Espejos del alma.
Lo primero que aprendí acerca de Él, era que podía hablar con sus ojos. Esos ojos de color raro y tan expresivos, que me contaban, sin dejarme dudas, cuanto Él me deseaba, pero también me transmitían un gran ternura, en ellos muchas veces vi reflejado mi miedo. Quizás Él también aprendió muy rápido a leer los mios.
Si, yo tenía miedo, yo quería que sus manos acariciaran mi cuerpo, que liberaran cada fibra de deseo, y que su cuerpo hiciera arder todo mi ser, pero más que miedo, tenía pánico, un pánico que me paralizaba y me impedía corresponder a su líbido y a mis anhelos.
ÉL lo entendía, no preguntaba, acariciaba, callaba, conquistaba, protegía, abrazaba y besaba, me quitaba el frio, y poco a poco intentaba quitar cualquier escudo, intentaba leer en mis ojos, y en esos momentos, yo observaba esa ternura extraña, y nuevamente, la niña indefensa, quería fundirse con Él.
No se trataba sólo de miedo, y de que yo quería que mis cinco sentidos se involucraran en ese acto, que fuera una experiencia sublime, y sentir que todos mis sentimientos estaban envueltos en su mágia; No, no tenía nada que ver con amor, porque yo no lo sentía, ni quería nada adicional que su cuerpo.
El problema era más complicado, yo deseaba más que nada, que Él, un hombre que hasta el momento, me parecía muy especial, borrara de una vez por todas, las huellas que otro había dejado, otro que sin pedir permiso, traspasó las fronteras de mi cuerpo, invadiéndome del dolor más grande que hasta ese momento había sentido.
Dentro de mi, el tenía esa misión; pero era dificil llevarla a cabo, si no lo sabía, por eso antes de continuar decidí contarle toda esa verdad, aunque con ello dejara al descubierto, toda mi vulnerabilidad y mi tristeza.
Si, yo tenía miedo, yo quería que sus manos acariciaran mi cuerpo, que liberaran cada fibra de deseo, y que su cuerpo hiciera arder todo mi ser, pero más que miedo, tenía pánico, un pánico que me paralizaba y me impedía corresponder a su líbido y a mis anhelos.
ÉL lo entendía, no preguntaba, acariciaba, callaba, conquistaba, protegía, abrazaba y besaba, me quitaba el frio, y poco a poco intentaba quitar cualquier escudo, intentaba leer en mis ojos, y en esos momentos, yo observaba esa ternura extraña, y nuevamente, la niña indefensa, quería fundirse con Él.
No se trataba sólo de miedo, y de que yo quería que mis cinco sentidos se involucraran en ese acto, que fuera una experiencia sublime, y sentir que todos mis sentimientos estaban envueltos en su mágia; No, no tenía nada que ver con amor, porque yo no lo sentía, ni quería nada adicional que su cuerpo.
El problema era más complicado, yo deseaba más que nada, que Él, un hombre que hasta el momento, me parecía muy especial, borrara de una vez por todas, las huellas que otro había dejado, otro que sin pedir permiso, traspasó las fronteras de mi cuerpo, invadiéndome del dolor más grande que hasta ese momento había sentido.
Dentro de mi, el tenía esa misión; pero era dificil llevarla a cabo, si no lo sabía, por eso antes de continuar decidí contarle toda esa verdad, aunque con ello dejara al descubierto, toda mi vulnerabilidad y mi tristeza.
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Fue enorme la responsabilidad que le colocaste sobre los hombros. Muchos habrían preferido no complicarse la vida con una mujer traumatizada. Espero, de corazón, que consiguieras de Él lo que buscabas.
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Hay huellas que son imborrables y que nunca dejarán de estar ahí, por más que trates de borrarlas por todos los medios.
De cualquier manera, aunque quedaras vulnerable y triste como dices, demostraste ser sincera y tener corazón, algo sumamente complicado en estos días que corren...
Besos.
De cualquier manera, aunque quedaras vulnerable y triste como dices, demostraste ser sincera y tener corazón, algo sumamente complicado en estos días que corren...
Besos.
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Viva la litaratura (no es errata). En mi nueva casquería hay algunas humildes muestras, por si te "piace". Saludos
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Me sigue gustando la historia. Te arriesgaste mucho a mostrarle tu vulnerabilidad, pero probablemente era la única manera de ese borrar otras huellas. Besos.
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Mujer!!! me atrapa cómo escribes. Reconozco que hace un tiempo leí tus post al pasar pero hoy presté suma atnción y me envolvieron como una ola tus palabras cálidas... Te seguiré. Un beso
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Tiempo, cuestión de tiempo, que pasa, ya lo creo que pasa. Y mientras tanto experiencias que merece la pena contar, porque te ayudan a caminar, "p´alante", siempre, y si en un descanso, hay que mirar "p´atrás" se mira y luego, otra vez paso firme. Que te quiten lo bailao y, sobre todo, lo que te queda por bailar. Anda que no¡¡
Con toda mi estima.
Con toda mi estima.
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Bueno. Es la primera vez que visito este blog y debo decir que me siento gratamente sorprendido.
Me gusta mucho la gente que escribe relatos, sean de verdad o imaginarios.
Un saludo.
Me gusta mucho la gente que escribe relatos, sean de verdad o imaginarios.
Un saludo.
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Gracias :)
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Estás invitada a formar parte de nosotros y sentirte como en casa ya verás que sí.
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Y no sé por qué intuimos que hay gente que tiene esa capacidad de cicatrizarlas y hacer que paren de sangrar.....el problema es que te haces vulnerable a nuevas heridas, pero esa es la vida, confiar y volver a confiar. Al final aprendes a no poner tu confianza en los demás y depositarla en ti, entonces es cuando realmente ya nadie te podrá volver a hacer sangrar.
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Hay heridas que en lo único que se diferencian con el hecho de ser arrollada por un tren, es que sangran por dentro.
Un beso
Un beso
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la única forma que conozco, de verdad, de borrar las huellas es dejar pasar el tiempo. El paso del tiempo va dejando polvo, vida, experiencias sobre esas huellas que poco a poco van desapareciendo hasta no quedar nada.
Las cicatrices nunca me han gustado.
Mil besos
Las cicatrices nunca me han gustado.
Mil besos
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Tampoco hay que obsesionarse con borrar las huellas, pienso yo. Basta con dejar sitio a otras nuevas.
Un besito
Un besito