Sola.
Él acababa de marcharse. Ya no estaba a mi lado, y aunque sus palabras más recientes me habian invitdo a esperarle, mi corazón sólo tenía ya espacio para el dolor.
De manera inconsciente y algo enfermiza, comencé a sentir sus presencia e todos lados, y la ciudad donde hasta ahora habíamos compartido nuestras vidas, se convirtió en mi pequeño infierno personal, un sitio donde todo me recordaba a Él, y como suele pasar con las ciudades pequeñas, en poco tiempo has recorrido (casi) todos los sitios. En este caso, habiamos estado juntos en todos.
Aprovechando mis dolorosamente iniciadas vacaciones, me autocastigué quedándome en casa, desconectandome del resto del mundo, y permitiendome honrar mi dolor, en la más absoluta soledad. Dejé salir a todas las lágrimas que quisieron hacerlo, me recocijé en lo momentos buenos, y pude notar como se colaba alguna sonrisa.
Mi ritual de sufrimiento cotidiano, sólo se interrumpía para hablar con Él, cada día a cualquier hora. Me gustaba, me acompañaba, me confortaba a través del hilo telefónico, y hasta ame hacía olvidar la distancia. Esos más de 12000 Km, que por quince días nos separaban , y aquí también sabía que no estaba hablando sólo de geografía.
Estaba con ella, y aunque seguía sin mencionarla, y resaltando lo que necesitaba estar con su hijo. Yo seguía imaginando el momento de la despedida definitiva, si es que el reciente mar de besos en medio de un aeropuerto, no lo había sido.
De manera inconsciente y algo enfermiza, comencé a sentir sus presencia e todos lados, y la ciudad donde hasta ahora habíamos compartido nuestras vidas, se convirtió en mi pequeño infierno personal, un sitio donde todo me recordaba a Él, y como suele pasar con las ciudades pequeñas, en poco tiempo has recorrido (casi) todos los sitios. En este caso, habiamos estado juntos en todos.
Aprovechando mis dolorosamente iniciadas vacaciones, me autocastigué quedándome en casa, desconectandome del resto del mundo, y permitiendome honrar mi dolor, en la más absoluta soledad. Dejé salir a todas las lágrimas que quisieron hacerlo, me recocijé en lo momentos buenos, y pude notar como se colaba alguna sonrisa.
Mi ritual de sufrimiento cotidiano, sólo se interrumpía para hablar con Él, cada día a cualquier hora. Me gustaba, me acompañaba, me confortaba a través del hilo telefónico, y hasta ame hacía olvidar la distancia. Esos más de 12000 Km, que por quince días nos separaban , y aquí también sabía que no estaba hablando sólo de geografía.
Estaba con ella, y aunque seguía sin mencionarla, y resaltando lo que necesitaba estar con su hijo. Yo seguía imaginando el momento de la despedida definitiva, si es que el reciente mar de besos en medio de un aeropuerto, no lo había sido.
Celos.
Apenas habían pasado tres meses desde que nos conocimos, cuando por primera vez me sentí la otra, la jugadora suplente, aquella que sólo saltaba al campo cuando la titular, no podía hacerlo. No sólo me sentí la otra, sino que estaba muerta de celos.
Él compartiría con Ella, sus vacaciones de verano. Si, por primera vez, su tiempo no era sólo para mi, el volaría a su lado, estaría con Ella, y yo me despellejaría el alma, con sólo pensar que la abrazaba, que la besaba, que la podía hacer sentir la mitad de feliz, de lo que me hacia sentir a mi.
Sin querer imagine cada escena, cada latido, cada sonrisa que se profesarían, rodeados de ese amor que yo, sabía que se tenían. Temía a la traición de la distancia, esa que lo había llevado a mis brazos ella que dicen hace el olvido, pero que puede unir mucho a quienes se separan, y entonces no pude más y se lo dije.
Lo abracé como nunca, y en medio de las miradas de todos, lo besé con desespero.
Esa noche y con muchas rosas como testigo, le pedí que me amara tanto como pudiera, que borarra con sus caricias mi angustia, y que dejara sus marcas en mi piel, le pedía que me amara como si fuera la última vez, porque en el fondo sabia que sería así.
Me silenció con besos, y terminó de clavarse en mi pecho, en mi cuerpo, en mi vida, Me amó como cada día, pero se aferró a mi como nunca. Yo jugaría a ser feliz con ese recuerdo.
Él compartiría con Ella, sus vacaciones de verano. Si, por primera vez, su tiempo no era sólo para mi, el volaría a su lado, estaría con Ella, y yo me despellejaría el alma, con sólo pensar que la abrazaba, que la besaba, que la podía hacer sentir la mitad de feliz, de lo que me hacia sentir a mi.
Sin querer imagine cada escena, cada latido, cada sonrisa que se profesarían, rodeados de ese amor que yo, sabía que se tenían. Temía a la traición de la distancia, esa que lo había llevado a mis brazos ella que dicen hace el olvido, pero que puede unir mucho a quienes se separan, y entonces no pude más y se lo dije.
Lo abracé como nunca, y en medio de las miradas de todos, lo besé con desespero.
Esa noche y con muchas rosas como testigo, le pedí que me amara tanto como pudiera, que borarra con sus caricias mi angustia, y que dejara sus marcas en mi piel, le pedía que me amara como si fuera la última vez, porque en el fondo sabia que sería así.
Me silenció con besos, y terminó de clavarse en mi pecho, en mi cuerpo, en mi vida, Me amó como cada día, pero se aferró a mi como nunca. Yo jugaría a ser feliz con ese recuerdo.
paréntesis.
Más que un paréntesis en la historia , es una disculpa, por no anunciar mi temporal ausencia.