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La Revolución del Respeto
Comentarios Sobre la Pérdida de la Honestidad en España
Acerca de
Mi nombre es María Jesús Córcoles García. Nací en Sevilla hace poquitos años y en 2003 me trasladé a Madrid para cursar los estudios de periodismo, que actualmente realizo en el Centro Universitario Villanueva.
Sindicación
 
Periodismo de guante blanco
Desde que saltó a la opinión pública el tema de las caricaturas de Mahoma he procurado no pronunciarme: me resultaba un tema complejo sobre el que no me había elaborado un juicio claro y pensé que mientras no lo tuviese era mejor escuchar. Eso hice, escuchar, leer, escuchar... a gente de todas clases e inclinaciones políticas. Me he sentido apenada al no encontrar ninguna postura que quisiera secundar: nadie me ha convencido con sus argumentos, así que he decidido elaborar los míos propios.

Mi tesis: no a las caricaturas sí a la democracia y a la libertad de expresión. El procedimiento discursivo parte de una premisa: creo en la democracia y en la libertad de expresión y creo en el Dios de los cristianos.

Cada cosa, no obstante, tiene su lugar. Para mí el fin de la democracia es la justicia social y es más importante conseguir tal justicia que preservar la democracia. Me explico: la democracia, tal y como yo la concibo, es un instrumento del hombre y para el hombre, adecuado al tiempo en el que vivimos y a la pluralidad de pensamientos que poseemos. Para mí la democracia es el mejor de los sistemas, al menos para el momento actual y en la sociedad en la que vivimos, pero es sólo un instrumento, no un fin: no se trata de morir por la democracia, sino defender la justicia social con el instrumento que creemos más eficaz. No se puede concebir la democracia como el fin de todos los actos sociales y todos los acontecimientos políticos sino como aquello que posibilita que los ciudadanos formen parte activa del Estado en el que nacieron o del que decidieron formar parte.

En los últimos tiempos la democracia se ha identificado con la libertad, pero esa identificación es, cuando menos, una confusión de conceptos: hay democracia sin libertad y libertad sin democracia, por tanto, hay algo en la libertad que se le escapa a la democracia, porque la libertad es algo mucho más grande y más profundo que un simple sistema político. Con asegurar la democracia no aseguramos la libertad.

Una pregunta que cabría hacerse ahora es si lo que queremos es defender la justicia social o la democracia, si lo que queremos es defender la libertad o defender la democracia, estos términos aunque parezcan similares no lo son y plantean grandes diferencias en el planteamiento y resolución del problema.

Dicen que el principio del final de un sistema es que sus miembros dejen de creer en él. Por esta premisa muchos se han abalanzado a enfrentarse con los sistemas de los países musulmanes y han cogido como estandarte la libertad de expresión: este no está siendo el problema, amigos míos. Creo que este tema ha servido para darnos cuenta de que nos estamos olvidando de qué es la democracia y para qué la queremos. Sí, la democracia necesita de la libertad de expresión para darse y desarrollarse, pero necesitar no es ser: la democracia no es libertad de expresión.

Según mi punto de vista las cosas van en el siguiente orden: primero la justicia social, segundo la democracia y tercero la libertad de expresión. Por tanto si la libertad de expresión o la propia democracia no me ayudan a conseguir la justicia social tenemos un problema que puede presentarse bajo diversas formas: la democracia no se está llevando a cabo en su plenitud, necesita una reforma o necesita una alternativa, y no hay que tener miedo a ninguno de estos supuestos, si son reales, sólo hay que atajarlos a tiempo.

Creo que en realidad lo que hay que hacer es redefinir estos términos volviendo a los orígenes.

Según define R. Dahrendorf en su obra Qué es hoy la democracia, “la verdadera base de la democracia es una idea muy simple: la gente comete errores, especialmente la gente que gobierna. Por tanto, debe ser posible destituirlos sin violencia y sin llegar a una revolución.

Necesitamos instituciones que permitan cambiar los gobiernos sin que todo se venga abajo”. La democracia se basa en la soberanía del pueblo, pero no es suficiente con que se cree un sistema que otorgue el poder directamente mediante sufragio universal, eso sólo no es la democracia. Este término no se define tanto en cómo se otorga y distribuye el poder sino en los fines que se persiguen.

Los filósofos Ricardo Yepes Stort y Javier Aranguren Echevarría, recogen en su obra conjunta Fundamentos de Antropología, un ideal de la excelencia humana unas ideas de Aristóteles sobre uno de los peligros de la democracia conocido ya desde la Grecia clásica. Lo exponen de la siguiente manera: “Según Aristóteles, en la democracia predomina muchas veces lo contrario de lo conveniente, y la causa está en que ‘definen mal la libertad’ , ya que piensan que consiste en ‘hacer lo que a uno le plazca. De modo que en tales democracias vive cada uno como quiere, como dice Eurípides, Pero esto es malo’. La razón es clara: ‘es conveniente, en efecto, depender de otros y no poder hacer lo que a uno le parezca, ya que la posibilidad de hacer lo que se quiere no puede reprimir lo malo que hay en cada hombre’. Esa mala interpretación de la libertad entiende que vivir de acuerdo con la ley y la virtud es una esclavitud.(...) Cuando se entiende la libertad como hacer lo que a uno le place, el aumento de la maldad es inevitable” .

Pues bien, esto lo saco a relucir porque creo que quizá sea esto lo que nos esté ocurriendo. También es aplicable en lo que se refiere a la libertad de expresión: a lo mejor estamos entendiendo mal la libertad de expresión, ésta no se reduce a poder decir lo que me de la gana. Si la libertad de expresión sirve para crear muros, fomentar la violencia y la separación, para dañar y ser dañados, no se usted, pero yo no la quiero para nada: no me sirve para mi fin y creo que a la democracia tampoco le sirve de gran ayuda, más bien lo contrario.

Bajando un poco al tema que nos atañe, la libertad de expresión en los medios de comunicación, quiero aclarar que yo no abogo por la censura, abogo por la ley. Es el marco en el que yo me quiero mover: no se trata de crear un organismo censurador sino de defender el derecho del ciudadano a que se respeten sus convicciones, más aún cuando atañen a su ámbito más íntimo y esencial.

¿Nos hemos parado a reflexionar alguna vez en lo que puede desencadenar una libertad de expresión que consista en un todo vale? Sus inicios los estamos viendo: la exacerbación, la manipulación, el insulto, la calumnia, el odio, el resentimiento, la separación, la falta de respeto... ¿De qué nos servirá la democracia cuando comience la violencia? No me refiero sólo a la física, sino a la moral ¿creen que hay calidad de vida y justicia social en un ambiente caldeado, en un cruce de acusaciones infundadas y sin fin?

La libertad de expresión ha de ser un diálogo en busca de la verdad, no hay que buscar sus límites sino su excelencia, la mejor manera para que haya interacción entre las distintas corrientes de pensamientos.

A mí personalmente me da igual si se caricaturiza a Mahoma, al Dios de los cristianos, a Zapatero o a Aznar: está mal en todos los casos, aunque haya, obviamente, niveles en la ofensa. No estoy de acuerdo en que la caricatura por definición sea ofensiva, se pueden hacer caricaturas que no ofendan al sujeto caricaturizado, sólo que es más difícil hacer una caricatura respetuosa que irrespetuosa. Pero que sea más difícil hacer las cosas bien que hacerlas mal no quiere decir que tengamos que hacerlas mal ¿no? Si se llegara a un punto en el que fuese imposible caricaturizar conservando el respeto al objeto caricaturizado, no veo el inconveniente de no caricaturizar, aunque para esto hace falta mucha humildad, que creo que es lo que más falta. Hay muchas maneras de decir las cosas ¿por qué siempre tenemos que buscar el más agresivo? La caricatura es un instrumento igualmente, no un fin. Si no me ayuda en mis fines como periodista ¿para qué la quiero?

Otra reflexión ¿está bien caricaturizar al Dios de los cristianos sólo por que ellos no quemen embajadas? ¿está bien permitirlo porque es gracioso? Creo que ni una cosa ni la otra: lo primero es como si robo una pera, y si no viene el dueño de la finca, sigo robando. Ahora, con el caso de Mahoma, no sólo ha venido el dueño de la finca sino que ha comenzado a pegar tiros. Lo están haciendo mal, por supuesto, y a mí también me da miedo pensar en lo que sean capaces de hacer, pero el error lo cometimos nosotros primero: por hacer las cosas mal y por no prever sus consecuencias.

Sobre lo segundo, creo que ningún cristiano debe permitir que se vapulee mediáticamente su religión y sus creencias y que es necesario armarse de valor y defender de una vez por todas, nuestros derechos y convicciones: se acabó la era de los cristianos cobardes, a luchar con las armas de la democracia buscando la justicia, es nuestro deber en todos los sentidos, como ciudadanos y como cristianos, además, nosotros no nos jugamos el honor, nos jugamos la vida eterna.

En cuanto a lo que ya he escuchado más de una vez de que los occidentales no contamos con la libertad en oriente que los de oriente encuentran en occidente, es un argumento inconcebible. ¿Crees en tu sistema? ¿crees que es el mejor? Pues entonces no le puedes pedir lo mismo al resto de los sistemas ¿nos volvemos totalitarios y beligerantes sólo porque ellos lo son? ¿nos volvemos intolerantes sólo porque ellos no lo son? Poco fundamento tendrían entonces nuestros valores. Si sólo somos tolerantes con los que son tolerantes con nosotros seriamos unos hipócritas: eso no es tolerancia, eso es cicatería, conveniencia, egoísmo puro, valores volubles sin raíces.

Es posible un periodismo mejor, es posible ser elegante en un mundo de fieras, es posible tener clase aunque no te reconozcan, es posible y yo sé cómo lograrlo.


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