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Cosas que pasan a los veintimuchos
Aventurillas de un par de dos mientras recorren el mundo...
Acerca de
¡Lo que hay que ver! Tantos años soltera y bien orgullosa de serlo, y llega un morenazo derrochando amor ¡y caes como una tonta! Todo cambia, nada permanece... ¿o sí?
Sindicación
 
Cosas que una noche te dicen...
Una habitación con vistas al mar.

Ojalá pudiera decir que una ligera brisa cálida acariciaba las cortinas trayéndonos el olor a sal... ¡pero estamos en febrero!

Todos mis sentidos están inundados de él. Su sudor se mezcla con el mío. Su respiración se entrecorta mientras el placer va subiendo. Me clava en los ojos su mirada castaña, y dice las palabras que menos esperaba oir en aquel preciso momento...

"¿A qué esperamos para vivir juntos?"

El shock es tan grande que el orgasmo que estaba a punto de elevarme a los cielos se desvanece en una fracción de segundo. Hago como si no hubiera dicho nada y no contesto, y me relajo lo justo para conseguir el cuarto o el quinto orgasmo de la noche (puede que se le vaya la olla un poco, pero es un fiera).

Pero le he oído muy bien. Y sé que lo que ha dicho le ha salido del alma y no de sus partes bajas...

Pensemos con la cabeza: ¿dónde está el gran problema? A ver, todos tenemos un pasado, unos tirando a clasicote y otros un poco más salvaje. El mío se divide en dos etapas básicas: el de antes de los 22 y el de después.

Antes de los 22 yo era un poco... ingenua, por no decir pánfila. Mi primer beso con lengua fue a los 17, y me dio tanto repelús que incluso me salió un bulto en el labio. Al llegar a casa mi madre me sugirió "échate aceite, que eso es que has tocado algo que te ha dado asco". Pues sí, un palmo de lengua de un maromo de casi dos metros de altura.

Seguí en ese plan de medio lela en lo que al tema amoroso se refería hasta los 22. Era (y soy) el tipo de chica que suele hacer más amigos entre los chicos que entre las chicas, porque soy capaz de argumentar con conocimiento de causa en una discusión sobre deportes, porque cuando voy de compras me paso más rato en la sección de libros, CDs y DVDs que en la de zapatos, porque juego a futbolín sin hacer el molinillo... Vamos, que soy muy versátil. Pero una es timidilla y no se puede decir que arrasara.

A los 22 pasó un hecho muy destacable: me apunté a un gimnasio donde había un monitor de aerobic increíble que me dejó un tipazo de alucinar, de ésos de marcar la tableta de chocolate en los abdominales, y eso me dio una seguridad en mí misma impensable en mi época de rellenita simpática.

Así que un buen día descubrí que la virginidad me estorbaba. Con un razonamiento muy lógico decidí que ya iba siendo hora de desmitificar el sexo. Digo más, teniendo en cuenta que había oído que la primera vez era un asco y dolía mucho y todas esas cosas... ¿por qué dejar que eso estropeara mi primera vez con alguien de quien estuviera enamorada? Había estado saliendo con un chico unas pocas semanas y no pretendía llegar a nada serio con él, pero me parecía que podría solventar el trámite con delicadeza y me dejó lista en el breve lapso de 3 días (sí, sí, 3 mañanas enteras en mi casa vacía de familiares para conseguir que esa telita tan flexible cediera con un dolor lacerante... sería que después de 22 años formando parte de mí estaba bien agarrada la joía!!!).

Poco después de eso planté al chico... porque ya le había echado el ojo a otro. Dos semanas que tardé en ligármelo, y sólo otra más hasta que acabamos haciéndolo en la alfombra del salón de su piso.

Con éste pasé 15 meses... hasta que me dejó por otra. Puede que en parte fuera porque estaba algo obsesionada con él. No hay nada como no estar segura de lo que siente tu chico por tí para que el cuelgue sea de lo más intenso. Panda de masoquistas que estamos hechas las mujeres...

Después de eso, mi currículum parecía la plantilla de la ONU: italianos, alemanes, holandeses, chilenos, argentinos... ¡¡¡una vez incluso me pidieron en matrimonio por teléfono desde Egipto!!! Y eso que cerraron mi gimnasio y la tableta de chocolate dejó de estar en mis abdominales y se me acumuló en la cadera (los que hacemos mucho ejercicio tendemos a comer mucho, y luego es difícil quitarse de ciertos vicios, ¡ay!)

Vistos mis antecedentes, ¿alguien puede creerse que llegara un chavalote de Barcelona, la primera noche de conocernos me dijera que se estaba enamorando de mí y no sólo no hice los 100 metros lisos en tiempo récord, sino que llegara a esta situación con él?

Pues sí...
No