Egoísmo.
Yo era feliz siendo su amante, sabía que era la otra, pero después de un tiempo, comencé a sentirme la Única, la de verdad. A pesar de eso, mi cuerpo se estremecía ante la sola posibilidad de que en sus largos minutos de mutismo, Él pensara en Ella, de que su corazón la extrañara, y que mientras me hablaba a mi, sus recuerdos estuvieran con…si, con su mujer, la que podía jactarse diciéndolo si así lo deseaba. Que bueno que yo nunca había sentido necesidad de decirlo, así de manera rimbombante, que bueno que me conformaba oyéndoselo decir, sintiéndoselo expresar.
Ya he dicho que no competía con Ella, tampoco le compartía, no físicamente; pero sin querer, acabé sintiendo celos de Ella, no de su posición de Esposa, sino de todo el amor que el podía sentir por ella. Aunque eso no estaba en mis planes (ni en los suyos) ser por siempre, sólo el uno para el otro; aunque no me atreviera a exteriorizarlo, lo quería todo para mi en cuerpo y alma, por todo el tiempo que debiera durar nuestra aventura.
Internamente comencé a experimentar un egoísmo irracional. Un sentimiento que discutía diariamente con la sensatez, dejando agotada por segundos, mi determinación de ser feliz, en medio de las circunstancias.
Si, soy demasiado egoísta para ser Amante, pero de eso me di cuenta después.
Ya he dicho que no competía con Ella, tampoco le compartía, no físicamente; pero sin querer, acabé sintiendo celos de Ella, no de su posición de Esposa, sino de todo el amor que el podía sentir por ella. Aunque eso no estaba en mis planes (ni en los suyos) ser por siempre, sólo el uno para el otro; aunque no me atreviera a exteriorizarlo, lo quería todo para mi en cuerpo y alma, por todo el tiempo que debiera durar nuestra aventura.
Internamente comencé a experimentar un egoísmo irracional. Un sentimiento que discutía diariamente con la sensatez, dejando agotada por segundos, mi determinación de ser feliz, en medio de las circunstancias.
Si, soy demasiado egoísta para ser Amante, pero de eso me di cuenta después.
Presentimientos.
Después de la escena del cuarto de baño, de sentir la temperatura subiendo en nuestras pieles, aún húmedas, de ese primer Te Quiero, que precedió por muchos otros, pronunciados sobre distintas partes de mi cuerpo, en distintos tonos y en las posturas más variadas. Una tormenta de abrazos y besos, mientras hablaba de su amor, y mi alma no volvió a ser la misma. Mis sentimientos estaban más claros y más firmes. Amaba a aquel hombre sin límites, y me sentía la mujer más amada del mundo, estoy convencida de que así era.
Yo estaba feliz de ser su amante, la mujer que despertaba a su lado en medio de caricias y Te Amos. La mujer con quien deseaba estar todo el día, la destinataria de todos sus halagos, quien le inspiraba, quien entendía cada una de sus miradas, y en cuyo cuerpo quería perderse.
Él era el hombre que yo seducía, que abrazaba, que me llenaba física y espiritualmente. Era la persona que siempre había esperado, protector, apasionado, cariñoso, y por qué no habría de decirlo: me fascinaba su manera de hacer el amor, como me elevaba cuanto quería, como me hacía desear más de él, aunque segundos antes estuviera satisfecha, que solo deseaba tumbarme encima, y oírlo decir cosas maravillosas, mientras discretamente jugaba con mis pechos tan sensibles.
Él y yo, comenzamos cada uno a tomar mucho terreno en la vida del otro. Sin darnos cuenta, nos entregamos a vivir nuestra pasión, mientras inevitablemente esta se hacía publica. Quiero decir más pública, porque nunca ocultamos nada a nadie; Yo dejé de lado todas y cada una de mis inhibiciones, y el ignoraba su reconocida timidez y mi desavenencias con el futuro, y se atrevía a hablar de mañana, de amaneceres lejanos, de historias maravillosas. Él ignoraba a su esposa, yo no era quien para tenerla presente.
Quiero que quede claro, que si bien es cierto que yo, imaginé durantes esas conversaciones, un futuro con él, nunca esperé que acabara con su matrimonio, y por supuesto, nunca exigí nada al respecto. Nunca le oí hablar mal de Ella, ni una palabra, nunca desee que lo hiciera.
No competía con Ella, porque no era justo, no quería saber como era su personalidad, porque no me interesaba ser como ella.
Yo, anhelaba ser la mujer perfecta para Él, y llegué a creer que lo era. No estaba engañada, sabía la fuerza que existía entre ambos, el poder que ejercía su amor sobre Él. Además estaba segura de que si el prefería a su mujer, volaría a su lado, en cualquier momento…algo me decía que no sería así.
Yo estaba feliz de ser su amante, la mujer que despertaba a su lado en medio de caricias y Te Amos. La mujer con quien deseaba estar todo el día, la destinataria de todos sus halagos, quien le inspiraba, quien entendía cada una de sus miradas, y en cuyo cuerpo quería perderse.
Él era el hombre que yo seducía, que abrazaba, que me llenaba física y espiritualmente. Era la persona que siempre había esperado, protector, apasionado, cariñoso, y por qué no habría de decirlo: me fascinaba su manera de hacer el amor, como me elevaba cuanto quería, como me hacía desear más de él, aunque segundos antes estuviera satisfecha, que solo deseaba tumbarme encima, y oírlo decir cosas maravillosas, mientras discretamente jugaba con mis pechos tan sensibles.
Él y yo, comenzamos cada uno a tomar mucho terreno en la vida del otro. Sin darnos cuenta, nos entregamos a vivir nuestra pasión, mientras inevitablemente esta se hacía publica. Quiero decir más pública, porque nunca ocultamos nada a nadie; Yo dejé de lado todas y cada una de mis inhibiciones, y el ignoraba su reconocida timidez y mi desavenencias con el futuro, y se atrevía a hablar de mañana, de amaneceres lejanos, de historias maravillosas. Él ignoraba a su esposa, yo no era quien para tenerla presente.
Quiero que quede claro, que si bien es cierto que yo, imaginé durantes esas conversaciones, un futuro con él, nunca esperé que acabara con su matrimonio, y por supuesto, nunca exigí nada al respecto. Nunca le oí hablar mal de Ella, ni una palabra, nunca desee que lo hiciera.
No competía con Ella, porque no era justo, no quería saber como era su personalidad, porque no me interesaba ser como ella.
Yo, anhelaba ser la mujer perfecta para Él, y llegué a creer que lo era. No estaba engañada, sabía la fuerza que existía entre ambos, el poder que ejercía su amor sobre Él. Además estaba segura de que si el prefería a su mujer, volaría a su lado, en cualquier momento…algo me decía que no sería así.