El Principio.
Aunque mis ganas de conocer a Él, eran producto de la curiosidad, nunca me atreví a comentarlo con nadie. Contrariamente. mi actitud denotaba mucha indiferencia, notando que esta, era proporcional a mis deseos.
Nos vimos por primera vez, en casa de Enrique, donde yo había estado en varias oportunidades. Yo también sabía que Él vivía en la misma urbanización, pero nunca desee encontrarlo ahí, y menos ese día. Yo imaginaba una escenografía distinta, y mi atuendo no era precisamente el apropiado para hacerlo notar de golpe, mi intriga y mis deseos.
Enrique, dos amigas y yo, quedamos para sesión grupal de cocina y comida. El llamó cerca de las una de la tarde, escuché perfectamente como Enrique le describía la reunión y la compañía, mientras aparentemente el se negaba a asistir. Cerca de una hora después se presentó. El motivo de la visita, un sacacorchos y la excusa, estar recién mudado; yo sólo observé que estaba recién duchado. Ante la nada disimulada insistencia del anfitrión, accedió a quedarse, aunque después me confesó que, la comida no era de su total agrado, no porque estuviera mala, sino por su poco gusto por el arroz.
Poco después mi atención era manipulada por su conversación, mis risas por sus anécdotas, mi rubor por sus halagos, mis movimientos por su mirada. Sin darme cuenta había puesto de lado el deseo, y en su lugar estaba el constante pensamiento de algunas semejanzas y otras diferencias, de unos ojos de color indefinido que me recorrían, a la vez que unas manos que gesticulaban, se mantenían lejos y quitaban importancia a alguna insinuación de terceros.
Así, nos conocimos, y una invitación abierta, fue la despedida, el fin de la intriga y el comienzo de la historia.
Nos vimos por primera vez, en casa de Enrique, donde yo había estado en varias oportunidades. Yo también sabía que Él vivía en la misma urbanización, pero nunca desee encontrarlo ahí, y menos ese día. Yo imaginaba una escenografía distinta, y mi atuendo no era precisamente el apropiado para hacerlo notar de golpe, mi intriga y mis deseos.
Enrique, dos amigas y yo, quedamos para sesión grupal de cocina y comida. El llamó cerca de las una de la tarde, escuché perfectamente como Enrique le describía la reunión y la compañía, mientras aparentemente el se negaba a asistir. Cerca de una hora después se presentó. El motivo de la visita, un sacacorchos y la excusa, estar recién mudado; yo sólo observé que estaba recién duchado. Ante la nada disimulada insistencia del anfitrión, accedió a quedarse, aunque después me confesó que, la comida no era de su total agrado, no porque estuviera mala, sino por su poco gusto por el arroz.
Poco después mi atención era manipulada por su conversación, mis risas por sus anécdotas, mi rubor por sus halagos, mis movimientos por su mirada. Sin darme cuenta había puesto de lado el deseo, y en su lugar estaba el constante pensamiento de algunas semejanzas y otras diferencias, de unos ojos de color indefinido que me recorrían, a la vez que unas manos que gesticulaban, se mantenían lejos y quitaban importancia a alguna insinuación de terceros.
Así, nos conocimos, y una invitación abierta, fue la despedida, el fin de la intriga y el comienzo de la historia.
tú opinas que:
Gracias por estar aquí, mirando caer las hojas de mi historia.
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Los comienzos son siempre excitantes y gratos de recordar.
Espero el siguiente capitulo.
Un beso
Espero el siguiente capitulo.
Un beso
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Que bien pinta esto, hummmm :) Nos dejas con la intriga y con un buen sabor de boca.
Gracias por tu post. Volveré a visitarte para saciar mi curiosidad.
Un saludo!
Gracias por tu post. Volveré a visitarte para saciar mi curiosidad.
Un saludo!
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... continuará y nosotros a esperar :-)
besos,
besos,
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Vaya...bonita historia! estaré atenta a la continuación!
Besitos!
Besitos!
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Se ve interesante la historia, estaré atento. Besitos.
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Empieza bien la historia. Suelen ser los mejores recuerdos. Y difícilmente se es más feliz que en esos momentos.
Un beso.
Un beso.
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Seguro que ese día te dejó el mejor sabor de boca en el recuerdo.





