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La Revolución del Respeto
Comentarios Sobre la Pérdida de la Honestidad en España
Acerca de
Mi nombre es María Jesús Córcoles García. Nací en Sevilla hace poquitos años y en 2003 me trasladé a Madrid para cursar los estudios de periodismo, que actualmente realizo en el Centro Universitario Villanueva.
Sindicación
 
MILITIA ES VITA
Dibujando el panorama actual del sector de las telecomunicaciones resulta difícil entender por qué aún hay jóvenes que son capaces de entusiasmarse con la profesión de los frustrados. Realmente no parece tener mucha lógica que haya gente dispuesta a dejarse la piel en una profesión mal pagada y sacrificada, que absorbe tu ser y se mete en tu casa y entre los tuyos. En una profesión en la que hay que tragar más de lo que se puede dirigir.

En el mundo del periodismo se encuentra gente apasionada y a la vez nihilista, gente con ideales y con medios para luchar por ellos y difundirlos pero que siempre los deja en el cajón por un plato de lentejas.

¿Qué por qué quiero ser periodista? He tratado de recordar los motivos que me llevaron a comenzar estos estudios pero no he logrado desempolvar esos antiguos ideales inocentes. Creo que tenían mucho que ver con la ilusión de cambiar el mundo con mis manos, con mi pluma, con mis ideales, con mi pasión por la vida y por el mundo.

Hoy todo eso ha quedado atrás, pero no para dejar paso, como le ocurre a la mayoría de las personas esencialmente periodistas (porque el periodismo forma parte del propio ser) que descubren la realidad del mundo que les depara el futuro. No, yo no he dejado paso al pesimismo ni a las excusas para dejar de luchar, sólo he dejado enfriar un poco esas ilusiones, las he complementado con un calmado y sosegado proceso de reflexión intelectual (al que todavía obviamente, aún le queda por madurar) y las he transformado, más que en móviles, en una razón de ser, en un modo de vivir y de ver la vida. He simplificado al máximo mi objetivo y he elevado al infinito todo lo que tengo que hacer para llegar a él.

Quiero luchar. Sí, sí, sólo quiero eso, luchar. Por eso sigo aquí, porque ya no me importa de dónde vengo ni hasta dónde llegaré (aunque si a dónde voy), sólo sé que no me quiero rendir jamás. No sé dónde estaré mañana, pero sé que mi lucha será siempre la misma: no rendirme.

Tragaré, “mientras tragamos nos damos” me decía una colega, y yo quiero darme por entero. Quizá no llegue jamás a tener glorias humanas, pero qué más me da, no las busco, es más, no me ayudarían mucho: engordan la soberbia.

No sé lo que tengo que hacer pero sí que sé cómo tengo que llegar a ser: audaz y prudente, valiente y sensata, firme y agradable, humilde y segura de mi misma, comprometida pero sabiendo tomar distancia de lo que tengo entre manos, exigente conmigo misma pero nunca perfeccionista, comprensiva con los demás pero no permisivista. Habré de ser tan adaptable a los cambios como un camaleón pero tan firme en mis ideales como una roca, barro moldeable por fuera, corazón de diamante por dentro: imperturbable. Tendré que saber soñar, pero no podré vivir de sueños. No me dejaré defraudar por el ser humano ni por el sistema, pero creeré en ellos. Buscaré la objetividad pero no será mi máxima, simplemente irá como adosada a mi afán de honestidad. Miraré a los ojos pero no me dejaré hipnotizar.

Un periodista ha de tener unas manos tan recias como para coger las riendas del caballo desbocado de su vida pero unos brazos lo suficientemente suaves y amables como para inspirar fraternidad y conseguir miles de manos que los sostengan. El periodista es la primera línea de combate de la batalla que las personas inquietas e íntegras libran con el mundo, por el mundo y en el mundo para conservarlo y revolucionarlo a un tiempo. A la vez es el último de todos los seres de la tierra, el que sólo ha nacido para servir.

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