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La Revolución del Respeto
Comentarios Sobre la Pérdida de la Honestidad en España
Acerca de
Mi nombre es María Jesús Córcoles García. Nací en Sevilla hace poquitos años y en 2003 me trasladé a Madrid para cursar los estudios de periodismo, que actualmente realizo en el Centro Universitario Villanueva.
Sindicación
 
¿Sentido del humor?
Lo que algunos llaman crítica con humor es ridiculizar; ridiculizar es reírse de los valores y cualidades del prójimo; reírse del prójimo es faltarle el respeto, despreciarle.

Para quienes saben del video Amo a Laura, es una falta de respeto graciosa, es un desprecio con sentido del humor, pero es falta de respeto y desprecio, aunque tenga un disfraz muy bonito.

El juzgarlo ofensivo no es falta de sentido del humor, es deber, querer y voluntad de respetar y defender el respeto, de buscar y proteger la justicia.

¿Prefieres esta a otras formas de crítica? Yo prefiero la crítica respetuosa y constructiva. Si se pierden las formas y los valores se pierden la razón. Me da igual el mensaje si utiliza como argumento de fuerza la burla, la ridiculización.

El pensar que los demás hacen las cosas mal nunca fue justificación sino excusa para continuar, con mediocridad, haciendo uno las cosas mal también. ¿Buscas la excelencia o la ley de mínimos?

Todas las generaciones de la historia de todas las civilizaciones en todos los rincones del planeta han valorado como positivo el preservar la virginidad hasta el matrimonio.

Este video ridiculiza a miles de millones de personas del pasado, el presente y el futuro.

Sí, la democracia ha dado libertad pero también la soberbia y la vanidad de creerse la panacea.

Sí, la liberación sexual ha dado libertad, libertad para que haya más matrimonios rotos, más abortos, más enfermedades, más prostíbulos...

Puedes defenderme que mantener relaciones prematrimoniales sea una opción válida, pero no puedes defenderme que sea una opción mejor.

 
¿Tolerancia o no?
Perdóname porque por segunda vez voy a utilizar este blogs para dar plataforma a mis pensamientos sobre un debate de la facultad.

Hoy el tema ha sido el Concordato de la Santa Sede con Hitler.

Un sector de la clase se ha levantado comparando ese "pacto" con el que Carod Rovira hizo con ETA, un acto egoísta que lo único que pretendía era salvar a los suyos y desentenderse del resto de Alemania:"mientras mis sacerdotes estén a salvo me da igual lo que le pase al resto".

Creo que estos comentarios no sólo reflejan una falta total de conocimiento sino un juicio injusto, injustísimo y ahora expongo por qué me parece así.

Yo personalmente no conozco los detalles concretos de ese acuerdo pero no creo que sea necesario para defender el honor de mi Madre, sé cómo es.

Cuando la Iglesia establece acuerdos o "relaciones diplomáticas" con países con regímenes políticos que se basan en principios que no comparte,no lo hace por intereses económicos ni por salvar la vida de "los suyos" sino para no abandonar a los miembros de ese país.

Obviamente cuando la Iglesia pactó con Hitler no sabía lo que éste iba a hacer, como nadie lo sabía en aquellas fechas. Y aunque quizá lo intuyese, quizá quiso conservar la esperanza de que no cumpliese sus "amenazas".

Personalmente creo que no hay que ser muy inteligente para darse cuenta que los asesinos asesinan, poco vale su promesa de "no te voy a hacer nada", si les conviene te matarán y a Hitler le iba a convenir matar a los católicos, principalmente porque éstos iban a tratar de frenarle en sus propósitos, iban de tratar de salvar a los que fuesen a morir injustamente.

La Iglesia sabía que si Hitler mataba, les iba a matar a ellos pero no le importaba, por eso hicieron el Concordato, porque no se querían ir de Alemania, porque querían hacer todo lo posible por permanecer con los fieles aunque les costase la vida.

¿Acaso no tenían "trabajo"los sacerdotes de Alemania fuera del país? Si hubieran querido conservar la vida se habrían ido ¿no crees? ¿no crees que es mucho más fácil decir "este país no comparte mis ideales así que me voy, cierro la puerta"? Pero la Iglesia no hace eso, porque quiere a sus hijos, y hasta el último día de la vida de Hitler y aún después de su muerte hubo cristianos rezando para que cambiara de política y rezando por esas almas inocentes que morían a manos suyas.

La Iglesia no quiere la injusticia, y menos si acarrea la muerte a inocentes, pero sabe ser tolerante: permite un mal para evitar otro mayor. Sí, Hitler iba a matar, pero los alemanes no tenían culpa, por eso la Iglesia no podía abandonarlos. Si alguién piensa que los cristianos tuvieron un trato privilegiado en la Alemania del Tercer Reich, que lea un poco. Los cristianos se quedaron, como todas las personas de buena voluntad, para defender la justicia en medio de las atrocidades, para no dar la espalda a los que no se podían defender, para tratar de encontrar vías de escape para los demás, para animar, ¡para luchar!

Creo que no se pueden tratar estos asuntos con tanta ligereza y hacer comentarios tan superficiales y frívolos. No es por respeto, es por justicia.

Y perdóname si te has sentido ofendido/a por algo de lo que he dicho. Yo no trato de juzgar a las personas sino al hecho.
 
LAS BUENAS INTENCIONES
Comienza el viaje por la fantasía: imagínese un mundo... este mismo, para qué inventarnos otro. Pero no lo mire con esos ojos de realidad, mírelo con los ojos de la ilusión, con las gafas que utiliza para los sueños. Mírelos como cuando era niño y todo le parecía un mundo ideal, cuando creía que todo el mundo era igual de feliz que usted.

¿ Cómo es ese mundo que está soñando? Yo le diré cómo es el que yo estoy soñando: en el mundo en el que yo sueño todos somos iguales, todos tenemos una dignidad que es respetada. En este mundo los gobernantes son los mayores servidores y dan cuenta de lo que hacen con los países que les han sido encomendados, no se creen más que nadie, sino los últimos de todos. Esto ha sido posible tras años de perfeccionamiento del sistema que hoy llamamos democracia. En este mundo no hay pobreza, desapareció cuando se enseñó a andar libre a la economía, cuando se permitió que la gente apostara por las ideas y luchase por mejorar su vida, su trabajo, su país. Desapareció cuando se cogió la cabeza de las personas entre las manos y se les dijo “creo en ti”, cuando se dejó que buscaran y encontraran un sueño por el que luchar.

En este mundo, en el que cabemos todos y por no sobrar no sobran ni los malos, todos nos respetamos aunque, como siempre ha ocurrido y siempre ocurrirá, hay tantas formas de pensar como cabezas pensantes. No sólo hay libertad de expresión, hay libertad para todo: la gente es capaz del bien.

Este sueño mío es verosímil... aunque un tanto utópico, que no quiere decir estúpido ni absurdo, quiere decir que es la meta de una largo camino que tiende al infinito.

Supongo que su sueño no será exactamente igual que el mío, pero valen los dos como ideal.

Pues como usted y como yo los políticos también tienen sus sueños, aunque muchas veces ni ellos mismos lo saben. George Bush también tenía el suyo, quiso llevarlo a cabo, como todos los valientes hacemos con nuestros sueños, pero cometió dos errores: el método utilizado no construye, destruye. La guerra es un mal comienzo aunque esta es una lección ancestral que el hombre parece nunca aprender. El otro error fue no pensar en lo que haría si su plan salía mal, cómo se arreglaría el estropicio de la guerra si detrás de ella no llegaba la paz.

¿Ha intentado dar de comer un filete a un bebé de dos meses? La carne es buenísima pero no para quién no la puede digerir.

¿Sabe cual es la diferencia entre nuestras democracias y las que pretendemos instaurar en Oriente? ¿sabe por qué aquellas no proliferan? Porque nosotros conquistamos la democracia, unas veces con sangre y otras con letra, pero en Oriente no les hemos dejado ganarla, en Oriente sólo les hemos dejado perder a la democracia. Para nosotros fue una victoria nacional y un beneficio para todos, para ellos ha sido una derrota de la nación y beneficio también, pero surgido de la humillación de no llevar las riendas de su propio país.

Tengo un coche, una casa y un perro. Todos mis hermanos también, y mis padres... porque vino un ricachón y nos dijo: si os bajáis los pantalones os doy lo que yo tengo, todo lo que siempre habéis soñado, lo bueno y bello. Te saco de la dictadura del hambre, del mal hacer de los de tu sangre. De la corrupción del poder por la vanidad de la riqueza.

Ahora papá occidente ha ido a verlos, tiene buenas intenciones, pero no sabe ser Dios, quizá sea porque no es tan fácil como se pensaba.

Los países de Oriente, y los de África, y los de América del Sur, saldrán adelante cuando se les mire cara a cara, cuando nos demos cuenta de que la situación de sus países es algo accidental, pero que allí la gente es como nosotros, tan capaces de construir. A ellos también les duele, lo que más, el orgullo, sólo que nosotros lo transformamos en crueldad y vanidad y ellos en ira y violencia. Pero eso también es casi accidental... en verdad nosotros también lo hacemos aunque lo disfrazamos con mordacidad. El hombre es hombre, aquí nadie salva a nadie, juntos construimos un mundo mejor. Ningún país del mundo ha de deber la vida a otro. Hacer ver que esa situación existe es un engaño, vil antiguo como el mismo hombre.

 
Periodismo de guante blanco
Desde que saltó a la opinión pública el tema de las caricaturas de Mahoma he procurado no pronunciarme: me resultaba un tema complejo sobre el que no me había elaborado un juicio claro y pensé que mientras no lo tuviese era mejor escuchar. Eso hice, escuchar, leer, escuchar... a gente de todas clases e inclinaciones políticas. Me he sentido apenada al no encontrar ninguna postura que quisiera secundar: nadie me ha convencido con sus argumentos, así que he decidido elaborar los míos propios.

Mi tesis: no a las caricaturas sí a la democracia y a la libertad de expresión. El procedimiento discursivo parte de una premisa: creo en la democracia y en la libertad de expresión y creo en el Dios de los cristianos.

Cada cosa, no obstante, tiene su lugar. Para mí el fin de la democracia es la justicia social y es más importante conseguir tal justicia que preservar la democracia. Me explico: la democracia, tal y como yo la concibo, es un instrumento del hombre y para el hombre, adecuado al tiempo en el que vivimos y a la pluralidad de pensamientos que poseemos. Para mí la democracia es el mejor de los sistemas, al menos para el momento actual y en la sociedad en la que vivimos, pero es sólo un instrumento, no un fin: no se trata de morir por la democracia, sino defender la justicia social con el instrumento que creemos más eficaz. No se puede concebir la democracia como el fin de todos los actos sociales y todos los acontecimientos políticos sino como aquello que posibilita que los ciudadanos formen parte activa del Estado en el que nacieron o del que decidieron formar parte.

En los últimos tiempos la democracia se ha identificado con la libertad, pero esa identificación es, cuando menos, una confusión de conceptos: hay democracia sin libertad y libertad sin democracia, por tanto, hay algo en la libertad que se le escapa a la democracia, porque la libertad es algo mucho más grande y más profundo que un simple sistema político. Con asegurar la democracia no aseguramos la libertad.

Una pregunta que cabría hacerse ahora es si lo que queremos es defender la justicia social o la democracia, si lo que queremos es defender la libertad o defender la democracia, estos términos aunque parezcan similares no lo son y plantean grandes diferencias en el planteamiento y resolución del problema.

Dicen que el principio del final de un sistema es que sus miembros dejen de creer en él. Por esta premisa muchos se han abalanzado a enfrentarse con los sistemas de los países musulmanes y han cogido como estandarte la libertad de expresión: este no está siendo el problema, amigos míos. Creo que este tema ha servido para darnos cuenta de que nos estamos olvidando de qué es la democracia y para qué la queremos. Sí, la democracia necesita de la libertad de expresión para darse y desarrollarse, pero necesitar no es ser: la democracia no es libertad de expresión.

Según mi punto de vista las cosas van en el siguiente orden: primero la justicia social, segundo la democracia y tercero la libertad de expresión. Por tanto si la libertad de expresión o la propia democracia no me ayudan a conseguir la justicia social tenemos un problema que puede presentarse bajo diversas formas: la democracia no se está llevando a cabo en su plenitud, necesita una reforma o necesita una alternativa, y no hay que tener miedo a ninguno de estos supuestos, si son reales, sólo hay que atajarlos a tiempo.

Creo que en realidad lo que hay que hacer es redefinir estos términos volviendo a los orígenes.

Según define R. Dahrendorf en su obra Qué es hoy la democracia, “la verdadera base de la democracia es una idea muy simple: la gente comete errores, especialmente la gente que gobierna. Por tanto, debe ser posible destituirlos sin violencia y sin llegar a una revolución.

Necesitamos instituciones que permitan cambiar los gobiernos sin que todo se venga abajo”. La democracia se basa en la soberanía del pueblo, pero no es suficiente con que se cree un sistema que otorgue el poder directamente mediante sufragio universal, eso sólo no es la democracia. Este término no se define tanto en cómo se otorga y distribuye el poder sino en los fines que se persiguen.

Los filósofos Ricardo Yepes Stort y Javier Aranguren Echevarría, recogen en su obra conjunta Fundamentos de Antropología, un ideal de la excelencia humana unas ideas de Aristóteles sobre uno de los peligros de la democracia conocido ya desde la Grecia clásica. Lo exponen de la siguiente manera: “Según Aristóteles, en la democracia predomina muchas veces lo contrario de lo conveniente, y la causa está en que ‘definen mal la libertad’ , ya que piensan que consiste en ‘hacer lo que a uno le plazca. De modo que en tales democracias vive cada uno como quiere, como dice Eurípides, Pero esto es malo’. La razón es clara: ‘es conveniente, en efecto, depender de otros y no poder hacer lo que a uno le parezca, ya que la posibilidad de hacer lo que se quiere no puede reprimir lo malo que hay en cada hombre’. Esa mala interpretación de la libertad entiende que vivir de acuerdo con la ley y la virtud es una esclavitud.(...) Cuando se entiende la libertad como hacer lo que a uno le place, el aumento de la maldad es inevitable” .

Pues bien, esto lo saco a relucir porque creo que quizá sea esto lo que nos esté ocurriendo. También es aplicable en lo que se refiere a la libertad de expresión: a lo mejor estamos entendiendo mal la libertad de expresión, ésta no se reduce a poder decir lo que me de la gana. Si la libertad de expresión sirve para crear muros, fomentar la violencia y la separación, para dañar y ser dañados, no se usted, pero yo no la quiero para nada: no me sirve para mi fin y creo que a la democracia tampoco le sirve de gran ayuda, más bien lo contrario.

Bajando un poco al tema que nos atañe, la libertad de expresión en los medios de comunicación, quiero aclarar que yo no abogo por la censura, abogo por la ley. Es el marco en el que yo me quiero mover: no se trata de crear un organismo censurador sino de defender el derecho del ciudadano a que se respeten sus convicciones, más aún cuando atañen a su ámbito más íntimo y esencial.

¿Nos hemos parado a reflexionar alguna vez en lo que puede desencadenar una libertad de expresión que consista en un todo vale? Sus inicios los estamos viendo: la exacerbación, la manipulación, el insulto, la calumnia, el odio, el resentimiento, la separación, la falta de respeto... ¿De qué nos servirá la democracia cuando comience la violencia? No me refiero sólo a la física, sino a la moral ¿creen que hay calidad de vida y justicia social en un ambiente caldeado, en un cruce de acusaciones infundadas y sin fin?

La libertad de expresión ha de ser un diálogo en busca de la verdad, no hay que buscar sus límites sino su excelencia, la mejor manera para que haya interacción entre las distintas corrientes de pensamientos.

A mí personalmente me da igual si se caricaturiza a Mahoma, al Dios de los cristianos, a Zapatero o a Aznar: está mal en todos los casos, aunque haya, obviamente, niveles en la ofensa. No estoy de acuerdo en que la caricatura por definición sea ofensiva, se pueden hacer caricaturas que no ofendan al sujeto caricaturizado, sólo que es más difícil hacer una caricatura respetuosa que irrespetuosa. Pero que sea más difícil hacer las cosas bien que hacerlas mal no quiere decir que tengamos que hacerlas mal ¿no? Si se llegara a un punto en el que fuese imposible caricaturizar conservando el respeto al objeto caricaturizado, no veo el inconveniente de no caricaturizar, aunque para esto hace falta mucha humildad, que creo que es lo que más falta. Hay muchas maneras de decir las cosas ¿por qué siempre tenemos que buscar el más agresivo? La caricatura es un instrumento igualmente, no un fin. Si no me ayuda en mis fines como periodista ¿para qué la quiero?

Otra reflexión ¿está bien caricaturizar al Dios de los cristianos sólo por que ellos no quemen embajadas? ¿está bien permitirlo porque es gracioso? Creo que ni una cosa ni la otra: lo primero es como si robo una pera, y si no viene el dueño de la finca, sigo robando. Ahora, con el caso de Mahoma, no sólo ha venido el dueño de la finca sino que ha comenzado a pegar tiros. Lo están haciendo mal, por supuesto, y a mí también me da miedo pensar en lo que sean capaces de hacer, pero el error lo cometimos nosotros primero: por hacer las cosas mal y por no prever sus consecuencias.

Sobre lo segundo, creo que ningún cristiano debe permitir que se vapulee mediáticamente su religión y sus creencias y que es necesario armarse de valor y defender de una vez por todas, nuestros derechos y convicciones: se acabó la era de los cristianos cobardes, a luchar con las armas de la democracia buscando la justicia, es nuestro deber en todos los sentidos, como ciudadanos y como cristianos, además, nosotros no nos jugamos el honor, nos jugamos la vida eterna.

En cuanto a lo que ya he escuchado más de una vez de que los occidentales no contamos con la libertad en oriente que los de oriente encuentran en occidente, es un argumento inconcebible. ¿Crees en tu sistema? ¿crees que es el mejor? Pues entonces no le puedes pedir lo mismo al resto de los sistemas ¿nos volvemos totalitarios y beligerantes sólo porque ellos lo son? ¿nos volvemos intolerantes sólo porque ellos no lo son? Poco fundamento tendrían entonces nuestros valores. Si sólo somos tolerantes con los que son tolerantes con nosotros seriamos unos hipócritas: eso no es tolerancia, eso es cicatería, conveniencia, egoísmo puro, valores volubles sin raíces.

Es posible un periodismo mejor, es posible ser elegante en un mundo de fieras, es posible tener clase aunque no te reconozcan, es posible y yo sé cómo lograrlo.


 
MILITIA ES VITA
Dibujando el panorama actual del sector de las telecomunicaciones resulta difícil entender por qué aún hay jóvenes que son capaces de entusiasmarse con la profesión de los frustrados. Realmente no parece tener mucha lógica que haya gente dispuesta a dejarse la piel en una profesión mal pagada y sacrificada, que absorbe tu ser y se mete en tu casa y entre los tuyos. En una profesión en la que hay que tragar más de lo que se puede dirigir.

En el mundo del periodismo se encuentra gente apasionada y a la vez nihilista, gente con ideales y con medios para luchar por ellos y difundirlos pero que siempre los deja en el cajón por un plato de lentejas.

¿Qué por qué quiero ser periodista? He tratado de recordar los motivos que me llevaron a comenzar estos estudios pero no he logrado desempolvar esos antiguos ideales inocentes. Creo que tenían mucho que ver con la ilusión de cambiar el mundo con mis manos, con mi pluma, con mis ideales, con mi pasión por la vida y por el mundo.

Hoy todo eso ha quedado atrás, pero no para dejar paso, como le ocurre a la mayoría de las personas esencialmente periodistas (porque el periodismo forma parte del propio ser) que descubren la realidad del mundo que les depara el futuro. No, yo no he dejado paso al pesimismo ni a las excusas para dejar de luchar, sólo he dejado enfriar un poco esas ilusiones, las he complementado con un calmado y sosegado proceso de reflexión intelectual (al que todavía obviamente, aún le queda por madurar) y las he transformado, más que en móviles, en una razón de ser, en un modo de vivir y de ver la vida. He simplificado al máximo mi objetivo y he elevado al infinito todo lo que tengo que hacer para llegar a él.

Quiero luchar. Sí, sí, sólo quiero eso, luchar. Por eso sigo aquí, porque ya no me importa de dónde vengo ni hasta dónde llegaré (aunque si a dónde voy), sólo sé que no me quiero rendir jamás. No sé dónde estaré mañana, pero sé que mi lucha será siempre la misma: no rendirme.

Tragaré, “mientras tragamos nos damos” me decía una colega, y yo quiero darme por entero. Quizá no llegue jamás a tener glorias humanas, pero qué más me da, no las busco, es más, no me ayudarían mucho: engordan la soberbia.

No sé lo que tengo que hacer pero sí que sé cómo tengo que llegar a ser: audaz y prudente, valiente y sensata, firme y agradable, humilde y segura de mi misma, comprometida pero sabiendo tomar distancia de lo que tengo entre manos, exigente conmigo misma pero nunca perfeccionista, comprensiva con los demás pero no permisivista. Habré de ser tan adaptable a los cambios como un camaleón pero tan firme en mis ideales como una roca, barro moldeable por fuera, corazón de diamante por dentro: imperturbable. Tendré que saber soñar, pero no podré vivir de sueños. No me dejaré defraudar por el ser humano ni por el sistema, pero creeré en ellos. Buscaré la objetividad pero no será mi máxima, simplemente irá como adosada a mi afán de honestidad. Miraré a los ojos pero no me dejaré hipnotizar.

Un periodista ha de tener unas manos tan recias como para coger las riendas del caballo desbocado de su vida pero unos brazos lo suficientemente suaves y amables como para inspirar fraternidad y conseguir miles de manos que los sostengan. El periodista es la primera línea de combate de la batalla que las personas inquietas e íntegras libran con el mundo, por el mundo y en el mundo para conservarlo y revolucionarlo a un tiempo. A la vez es el último de todos los seres de la tierra, el que sólo ha nacido para servir.