Post Nº15. Un lugar en el Mundo. (Que no ha parado ni un momento)
Que placer pisar estos lares otra vez, aunque...he de reconocer cierto vertigo... tanto por la falta de costumbre, como por las recientes integraciones, como por los cambios experimentados en mi.
Disculpeme la asusencia a quien corresponda y si es el caso , pero ha sido necesario el paron en el camino para así incorporar compañeros de viaje.
Re-comienzo con un texto que en su mayor parte no es mio, pertenece a Paloma, una adolescente que este año ha descubierto el teatro dentro y fuera de sí misma...(similitudes). Mis enhorabuena a la autora y mis discupas por el copieteo y las modificaciones del texto, allá vamos: "La funcion debe continuar"
Actuar. Debo admitir que, se ha convertido en uno de los lugares favoritos de mi universo, de mi pequeño Mundo. Un planeta sobre el cual no deseo dejar de pisar. Parece imposible que un pequeño escenario de madera, que oyes crujir al andar sobre él, pueda expresar tantas cosas. Cada cierto tiempo, dejando atrás tus ideas, tus miedos, incluso tus deseos, acoges inconscientemente a un personaje (mascara). Lo moldeas, hasta que, si eso es posible, os hacéis amigos y acabas queriéndole por comprensión. Cariño y afecto que te es devuelto por su parte en la misma medida. Sabes todo lo que se puede saber acerca de este personaje, y haces tuya su propia vida. Te encargas de darle forma, de expresar sus sentimientos. De hacer llegar a las personas que te observan y te escuchan su esencia. Lo que él, con palabras, no puede expresar.
Entonces llega el Gran Dia, aquel para el que has estado durante tiempo cultivando, modelando, esculpiendo y animando (de dar “anima”) al en un principio inerte personaje, y es entonces cuando el tiempo no existe. Las miradas que se entrecruzan en el pasillo, los murmullos, el nerviosismo de no ser capaz. Sin embargo, al volver a la realidad, descubriras que todo ha seguido girando.

Llega el momento y a excepción de un inmenso foco de luz que ilumina el corazón del escenario, todas las demas luces se han apagado. Sales, oyendo crujir la madera a tus pies, pensando que en cualquier momento te tropezarás y no sabrás que hacer. Oyes la sangre correr por tus venas y el rumor del respirar de cientos de personas expectantes. Cuando llegas al alma del escenario, recuerdas muy vagamente el papel que debes interpretar. Vuelves a recordar el lugar de detrás de la cortina de la cual has salido deseando volver. Respiras hondo, apartando esa idea de tu cabeza. Alzando la vista hacia el punto imaginario que exige el papel, captas e intuyes con avidez usando los extremos y limites de tu campo visual, las butacas llenas de gente que esperan que comiences a hablar. Crees por un momento, que son tus jueces, los que decidirán como has llevado a cabo tu papel. Dependes de ellos. A tu mente, llega una palabra, como si se tratase de un pistoletazo de salida. Intentas decirla, pero cierras la boca. Te sientes algo indefenso, sin saber que hacer. Y el silencio se apodera del escenario. Pero, sin saber como, por encima de todo aquello, hay un pensamiento que vence a los demás. Sabes que hay gente, nerviosa al igual que tú, que espera su momento. Los has visto esforzarse, sin caer un instante. Ellos te han visto a ti. No son jueces, están en tu mismo bando. Un sentimiento de pertenencia te inunda. Algunos te conocen más que otros. Hay amigos y otros, únicamente conocidos. Pero en esos momentos, todos estáis en un mismo bando y queriendo o sin querer, dependen de que termines tu actuación. Llega a ti, como si nunca se hubiese marchado, la fuerza que esperabas, que necesitabas. Invade tu cuerpo, y está vez, nada te parará:
- En aquel tiempo…
Es tu comienzo. Sin darte cuenta, empezaste a hablar. El miedo, simplemente se desvaneció. Recuerdas esas palabras, como si hubieses estado toda tu vida diciéndolas. Te conviertes en el personaje que has intentado conocer, y a cada palabra, sientes que lo has conseguido. Conoces sus pausas, su forma de pensar, su entonación al pronunciar algunas palabras. Conoces lo que intenta decir en cada frase y por qué quiere expresarlo. Todo. Como si no fueses tú y te hubieses convertido en una persona, que sin embargo conoces tan bien como a ti mismo. Notas como se apodera de ti de una forma muy intensa y distinta a cualquier ensayo anterior, notas como te relega y sale esplendoroso a comunicar todo lo que ha ido acumulando en su eterno letargo, le sientes feliz de sentirse vivo, de poder salir durante unos minutos del destierro de lo imaginario. Cada vez, sigues con más firmeza, más precisión. Nada puede hacerte parar. Te has trasladado a un escenario imaginario, que solo has visto tú y que ahora, quieres compartir con aquellos que te observan. De un momento a otro, tu actuación, llegará a su fin. Son escenas cortas, parte de una obra que no has llegado a conocer tan bien como conociste a tu personaje. Ahora, no deseas que tu actuación acabe. Deseas extenderla lo más posible. En tu interior, has pronunciado con tristeza tu última palabra…pero con un dulce sabor a triunfo. Vuelves a la realidad. Estás sobre un escenario de madera, que sin saber como, acabas de llenar de una extraña magia. Las personas que en cierto modo te juzgaban, te observan, con curiosidad y con sorpresa. Algunas, incluso sonríen asombradas, mientras otras, ni siquiera son capaces de reaccionar. Tu sangre vuelve a correr por tus venas, con una fuerza inhumana. Caminas, tímidamente, pero con pasos orgullosos, hacia el lugar por el que minutos antes, habías deseado huir. Te sientes en casa.
Al volver a tu “personaje” real, ahí están, esperándote. Las personas con las que has compartido buena parte de tu vida, y sabes que seguirás compartiendo. Te felicitan, por compasión o por admiración. No importa pues sabes que es debido lo uno o lo otro a que te quieren. Sientes que has encontrado tu forma de vivir. Y aun más, sientes que harás eso hasta que tu corazón se apague y deje de latir. Cuando tu sangre deje de fluir por tus venas, vaciandote de vida, y aun así, deseas que eso ocurra sobre un escenario. Sin embargo, esto no son más que débiles palabras, que no describen las sensaciones, las emociones que puedes llegar a sentir sobre un escenario. Tu vida, tu futuro, la ilusión y el esfuerzo giran en torno a un planeta tan bien amado como odiado, admirado y en ocasiones incomprendido, el arte del Teatro.

Plas, plas, plas.
Disculpeme la asusencia a quien corresponda y si es el caso , pero ha sido necesario el paron en el camino para así incorporar compañeros de viaje.
Re-comienzo con un texto que en su mayor parte no es mio, pertenece a Paloma, una adolescente que este año ha descubierto el teatro dentro y fuera de sí misma...(similitudes). Mis enhorabuena a la autora y mis discupas por el copieteo y las modificaciones del texto, allá vamos: "La funcion debe continuar"
Actuar. Debo admitir que, se ha convertido en uno de los lugares favoritos de mi universo, de mi pequeño Mundo. Un planeta sobre el cual no deseo dejar de pisar. Parece imposible que un pequeño escenario de madera, que oyes crujir al andar sobre él, pueda expresar tantas cosas. Cada cierto tiempo, dejando atrás tus ideas, tus miedos, incluso tus deseos, acoges inconscientemente a un personaje (mascara). Lo moldeas, hasta que, si eso es posible, os hacéis amigos y acabas queriéndole por comprensión. Cariño y afecto que te es devuelto por su parte en la misma medida. Sabes todo lo que se puede saber acerca de este personaje, y haces tuya su propia vida. Te encargas de darle forma, de expresar sus sentimientos. De hacer llegar a las personas que te observan y te escuchan su esencia. Lo que él, con palabras, no puede expresar.
Entonces llega el Gran Dia, aquel para el que has estado durante tiempo cultivando, modelando, esculpiendo y animando (de dar “anima”) al en un principio inerte personaje, y es entonces cuando el tiempo no existe. Las miradas que se entrecruzan en el pasillo, los murmullos, el nerviosismo de no ser capaz. Sin embargo, al volver a la realidad, descubriras que todo ha seguido girando.

Llega el momento y a excepción de un inmenso foco de luz que ilumina el corazón del escenario, todas las demas luces se han apagado. Sales, oyendo crujir la madera a tus pies, pensando que en cualquier momento te tropezarás y no sabrás que hacer. Oyes la sangre correr por tus venas y el rumor del respirar de cientos de personas expectantes. Cuando llegas al alma del escenario, recuerdas muy vagamente el papel que debes interpretar. Vuelves a recordar el lugar de detrás de la cortina de la cual has salido deseando volver. Respiras hondo, apartando esa idea de tu cabeza. Alzando la vista hacia el punto imaginario que exige el papel, captas e intuyes con avidez usando los extremos y limites de tu campo visual, las butacas llenas de gente que esperan que comiences a hablar. Crees por un momento, que son tus jueces, los que decidirán como has llevado a cabo tu papel. Dependes de ellos. A tu mente, llega una palabra, como si se tratase de un pistoletazo de salida. Intentas decirla, pero cierras la boca. Te sientes algo indefenso, sin saber que hacer. Y el silencio se apodera del escenario. Pero, sin saber como, por encima de todo aquello, hay un pensamiento que vence a los demás. Sabes que hay gente, nerviosa al igual que tú, que espera su momento. Los has visto esforzarse, sin caer un instante. Ellos te han visto a ti. No son jueces, están en tu mismo bando. Un sentimiento de pertenencia te inunda. Algunos te conocen más que otros. Hay amigos y otros, únicamente conocidos. Pero en esos momentos, todos estáis en un mismo bando y queriendo o sin querer, dependen de que termines tu actuación. Llega a ti, como si nunca se hubiese marchado, la fuerza que esperabas, que necesitabas. Invade tu cuerpo, y está vez, nada te parará:
- En aquel tiempo…
Es tu comienzo. Sin darte cuenta, empezaste a hablar. El miedo, simplemente se desvaneció. Recuerdas esas palabras, como si hubieses estado toda tu vida diciéndolas. Te conviertes en el personaje que has intentado conocer, y a cada palabra, sientes que lo has conseguido. Conoces sus pausas, su forma de pensar, su entonación al pronunciar algunas palabras. Conoces lo que intenta decir en cada frase y por qué quiere expresarlo. Todo. Como si no fueses tú y te hubieses convertido en una persona, que sin embargo conoces tan bien como a ti mismo. Notas como se apodera de ti de una forma muy intensa y distinta a cualquier ensayo anterior, notas como te relega y sale esplendoroso a comunicar todo lo que ha ido acumulando en su eterno letargo, le sientes feliz de sentirse vivo, de poder salir durante unos minutos del destierro de lo imaginario. Cada vez, sigues con más firmeza, más precisión. Nada puede hacerte parar. Te has trasladado a un escenario imaginario, que solo has visto tú y que ahora, quieres compartir con aquellos que te observan. De un momento a otro, tu actuación, llegará a su fin. Son escenas cortas, parte de una obra que no has llegado a conocer tan bien como conociste a tu personaje. Ahora, no deseas que tu actuación acabe. Deseas extenderla lo más posible. En tu interior, has pronunciado con tristeza tu última palabra…pero con un dulce sabor a triunfo. Vuelves a la realidad. Estás sobre un escenario de madera, que sin saber como, acabas de llenar de una extraña magia. Las personas que en cierto modo te juzgaban, te observan, con curiosidad y con sorpresa. Algunas, incluso sonríen asombradas, mientras otras, ni siquiera son capaces de reaccionar. Tu sangre vuelve a correr por tus venas, con una fuerza inhumana. Caminas, tímidamente, pero con pasos orgullosos, hacia el lugar por el que minutos antes, habías deseado huir. Te sientes en casa.
Al volver a tu “personaje” real, ahí están, esperándote. Las personas con las que has compartido buena parte de tu vida, y sabes que seguirás compartiendo. Te felicitan, por compasión o por admiración. No importa pues sabes que es debido lo uno o lo otro a que te quieren. Sientes que has encontrado tu forma de vivir. Y aun más, sientes que harás eso hasta que tu corazón se apague y deje de latir. Cuando tu sangre deje de fluir por tus venas, vaciandote de vida, y aun así, deseas que eso ocurra sobre un escenario. Sin embargo, esto no son más que débiles palabras, que no describen las sensaciones, las emociones que puedes llegar a sentir sobre un escenario. Tu vida, tu futuro, la ilusión y el esfuerzo giran en torno a un planeta tan bien amado como odiado, admirado y en ocasiones incomprendido, el arte del Teatro.

Plas, plas, plas.
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