaciones populares –el juego sucio y el limpio– dan a entender que el juego humano no es nunca puramente económico, aunque lo que subyazga de fondo sea el dinero. Es, así mismo, un juego ético y estético. La naturaleza ha colocado además en la galaxia interna de los pensamientos, sentimientos e intenciones, un perro feroz que ladra y muerde. Este perro está encargado de proteger el territorio ético. Si el ser humano juega sucio, este dóberman se pone muy furioso, ladra y da dentelladas. Es la bella y profunda intuición de los “re-mordimientos”. “Me remordía la conciencia”, confiesa el tramposo arrepentido. Re-morder, es decir, morder y morder, no dejar de dar dentelladas, es una metáfora atinada. Los ingenieros genéticos han colocado este perro feroz que muerde y re-muerde al que infringe las reglas éticas y estéticas del juego. Puede saltarse las reglas del juego; lograr que no se descubra el pastel; pueden pensar todos que se trata de una bellísima persona, cuando se trata de un traidor taimado y de un ladrón disfrazado de generoso filántropo. Sin embargo, no puede suprimir que “le remuerda la conciencia”.
Comentario:
:D
Bsos!
Bsos!





